Cena



Cena



-¿Te ocurre algo? -Kenai me miró intrigado ante mi reacción.

-No es nada, solo me he mareado.

-Oye, solo quería decirte que siento haberme presentado en tu casa de esa manera y... -Le hice callar en un momento interrumpiéndole.

-La que lo siente soy yo, no debí de haber sido tan borde contigo, de verdad que lo siento.

-Está bien, acepto tus disculpas, pero déjame compensártelo de alguna manera -Clavó sus ojos grises en los míos mientras ya sentía una descarga recorriéndome todo el cuerpo.

-No tienes nada que compensarme, así que deja el tema ¿vale? -Le correspondí la mirada  y noté como el también se estremecía. ¿Por qué él también se estremecía? No tenía ningún sentido.

-Insisto, déjame llevarte a cenar el viernes por la noche, ¿qué te parece? -Me miró sonriendo mientras ya empezaba a quedarme atontada con esa sonrisa cuando Julia entró en la conversación.

-¿A dónde vais a cenar? -dijo ella toda interesada. Entrometida, no tenía cosa mejor que hacer que intentar que Kenai la invitara a cenar. Que cosa más pesada de chica, es peor que una lapa.

-Han inaugurado un nuevo restaurante, se llama Barbarella, lo lleva mi tío italiano y pensé que tal vez a Bianca le gustara probar la comida italiana por primera vez -Volvió a sonreír mientras que Julia ya me mataba con la mirada.

-Yo y William también nos apuntamos- Soltó de repente como si no viniera a cuento, además ¿Qué tenía que ver William en esto? Yo no pensaba ir  a cenar a ninguna parte con él. Estaba a punto de negarme a ir cuando Kenai tomó la palabra.

-De acuerdo, en ese caso os esperamos el viernes por la noche para pasar una agradable velada juntos- Madre mía, me estaba volviendo loca mientras le escuchaba hablar. Era tan cortés y educado. Parecía mentira que un chico de este siglo hablara de esa manera.

Iba a reprochar sobre la cena del viernes pero la profesora de biología ya estaba dentro de la clase mandándonos sentarnos en nuestros respectivos sitios mientras daba comienzo la clase. Era horrible, este tema era horrible, odiaba estar escuchando lecciones del  aparato circulatorio , es decir, cosas relaciones con la sangre. A medida que la profesora hablaba de coágulos de sangre, válvulas aurículo-ventriculares, hemorragias internas y demás, a mí me estaba dando un mareo horrible. No me gustaba hablar de sangre, era algo que me producía dolor de cabeza y nauseas. La profesora ya vió la palidez extrema dibujada en mi rostro.

-Bianca, ¿quieres salir fuera a que te dé el aire?, te veo bastante pálida- La profesora me miraba preocupada.

-Sí... -Me levanté de mi asiento y me dirigí  fuera de la clase para salir a tomar un poco el aire.

Era bastante agobiante estar escuchando hablar de sangre de continuo, no sabía porque repudiaba tanto la sangre, pero no podía ni mencionarla. Además de estar escuchando el nombre de todas las cavidades del corazón, las venas y las arterias principales, también me estaba volviendo loca con el aroma de Kenai tan cerca mía. No lo podía aguantar, era horrible estar aguantando esos deseos de tirarme encima de su cuello e inspirar ese deseado aroma con todas mis fuerzas. El aire de fresco de la mañana pareció despejarme un poco y volví a entrar a la clase. Me senté en mi silla y comencé a prestar atención cuando noté un suave y cálido tacto en mi piel.

-¿Te encuentras bien?- Kenai tenía su mano posada sobre la mía mientras me clavaba la mirada. Me perdí en sus ojos como si estuviera nadando en un océano sin tierra a la vista. Bajé de mi nube cuando volví a inspirar su atrayente aroma.

-Si, ya estoy mejor. Gracias por preocuparte-Le rehuí la mirada. No podía seguir intentando esto, Julia me mataría si Kenai y yo termináramos juntos.

Cuando salimos al recreo, Hilary empezó a meter gritos cerca de mi mesa. Si, Hilary era muy , pero que muy habladora, no se callaba ni debajo del agua, literalmente. Y , para colmo, parecía que se había tragado un megáfono de lo alto que hablaba. Buff... A veces me sacaba de quicio con sus comentarios idiotas pero este fue el que se llevo la palma.

- Sin ánimo de joder de Julia, pero entre Kenai y Bianca hay cierta tensión sexual - Vale, la iba a matar. Y si, Hilary  era así de fina, podría sustituir joder por fastidiar, pero Hilary era así de malhablada. En ese instante Julia casi se le tira encima y yo preferí mirar al suelo antes de que se viera que mis mejillas estaban rojas como la sangre que aparecía en las lecciones de la clase de biología.

La jornada escolar pasó rápida y sin darme cuenta ya  estábamos a viernes por la tarde. Estaba tirada en el sofá de mi casa cuando me acordé de la cena así que subí prácticamente volando a mi habitación para cambiarme. Me puse un vestido azul marino, unos tacones no muy altos de color azul combinado con plateado debido a que llevaba un cinturón plateado que hacía juego con ellos. Me maquillé con una base de maquillaje que dejó mi rostro impoluto, perfecto. Me coloqué una sombra de ojos azul marino y me eché máscara de pestañas. Vale, mis pestañas parecían mariposas de lo extremadamente largas que resultaban. Podía dejar helado a cualquiera con una mirada si me lo proponía. Me pusé el abrigo mientras bajaba las escaleras y me colocaba los pendientes a la vez. Cuando me miré al espejo, estaba perfecta. Mi vestido de pliegues azul marino me quedaba como un guante y mi gargantilla iba perfecta con el atuendo, era cierto que no me la quitaba desde que mi abuela me la regaló, pero ahora ,más que nunca, me gustaba como adornaba mi frágil y delicado cuello.
A los cinco minutos Kenai ya estaba ahí. Mi hermano César abrió la puerta y ambos se saludaron dándose un golpe en la espalda, chicos, eran tan bestias, nunca lograría a comprender porque les gustaba hacer esas tonterías, pero en fin, mejor lo dejo.

Cuando entró al salón y me vió, se quedo petrificado. Su mirada parecía perderse en mi cuerpo de modelo mientras me repasaba bien con la mirada. Entonces me dí cuenta de lo guapo que iba él, iba con una chaqueta de cuero negra, unos vaqueros de marca y una camiseta azul marino que se ajustaba a sus increíbles abdominales y  que pegaba con mi vestido.
Cuando bajamos ambos de nuestra nube, debido a que mi hermano le había dado "casualmente" un ataque de tos, nos dirigimos a su fascinante coche mientras ya volábamos hacia el restaurante de su tío. En la puerta ya esperaban Julia y William, y ya estaban discutiendo, como no, no había momento en el que Julia y William no discutieran. Kenai se bajo del coche conmigo mientras que noté a William mirándome atontado y a Julia con una expresión claramente llena de celos y rabia. Ella también iba con un precioso, ceñido y corto vestido negro con unas botas de tacón de aguja hasta las rodillas que le quedaba muy bien, pero pareció que, en ese instante, quisiera tirarse encima de mí y arrancarme el mío. William, iba luciendo su sudadera del equipo de fútbol y unos vaqueros con unas deportivas de marca, por supuesto, William siempre vestía ropa de marca. Pero a Julia se le empezó a caer la baba cuando vió a Kenai, en fin, era algo que iba  a tener que soportar toda la noche así que respiré para tranquilizarme y entré en el restaurante con mis  tres amigos.
Un camarero estaba a punto de darnos mesa cuando apareció el tío de Kenai dando voces desde la cocina. Debía de tener unos cuarenta años pero el hombre estaba muy bien y era muy atractivo para su edad.

-¡Kenai! ¡Sobrino! ¡Que bien te veo muchacho! - se quedo callado cuando me vió y no pudo evitar sonreír mientras me reconoció en una milésima de segundo- Tú debes de ser Bianca, es un placer en conocerte en persona, querida-Me tomo la mano y me dió un beso en la contrapalma mientras yo le dedicaba una sonrisa- Soy Lucas, el tío de Kenai, encantado.

-Bueno, no hace falta que presente pero yo soy Bianca y el placer es todo mío -le dediqué la mejor de mis sonrisas a ese hombre tan risueño y cariñoso.

-Vamos, pasad, os tengo la mejor mesa reservada. Espero que la comida sea de vuestro agrado -Volvió a mirarme mientras que sonreía cuando, sin pensarlo, le respondí en italiano. No se cómo  ni por qué lo hicé, pero pareció agradarle mucho.

-Grazie Mille-Volví sonreirle mientras ya nos dirigíamos hacia nuestra mesa, al fondo del restaurante.

Aquel restaurante estaba ambientado en la ciudad italiana de Venecia, y me encantaba todos los cuadros con las góndolas, las máscaras que adornaban la pared, una copia de la Fontana di Trevi en miniatura en mitad de aquella estancia, los atuendos de los camareros, todo de aquella estancia me encantaba. Todo era perfecto y la comida estaba exquisita, era un placer para el paladar. Sentía como todos los sabores danzaban en el interior de mi boca mientras Julia coqueteaba con Kenai y William no paraba de hacer estupideces para llamar mi atención, como no era de extrañar.
Cuando terminamos de cenar Kenai me llevó a mi casa en su coche. Llegamos enseguida y me abrió la puerta del coche para que bajara yo también.

-Me lo he pasado muy bien Kenai, gracias por todo -Le sonreí mirándolo a los ojos.

-Me alegra saber que mi compañía es de tu agrado, además, mi tío ya se estaba poniendo pesado porque quería conocerte -Soltó una risotada musical. Acompañé sus risas de muy buena gana mientras él se acercaba más a mí. En ese instante mi abuela salió de la casa y me abrazó mientras invitaba a Kenai  a pasar, pero él tenía que volver a su casa.

Me quité el maquillaje, me pusé mi camisón negro y me metí en la cama con una sonrisa en la cara.
¿Por qué la compañía de Kenai me gustaba tanto? ¿Por qué  cada día Kenai me gustaba mas? Esas palabras sonaban en mi cabeza como un solo de piano cuando una pregunta saltó como una nota que no tenía nada que ver con esa preciosa melodía  ¿Qué iba  a hacer con Julia? Ella era mi amiga después de todo, y no podía quitarle al chico por lo que tanto estaba luchando. Desde que Kenai llego al instituto no había salido con ningún chico más. ¿Debería dejar a Kenai para Julia y dejar de luchar? ¿Sería la más conveniente para los dos? Me pasé toda la noche dando vueltas en la cama sin saber el porque, pero si supe que no dormí nada esa noche del viernes y la madrugada del sábado...


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