Cambio


Cambio


-¡Ah!- grité cuando vi mi reflejo en el gran espejo de mi cuarto de baño personal.

Palpaba con minuciosidad y delicadeza todo mi rostro sin creer lo que estaba sintiendo. Era perfecto, más pálido que lo habitual pero era perfecto, sin ninguna imperfección, dándome un aire casi divino. Era imposible que ese fuera mi rostro, imposible. ¿Cómo era posible que de una noche para otra habían desaparecido todos los lunares, todas las pecas y todos los granos? Aún seguía sin creérmelo cuando me percaté de mis ojos. Veía con total nitidez, no me hacían falta ningunas gafas, hasta llegué a pensar que podía ver todo con total detalle. Más tarde , después de comprobar  la precisión de mi nueva vista, fue cuando me di cuenta del color de mis ojos, ya no era ese verde apagado tan feo que tenía, ahora era un verde pardo lleno de alegría y vida con un brillo especial. Me encantaba, no lo podía negar, era un color de ojos más bonito que el de Julia, cuando me fijé en otro detalle. ¡Mis pestañas eran larguísimas! No podía ser, como era posible que mis pestañas hubieran crecido de esa manera a menos que... ¡Madre del amor hermoso! ¡Mi pelo! ¡Que demonios le había pasado a mi pelo! Me quedé atontada cuando ví que poseía una larga melena que me llegaba hasta la cintura con unos rizos perfectos que se combinaban con tirabuzones y ondulaciones con una luminosidad muy característica. Empecé a dar vueltas como una tonta viendo la preciosa onda que hacía mi pelo al girar, había que admitirlo, era una pasada. Fue entonces cuando me percaté de mi cuerpo. ¡Parecía el cuerpo de una top model! ¡Ni Julia tenía el cuerpo así!. No puede soltar una sonrisa maliciosa al acordarme de ese detalle... ¿Cómo reaccionará Julia al verme? 

Aún no lo sabía, lo único que sabía es que este cambio me encantaba y después de mirar mi escultural cuerpo pasé a observar mi nueva dentadura perfecta de un color blanco, como la nieve, y reluciente. Me quité el aparato que me tenía que poner  cuando me iba a costar. Si, era perfecta, no tenía nada que envidiarle a los dientes de Julia. Si, ese día prometía ser genial.

Después de sonreírme al espejo me dispuse a vestirme, y no me iba a vestir de una forma habitual, claro que no, este día se merecía un conjunto especial así que saqué de mi armario mi conjunto traído desde París que me había comprado mi madre. Estaba formado por unas medias grises, una falda con pliegues escocesa en tonos verdes, grises y blancos, con un jersey con un tono gris un  poquito más oscuro que tenía un pelín de escote, y entonces fue cuando ví mi adorada boina, una boina en un tono verde apagado con cristales de Swarovski adornándola. Me encantaba esa boina, era mi boina preferida. Me calcé mis botas color gris y bajé las escaleras volada mientras me sobraba mucho tiempo antes de ir al instituto.

Cuando llegué al recibidor, donde a la derecha estaba la cocina, no pude evitar mirarme al espejo. Parecía un ángel, una diosa, una princesa. No me gustaba ser así de creída pero por una vez en toda mi vida, me sentía bien conmigo misma. Pasé dando saltitos a la cocina mientras me preparaba unas tostados con chocolate, hacía años que no tomaba chocolate debido a mi acné de adolescente y , madre mía, que bueno estaba.
En ese instante, César entró en boxers a la cocina cuando se quedó atónito al mirarme.

-¡Guau! ¿Qué te ha pasado querida hermanita? Te noto un "poco" cambiada.

-Cosas de la vida, hermanito. Ya lo comprenderás, eres aún muy pequeño, sobre todo tu edad mental- solté una risita que sonó como una dulce y tierna melodía cantada por una especialista en ello.

-Ja, Ja, Ja , muy graciosa -Me dedicó una mirada de rabia mientras articulaba las palabras con ironía.

Cuando terminé de desayunar , mi abuela y mis hermanos pequeños aún no se habían levantado pero César y yo teníamos que irnos ya, así que les dejamos una nota colocada en el frigorífico con un imán con forma de gatito.

"Abuela, nos hemos ido ya al instituto, nos vemos a la hora de comer. Besos y abrazos - Bianca y César ♥ "

Cuando ya estábamos a punto de llegar al instituto, César y yo nos reímos un rato en el coche y comentamos lo de mi nuevo cambio por encima. A él le parecía extraño pero , debido a mi cambio de edad y a lo de la adolescencia, a mí me parecía normal. Al bajar del coche todo el mundo se me quedó mirando mientras avanzaba hacia la puerta del instituto, cuando una voz conocida  retumbo en mis oídos como si me estuvieran gritando por un megáfono.

-¡Tía! ¡¿Qué leches te ha pasado?! ¡Pareces una modelo de pasarela profesional!

Era Hilary, no podía gritarlo más alto a ver si quedaba a alguien más por enterarse.

-Hilary, por favor , no grites. Me haces daño en los oídos, parece que te has tragado un micrófono o peor, parece que te has tragado un megáfono.

Hilary empezó a reírse mientras empezábamos la marcha hacia la clase mientras le contaba la discusión con Julia de ayer por la tarde mientras estábamos de compras y , según su criterio, dijo que Julia era demasiado irascible. En medio del pasillo noté una presencia que se interponía en mi camino a propósito, era William, un chico que llevaba detrás de mí desde que teníamos 12 años. Al principio me gustaba, pero se fue volviendo mucho más guapo y , por lo tanto, mucho más creído y estúpido , como la gran mayoría de los chicos. Después vino mi paso de la niñez a la adolescencia, en el cual me puse horrible y dejé de gustarle, pero, al parecer,  mi nuevo aspecto le llamaba la atención.

-Vaya, vaya ¿A quién tenemos aquí? -Clavó sus ojos azules en los míos con un aire chulesco.
-A nadie que te importe, William.

Yo también clavé mis ojos en los suyos con una mirada fría y distante, y me alejé de él con mis nuevos y perfectos andares mientras que toda su pandilla de chicos no paraban de decir "Tío, que corte te ha metido". La verdad es que me sentía orgullosa de ello.
Al fin Hilary y yo conseguimos llegar a la clase  y tomamos nuestros respectivos asientos esperando la llegada de Julia, cuando  la directora del instituto, la señorita García, entró por la puerta de la clase.

- A ver chicos, os traigo un compañero nuevo, se llama...- se quedo un momento en silencio mientras se escuchaba que Julia entraba ,babeando y atontada, a la clase y se sentaba en su sitio fugazmente con una mirada que brillaba más que las estrellas. Vale, ya tenía que haber un chico muy guapo detrás de esa puerta para que ella estuviese así. La directora carraspeó unos segundos y reanudó la conversación- Como os iba diciendo, os voy a presentar a vuestro nuevo compañero de clase, viene de Italia , se llama Kenai , llego hace unas semanas al pueblo. Quiero que os portéis bien con él y que lo tratéis como un igual.

Todos asintieron con un "Sí, señorita García" mientras el chico nuevo empezó a entrar por esa puerta. Yo me puse a decorar mi agenda mientras escuché como a  todas mis compañeras de clase se les paraba el corazón  y noté como todos los chicos guapos de la clase, en los cuales incluyo a William, se mordían la lengua al ver tal competencia, era evidente. Aún no había visto al chico pero tampoco debía de ser para tanto, así que decidí levantar la mirada y echarle un vistazo rápido.

Vale, si que era para tanto. Ante mis ojos había un chico de metro ochenta y cinco, con la piel morenita, los ojos grises penetrantes y el pelo negro. Llevaba un peinado desaliñado que no le quedaba nada mal. Vestía unos pantalones vaqueros y una camiseta negra de manga corta ajustada, lo que me permitió ver esos maravillosos bíceps, y me fijé con más detenimiento como las figuras de sus abdominales se dibujaban en su camiseta. Calzaba unas botas de militar negras por debajo de los vaqueros. No había visto un chico tan guapo en toda mi vida, pero bajé de mi nube y volví a la decoración de mi agenda cuando escuché la desagradable voz de mi profesor de matemáticas.

-Vaya, tú debes de ser el compañero nuevo. Voy a ver dónde te siento... -Empezó a mirar a toda la clase mientras que notaba  que todas los ojos de mis compañeras relucían al notar la posibilidad de sentarle a ese chico cañón al lado. A mí no me hacía tanta ilusión , ya que estaba claro como era ese chico: un chulo que se lo tenía creído porque sabía que estaba para comérselo enterito.- Ponte al lado de Bianca, es muy buena en matemáticas, creo que te vendría bien estar acompañado de alguna buena influencia para variar- resoplé al escuchar la decisión del profesor mientras que escuchaba los murmullos de rabia de Julia desde el último asiento de la clase.

Kenai empezó a dirigirse a su nuevo asiento mientras que yo seguía a lo mío, decorando mi agenda. Se sentó y empezó a sacar sus cosas mientras  que yo sacaba las mías. El profesor empezó a dar su aburrida y desesperante clase mientras que yo jugueteo dibujando en mi cuaderno. Al parecer a Kenai le hacía gracia mis dibujos hechos de puro aburrimiento y soltó una risotada sorda pero musical que se marcó en mi oído como si estuviera escuchando un concierto de Mozart. No pude evitar medio sonreír al escucharle.

Después de la  pesada clase de matemáticas, decidimos despejarnos todos levantándonos de nuestros respectivos asientos. Yo me fui a hablar un ratito con Hilary y Lorena, mientras que noté como Julia ya estaba empezando a coquetear con Kenai nada más llegar el cambio de clase. Pasé olímpicamente de ella mientras me reía con Hilary de la manera de coquetear más vulgar que tenía Julia, eso era algo cierto, parecía un poquito... suelta cuando intentaba ligarse a algún chico aunque algo me sorprendió, Kenai pasaba totalmente de sus coqueteos de barrio-bajera.
Vale, era la primera vez que un chico rechazaba a Julia, y no pude evitar  reírme con malicia para mis adentros.
Entonces Julia me clavó la mirada con incredulidad, al fin se había dado cuenta de mi cambio.
Jajaja, Vaya careto se le quedó al verme, fue bastante gratificante verle el geto que se le quedo.

En un segundo después de que Kenai y yo intercambiábamos una mirada fugaz, mi profesor de inglés entró por la puerta iniciando la clase.
La jornada escolar se pasó rápido y en un abrir y cerrar de ojos, ya estábamos a punto de irnos a nuestras respectivas casas cuando vino la directora por ultima vez y me pidió que si podía hablar con ella. Me pidió que si podía guiar a Kenai esta semana por el instituto y mostrarle más o menos las instalaciones. No me hacía mucha gracia, pero bueno que se le iba a hacer, así que accedí.

Salimos de clase y yo me dirigí hacia el coche de mi hermano César cuando Julia me cortó el paso instantáneamente.

-Que sepas, que no me arrepiento de nada de lo que pasó ayer- me dijo con un tono cortante mirándome con odio.
-Vale, como tú quieras- intenté apartarme de su camino pero me corto el paso.
-Y que sepas que el chico nuevo es mío -soltó con aires posesivos.
-Tiene nombre ¿sabes?, se llama Kenai, a ver si sabes deletrearlo K-E-N-A-I, vamos dilo todo seguido a ver si te sale ¡Ah no ! Lo siento, tu única neurona no da para más -Le metí un corte clavándole la mirada con rabia.
Julia estaba a punto de tirarse a mi cuello para arrancarme los pelos cuando mi hermano César se puso en medio de Julia y de mí, dejándola como una enanita.
-Cuidado con lo que haces Julia, yo de ti no atacaría a mi querida hermana - le advirtió mi hermano con una expresión amenazadora.

Julia se fue por su cuenta mientras que yo y mi hermano ya nos metíamos en el coche cuando ví el cochazo de Kenai. Era un Porsche Panamera Turbo S  de color negro. Era imposible que un simple estudiante de instituto tuviera un coche como ese, y menos teniendo 16 años. En fin, prefería no darle importancia, ya que pasaba del tema , la verdad. Enseguida observé como Julia seguía tirándole los tejos  poniéndole ojitos apoyada en el capo de su coche. Bah, me daba igual, podía quedárselo si así lo prefería, a mí él no me importaba para nada, era solo el chico nuevo, nada más.

César no había parado de hablar del coche de Kenai durante todo el viaje de vuelta a casa, era incansable y horriblemente pesado con el tema. Llegamos y César aparcó el coche mientras que yo ya corría hacia la cocina porque tenía un hambre terrible y mis tripas no paraban de rugir, parecían una manada de leones. Mi abuela me sirvió su exquisito plato de pasta a la carbonara mientras que no paraba de mirarme con incredulidad, no sé que me veía tan raro hasta que caí en la cuenta, ella no me había visto desde ayer y acababa de percatarse de mi cambio. Normal que estuviera tan alelada.
Cuando terminé de comer, lavé mi plato y me dirigí a mi habitación con unos gráciles y sofisticados saltitos por las escaleras.

Me puse a hacer los deberes y terminé bastante rápido, la verdad. En ese instante me llegó un mensaje de Julia, aquí había gato encerrado...

"Hola Bianca, me preguntaba si te apetecía ir a dar una vuelta con nosotras esta tarde. ¿Qué te parece? Am, por cierto, lo siento mucho. XXX "


No sabía a quien se refiera con ese "nosotras"  pero bueno, habrá que darle una segunda oportunidad,  ¿No?. Le respondí el mensaje diciéndole que sí iba a ir, y ella me respondió que fuera a uno de los parques de atracciones que se habían puesto cerca del pueblo.


Cogí  el autobús para no molestar a mi hermano César otra vez y llegué al parque de atracciones en media hora. Ahí estaban ya unas cuantas chicas de la clase que no me caían precisamente bien, y entonces vi aparecer a Julia con una sonrisa dibujada en la cara. SI os digo la verdad, no tenía ninguna gana de pasar la tarde con Julia y todo su grupo , pero bueno ya me había comprometido a hacerlo.
Ellas se subieron en unas cuantas atracciones, yo no me fiaba mucho de esas atracciones de feria así que decidí ir a comprarme un manzana de caramelo.


Al terminar de pagarla le dí el  primer mordisquito con cuidado aunque con mucha, muchísima fuerza, entonces escuché una risa musical  detrás mía...

1 comentario:

  1. Mmmm que capi, me gusto pero me intriga el comportamiento de Julia no creo que de verdad lo sienta más bien creo que es una trampa. Kenai estará allí? Seguiré lellendo Besos

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