Bandit y Niko
Después de esa tarde agotadora de compras, César nos llevó a todas a nuestras respectivas casas, llegando como última parada a la nuestra. Aparcó el coche y me comentó que nos tocaba hacer la cena a nosotros porque la abuela había salido , como de costumbre. Cuando llegamos a nuestra casa, abrimos la puerta y... ¡Casi me da un infarto!
¡Estaba todo patas arriba! Y apuesto a quien ya sé quiénes son los culpables...
-¡Jack, Jorge venid aquí ahora mismo! -grité con todas mis fuerzas. Al cabo de unos minutos los dos tormentos se presentaron en la entrada con cara de angelitos.
-Sabemos lo que vas a decir , Bibi, y no me hemos sido nosotros - ambos miraron al suelo , símbolo de que seguro que habían sido ellos.
-Entonces, si no habéis sido vosotros, ¿quién ha sido? -preguntó César cruzándose de brazos. Cada vez que mi hermano mayor hacía este gesto parecía un matón y , hasta mí, me daba miedo.
-Pues...- los dos canijos se quedaron callados cuando Jorge tomó la palabra.
-Está bien , te lo contaremos, pero no se lo digas a la abuela, por favor... - éste me suplico juntando las palmas de las manos con cara de cachorrito, algo que a mí , sin duda, siempre me hacía efecto.
-Vale... ¿De qué se trata esta vez?- pregunté adoptando la misma posición que mi hermano mayor solo que con las manos en la cintura.
De repente escuché unos ruidos en mi habitación y subí las escaleras rápidamente con aires enfadados mientras que mis hermanos me suplicaban por favor que no fuese pero para mi sorpresa aquellos ruidos tenían un por qué....
Un por qué pequeño, peludito y con los ojos grandes y negros. Era un cachorrito que jugueteaba con los peluches que habían encima de mi cama mientras emitía unos ladridos tiernos. Era un Golden Retriever de apenas unos tres meses de vida. Éste se sentó sobre mi cama y me miró. Al instante ladró y empezó a mover la colita. No pude evitar sonreír y acercarme a esa bolita peludita para acariciarla y hacerle carantoñas, con toda la suerte de que éste se dejó con muchos ánimos.
-La abuela nos va a matar si se entera, Bibi... -Soltó Jorge que estaba detrás de la puerta de mi habitación con cara de pena.
-No le diré nada a la abuela pero algo tendremos que hacer con él , ¿no crees?
-¿Y si nos lo quedamos? -Dijo César sonriendo apoyado en el marco de la puerta- Seguro que traerá más felicidad a la casa y la abuela no se sentirá tan sola cuando nosotros no estemos.
-¡Es muy buena idea! -Gritó Jack sonriendo de felicidad tirándose encima de mi cama.
-Está bien, intentaré convencer a la abuela -Suspiré mientras mis hermanos lo festejaban por todo lo alto bailando en mi habitación- Pero antes, tenéis que recoger todo el desastre que el cachorrito ha montado, ¿de acuerdo? -Los miré a los tres fijamente a los ojos.
-¡A sus órdenes , Capitana! -Los tres hicieron un saludo militar y no pude contener la risa. Bajaron como tres bólidos hacia el piso inferior de la casa y noté como empezaban a recoger. Mis hermanos solían decirme "Capitana" por la tontería que tenía mi padre conmigo, ya que él tenía un puesto alto en el ejército y cada vez que les daba órdenes a mis hermanos, éste me lo decía de broma.
Acaricié al perrito con suavidad viendo como este se tiraba en la cama, dejándome que le acariciara la barriguita. Aún no tenia nombre y tendríamos que ponerle uno cuánto antes para que se acostumbrase. Mi mente pensó durante minutos pensando en el nombre perfecto para esta bolita de pelo color blanco , con los ojos negros como platos. Éste era un varón, era un pequeño cachorrito juguetón y mimosos que le encantaba los peluches de mi cama. Como si se me encendiera una bombilla en la cabeza , me vino un nombre fugaz, Niko.
-¡Eh, chicos! ¿Qué tal si llamamos Niko al cachorrito?- grité desde mi habitación para que los tres me escucharan.
-¡Me parece genial! -Gritó César al instante.
-¡A mí me gusta mucho! -Contestó Jack a mi pregunta.
-¡Pues yo lo quería llamar Bola de nieve! -Gritó Jorge enfadado.
-No tío, se queda con el nombre de Niko y se acabó. Bola de Nieve es un nombre muy cursi para un perro. Además, cuando se haga grande , no querrás que se llame así, ¿no? -Dijo César riéndose entre dientes.
-César tiene razón -Dijo Jack
-Vale... Se quedará con Niko, además no es tan feo -Accedió por fin el más pequeño de mis tres hermanos. Aunque fuera el menor era el más testarudo y cabezota.
Instalamos al perrito en la habitación de Jorge y Jack la primera noche que pasó con nosotros, y al parecer durmió de maravilla. Tuvimos que preguntarle esa mañana César y yo a la abuela y , extrañamente, ésta accedió encantada a que tuviéramos una mascota. Dijo que nos vendría bien, porque desarrollaríamos el sentido de la responsabilidad y que así ella no estaría tan sola.
Pasamos todo el domingo ocupados con el perrito, ya que teníamos que llevarlo al veterinario que, de forma extraña, abría también los domingos, para hacerle su ficha de vacunación y todos esos líos que suponen tener una mascota.
El lunes por la mañana , César me llevó a clase porque Kenai estaba enfermo y no me podía llevar. Al llegar a la puerta me crucé con Bandit. Últimamente, ella y yo nos habíamos hecho muy amigas , debido a todas las discusiones que había tenido con Julia. Ella era , lo que se puede decir, la persona con la cual me desahogaba y , también, una de las pocas personas con las que podía ser yo misma sin necesidad de reprimirme. Era un poco más alta que yo con los ojos color miel y pálida. Tenía el polo rojizo que le llegaba por los hombros con un corte muy moderno y alternativo. Habitualmente, el flequillo le tapaba un pelín los ojos , pero aún así, se podía apreciar el color miel de éstos. Le gustaba mucha hacer deporte y sobre todo , patinar. Más de una vez ella y yo habíamos salido a patinar por las pistas del colegio, eso sí, teniendo en cuenta todas mis caídas. Su grupo favorito era Thirty Seconds to Mars, y por supuesto su cantante favorito era Jared Leto,obviamente. Solía llevar ropa moderna dándole su estilo propio , solo como ella sabía hacerlo.
Mientras que ambas esperábamos a Hilary y a Eva , hablamos de la nueva serie a la que nos habíamos enganchado. Ésta era Death Note. Bandit me habló de ella y me piqué. Estaba muy bien, la verdad, aunque seguramente a una persona normal le resultaría demoníaca y rara, pero eso a nosotras nos daba igual.
Sonó el timbre y Bandit y yo subimos las escaleras rumbo a nuestro próximo destino, la clase de matemáticas, y se podría decir que para ninguna de las dos , ésta era un buen principio de semana.