Sentimientos Revividos




Sentimientos Revividos


Las palabras de Paul me dieron mala espina. Algo en mí me decía que esas "sorpresas" que él tenía que contarle a Jared no iban  a ser buenas. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo con una descarga eléctrica y noté una presencia fuera del bar. Su aura relucía oscura ante mis ojos y apuesto que era uno de los guerreros del ejército de Tennebris. Paul se levantó de un tirón y mis amigas le miraron extrañadas. Él había sentido lo mismo que yo...
Sus ojos se clavaron en los míos y yo correspondí su mirada. Hizo un leve movimiento con la cabeza indicándome que saliera fuera y yo le respondí asintiendo con la mía. Ambos cogimos camino hacia la puerta del bar mientras que Jared, Eva y Bandit  nos miraban extrañados, como si no supieran que hacíamos, ¿es que ellos no habían notado nada?

Tardamos segundos en correr por el bosque uno al lado del otro en persecución del hombre encapuchado. No me perdía, era bastante extraño. Paul iba justo por donde yo corría y me sentía como si supiera perfectamente por donde correr sin tener que tomar ninguna indicación. Esa magia empezó a recorrer todos mis capilares sanguíneos con una velocidad vertiginosa mientras que mis pies seguían corriendo por esa espesa nieve blanca.  Eché un vistazo a Paul que corría vigilando mis espaldas por si me atacaban. Notaba su respiración y sus fuertes pasos en la nieve, que hacían retumbar el suelo que yo pisaba. Lo miré a los ojos y el corazón se me quedó helado cuando los ví. Sus ojos se iluminaban, un brillo portentoso empezaba a dotarlos de una magia esplendorosa. Ahora estaban del color de la Luna Llena que nos alumbraba con toda su fuerza. A veces pensaba que la Luna estaba conmigo y que me daba ánimos  y fuerzas para seguir adelante. La resistencia, la fuerza y la velocidad de Paul aumentaron considerablemente al comenzar su transformación. Entendí que él era como yo...

Su magia empezó a reforzarse con la Luna y esa fue la última pista que me faltaba. No todos los guardianes de la Luna estaban  extintos, por lo menos, estaba Paul. Sí, por eso lo sabía todo sobre nuestro mundo. Mi corazón se encogió cuando él se posicionó a mi lado y me tomo de uno de mis brazos haciendo que me estampase contra su pecho con una fuerza increíble, pero a él no pareció dolerle.

-Quieta... Se ha detenido -Me susurró en el cuello. Era más alto que yo, por lo menos me sacaba una cabeza. Lo miré a los ojos desde arriba y ambos se nos ocurrió la misma idea. Él me asintió y ambos nos dimos la vuelta. Nos quedamos espalda contra espalda vigilando todos los movimientos de ese hombre cuyo cuerpo iba cubierto por una túnica negra. El color de ésta nos facilitaba su localización entre todo aquel paisaje nevado que nos envolvía con su manto blanco. Mi collar empezó a brillar y noté como Paul se rió ante tal acción por mi parte. Yo también me reí al escucharle.


Sus músculos se tensaron y los míos también al notar el aura del guerrero más próxima a nuestra posición. De la nada, apareció  como una exhalación y comenzó nuestra batalla. Los movimientos de Paul eran perfectos y precisos, apenas necesitaba mi ayuda. Podía sentir como la experiencia del combate había hecho de él un excelente soldado y un perfecto luchador. Apenas tuve que intervenir en la batalla, solo me necesitó para rematarle con una fuerte descarga eléctrica proporcionada en el corazón de nuestro enemigo. Éste se retorció del dolor en el suelo y , a los pocos segundos, su corazón dejó de latir. Yo me alejé un poco de él ya que me sentía culpable y el remordimiento se apoderaba de mi ser en estos momentos, pero a Paul no pareció pasarle lo mismo que a mí. Le quitó la capa a aquel guerrero busco algo en ella.

-¿Qué es eso? -Pregunté cuando ví que sacaba unas dagas negras con la punta afilada rematada con un color plata deslumbrante. De ésta, goteaba un líquido negro como el carbón.

-Dagas envenenadas - Me contestó Paul con un cuidado extremo para no tocar ese líquido que goteaba de ella- Tennebris las utiliza para poner a sus órdenes a humanos normales y corrientes, aunque busca soldados como nosotros para tener la batalla más fácil y gente con más experiencia - Guardó ese utensilio con máxima precaución enrollándola en una tela negra de cuero  y la metió en su bolsillo.

-¿Por qué las guardas?

-Desde hace mucho tiempo las investigo para averiguar como las hace. Tienen un poder absoluto y hace que cualquier persona por muy en contra que esté, esté a las órdenes de su propietario. Si yo me hago el propietario de ellas, podré tener a quien quiera -Me miró con una sonrisa macabra dejando ver sus colmillos. Algo que me había impactado de él, es que sus colmillos eran afilados y destacaban entre sus dientes blancos como la nieve que teníamos bajo nuestros pies. Al principio me dio miedo, pero luego se me pasó, él era incapaz de hacerme daño- Bueno, ¿qué te parece si volvemos al bar y dejamos que tus amigos nos lleven a un lugar más cómodo? -Soltó con una risa musical y aires bacilones.

-Bien, será mejor, estoy un poco cansada después de todo lo que me ha pasado hoy... - Al acordarme de Kenai mi corazón se encogió y no pude evitar que las lágrimas comenzaran a brotar de mis ojos, bañando mis mejillas y deshaciéndose en la nieve helada cuando caían.

-Eh , Eh... -Me abrazó con fuerza, pegándome a su pecho con aires cariñosos y consoladores- Pase lo que te pase, voy a  estar ayudándote, pero ahora será mejor que descanses... -Limpió las lágrimas de mis ojos y los suyos se clavaron en los míos mientras acariciaba mi rostro con suavidad- No quiero volver a verte llorar, ¿vale? -Solo asentí ante su orden y caminó junto a mí por ese bosque nevado cogido de mi mano para darme fuerzas.




Fraternidad Desconocida



Fraternidad Desconocida



Me quedé algo confusa mirando esos ojos verdes amarillentos. No transmitían desconfianza, ni maldad, todo lo contrario, eran unos ojos que transmitían dulzura, amor y seguridad.  Él se acercó a mí mientras también me miraba. Notaba como sus ojos se introducían en los míos con curiosidad, parecía que cada vez que me miraba, podía ver mi alma. Cuando reaccionó, tomó de nuevo la palabra.

-No eres de por aquí, ¿verdad?

-No, no lo soy

-Estaba seguro de eso - Se mordió sus finos labios rojizos como la sangre mientras miraba al suelo- Siéntate, me apetece charlar contigo.

Hice lo que me pidió y me senté en ese sofá mientras que él tomaba asiento en frente mía. Pude apreciar que llevaba puesto unos vaqueros rotos con unas zapatillas viejas , desgastadas y negras y una camiseta  ajustada de color negro. De abrigo, solo llevaba una chupa de cuero. Al sentarse, se la quitó, y pude apreciar sus brazos tatuados. No lleva muchos tatuajes , pero si adornaban los músculos marcados de sus brazos. Su piel extremadamente pálida hacía que estos se notaran aún más. Cuando dejé de investigar todos sus tatuajes, pasé a fijarme en su rostro. Éste poseía unas facciones duras, pero infantiles. Se notaba que era mayor de edad, pero tenía un toque juguetón y pícaro grabado en ese rostro de marfil.  Uno de sus ojos estaba tapado pero cuando echó su flequillo para un lado con rapidez pude tener ambos ojos clavados en mí. De veras que este muchacho resultaba interesante, porque a simple vista pensarías que te  haría daño o te secuestraría por la calle , pero resultaba muy amable, cariñoso y extremadamente divertido. Conversamos durante un par de horas en aquel local, conociéndonos mejor cuando, al agacharme para coger su chaqueta que se había caído al suelo, él vio mi tatuaje.

-Vaya, quien lo diría, tú que pareces una chica tan buena e inocente con un tatuaje. No dejas de sorprenderme, Bianca -Dijo con una carcajada musical. Su voz poseía una escala de tonos musicales que , cada vez que se reía, parecía que estaba cantando una canción de rock, pero eso me gustaba - Déjame hacerte una pregunta, ¿vale?


-Adelante, dispara - Sonreí al mirarlo mientras el también sonreía. Tenía unos colmillos un tanto destacados en su perfecta sonrisa y sus dientes blancos, pero no me asustaba en absoluto.

-¿Qué sabes sobre la otra cara de la moneda? -Dijo sonriéndome con malicia. Me quedé helada. No tenía ni idea de que él supiera de la existencia de éste y me había dejado de piedra. Tuve que respirar profundamente varias veces antes de tomar la palabra cuando la puerta del bar se abrió como una exhalación. Al momento, vi aparecer a Bandit cogida de la mano de Jared y a Eva corriendo hacia mí. Cuando llegaron a mi lado, ambas me abrazaron con fuerza mientras que Paul las miraba con la confusión grabada en su rostro marfileño. Noté como Jared clavaba sus ojos azules en los de Paul cuando empezó a hablar detenidamente.

-¿De qué os conocéis , Bibi? -Preguntó Jared con una sonrisita. Esto me mostraba que Paul también pertenecía a nuestro mundo.

-Bueno, él ha salvado a ese idiota de que lo matara - Dije mientras señalaba a ese hombre corpulento que me había tocado la moral con anterioridad.

-Se podría decir que sí -Se carcajeó Paul- Si no llego a intervenir, apuesto a que todo esto estaría lleno de policías ahora.

-Y dime tú, Jared, ¿de qué os conocéis él y tú? - Dijo Bandit mirando al individuo algo maravillada.

-¿Qué de qué lo conozco? -Soltó Jared con una risa- Él es mi hermano pequeño -Señaló a Paul con el dedo índice antes de clavar sus ojos en los suyos- Mi hermano pequeño del que todos pensaban que estaba muerto.

-A veces la vida te puede dar muchas sorpresas, hermano - Dijo Paul encogiéndose de hombros- Y créeme, tengo muchas  sorpresas  para ti.

Salvado por la serpiente




Salvado por la serpiente


Cada diminuta célula de mi cuerpo deseaba caer en  un profundo abismo oscuro y perderse en él, pero no ocurrió así para mi desgracia. Me alejaba de la cabaña a pasos agigantados por aquel bosque que parecía que miraba todas mis acciones, juzgándolas de cerca y dándome su criterio. Escuchaba los llantos de Kenai desde mi posición mientras gritaba mi nombre, pero de nada le iba a servir, yo no pensaba volver, no volvería para vivir un infierno. Cerré los ojos y me concentré solo en desaparecer mientras que corría por este bosque que ahora me infundía miedo, tristeza, temor y frío, sobre todo, frío.

Como podía haber sido tan tonta al pensar que por fin había encontrado a alguien que me amaba de verdad, como había sido tan ingenua. Nunca debí depositar toda mi confianza en nadie, nunca. Ahora me daba cuenta de mi error mientras las lágrimas brotaban de mis ojos como auténticas cataratas. Mi llanto no cesaba para nada, es más, cada minuto que pasaba, éste iba aumentado la intensidad.  Me sentía como una niñata estúpida al recordar todas las veces que Kenai me dijo que me quería más que a nadie, y que solo me amaría a mí para el resto de la eternidad. ¡Soy una idiota! Mis piernas empezaban a cansarse en la oscuridad de la noche, y yo iba a caer desvanecida al suelo de un momento a otro por el cansancio de mi cuerpo. Llevaba más de dos horas corriendo sin parar con el propósito de alejarme de Kenai y de Julia para siempre, pero ya no podía más.  A lo lejos contemplé lo que parecía un bar de carretera. No era muy acogedor, pero podría descansar ahí hasta que recuperara mis fuerzas de nuevo.
Caminé hasta el bar  que había visto con anterioridad con un poco de desconfianza, pero era lo único que tenía ahora, así que, que más remedio. Abrí la puerta a mi paso y contemplé el local con sumo cuidado. Había muchos camioneros tomándose una cerveza o una copa de vino. Supongo que este era el lugar donde solían parar en sus largos viajes para transportar sus mercancías. Hablaban muy basto  y gritaban entre risas como posesos. Resoplé ante tal imagen y me senté en uno de los sofás que había al final del local, el cual tenía en frente una mesa para cuando se sirviera la comida. Crucé las piernas al sentarme y observé lo que había encima de la mesa con detenimiento. Había un  pequeño frasco que contenía sal, un aparato con muchas servilletas y algo que parecía ser un mapa del lugar. Tomé el mapa y observé que me había alejado bastante de Alaska y ahora estaba como una especie de bosque que se encontraba cercano a una autovía, de ahí que hubiera tantos camioneros en este bar. Leí los lugares detenidamente buscando un lugar donde poder ir. Mientras que decidía a donde ir un hombre alto, corpulento y lleno de tatuajes se sentó a mi lado.

-¿Qué hace una chica tan preciosa como tú por aquí? -Me susurró al oído. Me asqueaban sus palabras y su forma de mirarme. Sí,  lo odiaba profundamente. Como no se marchara en tres segundos de mi asiento, lo iba  a mandar disparado hasta la otra punta del local.

-Nada que le importe, ahora, por favor, dejé de contaminar mi asiento con sus repugnantes bacterias y lárguese - Dije con un tono frío y amenazador sin mirarle a la cara.

-¿Cómo has dicho, puta? - Vale , ya se lo había buscado. Me levanté de mi asiento plantándole cara mientras que ya notaba fluir la energía por todo mi cuerpo. Sería cuestión de segundos que ese repugnante camionero terminara inconsciente en el suelo debido a una descarga eléctrica.

-He dicho que más le vale marcharse de mi asiento o sino, sufrirá las terribles consecuencias - Mis ojos se clavaron en los suyos como dagas heladas y envenenadas. Había elegido un mal momento para tocarme las narices ese indeseable.

-¿Terribles consecuencias? Jajaja -Soltó una carcajada amenazadora- ¿Crees que una niñata como tú me puede hacer algo a mí?

Sus palabras retumbaron en mi mente con una especie de eco infernal. Por un instante, parecía la propia Julia quien las repetía en mi cerebro con su odiosa  voz que me sacaba de quicio. Eso me hizo enfurecer aún más. Cuando estuve a punto de demostrarle lo que valía un peine alguien se interpuso entre los dos.

-Hey, ¿nunca te han enseñado modales? Así no se le trata a una señorita - Pronunció ese sujeto mirándole a los ojos- Ahora haznos el favor, Harry, y vete a tomarte otra cerveza- El odioso hombre resopló por sus fosas nasales y se fue enfadado como un mono. Aquel muchacho que había salvado a ese tal "Harry" de una muerte segura, también iba tatuado pero era un poquito más bajo. Su rostro parecía mucho más comprensivo y más tierno que el del  otro hombre. Llevaba los cabellos largos hasta el hombro y poseían con un color negro como el carbón con un flequillo que le tapaba un ojo. Las puntas de sus cabellos estaban tintadas de color rojo sangre y sus ojos eran de un color muy extraño. Al principio parecían verdes, pero, conforme  el iris se acercaba a la pupila, éste iba tomando un color amarillo. Me recordaron bastante a los ojos de una serpiente y eso llamó bastante mi atención- Discúlpale, es un maleducado, y no está acostumbrado a que pasen chicas por aquí -Dijo disculpándose por su amigo Harry. Este sujeto también tenía la piel extremadamente pálida. Aparentaba tener unos  veintiún años, aproximadamente. Sus ojos estaban delineados con un perfilador negro que resaltaba aún más el color de estos- Me llamo Paul, un placer -Extendió su mano hacia mí. Ésta iba recubierta con un guante de cuero cortado que dejaba ver sus dedos.

-Yo soy Bianca - Estreché su mano con algo de desconfianza. Él me clavó sus ojos con rapidez y fugacidad sin que yo pudiera evitarlo. En ellos, ví algo nuevo. No era nada malo, todo lo contrario, parecía que él me comprendía. Entonces, lo supe. Él era uno de los guardianes extintos de la Luna


Engaño




Engaño


Ya llevábamos una semana en Alaska y entre los tres habíamos conseguido reunir a todas las patrullas existentes en la zona. Todas habían querido colaborar, increíblemente,  y Kenai ya los había reunido en uno de los grandes bosques de Alaska con una facilidad bastante impresionante, esta misma tarde a las seis. Hilary y mi novio aún seguían de malas, así que , decidí salir de la casa a darme una vuelta para que solucionaran las cosas de una buena vez y que se dejaran de líos y de malos rollos.  La nieve estaba espesa y se levantaba como unos tres palmos del suelo. Me gustaba mucho el frío y todas esas cosas, pero en este grado tan máximo a  veces me molestaba un poco, aunque ahora me daba igual ya que el paisaje era precioso y digno de ver. Una idea alocada cruzó mi mente como un relámpago y se me escapó una fugaz sonrisa al evocar la imagen. Seguramente no habría nadie por aquí...No pasaría nada si me pusiera  a correr y a dar saltos como una loca, ¿no?,  además, divertirse de vez en cuando nunca viene mal. Decidido, lo voy a hacer.

Mis piernas empezaron a correr por aquel bosque nevado del cual ya me había encariñado muchísimo y mis cabellos se dejaron llevar por el viento helado que ahora los zarandeaba. No eran unas ráfagas violentas, sino unas ráfagas suaves que me daban la sensación de ser libre y estar volando por el cielo como un pájaro. Sí, un pájaro que no se preocupa de nada , solo de comer y dormir... A veces, desearía ser uno para poder evadirme de mis propios problemas personales...
Desde que había empezado a ser una ninfa, mi vida se había suavizado y había cambiado bastante, pero ahora empezaba a echar de menos a mi abuela, a mis hermanos pequeños,  a mis padres... Aquel entorno normal que me envolvía en España meses antes de mi transformación. Decidido, en cuanto termine esta condenada guerra, me vuelvo a casa de mi abuela  a pasar allí lo que me queda de verano.

Se estaba haciendo un poco tarde, así que, decidí volver a nuestra acogedora cabaña. Que raro, no escuchaba los gritos de Kenai ni los reproches de Hilary mientras que se peleaban.... Huy... Esto empezaba a darme miedo.  Justo en frente del porche, unos metros más alejado de la cabaña, se encontraba un coche aparcado. No era el Porsche de Kenai, ni el Citröen de César... ¿Quién habría podido venir a casa? Toqué a la puerta varias veces, pero no obtuve ninguna respuesta, así que decidí coger las llaves que se escondían debajo del felpudo y abrirla por mi propia cuenta. Ni rastro de Hilary y ni rastro de Kenai y lo peor es que  esto estaba muy silencioso, demasiado para mi gusto... Subí las escaleras de  tres en tres con un estado de alerta frenético mientras miraba a todas partes y me cuidaba las espaldas por si acaso. Escuché unos sonidos dentro de la habitación de Hilary. Había una chica, pero no era mi amiga, y una silueta muy familiar estaba debajo suya.  En cuanto pude reconocer todo, el alma se me cayó a los pies y mi corazón dio su último latido...

Esos ojos azules no los olvidaría jamás.
Esos condenados ojos azules me habían hecho vivir un infierno.
Esos ojos azules me habían hecho pensar que no merecía la pena.
Esos ojos azules que  ahora estaban mirando a mi Kenai con deseo y lujuria...

Julia estaba besando a Kenai mientras que su cuerpo descansaba encima del de mi chico y él no hacía nada para evitarlo... Ahora si que no podía respirar. Las lágrimas brotaron de mis ojos y solté un sollozo estúpido que debía haber controlado, pero no pude, mi cuerpo no me lo permitió... En ese instante, Julia me miró y Kenai también... Acababan de darse cuenta de mi presencia... Cada una de las células de mi cuerpo deseaban la muerte inmediata en este preciso instante, pero no ocurrió lo que yo deseaba... Julia me sonrió maliciosamente y Kenai se levantó como un resorte. Mis piernas se quedaron heladas, pero no me iba   a quedar ahí como una estúpida y en abrir y cerrar de ojos, ya  corría escaleras abajo. Las lágrimas bañaban mi rostro, la tristeza invadía mi ser, el dolor recorría mis capilares sanguíneos, cada una de mis células solo sentía rechazo y ganas de morir...

En cuanto llegué a la puerta, la abrí y salí corriendo por el bosque perdiéndome entre todos esos árboles que eran más altos que un rascacielos. ¿La última imagen que se quedó grabada en mi mente? Kenai tirado en el suelo de rodillas mientras yo huía, en el porche  de nuestra cabaña...





Chocolate Caliente


Chocolate Caliente



Kenai se tiró en el sofá mientras que resoplaba audiblemente. Se revolvió los cabellos mirando al techo. Seguramente estaba bastante molesto por el comportamiento de Hilary, y yo lo veía bastante normal porque siempre se tenía que hacer lo que quería mi amiga.  Me propuse como nuevo reto  subirle un poco el ánimo  y apuesto a que no me costaría mucho. Tomé camino hacia el sofá y me tumbé a su lado, jugueteando con sus cabellos. Mis dedos se enredaban entre ellos con mimo mientras que mis ojos se clavaban en los suyos. Él tomó mi cintura y me acercó más a él. Las yemas suaves de sus ardientes dedos recorrían mi rostro de arriba a abajo mientras que sus ojos se dejaban hechizar por los míos.

-No estés enfadado, ya sabes que Hilary es así...

-Ya sé que ella es así, pero me ha molestado bastante su actitud...

-Vamos, tenemos que estar atentos a nuestra misión y no a ella. Solo concéntrate en lo que más importa, cariño - Acaricié su rostro con toda la suavidad posible.

-Está bien... -Suspiró tomándome más fuerte de la cintura- ¿Qué te parece si nos hacemos un chocolate caliente? -Preguntó con una sonrisa hermosa dibujada en su rostro.

-Me parece perfecto - Le dediqué mi mejor sonrisa mientras que mi cuerpo ya se levantaba del sofá-cama.

Mis pasos tomaban como próxima dirección la cocina, donde me esperaba mi codiciado chocolate caliente. En Alaska hacía un frío terrible y claro, caldearse un poco con una bebida como esa, era todo un capricho.  Kenai me indicó donde estaba el chocolate y donde estaba el azúcar mientras que él fue a por la leche que estaba en el frigorífico. Me puse de puntillas para llegar al armario superior donde se encontraba el chocolate en polvo y el tarro con el azúcar.  El chocolate el polvo se quedó en su sitio cuando abrí el armario, pero el azúcar no  y lo más interesante... Es que el tarro no llevaba tapadera.

Sin que pudiera reaccionar, todo el azúcar se cayó por todo mi pecho, llenando todo mi cuerpo de ella. Por suerte , mi pelo se quedó intacto y mi rostro también. Solo pude quedarme boca abierta cuando Kenai entró por la cocina.

-¿Qué has hecho? -Estalló en risas al ver todo mi cuerpo lleno de azúcar y mi rostro aún con el susto encima.

-Creo que me he bañado en azúcar -Dije yo, mientras que mis manos posaban lo que quedaba del tarro de azúcar sobre la encimera de la cocina. Kenai se acercó a mí y me lamió el azúcar del cuello.

-Mmm... No está mal -Soltó una risa mientras apoyaba la cabeza en mi cuello y rodeaba mi cintura con sus portentosos brazos.

-¡Kenai! -Le reproché con una sonrisa dulce.

Sobre las cuatro de la tarde terminamos nuestro chocolate caliente y dejamos que se enfriara un poco, ya que prácticamente, estaba en ascuas. Mientras tanto, para pasar el rato, charlamos un rato sobre como íbamos a reunir a las patrullas que merodeaban por aquí. A Kenai se le ocurrió que podríamos ir por los lugares que John nos había señalado en el mapa y buscarlas en su punto de encuentro, cosa que seguramente nos haría la tarea más fácil que estar buscando a todos sus miembros por todas las casas. Cuando el chocolate se enfrió un poco, pudimos tomárnoslo con calma y tranquilidad entre risas. Escuché los pasos de Hilary dirigirse hacia la cocina.

-¿Habéis hecho chocolate y no me habéis dicho nada? -Dijo ella toda indignada de nuestra acción a lo que no pude evitar reírme.

-Te lo tienes merecido por bruja , Hilary - Intervino Kenai con una sonrisa maliciosa- ¿Brindas con nosotros? -Alzó la copa mirándola .

Hilary refunfuñó y volvió  a su habitación enrabietada. Kenai se volvió a reír y me miró. Sus ojos relucían  con ganas mientras que me miraba e inclinó la copa hacia mí.

-Por nuestro futuro y nuestra eternidad juntos - Dijo con unas palabras firmes y seguras.

-Brindo por ello - Brindé con él mientras le sonreía dulcemente. Kenai tomó mi cintura con su mano libre y nos tomamos aquel chocolate caliente juntos, en aquella tarde fría en Alaska.

Problemas con una Belieber


Problemas con una Belieber




-Gracias por dejarme sola en el aeropuerto, ¿eh? -Gritó Hilary detrás de mí , reprochándome- Ya te vale -Suspiro antes de pasar  a la habitación.

¡Dios! Hilary, me había olvidado por completo de ella. Pobrecilla, de verdad que no me había acordado, vaya amiga que estoy hecha....

-Lo siento mucho, Hilary, de verdad que lo siento -Me tiré encima suya en la cama mientras la abrazaba.

-Tía, quítate de encima, me vas a aplastar -Dijo mientras se reía.

-¿Estas insinuando que estoy gorda?

-¡Sí! -Estalló en risas al oír mi comentario.

-Te vas a enterar, foca monje -Empecé a hacerle cosquillas mientras que ella no podía para de reírse. Me lo pasaba muy bien con ella, era una de mis  mejores amigas, alguien en quién podía confiar.

Hilary y yo nos conocíamos desde que éramos crías, y la mitad de mi vida, la había pasado junto a ella y Ángela. Se podía decir que todas mis amigas eran mis puntos flojos, pero, el más importante era Kenai. Bueno, a lo que iba. Continué haciéndole cosquillas cuando mi Nai entró en la habitación.

-Hilary... ¿Qué estás haciendo aquí?

-Estoy en tu grupo, ¿o es que no lo recuerdas , idiota ? -Dijo Hilary con un tono sarcástico mientras se reía. Era obvio que ese idiota se lo había dicho con cariño, ya sabéis lo delicada y fina que es Hilary con su vocabulario.

Kenai solo soltó un suspiro antes de tomar el turno de palabra. Se le veía algo desilusionado ante  la idea de que Hilary se quedara con nosotros, pero éramos un grupo y había que aguantarse.

-Iré a coger tus maletas, anda - Mencionó con una sonrisa algo más animada. Bajó las escaleras y Hilary abrió la mochila con la que había cargado durante todo el trayecto.

-¿Que llevas ahí, Hilary? -Pregunté mirando el tamaño de esa mochila... ¡Era gigante!

-Lo imprescindible para mi supervivencia - Comentó con una risita.

De esa bolsa empezaron a salir chismes, chismes y más chismes : plancha del pelo, secador, un cepillo, el portátil, el MP4, el de CD de Justin Bieber, su manta de Justin Bieber... En fin, lo normal en una Belieber adolescente. Eso parecía el bolso de Mary Poppins, no paraban de salir trastos de ahí dentro.

-Muchacha, ¿cómo te caben tantas cosas ahí dentro? -Pregunté sorprendida. Tenía la boca abierta mientas que ella seguía sacando cosas de su mochila.

-Horas y horas jugando al tetris - Me empecé a reír ante su comentario. La verdad es que había sido muy ingeniosa al meter tantas cosas en una sola mochila y yo aún no salía de mi asombro.

Kenai entró en la habitación con la maleta en la que Hilary llevaba toda su ropa. Al ver tantas cosas por ahí tiradas preguntó con curiosidad.

-¿Pero cómo te caben tantas cosas ahí, Hilary, por el amor de Dios?

-Otro igual -Hilary se rió mientras miraba a Kenai y echaba miradas fugaces a su mochila- Cuando eres una máquina jugando al tetris, esto no te cuesta nada.

Mi novio soltó una carcajada al oírla y se puso con nosotras a ordenar la habitación. Ahora que caía, Hilary no tenía cama, pero Kenai ya lo tenía todo pensado. Había escogido una cabaña con un sofá cama para que Hilary durmiera ahí, cosa que a ella no le iba a hacer ninguna gracia. Mi amiga se tiró en la gran cama de matrimonio con los brazos abiertos.

-Bueno, ya  podéis iros  a dormir al sofá - Hizo un movimiento con la mano como si se tratara de la realeza.

-¿Qué? -Dijo Kenai un tanto enfadado.

-Es obvio que esta gran cama es para mí, no para vosotros - Hilary se rió mirando la expresión de mi novio.
Kenai estaba a punto de echarla de la cama a patadas pero se lo impedí mimándolo muchísimos susurrándole como dormiríamos bien en el sofá, que era bastante espacioso.

-Espero que no te caigas de la cama, Hilary, normal que Bandit te llame foca monje -Comentó mi novio con una risita victoriosa mientras salíamos de la habitación. Pude notar la mirada asesina de Hilary mientras que  tomábamos camino al sofá.





Alaska


Alaska



Estábamos todos en la casa de Kenai, preparando el próximo plan de ataque contra el ejército de Tennebris. Todos estábamos de acuerdo en que deberíamos dividir las dos patrullas en  cuatro grupos de tres personas cada uno, aproximadamente.  John no estaría el día del ataque, ya que tenía una reunión con Árazor para pedirle ayuda por parte de todos los territorios. Según él, si todas  las patrullas se reunían para acabar con el ejército negro, lo conseguiríamos sin ningún esfuerzo. El inconveniente estaba en reunirlos a todos, ya que estábamos del todo seguro de que no todos las patrullas querrían participar en el evento. El hermano mayor de Kenai ya había partido hacia Alaska, lugar donde se instalaba el viejo líder todo nuestro mundo. A pesar de la edad, Eva me había dicho que se conservaba muy bien y que la experiencia había cultivado su prodigiosa mente  sobre las tácticas y técnicas militares.

Cuando terminamos de repartir los territorios, los grupos se quedaron así:

Eva, Julio, Elizabeth - América del Sur y Central

Bandit, Jared, Daniel- Asia

Hilary, Kenai, Bianca- América del Norte

Ángela, César- África


De Oceanía se encargaría una de las patrullas de Árazor, ya que por ahí no había tantos problemas como en el resto de continentes.John se encargaría solo de Europa, ya que no le costaría demasiado movilizar a su propio ejército. Por suerte, teníamos contactos del otro mundo, por todo el planeta para nuestros viajes y alojamientos, cosa que nos facilitaban nuestras misiones.  Organizamos nuestras cosas para partir de inmediato hacia nuestros próximos destinos.

-Cuidate, ten mucho cuidado, no hables con desconocidos -Empezaba  a mencionar César mientras me miraba- No permitas que le pase nada malo, Kenai- Yo solo pude suspirar ante sus palabras incesantes y cansinas.

-Sí, César, estaré bien... -Refunfuñé con un resoplo.

-No te preocupes, César, la trataré como una reina- Dijo Kenai con una sonrisa mientras miraba a mi preocupado hermano.

 Tras una charla muy pesada por parte de mi hermano mayor, recogimos todas las maletas y nos pusimos en marcha hacia Washington , nuestro próximo destino. Kenai quiso hacer este viaje más bonito  y por eso, no se teletransportó, sino que cogió un vuelo en primera clase para los dos y alquiló una cabaña en  el bosque de Alaska para cuando llegáramos después de nuestra breve parada en Washington. Dimos comienzo horas a nuestro viaje minutos después.

El vuelo se me hizo larguísimo, prácticamente eterno, a decir verdad. Pasamos una bonita velada en la preciosa ciudad de Washington. Había muchísima gente por allí, pero lo que más me impactó era lo simpática que esta gente era. Tras tomar unos perritos calientes deliciosos y con pintas de engordar una barbaridad, Kenai tomó su Porsche Panamera Turbo S de color negro, que su hermano John le había dejado en esta ciudad  días antes. Ahora tenía otro largo y pesado viaje por delante, antes de llegar a Alaska.

Me quedé durmiendo durante todo el trayecto , mientras que el pobre de Kenai conducía hacia la pequeña cabaña que había alquilado en Alaska. Solo sentía el frío que se respiraba en el exterior junto con el sonido de las gotas de agua provocadas por la lluvia, con una suave repiqueteo en el cristal. No sé cuanto tiempo pasó, lo único que sé es que , cuando me levanté, ya habíamos llegado a nuestro destino: Alaska.

Kenai bajó primero del coche y , acto seguido, abrió mi puerta para que yo saliera de éste. Yo empecé a caminar sobre la nieve hacia a esa acogedora cabaña que parecía pintada a propósito sobre la blanca y perfecta nieve. Mi novio tomó las maletas y abrió la puerta de la casa para que yo entrara primero. La casita era perfecta, rústica, con su chimenea, su pequeña cocina , su baño con su su jacuzzi y la ducha y , por último, la habitación con su cama de matrimonio donde arriba se hallaba una ventana gigante. Sentí un ruido detrás mía y no me dio tiempo a reaccionar.

Control



Control



Amanecí cuando unos tenues rayos de Sol me dieron en la cara. Kenai dormía  a piernas suelta y yo no quería despertarle, por lo cual, me levanté y salí de la habitación. Me duché y me vestí rápidamente y bajé las escaleras para llegar a la cocina. Tenía hambre y cuanto antes dejara mi estómago de hacer ruidos raros, mejor. Estaba a puntito de entrar, pero tuve que retroceder al instante. Me puse de espaldas al marco de la puerta y procuraba que mis risas no se escucharan mucho. El motivo de éstas, es que acaba de presenciar a dos individuos muy cariñosos en la cocina. Bandit estaba subida en la encimera, besando a Jared mientras que éste la tomaba de la cintura y la acercaba a su cuerpo.

Con pasos sigilosos, salí de ahí y decidí irme al salón. Me tiré al sofá y encendí televisión. Pasaron unos minutos viendo un programa de la MTV cuando capté movimiento fuera de la cabaña. Me quedé parada durante unos segundos cuando al final mi cuerpo reaccionó. Salí por piernas de la cabaña, persiguiendo la sombra que ahora intentaba escapar. No permitiría que se me escapara, ahora no. Dejé que la magia fluyera por mis venas hasta mi posicionarse en la palma de mi mano. Concentré mi punto fijo en aquella sombra que se movía a una velocidad despampanante e hice un campo de fuerza que la envolvió.  Me acerqué a ella con toda la rapidez que mis piernas me permitieron y en un abrir y cerrar los ojos, ya estaba a su lado, preparada para pelear.

Se levantó del suelo y empezó a envolverla una especie de neblina negra y oscura. Pude percibir sus dientes blancos como la nieve relucir bajo esa capa negra que la envolvía y que no permitía que su rostro quedase expuesto a la luz. Supongo que era para no saber su identidad, pero yo lograría saber quien es. Así fue como dio comienzo un duelo entre una ninfa inexperta como yo y un enviado del ejército negro de Tennebris. Lanzó miles de bolas  negras, cargadas de una especie de humo negro que levitaban sobre el suelo y que tenían fijado como objetivo  mi persona. Las esquivé con toda la rapidez que pude y contraataqué con unas potentes ráfagas de viento. Ahora mismo no recordaba nada de como hice crecer aquella raíz en la pelea que tuve contra Julia y , creerme, ahora me vendría de perlas algo así. Mientras que esquivaba todos sus golpes, mi mente pensaba y maquinaba mi próximo ataque a la velocidad de la luz. Necesitaba algo que le hiciera daño de verdad, algo que lo dejara inconsciente por un tiempo, el tiempo suficiente como para pedir ayuda a cualquier miembro de la patrulla. Necesitaba cabrearme más, porque tenía la teoría de que si estaba enfadada , mis poderes aumentaban considerablemente y no me vendría nada mejor en estos momentos. Empecé a evocar todas las palabras de Julia con todo el odio que las pronunció la noche pasada. Una a una se repitieron en mi  mente como un CD estropeado.

La electricidad empezó a recorrer mis venas, pero esta vez no se concentró en mi gargantilla con esa preciosa Luna en cuarto creciente. Ahora fluía por todo mi ser como lava hirviente. No sabía como iba a terminar todo esto, pero yo me estaba debilitando considerablemente, pero tenía que aguantar en mi puesto. Continué acumulando energía, hasta que hubo un punto en el cual pensé que iba  a explotar. Dejé que toda la electricidad que se hallaba en mi cuerpo saliera disparada por todo mi campo de energía creado con anterioridad. Ésta alcanzó rápidamente a ese individuo del ejército negro y lo dejó K.O .
Todo empezó a dar vueltas a mi alrededor, mis piernas empezaron a flaquear y mi vista se fue nublando paulatinamente.  Lo último que pude notar antes de que todos mis sentidos se apagasen fueron las firmes palabras de John indicando que me llevaran a casa.


No sé cuanto tiempo pasó.
Meses...
Semanas...
Días...
Horas...
Minutos...

Al abrir los ojos , vislumbré la habitación de Kenai que poseía en su casa instalada en Italia. Era de noche y pude deducir que había estado inconsciente durante unas horas, ya que la Luna aún continuaba en Cuarto Menguante. En pocos segundos, mis pupilas se adaptaron a la oscuridad de la noche y acaricié mi frente con ánimo de que se me pasara el dolor que aún poseía. Mis sentidos aún seguían atontados y yo continuaba algo confusa. Miré por la gran ventana que había en la habitación de Kenai cuando sentí unos brazos, agarrándome con ternura y cariño.

-¿Estas mejor, mi cielo? - Me susurró Kenai al oído. Pegué un brinco al sentirle y esto le provocó gracia, al parecer. Noté sus respiraciones en mi cuello mientras me estrechaba entre sus portentosos brazos de Adonis.

-Sí, me duele un poco la cabeza, pero ya estoy mejor... - Sonreí al recordar sus risas ante mi reacción.

-No sabes cuanto me alegro de escuchar eso. Llevas desde las dos de la tarde durmiendo, habrás descansado bien, ¿no? - Besó mi cuello entre palabras provocativas.

-Sí, he dormido bastante bien -Contesté riéndome.

-Por cierto, no sabía que eras tan fuerte, mi vida... -Acarició mi vientre con sus dos manos mientras me hablaba.

-¿Por qué lo dices, Nai?

-Porque hay que tener bastante valor y fuerza para conseguir derrotar al segundo al mando en el ejército negro de Tennebris - Dejó una serie de besos por todos mis labios mientras me sonreía- Estoy muy orgulloso de ti.


No me lo podía creer.
Yo , una ninfa inexperta que solo ha recibido menor de cuatro clases, he conseguido vencer a la persona que ocupa el segundo puesto de control en el ejército negro de Tennebris. Sí, si os digo la verdad, yo también me sentía orgullosa conmigo misma.

-Vaya, yo también siento eso -Dije para picar un poco a Kenai.

-Que modesta - Correspondió con una sonrisa- Si no fuera por mí, tú aún seguirías tirada en el suelo del bosque.

-¿Y por qué es gracias a ti ? -Continué su juego de forma tierna.

-Porque fui yo quien te sintió y quien supo perfectamente donde estabas - Dijo con aires victoriosos y chulescos-  Me merezco un premio, ¿no crees?

-Sí, sí, ya te daré tu premio después -Dije riéndome mientras le apartaba el rostro con las manos.

-¡No! ¡Quiero mi premio ahora y si no me lo das, lo cogeré yo! -Mencionó provocándome con una sonrisa pícara.

-Pues no te lo voy  a dar, por chulo -Sonreí mirándolo.

-Entonces, te comeré -Empecé a morderme el cuello entre risas.



Descanso




Descanso 


Volvimos a la cabaña con paso ligero  mientras atravesábamos todo el bosque.  Jared aún no había vuelto de la casa de Julia y Bandit ya se empezaba a preocupar por él. Era evidente que entre ambos existía un tipo de lazo que los unía, algo más fuerte que el amor verdadero. Aunque Bandit no lo reconociera, era obvio ante mis ojos. John abrió la puerta y todos pasaron  adentro dándose empujones mientras se reían. Eva se tiró al sofá y todas las chicas imitaron su acción. Yo me limité a sentarme sobre el brazo del sofá mientras miraba por la ventana, preocupada. John se fijó en mi preocupación y examinó como me encontraba.

Mi tono de piel , el color de mis labios  y la intensidad negruzca  de mis ojos, presentaba que aún no había vuelto a la normalidad. Aún tenía que esperar a que se me pasara toda la rabia y el odio que tenía acumulados. Si esa malnacida de Julia no se hubiera presentado aquí, yo no estaría de esta manera y si no me hubiera sacado de mis casillas, esto no hubiera pasado. Intenté bajar la intensidad con la cual mis pensamientos se expandían por toda mi mente de forma rápida. Tras unos minutos, volví a la normalidad: con mi piel pálida , mis ojos verdes esmeralda y mis labios rojizos.  Las chicas se acercaron  a mí en cuanto recuperé mi estado original. Eva se veía contenta y Bandit me ayudó mucho  a mantener la calma. Cada vez que mi mirada se posaba en la mirada de Bandit, podía leer cuán preocupada estaba por Jared. Cuando tuve dos minutos a solas con ella, aproveché para bombardearla a preguntas.

-Estas preocupada por Jared, ¿verdad?

-¿Yo? No digas tonterías... -Soltó un suspiro y acto seguido clavo sus ojos en los míos- ¿Cómo lo sabes?

-Lo puedo leer en tus ojos, es algo más que evidente - Solo pude reír ante su confesión. Sabía  que todo lo que ella sentía por Jared era incondicional y que jamás iba  a dejar que nadie se interpusiera entre ellos.

-Tenía pensado decírselo esta tarde, pero como ves, se nos han complicado las cosas... -Suspiró y empezó a juguetear con sus cabellos para tranquilizarse.

-¿ Y si se lo dices esta noche?

-¿Esta noche? -Dijo extrañada- ¿Cómo?

-Antes de irte a  la cama , díselo. Seguro que la historia tiene un buen final , Bandit -Le guiñé un ojo al terminar de pronunciar esas palabras que parecían animarla.

-Está bien, lo haré. Pero si algo sale mal, caerá sobre tu conciencia, Bianca Luz

Me limité a reírme ante sus palabras. Acto seguido, Bandit fue a abrirle la puerta a Jared. Con la pelea llevada a cabo hace unas horas,se nos había hecho la una de la mañana y todos estábamos cansados. Como no había tiempo ni ganas de volver a la casa de Kenai con las horas que eran, decidimos quedarnos ahí  a dormir con los demás.

Estaba un poco enfadada con Kenai por haber dejado que esa... "indeseable" de Julia se acercara  a él con tanto descaro. Me quedé en ropa interior dentro de la habitación , que iba a ser nuestro dormitorio esa noche, y me metí en la cama con las puntas de los pies congelados.

Sí, desde que era pequeña era muy friolera y siempre pasaba frío, ya fuera invierno o verano.  Tapé todo mi cuerpo con las sábanas cuando noté que Kenai estaba entrando por la puerta. No le hice caso, ya que aún estaba enfadada con él. Escuché como se quitaba la camiseta y los pantalones. Mi alma ya se estremeció con solo oírlo. Sentí como abría la cama, despojándome de mis queridas sábanas y se puso sobre mí clavando sus ojazos grises en los míos.

-Sé que estas enfadada, pero quiero aclarar las cosas -Soltó Kenai mirándome.

-Sí, lo estoy. Y no sé que tienes que aclarar conmigo -Intenté quitarlo de encima mía, pero no surtió efecto alguno. Como correspondencia, se acercó más  a mí clavándome esos ojazos grises sin piedad.


-Quiero que sepas que yo solo te amo a ti, que nunca querré a nadie que no seas tú, que no aparté a Julia porque temía herirla y que John me echara la bronca, que siempre voy a ser tuyo y que nunca te dejaré marchar , ¿me entiendes? -Me susurró en el oído.

Solo pude asentir ante sus palabras. Me había dejado sin aliento. Las palabras que acababa de pronunciar sonaban seguras, firmes y permanentes. Tenía que responderle, pero no del mismo modo en el que él lo había hecho. Me acerqué a sus labios y comencé a besarlo. Primero, solo dejé que se tocaran superficialmente, acto seguido, continué mis besos suave y lentamente, dejando que se fundieran en un infinito beso. Noté como Kenai jadeaba tomando mis labios con más pasión.

-Pensé que no me perdonarías... -Susurró en mis labios entre respiraciones entrecortadas.

-Estás loco si de verdad pensaste eso... -Dejé un beso en su cuello sonriéndole.

-Sí, sí que estoy loco -Me dedicó su sonrisa más sexy y continuó besándome con más fiereza.


Sus besos recorrían todo mi cuerpo y mis caricias se comían todo el suyo. Ambos teníamos hambre el uno del otro, y eso que no había Luna Llena. Noté como una ráfaga de viento veraniego entró por la ventana cuando Kenai se dispuso a despojarme de mi ropa interior...

Poder


Poder


Un pasito... Dos pasitos... Tres pasitos....
Cada vez que pisaba el suelo notaba a este temblar con fuerza. Mis ojos se pusieron de color negro azabache, mi rostro empalideció más de lo que ya estaba, y mis labios se volvieron más rojizos de lo habitual. No podía apretar los dientes con más fuerza y mi expresión no podía dejar ver nada más que ira, rabia y el más profundo odio.

Julia se alejaba de mí, pero no le daría la satisfacción de que huyera, ahora se iba a enterar de lo que valía un peine. Primero se presenta aquí diciendo que es como yo; segundo, me dice que soy muy inferior a ella y tercero, intenta quitarme a mi Kenai, pero eso no va a ser así, no lo voy  a permitir. Cuantas más veces se repetían sus palabras en mi desquiciada mente, más rabia fluía por mis venas. Tenía claro que no me iba a controlar para nada, no tenía pensado tener ninguna compasión ni piedad con ella.

Del suelo empezó a crecer una gran rama que la enganchó con su enorme y portentoso tallo. Ésta enroscó a Julia como si fuera una serpiente y la inmovilizó de brazos y piernas. Sí, era mi oportunidad y no la iba a desaprovechar.

La miraba desde el suelo con una sonrisita victoriosa dibujada  en el rostro mientras que ella se retorcía de dolor. Ahora es cuando verdaderamente iba a entrar en acción. Las ráfagas de viento comenzaron a azotar los cabellos de Julia con rabia mientras que el cielo se despejaba, dejando ver una clara Luna en cuarto menguante, pero que estaba casi llena.  Ésta se reflejó en mis ojos negros. Al principio no sentí nada, pero al rato sentí como el poder absoluto recorría mi cuerpo con ganas, con deseo , con ansia....

Escuché como ambas patrullas analizaban todos mis movimientos entre cuchicheos. Al parecer, parecían sorprendidos con mi poder y no se lo esperaban para nada. Hice que el viento soplara con más fuerza dejando que a Julia se le cayese su collar al suelo. No me molesté en cogerlo, ya que cualquier cosa que ella poseyera, no merecía la pena para mí, pero Eva si lo hizo. Pasó contemplándolo varios segundos y , acto seguido, se lo enseñó a John. No ví su reacción, ya que estaba bastante concentrada en aplastar a ese miserable ser cuando el grito de John me sacó de mis maqueavélicos  pensamientos.

-¡Bianca,detente! ¡Todo lo que dijo no es verdad! - Pude notar la alegría en sus palabras aunque la disimuló bien con su tono de voz firme y severo. No iba a parar, eso era algo que tenía seguro, pero John retomó la palabra- Si no, la matarás...

Nunca me había planteado esto de esta manera. Podía matar a la persona que había sido mi mejor amiga en el pasado pero que ahora despreciaba en mi presente... Podía acabar con su vida con tan solo un único pensamiento feroz y despiadado... Pero acaso eso... ¿No me convertiría en una asesina?

Aunque pareciese mentira, lo recapacité por unos segundos y lo medité para no cometer ningún error. Dejé caer al suelo a Julia con brusquedad sin tener ningún cuidado mientras que resoplaba aun con la ira grabada en mi rostro pálido y perfecto como la porcelana. Todos se acercaron a ella tomando su cabeza entre sus brazos.

-¿Crees que podrás hacerlo , Daniel? - Comentó César mirando al implicado.

-Tranquilo, según mi abuelo solo hay que colocar la palma de la mano en la médula espinal y alterar su sistema nervioso utilizando mi Don. Después de eso, no recordará nada y podrá continuar con su vida normal -Dijo Daniel con una sonrisa. Éste se agachó y realizó los pasos que había mencionado uno por uno. Julia enseguida cayó inconsciente .

-Necesito que alguien la lleve a su casa para que piense que solo ha sido un sueño -Pronunció John. A juzgar por sus palabras eso era una orden directa. Jared enseguida obedeció las órdenes de su superior y se trasladó con Julia  a su casa.

Bandit y las chicas se acercaban a mí con un poco de miedo. Notaba como sus pasos intentaban ser sigilosos, pero no lo eran para mis oídos. Escuché sus cuchicheos preocupados por mí. Percibí como Bandit se mordía las uñas, Hilary se aplastaba el pelo, Eva se mordía el labio y Ángela jugueteaba con sus dedos. Elizabeth, aún desconocida para mí, se quedó atrás preparando el terreno con los chicos.

-Definitivamente, eres tú.. -Susurró Eva sacándome de mi trance.

-Eres exactamente igual que el modelo que se presenta en la leyenda... -Dijo Bandit mirando mis , ahora, ojos negros como el carbón.

-Tú eres la única ninfa de la Luna -Pronunció Ángela con orgullo mirándome con una sonrisa en su rostro.

Revelación




Revelación



Dejé de respirar...
 Los segundos se clavaban en mi mente como si fueran el tic-tac de un reloj de cuco, mientras que las palabras de Julia sonaban en mi cabeza como si fueran proyectadas por un altavoz gigante. No podía ser, tenía que ser mentira. Ese ser tan despreciable no podía ser... ¡NO!

Me negaba a pensar que fuera verdad. Miré hacia mis compañeros viendo sus rostros helados. Estaban igual que yo, se negaban a crearlo. Cuando empezó a faltarme el aire, tomé una gran bocanada de oxígeno para no ahogarme.

-Eso no es cierto -Soltó John severo  con la mirada clavada en Julia- Bianca es la única ninfa de la Luna sobre la faz de la Tierra, lo que tú dices, son más que sucias mentiras, Julia -Los ojos de John se clavaron en los de ella con precisión .

-Si es una mentira, como es que puedo hacer esto - Comenzó a mirar a un punto fijo y una gran ráfaga de aire levantó a Bandit del suelo.

-¡Bájame! -Chilló Bandit  en el aire

-Como quieras... -Dijo Julia poniendo los ojos en blanco cuando dejó caer a Bandit. Jared de un rápido movimiento apareció debajo de ella y la tomó en sus brazos, acurrucándola con mimo y preocupación.

-¿Te encuentras bien? - Escuché el susurro de Jared para Bandit desde mi posición. Noté como ésta solo asintió sin habla. Jared continuó con Bandit entre sus brazos sin querer soltarla. Dirigí mi mirada hacia Julia con furia y rabia.

-Já y esto no es lo mejor -Pronunció con una risa triunfal- Lo mejor es que Kenai, es mi guardián.

¡Cómo le pusiera una mano encima a mi Nai, se iba a enterar! No, él solo era mío, mío, mío... Mi viciosa mente seguía reclamando a Kenai para ella sola. Eso si que no podía ser verdad, porque Kenai y yo eramos almas gemelas, un solo ser , un solo corazón, una sola alma...

-Eso no es cierto, Julia -Dijo Kenai intentando mantener la calma.

John me cogió por el brazo para que no saltara encima de esa furcia y le quitaría lo poco que le quedaba de dignidad. No, Kenai era mío. ¡Solo mío!  Presencié como Julia se acercó a Kenai a pasos agigantados y acarició el tatuaje de su cuello.

-¿Es que no sientes nada cuando hago esto? -Mencionó Julia con un susurro en su cuello.

Se acabó, me harté de ser la niña buena. La electricidad se activó dentro de mí como un resorte y mi cuerpo empezó a entrar en trance.  La mataría si continuaba haciendo eso, ¡la mataría!
Un huracán empezó a formarse en mi posición y mis cabellos dejaron ver mi rostro, que ahora reflejaba odio y  rabia. El collar en forma de Luna en cuarto creciente comenzó a brillar con una fuerza inexplicable, dejando que toda mi rabia saliera de mi ser. Me lancé encima suya  empotrándola contra un árbol. Solo me hizo falta sostenerla con un brazo en su cuello para dejarla sin respiración.

-No te acerques a él, ¡¿me has oído?! -Le grité en la cara empujándola con más fuerza contra el árbol. Ella no articuló ninguna palabra, solo se limitó a sonreír.

Antes de que pudiera hacer nada , ella me lanzó con una fuerte onda expansiva  hacia Eva y Ángela, quienes me acogieron en sus brazos.

-Admítelo, Bibi, soy más fuerte que tú, más rápida que tú, más guapa que tú -Dijo entre risas maqueavélicas- En resumidas cuentas, soy superior a ti y tengo todo lo que tú no puedes tener.

Sus palabras se clavaron una por una en mi corazón haciéndolo caer en estado de shock. Ella no me arrebataría a lo que yo más quería en todo el mundo... Ella no me volvería a dejar en ridículo delante de nadie... Y lo más importante, Ella no me volvería a arruinar la vida. Me levanté , quedándome con la mirada fija en Julia cuando un poder inexplicable recorrió todo mi cuerpo. El suelo comenzó a temblar con fuerza, el viento sopló con ira, noté el fuego correr por mis venas y las aguas se enturbiaban con rabia. Julia empezó a retroceder conforme yo avanzaba hacia ella. Dejaba ver mis dientes con recelo mientras fruncía el ceño. Noté como hasta el propio César se asustaba de ver mi reacción, de ver mi ira reflejada en todo lo que tocaba, de ver mi  verdadero poder...

Paciencia y Concentración




Paciencia y Concentración


Llegué hasta la posición de Eva con unos pasos rápidos y ágiles, me posicioné a su lado y esperé a que ella me enseñara todo lo que sabía. Hacía mucho que no practicaba esto de los poderes y eso , así que, ya veremos como se me da...

-Bueno, empecemos con una clasecita previa, ¿te parece? -Dijo Eva dedicándome una de sus preciosas sonrisas- Lo primero que tienes que hacer es concentrarte, dejar de lado todo lo que te rodea y centrarte en solo lo que quieras dominar - Sus palabras eran fáciles de decir pero para mí, era algo más complicado ya que ,con  Hilary y Bandit por ahí insultándose como dos locas , era difícil concentrarse. Intenté interpretar a la perfección las palabras de Eva pero me desconcentraba cada dos por tres -Vamos, Bibi, tienes que mantener el control.

Solté una risa ante las palabras de Eva y lo intenté de nuevo. Miré a un punto fijo, dejando que toda mi concentración se fuera a él. Había elegido como punto de partida un gran tronco de árbol que se estacionaba justo delante de mis narices. Sí, un "pequeño" reto, pero me gustaban las cosas arriesgadas y peligrosas. Poco a poco, mi vista se fue nublando por los bordes para dar como resultado mi objetivo, mi punto de mira fijo y constante. Cuando tuve claro que ya estaba lo suficientemente concentrada, esa energía electrizante empezó a recorrer todo mi cuerpo , como si quisiera salir de él y terminar con todo lo que se presentaba alrededor de mía, pero debía controlarlo todo a la perfección. Dejé que la energía fluyera con naturalidad hasta que llegó  a un punto en el que pensé que ya era la hora. En ese instante, canalicé toda la energía hacía el tronco del árbol, aún con la mirada fija en él. Una gran ráfaga de viento empezó a sacudir sus ramas como si fueran los hilos de un muñeco. Eva retrocedió un poco ante este primer "contacto" con mi don. Yo continuaba estática en mi sitio, mirando al árbol fijamente, dejando que mis cabellos jugaran con el viento.

Ahora si lo pude notar, tenía un control absoluto de mis poderes y solo ahora pude cambiar de dirección. Centré mi punto de mira en las copas de los árboles que nos acogían con sus portentosas ramas, como si nos estuvieran protegiendo del exterior. Éstas comenzaron a moverse, pero no de un modo agresivo como anteriormente, sino de un modo constante y armonioso, como una cálida ráfaga de viento veraniega. Ya no tuve que concentrarme, mis poderes actuaban solos, con naturalidad, como si los controlara solo con la mente y no tuviera que estar con esa tensión fluyendo por mis venas. Era bastante gratificante, la verdad. Sentir como había algo que hacías bien era lo más gratificante que te podía  ocurrir.


-Muy bien, Bibi -Me halagó Eva con una sonrisa dibujada en su rostro a la perfección, como si la hubieran trazado con regla y compás y perfilada con un pincel- Ves como no era tan difícil...

Solo pude reír ante sus comentarios, ya que lo decía con un tono como desesperado. Hilary , Bandit y Ángela se acercaron para darme un abrazo, ya que como dicen ellas,:<<"Las cosas son mejores si se hacen grupo y con ayuda de los amigas" >>.

El resto de la mañana transcurrió con normalidad. Me batí en duelo con uno y cada uno de los componentes de las dos patrullas, incluido Kenai, al que le había ganado con un solo movimiento, rápido e infranqueable. Este entrenamiento había elevado mis capacidades para la pelea , al igual que había aumentado mi experiencia en el combate. Nos tiramos en la hierba del gran terreno mirando el cielo. Estábamos todos relajados pero algo pasó...

De repente se escucharon unas rápidas pisadas corriendo cerca nuestra, cosa a la que nosotros respondimos levantándonos y colocándonos en posición de ataque. Los pasos se escuchaban cada vez más y más  cerca y Kenai estaba a punto de explotar si ese nuevo individuo no aparecía de una condenada vez.
Continuamos juntos, formando una piña, a la espera de apreciar el rostro de nuestro próximo enemigo. Al instante en el que éste asomó su cabeza por detrás de un árbol lo pude reconocer al instante...


-¡¿Julia?! -Coreamos todas al unísono al ver el rostro de nuestra supuesta amiga.

-Vaya, sabía que no tardaría en encontraros -Dijo ésta con ese tono insolente  y prepotente que tanto me sacaba de quicio. Bandit se posicionó delante mía cubriéndome mientras que Hilary empezó a  avanzar hacia Julia.

-¿Qué quieres? -Soltó Ángela con un tono de voz frío y distante que acompañó con una mirada de odio.

-Solo vengo  a daros noticias... -Mencionó Julia acercándose a Kenai- Noticias muy importantes, querida Eva.

-No me llamas así , Julia. Sé lo que quieres y no te lo voy  a dar -Correspondió Eva mirándola con el ceño fruncido.

-Creo que te equivocas. Yo solo quería pasa tiempo con vosotras, hacernos inseparables y ser amigas para siempre y ahora que sé vuestro secreto no tenéis más remedio que incluirme en vuestro grupo... -Dijo Julia sonriendo victoriosamente.

-Por nada del mundo te incluiremos, Julia, las patrullas están completas y como humana, eres una carga para nosotras, o es que no te das cuenta -Al terminar de hablar, Bandit se agazapó levemente mirándola a los ojos, expresando todo su odio hacia ella.

-¿Por qué no tenemos más remedio que incluirte en el grupo? -Soltó Hilary con una sonrisita burlona- ¿Acaso crees que tenemos miedo de que tú, una don nadie, vaya contando nuestro secreto por ahí? - Cuando finalizo soltó una carcajada irónica- No lo creo, Julia, no te tenemos miedo, además, nadie creería a una falsa y mentirosa como tú.

-No es por eso, Hilary, sino créeme que ya habría contado vuestro secreto -Dijo Julia con una sonrisa triunfal- Tengo motivos mayores y razonables para que me incluyáis en el grupo.

-¿Y cuáles son esos motivos? -Dijo Ángela mordaz aún clavando su odio en ella.

-Yo soy una ninfa de la Luna -Soltó Julia mirándome con una sonrisa que demostraba que había venido para hacerme competencia ante todo.

Entrenamiento




Entrenamiento


Me vestí con rapidez mientras que Kenai se preparaba para dirigirnos a nuestro próximo punto de encuentro con las dos patrullas. Este punto de encuentro era una cabaña en medio del bosque más profundo y frondoso que se puede encontrar. Por suerte, Kenai se sabía el camino de memoria sino, hubiéramos terminado perdidos en tal inmenso bosque. Al llegar, ambas patrullas me recibieron entre abrazos y felicidad, como si aquel  día en el que me  enteré de que Tennebris me quería a mí, nunca hubiera existido.  Se sentaron alrededor de una mesa redonda para discutir sobre los futuros planes.

-Resulta que hemos estado pensando... -Empezó a hablar John con un tono de voz severo y firme.

-¿Es qué tú piensas? -Le cortó Hilary con una risa.

-Hilary, cierra ese piquito de oro que tienes -Soltó mordaz Bandit.

-No me da la gana -Le contestó Hilary  con una sonrisita victoriosa.

-Parad  ya, no seáis crías -Dijo Jared con un tono de voz grave poniendo orden en la sala. Ambas chicas bajaron la mirada coreando un "Perdón" al unísono.

-Bueno, como iba diciendo antes de Hilary me interrumpiera -John le dedicó una mirada fría y cargada de odio a Hilary mientras que pronunciaba estas palabras-  Hemos encontrado el plan perfecto para acabar con Tennebris y su ejército negro.

-¿Tan rápido? -Dijo Kenai con una sonrisa de felicidad  dibujada en su rostro. Sabía perfectamente que Kenai tenía máxima confianza con su hermano y que , cuando éste afirmaba algo, es porque ese algo era seguro.

-Sí, no dormimos en toda la noche pensándolo - Intervino Julio con una sonrisa orgullosa. En ese instante, me sentí mal porque se hubieran quedado toda la noche en vela por mí. Jared enseguida supo lo que estaba pensado y tomó la palabra.

-Tranquila , Bianca, no fue una molestia. No pudimos dormir sin solucionar el problema que se nos presentaba - Le sonrió a Bandit y ella le correspondió la sonrisa. Huy... entre estos había algo y yo me tenía que enterar, tarde o temprano.

-En fin, nuestra idea es reunir a todas las patrullas que están a la orden de Árazor y acorralar a Tennebris en su propio territorio. Sabemos que será una batalla dura, pero aún así podemos intentarlo -Dijo John mirando a Kenai.

-No es mala idea, John, pero tendríamos que coger audiencia con Árazor cuanto antes -Comentó César mirando a John.

-Además, una reunión con Árazor no se consigue así como así -Intervino Ángela mirando a César.

-Lo sabemos, por eso mismo, Eva se ha ocupado de hacerlo esta misma mañana- Eva sonrió ante tales palabras de John con orgullo mientras nos miraba.

-De nada -Pronunció ésta aún con esa sonrisa dibujada en su perfecto rostro.

Todos compartimos un buen momento entre risas y comentarios estúpidos que no venían a cuento, pero me hicieron sentir muchísimo mejor y me hicieron sentir segura y protegida estando con ellos. Empezaron a hablar de salir a entrenar cuanto antes ya que según ellos estaban un poco "oxidados" después de tanto tiempo sin pelear, así que, decidimos salir al bosque y percatarnos de que no había nadie para comenzar el entrenamiento.

Por lo que me había percatado, tenían como una especie de terreno reservado para ellos que le habían pagado al ayuntamiento. Eso implicaba que nadie se podía meter en él y que era de su único uso exclusivo. Las cosas en Italia eran diferentes que en España, por lo que veía. Eva y Julio inauguraron el entrenamiento empezando a pelear entre ellos. Primero, decidieron entrenar cuerpo a cuerpo y si luego se nos presentaba la ocasión pelearíamos con armas. Bandit y Jared comenzaron su pelea entre risas. Era increíble lo bien que dominaban sus poderes. Las llamaradas de fuego solo se movían hacia Bandit quería, al igual que Jared. A decir verdad, el combate estaba bastante empatado y no tenía claro quien iba a ganar. En una milésima de segundo , Bandit consiguió derrumbar a Jared quedándose encima suya.

- Jaque Mate  -Susurró Bandit encima de Jared. Éste se quedó mirándola embobada y John me dio un codazo mirando la escena con una sonrisa pícara. En ese instante, Hilary tosió cortándoles el royo a los dos guardianes del fuego.

-¡Iros a un motel! -Se escuchó gritar a Hilary, cosa que Bandit correspondió dando lugar a una nueva pelea.

Me reí al ver tal escena. Dos de mis mejores amigas peleándose haciendo uso de todos sus poderes. Vale, aún no me terminaba de acostumbrar a esto , pero según Kenai, no me llevaría mucho tiempo hacerlo. Hilary  y Bandit cayeron al suelo rendidas y agotadas.

-Que conste que he ganado yo -Dijo Bandit con la respiración entrecortada por el esfuerzo,

-Sí,  y un capullo. He ganado, yo, guapa -Hilary, como siempre, con sus palabrotas. Bandit con el último aliento que le quedaba se subió encima de Hilary haciéndole cosquillas.

-¡No, para, por favor! -Empezó a reírse Hilary como una descosida.

-¡Admite que he ganado yo, foca monje! - Mencionó Bandit entre risas.

-Vale, ganas tú , ganas tú, ¡pero suéltame! -Bandit se bajó de encima de Hilary mientras que ésta seguía riéndose.

Ambas se rieron con ganas mientras que seguían tiradas en el suelo. Hilary continuaba con las manos en la barriga mientras se reía.

-Que sepas, que esta es la última vez que me llamas foca monje -Dijo Hilary mirando a Bandit.

-Podría haber sido peor, podría haberte llamado ballena franca , que son las más gordas -Bandit volvió a reírse y Hilary se tiró encima de ella , provocando así una nueva pelea.

Mis risas no cesaban al verlas así hasta que me Eva me llamó para que entrenara con ella.

-¡Vamos, Bibi! ¡Ahora te toca conmigo!