Sentimientos Revividos
Las palabras de Paul me dieron mala espina. Algo en mí me decía que esas "sorpresas" que él tenía que contarle a Jared no iban a ser buenas. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo con una descarga eléctrica y noté una presencia fuera del bar. Su aura relucía oscura ante mis ojos y apuesto que era uno de los guerreros del ejército de Tennebris. Paul se levantó de un tirón y mis amigas le miraron extrañadas. Él había sentido lo mismo que yo...
Sus ojos se clavaron en los míos y yo correspondí su mirada. Hizo un leve movimiento con la cabeza indicándome que saliera fuera y yo le respondí asintiendo con la mía. Ambos cogimos camino hacia la puerta del bar mientras que Jared, Eva y Bandit nos miraban extrañados, como si no supieran que hacíamos, ¿es que ellos no habían notado nada?
Tardamos segundos en correr por el bosque uno al lado del otro en persecución del hombre encapuchado. No me perdía, era bastante extraño. Paul iba justo por donde yo corría y me sentía como si supiera perfectamente por donde correr sin tener que tomar ninguna indicación. Esa magia empezó a recorrer todos mis capilares sanguíneos con una velocidad vertiginosa mientras que mis pies seguían corriendo por esa espesa nieve blanca. Eché un vistazo a Paul que corría vigilando mis espaldas por si me atacaban. Notaba su respiración y sus fuertes pasos en la nieve, que hacían retumbar el suelo que yo pisaba. Lo miré a los ojos y el corazón se me quedó helado cuando los ví. Sus ojos se iluminaban, un brillo portentoso empezaba a dotarlos de una magia esplendorosa. Ahora estaban del color de la Luna Llena que nos alumbraba con toda su fuerza. A veces pensaba que la Luna estaba conmigo y que me daba ánimos y fuerzas para seguir adelante. La resistencia, la fuerza y la velocidad de Paul aumentaron considerablemente al comenzar su transformación. Entendí que él era como yo...
Su magia empezó a reforzarse con la Luna y esa fue la última pista que me faltaba. No todos los guardianes de la Luna estaban extintos, por lo menos, estaba Paul. Sí, por eso lo sabía todo sobre nuestro mundo. Mi corazón se encogió cuando él se posicionó a mi lado y me tomo de uno de mis brazos haciendo que me estampase contra su pecho con una fuerza increíble, pero a él no pareció dolerle.
-Quieta... Se ha detenido -Me susurró en el cuello. Era más alto que yo, por lo menos me sacaba una cabeza. Lo miré a los ojos desde arriba y ambos se nos ocurrió la misma idea. Él me asintió y ambos nos dimos la vuelta. Nos quedamos espalda contra espalda vigilando todos los movimientos de ese hombre cuyo cuerpo iba cubierto por una túnica negra. El color de ésta nos facilitaba su localización entre todo aquel paisaje nevado que nos envolvía con su manto blanco. Mi collar empezó a brillar y noté como Paul se rió ante tal acción por mi parte. Yo también me reí al escucharle.
Sus músculos se tensaron y los míos también al notar el aura del guerrero más próxima a nuestra posición. De la nada, apareció como una exhalación y comenzó nuestra batalla. Los movimientos de Paul eran perfectos y precisos, apenas necesitaba mi ayuda. Podía sentir como la experiencia del combate había hecho de él un excelente soldado y un perfecto luchador. Apenas tuve que intervenir en la batalla, solo me necesitó para rematarle con una fuerte descarga eléctrica proporcionada en el corazón de nuestro enemigo. Éste se retorció del dolor en el suelo y , a los pocos segundos, su corazón dejó de latir. Yo me alejé un poco de él ya que me sentía culpable y el remordimiento se apoderaba de mi ser en estos momentos, pero a Paul no pareció pasarle lo mismo que a mí. Le quitó la capa a aquel guerrero busco algo en ella.
-¿Qué es eso? -Pregunté cuando ví que sacaba unas dagas negras con la punta afilada rematada con un color plata deslumbrante. De ésta, goteaba un líquido negro como el carbón.
-Dagas envenenadas - Me contestó Paul con un cuidado extremo para no tocar ese líquido que goteaba de ella- Tennebris las utiliza para poner a sus órdenes a humanos normales y corrientes, aunque busca soldados como nosotros para tener la batalla más fácil y gente con más experiencia - Guardó ese utensilio con máxima precaución enrollándola en una tela negra de cuero y la metió en su bolsillo.
-¿Por qué las guardas?
-Desde hace mucho tiempo las investigo para averiguar como las hace. Tienen un poder absoluto y hace que cualquier persona por muy en contra que esté, esté a las órdenes de su propietario. Si yo me hago el propietario de ellas, podré tener a quien quiera -Me miró con una sonrisa macabra dejando ver sus colmillos. Algo que me había impactado de él, es que sus colmillos eran afilados y destacaban entre sus dientes blancos como la nieve que teníamos bajo nuestros pies. Al principio me dio miedo, pero luego se me pasó, él era incapaz de hacerme daño- Bueno, ¿qué te parece si volvemos al bar y dejamos que tus amigos nos lleven a un lugar más cómodo? -Soltó con una risa musical y aires bacilones.
-Bien, será mejor, estoy un poco cansada después de todo lo que me ha pasado hoy... - Al acordarme de Kenai mi corazón se encogió y no pude evitar que las lágrimas comenzaran a brotar de mis ojos, bañando mis mejillas y deshaciéndose en la nieve helada cuando caían.
-Eh , Eh... -Me abrazó con fuerza, pegándome a su pecho con aires cariñosos y consoladores- Pase lo que te pase, voy a estar ayudándote, pero ahora será mejor que descanses... -Limpió las lágrimas de mis ojos y los suyos se clavaron en los míos mientras acariciaba mi rostro con suavidad- No quiero volver a verte llorar, ¿vale? -Solo asentí ante su orden y caminó junto a mí por ese bosque nevado cogido de mi mano para darme fuerzas.