Secretos Subterráneos.


Secretos Subterráneos



Paul no tardo mucho en coger la iniciativa y , en menos de una hora, estábamos  de camino hacia nuestro nuevo destino:  El escondite de Tennebris. Él llevaba puesto un cinturón en el cual llevaba guardado el papel del enviado y una palanca para abrir las alcantarillas por las que tendríamos que pasar tarde o temprano. Hacía más de media hora que habías empezado a caminar y comenzaba a notar mis piernas cansadas y la respiración agitada, por la cual el aire me empezaba a faltar. Seguimos caminando durante un largo período de tiempo más y ni rastro de la maldita vía de acceso al escondite de Tennebris que tenía que ser supuestamente "fácil". La desesperación empezaba a apoderarse de mí, comiéndose todas mis ilusiones por encontrar la alcantarilla correcta, pero nada, ni una prueba o rastro de ella. Anduvimos unos pasos más antes de que yo ya empezara a quejarme, cosa que a Paul le hizo gracia e hizo estallar sus risotadas por las cloacas como si fuera un grito de guerra. Cuando toda esperanza quedó perdida nos caímos por una alcantarilla que estaba abierta ante nuestros pies y de la cual no nos habíamos percatado. Normal, la oscuridad reinaba esos fondos subterráneos y lo más probable es que si hubiera algún bicho, trampilla o prueba en el suelo, no la encontráramos. Durante unos treinta segundos solo pude gritar mientras que caía hacia el suelo. No veía absolutamente nada y no tenía ni la más mínima idea de donde se encontraba el final de esta condenada alcantarilla, hasta que me dí de lleno con el suelo.

-Au...-Me quejé acariciándome la cabeza delicadamente con mi mano que hacía suaves masajes sobre la superficie dañada. No noté que había algo debajo mía, hasta que se digno a hablar.

-No te quejes que yo he amortiguado la caída- Dijo Paul con voz apagada y con los brazos cruzados. Había caído de espaldas justo encima suya. ¡Pobrecillo!

-Lo siento, lo siento , lo siento- Repetí una , otra y otra vez para que Paul me perdonara por tirarme encima suya como si fuera una colchoneta. Enseguida me levanté del tirón pero mi lado más patoso salió a la luz , haciendo acto de presencia, y me resbalé cayendo boca abajo encima de Paul.

Mis ojos se clavaron en los suyos con un extraño poder magnético instantáneo mientras que él respiraba ajetreadamente . No sabía si era por el golpe que le había dado al caer o si era por el mero hecho de que yo estaba encima suya. Sin poder evitarlo, noté el potente latido de su corazón que retumbaba como el sonido de una batería en su pecho. En unos rápidos segundos, esos latidos llegaron a mi pecho como si se tratara de una bomba de relojería a punto de explotar. Mi corazón se sincronizó con el suyo en cuestión de escasos segundos. El flequillo de Paul, negro azabache con las puntas rojas como la llama más ardiente del puro  fuego, cayó y tapó sus ojos de forma sexy sin que él  pudiera evitarlo o hacer algo, ya que estaba atrapado debajo mía. Sin darme cuenta, mi mano desplazó su flequillo hacia un lado suavemente para que pudiera ver sus ojos de nuevo. Fue un movimiento involuntario, mi cuerpo reaccionó sin que yo le dijera nada acerca de ello. De repente, empezó a acercarse a mi rostro lentamente, acortando la distancia que quedaba entre nosotros. Sí, mi cuerpo seguía sin reaccionar. No me dí cuenta de que mi corazón empezó a latir con una velocidad de mil por hora o algo así, pero se me iba a salir del pecho. Nuestro labios estaban a punto de colisionar en un beso feroz, frío y deseado por el pequeño subconsciente de los dos cuando un enorme estruendo llamó nuestra atención. Ambos giramos la cabeza al mismo tiempo hacia al dirección de la cual, había venido el ruido, sin obtener ningún resultado, ya que, como dije, la oscuridad reinaba ahí abajo. Apoyé las manos en los huecos resultantes entre los brazos y la cadera de Paul y cogí impulso. Me levanté de un saltito y mis pies se apoyaron en los anteriores huecos. Le tendí la mano a Paul para que se levantara y así hizo. Cuando los dos estuvimos de pie, Paul volvió a mirarme a los ojos, con su flequillo tapándole la mitad de su rostro pálido, perfecto y marfileño pero un enorme rugido retumbó en las  alcantarillas. No hizo falta más indicios para empezar a correr entre la oscuridad.

Nuestros pasos resonaban entre las cloacas con fuerzas y nuestras respiraciones agitadas se oían a la perfección. Estaba muy cansada, no había dormido la noche anterior debido a mi pesadilla, después tuve que pelear contra el enviado de Tennebris y ahora estaba corriendo de arriba a abajo por unas cloacas en las cuales no se ve absolutamente nada. Sí, estaba agotada, machacada, prácticamente muerta. Cuando pensé que terminaría por caerme al suelo, Paul me cogió entre sus brazos y corrió conmigo a cuestas, Lo último que ví fue una tenue de luz y el bullicio de un mercadillo.

Jugando al escondite con el malo.



Jugando al escondite con el malo


Me fui a la cocina. Eran las seis de la mañana, pero no me importaba mucho la verdad. Había salido de mi pesadilla para vivir otra peor, la realidad. Sí, eso sí que era una maldita pesadilla. Me hice unas tostadas de mantequilla como me solía hacer mi abuela y me preparé un café con leche. Sí, amaba el café. Me senté en la silla que se ubicaba en la cocina y me quedé mirando por la ventana que se presentaba delante mía. Este día prometía ser un nuevo comienzo para mí. Sí, una nueva vida sin dolor ni tristeza, solo venganza e ira. Lavé los platos y al rato escuché la puerta al abrirse. Me asusté un poco , pero enseguida cogí una sartén de  la cocina y me escondí tras el hueco de la puerta y el frigorífico. Era un figura vestida entera de negro, como una sombra. Pude reconocer que era un varón, por su altura  y la anchura de sus músculos.  No tarde mucho en reaccionar, en cuanto lo tuve a punto de tiro, le solté un buen golpe en la cabeza con la sartén. Algo me sorprendió bastante, no sangraba. Salí corriendo de ahí buscando a Paul. Entré en la habitación y lo encontré vistiéndose. Iba sin camiseta y estaba con sus vaqueros negros ajustados desabrochados. Se me quedó mirando alelado y , acto seguido, sus mejillas pálidas se sonrojaron antes de alzarme la voz.

-¡Bianca! ¡Hazme el favor que me estoy vistiendo! - Me gritó al verme. Apuesto a que mis mejillas también estaban rojas, pero no tenía tiempo.

-Paul, alguien ha entrado en la casa, creo que es un enviado de Tennebris - Dije alterada mientras que él se abrochaba el pantalón.

-Bien, sin tiempo de reacción- Dijo resoplando- Voy a bajar que pasa, tú quédate aquí.

-No pienso quedarme aquí sin hacer nada, Paul, yo bajo contigo.

-Está bien, pero déjame atacar a mí, ¿vale? - Me clavó sus ojos verdes con ligeros toques amarillentos por unas milésimas de segundos antes de que empezáramos a caminar hacia la cocina.

Cuando llegamos a la cocina, el hombre vestido de negro ya no estaba y ya no había ningún rastro de él. Me quedé en silencio, haciendo que esa fuerza que solía aparecer en mí en los momentos de cólera llegara a mi corazón de forma rápida y eficaz. Sí, desde que dominé la ira y lo único que quería era venganza, podía activar esos poderes extremos cuando me diera la gana. Enseguida, mis músculos se tensaron y mi gargantilla soltó una especie de descarga que solo pude sentir yo. Esa era la señal de que el enviado de Tennebris andaba cerca y no pensaba quedarme de brazos cruzados mientras que estuviera suelto por aquí. Si daba con Bandit y Jared, ya nos podíamos despedir. Pero yo no iba a dejar que eso ocurriera así que seguí mi instinto asesino, tal y como lo nombró Paul, y fui hasta la habitación de Jared y Bandit. Ahí estaba ese condenado, a punto de clavarle una puñalada por la espalda a mis amigos para terminar con su vida, pero yo ya estaba ahí y tenía tiempo de reacción. En media milésima de segundo me subí a su espalda y le quité ese navaja. La lancé contra la pared, incrustándola en ésta y haciendo que Bandit y Jared se levantaran del tirón. Me quité el cinturón y lo enrosqué alrededor de su cuello. Apreté con todas mis fuerzas mientras que mi cuerpo ya empezaba a soltar descargas eléctricas. Los gritos de ese indeseable rebotaron en la pared, pero cesaron rápido , ya que le quité la cabeza de un rápido y astuto movimiento.  La sangre salía como si de una manguera se tratase, mientras se derramaba en el suelo. Bandit se quedó helada mirándome al igual que Jared. Lo único que hice yo fue soltar una sonrisita maliciosa y fría. Cogí el cuchillo de la pared e investigué el cadáver de ese espía. Llevaba un papel guardado en uno de sus bolsillos. Sé que eso es violar la intimidad de alguien, pero creeme, realmente me daba igual. Cogí el papel y lo abrí. Era un mapa, sí, una especie de mapa de unas catacumbas o vías subterráneas. Dejé el cuerpo tirado en el suelo y me dirigí hacia la cocina.

-¡Bibi! ¡¿Dónde estabas?! ¡Se puede saber que...! - Se quedó con la frase colgando al ver como iba manchada de sangre y con el papel entre manos. Sus ojos no paraban de examinarme de arriba a abajo en busca de alguna herida, pero por desgracia no tenía ninguna. Le tiré el papel ,manchado de sangre también, encima de la mesa.

-No sé lo que es, pero apuesto a que algo tiene que ver con el actual escondite de Tennebris y apuesto a que hay una vía de acceso bastante sencilla -Descansé mi cuerpo en una silla mientras miraba a Paul. Él cogió el papel y lo miró detenidamente. A los pocos segundos, sonrió dejando ver sus colmillos, haciendo de su sonrisa algo oscuro y tenebroso. Algo que yo adoraba y que no me daba ningún miedo.

-Sí, es el nuevo asentamiento de  Tennebris y  hay una muy sencilla vía de acceso - Me dedicó esa sonrisa oscura y yo se la devolví con una de las mías.

Nuevos Propósitos.



Nuevos propósitos


Esa noche dormí con Paul en su habitación. Caí rendida en la cama debido al cansancio acumulado durante todos estos días. Iba muerta, literalmente, no tenía fuerzas para nada. Ni si quiera me dí cuenta de que  Paul había dormido en el pequeño sofá que se ubicaba en frente de la cama donde yo estaba dormida. Esa noche tuve una pesadilla horrible.

Corría por aquel bosque conocido de Alaska todo repleto de nieve fría, dura y resistente. Mis pisadas se escuchaban como temblores de tierra, algo así como un terremoto que sacudía todo el suelo que pisaba. De repente, y sin previo aviso, Julia se presentó ante mi campo de visión. Sus ojos azules se clavaron en los míos con una sonrisa de autosuficiencia grabada en su rostro perfecto. Sentí como mi cuerpo comenzaba a arder de rabia e ira ante su mirada. Mis músculos perdían fuerza, sentía desfallecer mis células, deseaba que ese horrible dolor terminara, pero no fue así. En cuestión de segundos,  mi cuerpo cayó inerte al suelo entre fuertes convulsiones y horribles visiones. Unas descargas eléctricas comenzaron a apoderarse de mi mente, transformándola en una asquerosa masa inservible. Mis neuronas no fueron capaces de reaccionar para nada, ya que se encontraban en un estado de shock. Todos mis recuerdos vinieron a mi mente, como una fugaz ráfaga de viento que se escapa en verano sin previo aviso y que te pilla con la defensa baja. Todo iba a la velocidad de la luz en mi cabeza: mi inicial pelea con Julia, cuando conocí a Kenai, mi mejor amiga Eva, mi querida Bandit, mi inaguantable Belieber Hilary, mi pequeña Ángela... Absolutamente todo dándome vueltas a la cabeza, de forma incomprensible. Creía que mi cerebro se iba a desconectar cuando se paró en un jodida persona: Julia. Sí, su asquerosa mirada de autosuficiencia y su sonrisita victoriosa se clavaron en mis orbes esmeralda sin remedio alguno. Mi pecho empezó a vibrar como si estuviera padeciendo taquicardia. El  dolor y la impotencia se transformaron en sentimientos diferentes: Venganza, Rabia e Ira. Algo que transformó por completo todo mi ser. De pronto, mis células renacieron con un nuevo propósito y con nuevas energías renovadas, mis neuronas salieron de su estado de trance y se centraron en su nuevo objetivo., la sangre se teñía ahora en colores más vivos debido a mi alteración y mi cerebro se formó a la velocidad en la que el viento recorre los acantilados. Me puse en pie con una sonrisa fría y maliciosa en mi rostro. ¿Para qué ser buena cuando podía y debía ser la mala de la película? ¿Para qué guardarme todos mis condenados sentimientos si lo único que quiero es hacerlos explotar como una condenada bomba de relojería? ¿Para qué iba a utilizar mi compasión si podía utilizar mi dolor en su contra? Sí, todo lo que ella me había hecho sufrir se lo iba a hacer pagar ahora. Reí con una leve carcajada maligna, por lo bajo, para hacer temblar a mi enemigo. Julia retrocedió unos pasos ante mis risas. El pelo cubría toda mi cara y apenas dejaba ver mis ojos llenos de cólera y con un único deseo: la venganza más pura e incompasiva grabada en ellos.  Me acerqué más a ella, cosa que ella contrarrestó retrocediendo. Volví a reírme por su miedo e hice temblar el suelo con una fuerza indescriptible. Ante tal terremoto por mi parte, Julia cayó al suelo y yo tuve la  oportunidad de mirarla a los ojos mientras la sostenía con mis mano , levantándola en peso por el cuello. Le cortaba la respiración, sí, pero me daba exactamente igual. El rojo invadió su rostro a los pocos minutos y yo solté una risa melodiosa y rencorosa.

En ese momento me desperté levatándome de la cama de un brinco. Paul se levantó al mismo tiempo y yo lo miré a los ojos. Se acercó a mí y me clavó sus ojos de serpiente. Yo asentí, sabía perfectamente lo que pensaba y no hacía falta ninguna explicación. Él me abrazó y me acunó en su pecho desnudo. Al instante, oí su melodiosa voz en mi oído susurrándome una sola palabra que lo significó todo para mí: "HAZLO". Sabía  a la perfección a lo que se refería con esa palabra. Se refería a que debía llevar a cabo mi venganza sin ninguna piedad ni compasión. Tal vez Julia y yo nos hubieramos llevado bien hace mucho tiempo pero ella había cambiado, se había convertido en un monstruo que me había amargado la jodida vida. ¿Iba a tener yo piedad de ella? Al principio consideraba que no iba a ser capaz pero ahora lo veía claro: Lo haría sin pensármelo dos veces. Me agarré al cuello de Paul al abrazarlo y el me cogió de la cintura pegándome a su cuerpo.

-No lo pienses, es lo peor, solo actúa, déjate llevar por tu instinto...- ¿Mi instinto? Me pregunté a mi misma sin obtener respuesta de mi interior- Tu instinto asesino... -Concluyó Paul la oración en mi oído. Acto seguido, me quitó los cabellos del rostro y acarició mi mejilla. Dejó un beso en mi frente  y se fue de la habitación.

Estaba dolida, sí, pero como bien he dicho estaba.  Ahora ese dolor no existía en mi interior, ahora solo la rabia recorría mis venas. Todos mis sentimientos eran inhumanos, algo más intensos que los sentimientos de un humano normal y corriente. Sí,esos sentimientos multiplicados por mil y ya tendréis como me siento yo ahora. Me levanté de la cama, cogí mi ropa negra y me bajé al baño. Me lavé la cara, me vestí entera de negro con los ojos delineados en negro y salí de ese baño siendo una persona nueva. Una persona que no temía ni a la mismisima muerte... Una persona oscura y sin piedad... Una persona de la cara oscura de la moneda que le había dado la vuelta a mi mundo.

Regreso a España


Regreso a España


No tenía ni idea de cual era nuestro nuevo destino, pero si tenemos que ir en barco, seguramente estará un poco lejos. Cogimos el dichoso barco a las tres de la mañana y salimos zumbados del puerto. No tenía  ni idea, ni de donde nos íbamos ni a donde nos dirigíamos, pero me daba igual con tal de alejarme de Kenai y el dolor que solo él me producía. No pude contar las horas que nos pasamos en ese barco, ya que estaba bastante mareada por el vaivén de las olas, pero Paul estuvo ocupándose de mí durante todo el trayecto. Oí la voz del capitán del barco que nos informaba de que ya habíamos llegado a tierra. ¡Sí, tierra, por fin! ¡En cuanto bajara del condenado barco besaría el suelo como nunca antes lo había hecho!

Por suerte ese momento no tardó mucho en llegar. Desembarcamos y lo primero que hice fue besar el suelo, lo que produjo las risas musicales de Paul. Este clima me agradaba mucho, es más, me resultaba bastante familiar. Hacía calor, y el Sol brillaba en lo alto del cielo. Las ráfagas de viento veraniegas jugaban con mis cabellos mientras que mis esmeraldas brillaban con los rayos ultravioletas del astro rey. Sí, este clima era tan familiar...

-Bienvenida a casa, Bianca -Me susurró Paul al oído- Estamos en España, pensé que querrías regresar después de todo lo ocurrido con Kenai y... -No le dio tiempo a terminar la oración, ya que había saltado a sus brazos y ahora lo estaba abrazando con fuerza mientras me reía con la cabeza hundida en su cuello.

-Gracias Paul, gracias por traerme de verdad... -Decía en su cuello sin que mis pies rozaran el suelo, ya que él me había tomado en peso como si fuera una ligera pluma. Tras estar unos minutos abrazados, Paul me bajó al suelo y me sonrió sin que pudiera ver sus ojos de serpiente por culpa de su flequillo negro azabache con las puntas rojas como el  fuego.

-Bueno, ¿qué te parece si cogemos las maletas y nos vamos a mi casa?-Me preguntó Paul con una sonrisa dibujada en su rostro, la cual dejaba ver sus marcados colmillos. Cualquier persona supersticiosa, que creyera en los seres fantásticos, pensaría que él es un vampiro y , para que negarlo, tenía la apariencia de uno. Yo asentí a su pregunta y él cogió todas las maletas, pero antes de que pudiera dar un paso, escuché unos gritos que me llamaban desde la otra zona del puerto.

-¡Bibi! ¡No seas puta y ven a darme un abrazo! - Ese pelo rojo inconfundible que se iluminaba como una cereza y esa voz musical no los olvidaría jamás. Era Bandit, que me chillaba como una loca en el otro lado de la zona de desembarque. Corrí hacia ella y la abracé con todas mis fuerzas. Ella también me abrazó con ganas. Acto seguido, me miró a los ojos y acarició mis mejillas- ¿Cómo has estado? ¿Estás bien? Voy a matar ese capullo de Kenai- Dijo con el odio tiñendo sus palabras.

-Tranquila, Bandit, no te preocupes por mí. Estoy bien ahora, pero antes no lo había estado y no te preocupes por lo de Kenai, tendré mi venganza -Dije mientras la miraba a los ojos. Ella me dedicó una maliciosa sonrisa y dejó un tierno beso en mi mejilla. Enseguida, noté como Jared estaba ayudando a Paul con las maletas.

-Tengo el coche aparcado en el parking del puerto, si nos damos prisa, podremos salir sin pillar ningún atasco - Escuché la voz de Jared detrás mía y le asentí con la cabeza.

El viaje en coche fue relativamente corto, comparado con el viaje en barco no fue nada. Al aparcar, los chicos bajaron las maletas  mientras que Bandit y yo nos tirábamos en el sofá para charlar un rato. Ella me contó que los demás chicos de la patrulla estaban preparando la batalla final contra Tennebris en Alemania, donde ahora estaban todos los guerreros de todo el mundo reunidos. También me contó que todos estaban deseando verme y que me echaban mucho de menos. Yo también los echaba de menos a todos, sobre todo a mi hermano César, a quien necesitaba más que a nadie. Bandit me comentó que dentro de una semana partiríamos hacia Alemania para reunirnos con todos ellos y organizar la batalla. Yo estaba deseando verlos a todos. Después de hablar sobre el viaje y eso, le conté detalladamente todo lo ocurrido con Kenai. Ella me dijo que sería mejor que investigáramos más a fondo cuando llegáramos a Alemania y yo le hice caso.

-Bueno Bianca, si no te importa, dormirás esta noche con mi hermano, ya que en nuestra casa no hay mucho espacio disponible... -Dijo Jared un poco culpable mientras se mordía el labio inferior. Bandit se puso de puntillas y beso sus labios. Fue solo un roce, pero se notó que Jared se alegró al instante.

-No te preocupes, Jared, no tengo problema con ello.

-Gracias por entenderlo, Bianca - Me dedicó su mejor sonrisa al terminar de pronunciar las palabras- Por cierto, tus hermanos pequeños, tus padres y toda tu familia está concentrada en Alemania. Al parecer tienes una de las mejores familias de  toda la cara oscura de la moneda, te felicito - Dijo Jared mientras rodeaba el hombro de Bandit con su brazo.

Vaya, no sabía que toda mi familia estuviera metida en este lío. Mi madre, mi tía Odette, incluso mi inocente abuelita estaba metida en esto... Aún me costaba asimilarlo pero sería lo mejor para mí, ya que los tengo y los tendré apoyándome en todo momento respecto a los temas de la cara oscura de la moneda, según lo había mencionado Jared. Sí, esto iba a ser mejor de como me lo imaginaba. Libraremos una batalla épica contra un ejército negro, terminaré con el mismísimo diablo que recibe el nombre de Tennebris y tendré mi venganza contra Julia, pero un momento... Kenai.... Me dolía hacerle daño a él... En el momento de la verdad iba a ser totalmente incapaz de provocarle algún tipo de dolor. La verdad es que sus conductas habían sido totalmente contradictorias. El día el cual me engañó, al principio  no estaba arrepentido y pasó del tema, pero después corrió escaleras abajo como una furia mientras que lloraba para que no me fuera. Ese día en el bosque, parecía que quería matarme aunque al final no pudo hacerlo...

Ahora que lo pensaba detenidamente no tenía sentido nada de lo que estaba ocurriendo con él. Si lo meditaba más detenidamente, él no había cambiado para nada durante todos estos días, espera, un momento... Había algo que si había cambiado en él en esos dos momentos en los cuales lo había visto... Mejor dicho, habían dos cosas que habían cambiado de una vez para otra...

Sus ojos y su tatuaje.