Batalla Reconciliadora.


Batalla  Reconciliadora.



Mordí su labio inferior atrayéndolo hacia mi cuerpo. Paul acariciaba mi cintura con suma delicadeza y suavidad mientras intentaba grabar el sabor de mis labios en su mente. La luz de la Luna Llena bañaba nuestros cuerpos, haciéndolos más blancos que antes y aumentaba el color azabache de nuestros ojos. Noté como ponía su alma en cada beso que me regalaba y con cada caricia que me dedicaba. Después de bastante tiempo, una pequeña parte de mi mente pudo llegar a "pensar", bueno, por lo menos a razonar lo que estaba pasando.

Hacía más de dos meses que conocía a Paul y hacía más de dos meses que Kenai me había destrozado.Mis heridas sangrantes empezaban a cicatrizar de forma sana y  no con esa droga. Con esto a me refiero a que estas heridas no se habían cicatrizado con odio, rabia, ira y sobre, con el deseo de venganza. Pero ahora Paul se estaba encargando de limpiar y purificar mis heridas mal curadas. Cada beso suyo, era como una ola de agua pura sobre mis heridas infectadas, cada caricia era como una venda colocada perfectamente sobre mis hemorragias, cada gota  de su amor, era sangre para mi corazón. Así, mi contador sanguíneo se había rellenado en apenas dos meses con pequeñas muestras de cariño y amor por parte de Paul, que no llegaban a ser completamente puro amor sanador como el de ahora. Su fuego se introdujo en mi cuerpo como una explosión espacial que destroza todo a su paso para dar lugar a una nueva galaxia. Su amor me había desarmado completamente. Me había matado, para después devolverme a la vida. Había desnudado mi alma para limpiarla y , acto seguido, volverla a vestir. Sentí como unas gotas de agua salada humedecían mi rostro marfileño de porcelana. Ay pobre... Paul estaba llorando. Mis dedos acariciaron sus mejillas delicada y suavemente mientras clavaba mis orbes azabaches en los suyos.

-¿Por qué lloras Paul? ¿Te hice daño? -Dije secando sus lágrimas con mi dedo pulgar mientras le dedicaba una linda sonrisa.

-P-Porque yo...-Mencionó tartamudeando entre lágrimas. Por Dios, ¡Que cosita más tierna!-Pensaba que jamás me amarías y que jamás pasaría este momento -Dijo mientras que las lágrimas brotaban de sus ojos- Llegué a pensar que en cuanto Kenai regresara, te marcharías con él para siempre y que no volverías a mi lado nunca más...-Se quedó callado para tomar aire- Ni en mis mejores sueños llegué a pensar que este momento llegaría a tener lugar...-Respiró entrecortadamente y retomó la palabra- No sabes lo feliz que me haces, Bibi, no te haces la idea de cuan feliz soy ahora -Me estrechó entre sus brazos, con mimo, como si fuera una niña pequeña. Yo no dudé en rodear su cintura con mis piernas como si fuera un monito mientras me reía musicalmente.

-Ay, que tonto eres - Sonreí de medio lado mientras lo miraba fijamente a los ojos. Esos ojos negros como el carbón que se me clavaban como espadas incandescentes. Paul me tomó por la espalda con sus potentes brazos, atrayéndome hacia él entre risas.

Apartó los cabellos que tapaban mi rostro perfecto, dejando ver , así, mi blanca y aterciopelada piel, donde destacaban mis enormes orbes negros con mis pestañas larguísimas y rizadas, mi naricita de elfo y mis labios finos y rojizos. Delimité cada pequeña porción de su rostro de porcelana con mi mirada, fijándome en cada uno de sus detalles. Sinceramente, nunca me había parado a pensar lo perfecto que era Paul.

-Pareces un ángel...-Susurré sin darme cuenta alguna de que había pronunciado esas palabras delante suya y en voz alta. Mi cuerpo no tardó mucho en provocar colores en mis mejillas.

-Si lo fuera, o al menos eso consideras tú, sería tu ángel y , probablemente, no procediera del cielo , sino del infierno- Dijo dedicándome esa sonrisa magnífica que solamente él poseía.

-Oh vamos, tú no eres malo - Dejé claro mientras me reía dulcemente. Acaricié sus mejillas, apartando los mechones negros con las puntas rojas de sus ojos, dándome así, un mayor campo de visión de esas dos cuentas negras que me arrebataban el aliento.

-Soy malo en otras situaciones...-Susurró en mi oído antes de morder el lóbulo de mi oreja sensualmente. No hicieron falta ni dos segundos para que se me erizara la piel  entera y mi cerebro desconectara totalmente de mi alma. Lo atraje más a mi, sonriendo de medio lado, mientras sus ojos recorrían todo mi cuerpo.

-¿Así? Demuéstrame cuan malo puedes llegar a ser, Paul - Reí melodiosamente provocándole un poquito más. Vamos a ver hasta donde puede aguantar el guerrero de la madre Luna.

-Te vas a enterar - Adosó todo su cuerpo a mi, besándome con una violencia y una pasión desmedidas. Acaricié su cuello y jugueteé con sus cabellos con ternura. Me sentía completa... Sí, me sentía completa y feliz.

¿Para qué mentir sino me servía para nada? Paul conocía todas mis debilidades. Había llegado a conocerme en apenas dos meses. Consiguió comprenderme y sobretodo , sé que siempre estará allí para mi. Se puso encima mía, tirados en la cama, con la Luna Llena bañando nuestros cuerpos con su luz blanca y pura. Reí acercándome a él mientras Paul se dedicaba a lamerme el cuello entre risas sensuales y provocadoras. Jugueteé con sus cabellos invirtiendo la postura, abriendo las piernas entorno a su cintura mientras retiraba los cabellos de su rostro.

-¿Y ahora que harás?- Dije acariciando su potente cuerpo con una sonrisa provocadora de medio lado , por cortesía de mis labios finos y rojizos.

-Te sorprendería - Me dijo de igual manera con una mirada perversa. Vale, me encantaba cuando se ponía así, estaba tan irresistible.

-Sorpréndeme- Las palabras salieron acompañadas de una sonrisa desafiante. En ese preciso instante, Paul elevó su cintura hacia arriba para intentar bajarme de ella , entre risas.

-¡Paul! - Le pegué un manotazo en los abdominales mientras que él se reía a carcajadas. Apuesto a que se podían escuchar desde el piso de abajo.

-No me haces daño -Dijo riéndose mientras cerraba los ojos y colocando sus manos en su nuca, con la cabeza apoyada en la almohada. Íbamos vestidos, con la ropa justita, pero vamos a tentar a la suerte un poquito más.

Levanté una ceja de forma provocadora. Acto seguido, dejé caer mi peso sobre la cintura de Paul mirando su próxima reacción ante ello. Su rostro cambió la expresión, por una placentera y dolorosa. Se le erizó la piel y se estremeció entre mis piernas. Jadeó cerrando los ojos mientras agarraba mi cintura con ambas manos.

-Ya veo que no te hago daño -Volví a reírme mirando como Paul estaba encogido debajo mía.

Se elevó para devolverme el ataque cuando algo captó nuestra atención. Unos gritos estridentes y escandalosos surgían de las calles de  esa ciudad subterránea. Solo hizo falta una mirada por nuestra parte para saber que deberíamos ir al encuentro de los seres que provocaban esos gritos. Salté de la cintura de Paul, vistiéndome con agilidad mientras él hacía lo mismo. Cuando estuvimos preparados para el combate, nos miramos a los ojos. Estos seguían negros como el carbón en ambos casos. Paul me cogió en peso para que enroscara las piernas en su cintura y poder compartir un beso violento y apasionado. Tras unos segundos de amor desmedido y pasional, salimos del pequeño apartamento que nos había proporcionado Derek.

-Yo iré directamente abajo, tú avisa a Derek y a César que seguramente estarán muy ocupados - Se rió entre dientes de forma perversa antes de bajar las escaleras para equiparse bien.

Toqué la puerta de forma seguida y ruidosa, para que me abrieran la puerta lo antes posible.

-¿Bibi? ¿Qué pasa? - Me preguntó César solo con unos calzoncillos  puestos.

Derek se asomó por el pasillo casi desnudo. Ambos se miraron con un interrogante en sus pupilas. Yo me dí prisa en comentarles lo ocurrida afuera con algo de nerviosismo.

-Paul y yo hemos escuchado unos gritos procedentes del exterior. Él ya ha ido a equiparse abajo y yo he venido para pediros ayuda.

Derek y César compartieron una mirada fugaz y sonrieron de medio lado.

-Cuenta con nosotros, pequeña - Dijo Derek guiñándome un ojo.

-Al fin algo de diversión - Comentó César riéndose entre dientes mientras miraba a Derek de reojo.

-César, cierra la puerta que me vista y enseguida bajamos, princesa - Derek me dedicó una mirada provocadora antes de desaparecer en el pasillo para prepararse.

Bajé corriendo por las escaleras y llegué al lado de Paul.

-¿Preparada, diosa del Olimpo que me hace desfallecer?

-Preparada- Sonreí todo lo mejor que pude. Dejó un beso en mi nariz y rozó mi gargantilla con su tacto de terciopelo.

-Vamos a cortar algunas cabezas - Dijo riéndose entre dientes.

Sonreí de medio lado un tanto malévola y sádica. Puede que estos sean mis último minutos de vida, pero realmente, me daba igual. Si de todas formas iba  a morir, preferiría morir luchando. Mis pasos atravesaron la puerta que tal vez separe a la vida de la muerte, pero realmente, poco me importaba ahora- Mi único fin en esos momentos era acabar con cuantas sombras pudiera y salvar cuantas vidas se me permitiera. En cuanto Paul salió, mis ojos se centraron en todos esos hombres encapuchados que intentaban acabar con la vida de toda esa ciudad subterránea.

Mi alma se encendió instantáneamente al escuchar los gritos de todos los ciudadanos. Gritos desgarradores que se grababan a fuego en mi mente. La ira empezaba a recorrer mis venas y ese nuevo poder comenzó a florecer en mi interior. Mi compañero quitó dos cabezas de golpe, con unas patadas. Agarré a uno de los encapuchados por los brazos mientras me subía a su espalda con éstos echados hacia atrás, provocándole así un gran dolor. Entonces fue cuando ví un rostro conocido venir para arrancarle la cabeza a ese indeseable.

Si, Eva. Mi queridísima Eva. Cogió su cabeza y se la arrancó de cuajo, dejándola caer al suelo como una pelota de fútbol. Acto seguido, me bajé de la espalda del encapuchado inerte y miré  a mi mejor amiga a los ojos. Me sonrió. Le sonreí. Y nos fundimos en un abrazo que no parecía tener final.

-Detrás tuya , Bibi -Dijo al abrazarme. Me dí la vuelta , le dí una patada frontal al encapuchado gritón, quitándole la cabeza , cayendo ésta más tarde al suelo. Solté una risa y le dí un beso en la mejilla a Eva.

-¿Cómo has estado? - Pregunté acabando con el encapuchado que le iba a atacar por la espalda.

-Buff...-Resopló antes de contestarme- Ahí vamos, tía -Comentó pegándole un puñetazo a otra de las sombras que no cesaban de lanzar repetidos ataques contra nosotras- ¿Y tú?

-Creo que tengo que opinar lo mismo que tú - Respondí a su pregunta colocándonos espalda contra espalda mirando a la marea negra que se nos venía encima- Me alegro de verte - Me reí al verla tan feliz.

-Creo que tengo que opinar lo mismo que tú - Repitió mis palabras entre risas mirándome de reojo.




Altas Temperaturas.


Altas Temperaturas

Fui corriendo a toda prisa hacia la cocina y le traje a Paul el vaso de agua que tanto necesitaba. Él se lo bebió en menos de diez segundos. Lo miré atentamente y pude deducir que la fiebre le había subido considerablemente.

-Mm... Paul, ¿te encuentras bien? - Le  pregunté mientras observaba con precisión como las gotas de sudor caían por su pecho desnudo.

-No... La fiebre no me baja ni a tiros...- Me contestó apoyado en el marco de la puerta mientras se quitaba el flequillo de la frente, aunque de poco servía , ya que este volvía  a su posición inicial de inmediato.

-Mira...Acuéstate en la cama y yo voy a por paños fríos para bajarte la fiebre, ¿vale?- Dije acariciando sus mejillas rojas como si fueran manzanitas.

-Sí...-Dijo mientras se volvía a meter en la habitación medio tambaleándose.

Me dirigí hacia la pequeña cocina que había en este pequeño apartamento. Eché agua helada en un bol y me arranqué un trozo de tela de mi camiseta negra para poder utilizarla como paño, ya que no había. Cogí camino a la habitación y apoyé el bol con agua fría en la mesita de noche. Escurrí el paño, aparté el flequillo de Paul de su frente y le puse el paño. Su respiración estaba ajetreada y entrecortada, su pecho ascendía y descendía irregularmente. Acaricié sus mejillas con mis manos heladas para bajarle los colores.

En breves instantes, la respiración de Paul se normalizó y sus movimientos de respiración que involucraban el ascenso y el descenso de su pecho, se hicieran más regulares. En menos de dos segundos nuestras miradas conectaron de manera ancestral y él me dedicó una sonrisa de medio lado.

-Gracias, doctora- Me dijo con voz seductora y una risa provocadora. Me mataba por minutos, pero no podía seguir mirándolo a los ojos, porque las mariposas invadían mi estómago.

-No se merecen, señor- Respondí con una sonrisa por cortesía de mis labios rojizos y finos. Ví como Paul se relamía mientras me miraba atentamente con sus ojos de serpiente.

-Creo que ya sé lo que me pasa...-Mencionó con pesadez en sus palabras, como si le preocupara la causa de su supuesta enfermedad por la que estaba pasando y por la cual ahora tenía fiebre.

Le miré con un interrogante en mis pupilas verdes esmeraldas. ¿A qué venía tanta preocupación de un momento a  otro? Paul se mordió el labio inferior mientras me miraba fijamente. Ah... ¿Por qué tenía que ponerse ahora así conmigo? No tengo mucha paciencia  y aún tengo menos capacidad de aguante.

-Ahora resulta que el paciente le va a decir a la doctora el diagnóstico. Que cambio de papeles, ¿no? -Dije riéndome entre dientes con mis cabellos tapándome un lado de la cara.

-Tú sabes...Si Kenia tenía época de fiebre y eso..-Me preguntó preocupado, tenso y sobre todo, intrigado.

-Sí... Sí la tenía...- Contesté tartamudeando como una tonta , con la mirada baja mientras le cambiaba el paño de la frente. Humedecí la tela en el bol y la escurrí. El agua helada recorrió mis manos y se metió entre mis dedos. Volví a devolver el trozo de tela a su frente y me alejé un poco de él.

-Joder...-Dijo colocándose las manos en la frente- Todas las leyendas que contaban sobre ti eran ciertas pues...

-¿Qué cuentas esas leyendas? - Mis ojos colisionaron con los suyos al realizar la pregunta que le  había hecho reírse de esa forma tan perversa y característica que tenía.

-Bah, son muy complicadas... No creo que las comprendas...-Me dijo con las mejillas sonrojadas. Estaba adorable cuando se sonrojaba, parecía un niño pequeño.

Decidí no darle más vueltas al tema y lo dejé descansar en la habitación. Iba cómoda con la ropa que llevaba puesta pero decidí ponerme la sudadera de mi hermano César por encima. En la habitación, justo encima de la cama donde dormiríamos Paul y yo, había una ventana abierta de par en par. La luz de la Luna Llena bañaba el pecho de  porcelana de Paul. Entré con la mirada baja al cuarto, pero entonces algo se clavó en mi pecho. Un calor bajó por toda mi columna y recorrió todo mi cuerpo ardientemente. Me llevé las manos al pecho y una especie de deseo hizo que levantara la mirada. Mis ojos colisionaron de lleno con la Luna Llena, envuelta por esa perfecta capa con los colores del arco iris que la rodeaba solo esas noches especiales , y sentí como mi alma se liberaba. Una ola refrescante llenó cada recoveco de mi ser, limpiándolo de dolor, de tristeza, limpiando mis sentimientos, volviéndolos puros.

A la vez que me purificaba, me ardía el pecho como la llama más caliente de la hogueta en la noche de San Juan. Caí de rodillas al suelo y mis manos se fueron instintivamente a mi tatuaje. Dolía, sí, me dolía muchísimo. Se me escapó un gritito ahogado  y , al parecer, mi nuevo compañero de viaje, Paul, lo escuchó. Se levantó de la cama como un resorte y corrió hacia mí.

-Bibi... Bibi, querida, ¿qué te pasa?- Dijo apoyando sus rodillas en el suelo y cogiéndome con sus fuertes brazos. Tomó mi débil cuerpecito y lo reposó en sus rodillas. Su mano derecha me tomó la temperatura-Tienes fiebre...- Sus palabras parecían alegrarle y preocuparle al mismo tiempo.

Me cogió en brazos y me acostó en la cama. La Luna Llena entraba por la ventana, reflejándose en mis ojos con ansia. Paul  me quitó la sudadera y puso mis largos cabellos sobra la almohada. Colocó sus manos sobre mi tatuaje. Éste estaba brillando, sí, parecía que desprendiera fuegos artificiales.

-Que la Luna veo esto porque no me lo creo...- Mencionó acariciando mi vientre con suma delicadeza y suavidad. En el momento en el cual sus dedos recorrieron mi tatuajes de arriba a abajo, todos los que él poseía sobre su piel de porcelana también se encendieran, como si fueran la misma Luna Llena. Paul jadeó con fuerza y faltó  un pelo para que  se desplomara encima mía pero por suerte sus brazos musculosos pudieron aguantar el peso del resto de su cuerpo.

-Paul... Haz que me deje de doler, por favor...- Supliqué agarrándome a las sábanas de la cama.

-Bibi, de verdad, no quieras que lo haga- Me dijo apretando con fuerza el colchón mientras cerraba los ojos y fruncía el ceño.

-Paul...-Volví a suplicar.

-¡Que no, Bianca! ¡Terminarías muy mal! - Dijo clavando sus ojos en los míos. Los latidos de su potente corazón se escuchaba desde mi corazón como si quisiesen hacer estallar a éste.

-Me duele...-Lloriqueé mientras me retorcía en la cama.

Algo le sorprendió, ya que la expresión de su rostro cambió de un momento a otro. Enseguida noté como cambiaba el color de sus ojos  que pasaron de un tono verde amarillento a un negro azabache como el carbón. Se aproximó más a mí, aún mirándome fijamente.

-Bibi, tus ojos han cambiado de color...-Me susurró al oído.

-Los tuyos también, Paul...- Le confesé con un hilo de voz como un susurro sordo y musical.

-¿Cómo es posible que todo lo que me contaran sobre ti y las leyendas sobre tu forma de actuar fueran ciertas? -Dijo acariciando mi mejilla con un dedo mientras me clavaba sus ojos negros.

-Paul... Me duele...- Volví a lloriquear provocando que él se riera audiblemente.

-Bibi, de verdad te lo digo, la única manera de aliviarte la fiebre y quitarte el dolor no te va a gustar...- Confesó mirándome a los ojos, clavándome sus espadas de fuego y transmitiéndome todo su sentir.

-¿Cuál es la manera de quitarme este dolor?- Pregunté agarrándolo por el cuello. Al sentir su piel, mi dolor se calmó. Con tan solo tocarlo, mi temperatura descendió ¿Có-Como era eso posible?

Espera... Espera... Espera... Esto ya lo había vivido yo antes... Cuando Kenai y yo... Oh Dios... Paul y yo estábamos ahora conectados. Ahora... Pero... Un minuto... Paul ya me dijo que él era mi otra mitad, él era el otro chico enviado de la Luna. El último guerrero de la madre Luna. Y sí, habíamos nacido para ser uno. Y sí, era evidente el método que tenía para aliviar el dolor, pero entonces... ¿ De dónde se había sacado el tema de que yo no quería?

-Bibi, por favor, debes descansar, mañana te dolerá menos...-Me aseguró jugueteando con mis cabellos mientras en sus ojos se podía leer un brillo especial.

Sí, era un brillo de felicidad, de alegría. Un brillo característico que hacía su mirada aún más arrebatadora que la de antes. Lo tomé por el cuello, lo rodeé con mis brazos y lo acerqué a mí mientras le clavaba la mirada.

-Hazlo...-Susurré muy bajito.

-Pero Bibi, no...-No le dí tiempo a que me pusiera excusas.

Nuestros labios colisionaron en un beso rayano en la violencia, pero deseado por parte de ambos. Él devoró mis labios como si lo deseara desde hace eones. Nuestros movimientos se acompasaron como una perfecta melodía tocada por un grupo de rock. Mis manos juguetearon con sus cabellos negros cuyas puntas estaban tintadas de rojo. Hasta que nuestra llama no se apagara, no iba a para y esa cifra de tiempo, era imposible de contabilizar.

Revolución Improvista.



Revolución Improvista


-¿César?-Dije con cierto desconcierto mientras que mis pupilas repasaban la figura escultural de mi hermano mayor.

Sí, mi hermano, el semental de las chicas,  con el cuerpo que cualquier mujer codiciaría, era homosexual. La verdad es que... ¡Me alegraba por ello! ¡No tendría que soportar novias insolentes! Perfecto, menos estrés para mí.

-Ya pensaba que te habías olvidado de mí -Soltó una risotada dejando a Derek de pie en el suelo. Entonces , mi hermano mayor me cogió en volandas y me abrazó con muchísima fuerza. Noté como mis hombros se humedecían. Estaba llorando.

Sí, César, la persona que yo consideraba que era la más fuerte del mundo, estaba llorando como un niño abrazado a su hermanita pequeña que había pasado un infierno gracias a un tremendo idiota. Acaricié su espalda , fundiéndonos en un profundo abrazo. Por unos instantes, pude sentir el alma de mi hermano, dolorida, triste y pidiendo ayuda a gritos. Eso me hizo recordar todo mi pasado. El dolor se volvió a apoderar de mi alma y yo también rompí en llanto. Derek y Paul miraban la imagen atónitos, como si no nos comprendieran y la verdad es que esta imagen era bastante idiota. Dos hermanos que llevaban semanas sin verse, llorando sin razón. Y no llorando de felicidad, sino de tristeza. Después de unos segundos abrazados, nos separamos y sonreímos como símbolo de complicidad. Ya estábamos mejor y de seguro que este dolor se iba a  acabar.

-Bueno...-Dijo Paul mirándome a los ojos. Se acercó a mí y me susurró al oído- ¿Estás mejor...?

-Sí, Paul, tranquilo...-Susurré viendo como Derek y César discutían.

-¡¿Cómo te atreves a dejarme solo?! ¡Eres un monstruo sin sentimientos! ¡Me has hecho pasar un infierno! ¡Ya te vale Cé...!-Se quedó callado, ya que mi hermano lo había cogido por la nuca y se había puesto a comerse sus labios.

Reí internamente y noté como Paul estaba sudando. Unas gotas cayeron por su frente y humedecieron su flequillo. Me puse en frente suya y le miré a los ojos. Aparté su flequillo y le tomé la temperatura. Tenía fiebre, era obvio.

-Paul, tienes fiebre... Será mejor que descanses, estás agotado. Yo te preparé algo para comer y tú descansas, ¿vale? -Acaricié sus mejillas mientras lo miraba a los ojos.

-No,no. Yo estoy bien, puedo aguantar...-Se tambaleó un poco y lo sujeté. Menos mal que Derek se dio cuenta que Paul estaba mal y me dijo algo entre beso y beso que le proporcionaba mi hermano.

-Sube las escaleras hasta el segundo piso, la última habitación a la izquierda- Me dijo con la respiración entrecortada mientras que César lo tomaba por la cintura y lo aproximaba a él.


Ayudé al pobre y débil Paul a subir las escaleras. Cuando llegamos al segundo piso, busqué las llaves por todos lados y pensé  donde las podría haber metido Derek. Sí, una mente tan infantil seguro que las había escondido debajo del felpudo. ¡Ajá! Yo nunca me equivoco respecto a los temas de los niños pequeños. Cogí las llaves, abrí la puerta y encaminé a Paul hacia la cama de la habitación. Le eché una mano para que se acostara y le apagué la luz para que descansara. Me senté en uno de los sofás de la pequeña sala y me acaricié los cabellos. Puaj.. Que asco... Creo que me voy a dar una buena ducha. Busqué el cuarto de baño y lo encontré con facilidad cuando mi mente retrasada cayó en algo... No tengo ropa limpia... Bien... Buena, Bianca, te has lucido. Tarde, ya estaba desnuda. Maldita sea...

Salí del baño intentando hacer el menor ruido posible, con una toalla alrededor de mi cuerpo. Aclaración respecto a esta: me tapaba lo justo. MUY JUSTO. Llamaron a la puerta y resoplé. Tranquilidad, Paul está durmiendo, abre la puerta de la maldita habitación y echa un vistazo antes de hacer nada. Izquierda... Derecha... Aparentemente no está despierto. No me fiaba de quien podría ser , así que , tú estate quietecita...

-Bianca, soy Derek, ábreme. Traigo algo de parte de tu  hermano-Dijo aporreando la puerta. Será bruto. Abrí la puerta y lo miré con cara de malas pulgas. Me repaso bien con la mirada y se rió de forma sonora.

-Tienes suerte de que sea homosexual. No se puede ir provocando así por aquí, pequeña- Mencionó con una sonrisa pícara- Toma, tu hermano ha pensado en ti, ya sabes que es muy atento- Derek me entregó una maleta- Bueno, me voy, tengo un asunto pendiente...

-¡Derek, el agua va a empezar a salir fría, tú verás! -Escuché la voz de mi hermano a gritos desde la habitación de enfrente. Éste salió disparado y cerró la puerta.

César, te quiero, me has salvado el pellejo. En el interior de la maleta, estaba toda mi ropa. Sonreí para mis adentros y cogí algo cómodo. Unas mallas negras y una camiseta de tirantes de igual color. Bueno, y la ropa interior , claro está. Me metí en la ducha, me lavé el pelo todo lo rápido que pude y salí a recoger la pequeña "casita" que nos había dejado Derek para que pasáramos una temporada. Estaba de espaldas cuando escuché la voz de Paul.

-Bianca, me puedes dar un vaso de agua por favor... Estoy deshidratado...-Paul estaba apoyado en el marco de la puerta de la habitación sin camiseta y con los pantalones desabrochados, sudando la gota gorda.

Reencuentro.


Reencuentro

Vale, no tenía ni la más mínima idea de que hablaban Derek y Paul pero no le quise dar mucha importancia, ya que no quería intervenir en sus asuntos, no era una cotilla. Siguieron hablando durante unos minutos hasta que Paul lanzó la pregunta clave.

-¿Qué tal va el plan?

-Sobre ruedas, canijo, justo como me lo explicaste- Rió Derek ante tal pregunta de Paul. Éste le correspondió con una de sus increíbles sonrisas de marfil.

-¿Te admitieron? - Preguntó Paul con los ojos abiertos como platos.

-Sin pensársalo dos veces, solo tienes que ver a estas dos preciosidades - Contestó Derek apuntando a sus bíceps bien definidos. Parecían estar esculpidos en el más puro mármol.

-Es increíble que no te hicieran jurar por el pacto de sangre a la luz de la Luna Llena- Las palabras de mi nuevo mejor amigo resonaron en mi cabeza con tonos claramente curiosos. ¿Pacto de sangre a la luz de la Luna Llena?

-¿Qué es eso? ¿De qué habláis?- Vale, no pude controlar mi curiosidad por mucho tiempo más y pregunté como una vieja cotilla que se mete en las conversaciones ajenas por aburrimiento.

-Vaya con la pequeña, que curiosa que es - Me contestó Derek agarrando mi rostro entre sus dos manos y moviéndolo entre risas- ¿No le contaste el plan mientras que veníais?

-Ya me lo imagino "Hola soy Paul, último guerrero de la Luna, tu otra mitad y vengo a por ti, encantado de conocerte"- Dijo imitándose a si mismo. Mi piel se erizó y mi corazón dejó de latir.

¿Mi otra mitad? ¿Venir a por mí? ¿Por qué vendría él a por mí? Vale, vale. Bianca, relájate, no te estreses... Vamos a ir preguntando las cosas una por una.

-¿Me podéis contar toda la historia entera? - Pedí educada mientras que unos sudores fríos empezaban a apoderarse de mí.

-Mejor cuéntasela tú, Derek, a mí me empieza a doler la cabeza...- Dijo Paul dándose leves masajes en su cabeza con una extrema suavidad y delicadeza.

-Yo te lo contaré , preciosa, al pobre canijo empieza a entrarle migraña - Se rió Derek antes de empezar la historia con detenimiento- Verás querida, cuenta la leyenda que solo una persona podrá liberar a nuestro mundo de la esclavitud de las sombras. Hasta ahora, Árazor ha podido controlar la situación pero con el nacimiento del esbirro de la oscuridad, Tennebris, todo cambió. Nuestro mundo empezó a ser destruido y controlado por las sombras. Miles de sirvientes del rey Árazor, buscaron información sobre él, sobre como acabar con él y , sobre todo, quien acabará con él.

<< " Cuando pensaron que no había libro de texto ni persona que le pudiera dar la información necesaria, entonces, ella apareció. Una vieja anciana con un collar igualito al tuyo que pronunció unas palabras significativas para la guardia de Árazor " ¿Cómo queréis acabar con las sombras, si no poseéis una Luna que os guíe en vuestro objetivo y camino?". Aquellas palabras fueron suficientes para la consejera y hechicera del rey, Tristantia. No  había día que ella no investigara sobre la Luna, sus ciclos y la antigua religión extinta de  aquellas personas que controlaban los poderes lunares. Tristantia, desesperada  y sin fuerzas, le dijo al rey que no podía hacer nada más por buscar cuando fue la propia Luna quien intervino. Una luz habló con su voz melodiosa y celestial dándole una nueva información al rey -"Enviaré a mis dos últimos guerreros a la Tierra, dándote la última oportunidad para terminar con la oscuridad y las tinieblas.Pero no te lo pondré fácil, ya que ellos estarán camuflados entre los humanos normales y no los podrás reconocer hasta que no hayan cumplido cierta edad". El rey no tardó en mandar partidas de búsqueda por todo el mundo en busca de esos dos humanos que le llevaría a la victoria sobre las sombras. Pero no le valió de nada. La esperanza del rey se perdía conforme pasaban los años y Tennebris se iba apoderando del mundo a medida que esos dos chicos no aparecían. Pero una de las patrullas del rey consiguió dar con Paul, el enviado varón de nuestra señora, la Luna. El rey intentó encarcelar a  Paul durante años, pero no lo consiguió, ya que él se percató de toda la historia y huyó para buscarte. Nuestro plan se basaba en controlar a Árazor y a Tennebris por ambos bandos y controlar sus movimientos. Así pues, yo me  uní a Tennebris como espía de Árazor y uno de los muchachos de Árazor se dedicaba a pasarme información sobre sus movimientos, pero él desapareció...">>

Realmente parecía que a Derek le dolía la ausencia de ese ser que lo había abandonado en esta misión tan arriesgada y delicada. Su mirada bajó y sus ojos se tiñeron con el color del dolor en ellos. Me acerqué a él y le miré a los ojos.

-Dime, ¿quién era el enviado de Árazor para pasarte la información? -Le pregunté con aires consoladores.

-A veces se te va mucho la lengua, señor de la tinta -Susurró alguien en el oído de Derek. La mirada de este reflejaba sorpresa, alegría, felicidad. Sí, por todos lados. Se levantó de la silla y se giró para ver a ese individuo antes de saltar sobre él  y encarcelar su cintura con sus piernas. Acunó su cuerpecito en él cuando éste empezó a  hablar de nuevo- Hola querida hermana.



Mercadillo Oscuro.

Mercadillo Oscuro




-¿Bibi?, ¿Bibi?, ¿Estás bien? -Era la voz musical de Paul que se escuchaba entre todo ese jaleo.

Mis ojos se empezaron a abrir con pesadez y muy lentamente. Divisé la luz de unas tenues lámparas colgadas a lo largo de esa gran calle llena de puestos. Cuando por fin mi mirada volvió a cobrar su nitidez, miré a Paul directamente a los ojos y él me abrazó con fuerza.

-Menos mal, pensaba que te había pasado algo grave...-Dijo preocupado acariciando mis cabellos largos y rizados.

Yo me abracé a él inconsciente, hundiendo la cabeza en su cuello que olía endemoniadamente bien. Miré para arriba y no divisé el cielo, por lo cual, deberíamos seguir metidos dentro de las cloacas. Paul me tomó por la cintura para ayudarme a levantarme de ese suelo frío y húmedo. No era agua ni mucho menos, era tierra. Una especie de arena de playa fría y húmeda. El ambiente era oscuro por aquí abajo, había gente muy extraña en los puestos chillando a todo pulmón todas sus mercancías. Todo estaba a rebosar de gente comprando cosas, ya sean necesarias o inservibles. Paul y yo comenzamos a caminar entre toda la multitud mientras que él me explicaba de que se trataba este lugar.

-Este es el mercado de la otra cara de la moneda. Se inventó porque hay seres de nuestro mundo que no pueden salir a la superficie a comprar las cosas necesarias para su subsistencia. Aquí hay  todo tipo de cosas, desde comida hasta las armas más caras de toda la cara oscura de la moneda. Te puedes encontrar con gente humilde o con gente tan cruel y malvada como Tennebris - Mientras que caminábamos entre todos los puestecillos, iba observando a toda la gente que se acercaba a mí. Solían llevar los brazos tatuados con figuras específicas y colores detallados. Adornaban las extremidades de su cuerpo como si se trataran de enredaderas subiendo por una pared de hormigón. Los ojos de estas criaturas eran increíbles. Amarillos, lilas, negros como el carbón, azules como el mar o rojos como el fuego. Paul se percató que miraba los ojos de todas las personas con detenimiento, curiosidad e incredulidad- Por aquí lo normal es tener los ojos así y lo poco común es tener los ojos como nosotros - Me dijo al oído con un leve susurro- Por eso se nos quedan mirando de esa manera.

Yo solo asentí y continuamos caminando por las calles discretamente. Llegamos como a una especie de posada de dos pisos con muchas ventanas que se encendían por la luz de las velas que colgaban de las lámparas. Paul me obligó a entrar y nos sentamos en unas de las mesas del bar de la posada. Enseguida, un chico de unos 25 años de edad se acercó a nosotros.


-Mira a quien tenemos por aquí, te echábamos de menos, Paul -Le dijo mientras le daba palmaditas en la espalda de manera amistosa. Los dos estallaron en carcajadas. El muchacho era muy atractivo. Tenía todos sus brazos recubiertos con tatuajes que subían hasta su hombro y que se perdían por la anchura de su espalda. Su pelo era negro completo con mechones alternativos que le cubrían el rostro. Su rostro parecía esculpido en el mismísimo marfil y sus facciones eran perfectas. Su ojos eran de un extraño color azul mezclado con lila. Eran una auténtica pasada. Su sonrisa era completamente blanca y los hoyuelos que se le formaban al sonreír eran adorables- Veo que la has encontrado, así que la leyenda era cierta - Comentó acercándose a mí. Se sentó en la silla que estaba justo a mi lado y aproximó su rostro al mío hasta casi tocar nuestras frentes. Apartó el cabello que tapaba mis ojos y clavó los suyos en los míos- Definitivamente es ella, buen trabajo Paul.

-En realidad ella llegó a mí, no me hizo falta buscarla -Sonrió Paul mirando a su amigo- Bianca, este es Derek, un buen amigo mío.

-Un enorme placer en conocerte, Bianca -Enfatizó mi nombre y la palabra placer mientras tomaba mi mano y besaba mi contrapalma.

-El placer es todo mío , Derek - Correspondí con una sonrisa dulce y nada más. Los chicos empezaron a hablar de algo sobre lo que yo no tenía ni idea.

-¿Has encontrado lo que buscaba, mestizo? - Preguntó Paul mirando a Derek a los ojos.

-¿Dudabas de mi astucia? - Respondió Derek con una sonrisa provocadora dibujada en sus finos labios.

Secretos Subterráneos.


Secretos Subterráneos



Paul no tardo mucho en coger la iniciativa y , en menos de una hora, estábamos  de camino hacia nuestro nuevo destino:  El escondite de Tennebris. Él llevaba puesto un cinturón en el cual llevaba guardado el papel del enviado y una palanca para abrir las alcantarillas por las que tendríamos que pasar tarde o temprano. Hacía más de media hora que habías empezado a caminar y comenzaba a notar mis piernas cansadas y la respiración agitada, por la cual el aire me empezaba a faltar. Seguimos caminando durante un largo período de tiempo más y ni rastro de la maldita vía de acceso al escondite de Tennebris que tenía que ser supuestamente "fácil". La desesperación empezaba a apoderarse de mí, comiéndose todas mis ilusiones por encontrar la alcantarilla correcta, pero nada, ni una prueba o rastro de ella. Anduvimos unos pasos más antes de que yo ya empezara a quejarme, cosa que a Paul le hizo gracia e hizo estallar sus risotadas por las cloacas como si fuera un grito de guerra. Cuando toda esperanza quedó perdida nos caímos por una alcantarilla que estaba abierta ante nuestros pies y de la cual no nos habíamos percatado. Normal, la oscuridad reinaba esos fondos subterráneos y lo más probable es que si hubiera algún bicho, trampilla o prueba en el suelo, no la encontráramos. Durante unos treinta segundos solo pude gritar mientras que caía hacia el suelo. No veía absolutamente nada y no tenía ni la más mínima idea de donde se encontraba el final de esta condenada alcantarilla, hasta que me dí de lleno con el suelo.

-Au...-Me quejé acariciándome la cabeza delicadamente con mi mano que hacía suaves masajes sobre la superficie dañada. No noté que había algo debajo mía, hasta que se digno a hablar.

-No te quejes que yo he amortiguado la caída- Dijo Paul con voz apagada y con los brazos cruzados. Había caído de espaldas justo encima suya. ¡Pobrecillo!

-Lo siento, lo siento , lo siento- Repetí una , otra y otra vez para que Paul me perdonara por tirarme encima suya como si fuera una colchoneta. Enseguida me levanté del tirón pero mi lado más patoso salió a la luz , haciendo acto de presencia, y me resbalé cayendo boca abajo encima de Paul.

Mis ojos se clavaron en los suyos con un extraño poder magnético instantáneo mientras que él respiraba ajetreadamente . No sabía si era por el golpe que le había dado al caer o si era por el mero hecho de que yo estaba encima suya. Sin poder evitarlo, noté el potente latido de su corazón que retumbaba como el sonido de una batería en su pecho. En unos rápidos segundos, esos latidos llegaron a mi pecho como si se tratara de una bomba de relojería a punto de explotar. Mi corazón se sincronizó con el suyo en cuestión de escasos segundos. El flequillo de Paul, negro azabache con las puntas rojas como la llama más ardiente del puro  fuego, cayó y tapó sus ojos de forma sexy sin que él  pudiera evitarlo o hacer algo, ya que estaba atrapado debajo mía. Sin darme cuenta, mi mano desplazó su flequillo hacia un lado suavemente para que pudiera ver sus ojos de nuevo. Fue un movimiento involuntario, mi cuerpo reaccionó sin que yo le dijera nada acerca de ello. De repente, empezó a acercarse a mi rostro lentamente, acortando la distancia que quedaba entre nosotros. Sí, mi cuerpo seguía sin reaccionar. No me dí cuenta de que mi corazón empezó a latir con una velocidad de mil por hora o algo así, pero se me iba a salir del pecho. Nuestro labios estaban a punto de colisionar en un beso feroz, frío y deseado por el pequeño subconsciente de los dos cuando un enorme estruendo llamó nuestra atención. Ambos giramos la cabeza al mismo tiempo hacia al dirección de la cual, había venido el ruido, sin obtener ningún resultado, ya que, como dije, la oscuridad reinaba ahí abajo. Apoyé las manos en los huecos resultantes entre los brazos y la cadera de Paul y cogí impulso. Me levanté de un saltito y mis pies se apoyaron en los anteriores huecos. Le tendí la mano a Paul para que se levantara y así hizo. Cuando los dos estuvimos de pie, Paul volvió a mirarme a los ojos, con su flequillo tapándole la mitad de su rostro pálido, perfecto y marfileño pero un enorme rugido retumbó en las  alcantarillas. No hizo falta más indicios para empezar a correr entre la oscuridad.

Nuestros pasos resonaban entre las cloacas con fuerzas y nuestras respiraciones agitadas se oían a la perfección. Estaba muy cansada, no había dormido la noche anterior debido a mi pesadilla, después tuve que pelear contra el enviado de Tennebris y ahora estaba corriendo de arriba a abajo por unas cloacas en las cuales no se ve absolutamente nada. Sí, estaba agotada, machacada, prácticamente muerta. Cuando pensé que terminaría por caerme al suelo, Paul me cogió entre sus brazos y corrió conmigo a cuestas, Lo último que ví fue una tenue de luz y el bullicio de un mercadillo.

Jugando al escondite con el malo.



Jugando al escondite con el malo


Me fui a la cocina. Eran las seis de la mañana, pero no me importaba mucho la verdad. Había salido de mi pesadilla para vivir otra peor, la realidad. Sí, eso sí que era una maldita pesadilla. Me hice unas tostadas de mantequilla como me solía hacer mi abuela y me preparé un café con leche. Sí, amaba el café. Me senté en la silla que se ubicaba en la cocina y me quedé mirando por la ventana que se presentaba delante mía. Este día prometía ser un nuevo comienzo para mí. Sí, una nueva vida sin dolor ni tristeza, solo venganza e ira. Lavé los platos y al rato escuché la puerta al abrirse. Me asusté un poco , pero enseguida cogí una sartén de  la cocina y me escondí tras el hueco de la puerta y el frigorífico. Era un figura vestida entera de negro, como una sombra. Pude reconocer que era un varón, por su altura  y la anchura de sus músculos.  No tarde mucho en reaccionar, en cuanto lo tuve a punto de tiro, le solté un buen golpe en la cabeza con la sartén. Algo me sorprendió bastante, no sangraba. Salí corriendo de ahí buscando a Paul. Entré en la habitación y lo encontré vistiéndose. Iba sin camiseta y estaba con sus vaqueros negros ajustados desabrochados. Se me quedó mirando alelado y , acto seguido, sus mejillas pálidas se sonrojaron antes de alzarme la voz.

-¡Bianca! ¡Hazme el favor que me estoy vistiendo! - Me gritó al verme. Apuesto a que mis mejillas también estaban rojas, pero no tenía tiempo.

-Paul, alguien ha entrado en la casa, creo que es un enviado de Tennebris - Dije alterada mientras que él se abrochaba el pantalón.

-Bien, sin tiempo de reacción- Dijo resoplando- Voy a bajar que pasa, tú quédate aquí.

-No pienso quedarme aquí sin hacer nada, Paul, yo bajo contigo.

-Está bien, pero déjame atacar a mí, ¿vale? - Me clavó sus ojos verdes con ligeros toques amarillentos por unas milésimas de segundos antes de que empezáramos a caminar hacia la cocina.

Cuando llegamos a la cocina, el hombre vestido de negro ya no estaba y ya no había ningún rastro de él. Me quedé en silencio, haciendo que esa fuerza que solía aparecer en mí en los momentos de cólera llegara a mi corazón de forma rápida y eficaz. Sí, desde que dominé la ira y lo único que quería era venganza, podía activar esos poderes extremos cuando me diera la gana. Enseguida, mis músculos se tensaron y mi gargantilla soltó una especie de descarga que solo pude sentir yo. Esa era la señal de que el enviado de Tennebris andaba cerca y no pensaba quedarme de brazos cruzados mientras que estuviera suelto por aquí. Si daba con Bandit y Jared, ya nos podíamos despedir. Pero yo no iba a dejar que eso ocurriera así que seguí mi instinto asesino, tal y como lo nombró Paul, y fui hasta la habitación de Jared y Bandit. Ahí estaba ese condenado, a punto de clavarle una puñalada por la espalda a mis amigos para terminar con su vida, pero yo ya estaba ahí y tenía tiempo de reacción. En media milésima de segundo me subí a su espalda y le quité ese navaja. La lancé contra la pared, incrustándola en ésta y haciendo que Bandit y Jared se levantaran del tirón. Me quité el cinturón y lo enrosqué alrededor de su cuello. Apreté con todas mis fuerzas mientras que mi cuerpo ya empezaba a soltar descargas eléctricas. Los gritos de ese indeseable rebotaron en la pared, pero cesaron rápido , ya que le quité la cabeza de un rápido y astuto movimiento.  La sangre salía como si de una manguera se tratase, mientras se derramaba en el suelo. Bandit se quedó helada mirándome al igual que Jared. Lo único que hice yo fue soltar una sonrisita maliciosa y fría. Cogí el cuchillo de la pared e investigué el cadáver de ese espía. Llevaba un papel guardado en uno de sus bolsillos. Sé que eso es violar la intimidad de alguien, pero creeme, realmente me daba igual. Cogí el papel y lo abrí. Era un mapa, sí, una especie de mapa de unas catacumbas o vías subterráneas. Dejé el cuerpo tirado en el suelo y me dirigí hacia la cocina.

-¡Bibi! ¡¿Dónde estabas?! ¡Se puede saber que...! - Se quedó con la frase colgando al ver como iba manchada de sangre y con el papel entre manos. Sus ojos no paraban de examinarme de arriba a abajo en busca de alguna herida, pero por desgracia no tenía ninguna. Le tiré el papel ,manchado de sangre también, encima de la mesa.

-No sé lo que es, pero apuesto a que algo tiene que ver con el actual escondite de Tennebris y apuesto a que hay una vía de acceso bastante sencilla -Descansé mi cuerpo en una silla mientras miraba a Paul. Él cogió el papel y lo miró detenidamente. A los pocos segundos, sonrió dejando ver sus colmillos, haciendo de su sonrisa algo oscuro y tenebroso. Algo que yo adoraba y que no me daba ningún miedo.

-Sí, es el nuevo asentamiento de  Tennebris y  hay una muy sencilla vía de acceso - Me dedicó esa sonrisa oscura y yo se la devolví con una de las mías.

Nuevos Propósitos.



Nuevos propósitos


Esa noche dormí con Paul en su habitación. Caí rendida en la cama debido al cansancio acumulado durante todos estos días. Iba muerta, literalmente, no tenía fuerzas para nada. Ni si quiera me dí cuenta de que  Paul había dormido en el pequeño sofá que se ubicaba en frente de la cama donde yo estaba dormida. Esa noche tuve una pesadilla horrible.

Corría por aquel bosque conocido de Alaska todo repleto de nieve fría, dura y resistente. Mis pisadas se escuchaban como temblores de tierra, algo así como un terremoto que sacudía todo el suelo que pisaba. De repente, y sin previo aviso, Julia se presentó ante mi campo de visión. Sus ojos azules se clavaron en los míos con una sonrisa de autosuficiencia grabada en su rostro perfecto. Sentí como mi cuerpo comenzaba a arder de rabia e ira ante su mirada. Mis músculos perdían fuerza, sentía desfallecer mis células, deseaba que ese horrible dolor terminara, pero no fue así. En cuestión de segundos,  mi cuerpo cayó inerte al suelo entre fuertes convulsiones y horribles visiones. Unas descargas eléctricas comenzaron a apoderarse de mi mente, transformándola en una asquerosa masa inservible. Mis neuronas no fueron capaces de reaccionar para nada, ya que se encontraban en un estado de shock. Todos mis recuerdos vinieron a mi mente, como una fugaz ráfaga de viento que se escapa en verano sin previo aviso y que te pilla con la defensa baja. Todo iba a la velocidad de la luz en mi cabeza: mi inicial pelea con Julia, cuando conocí a Kenai, mi mejor amiga Eva, mi querida Bandit, mi inaguantable Belieber Hilary, mi pequeña Ángela... Absolutamente todo dándome vueltas a la cabeza, de forma incomprensible. Creía que mi cerebro se iba a desconectar cuando se paró en un jodida persona: Julia. Sí, su asquerosa mirada de autosuficiencia y su sonrisita victoriosa se clavaron en mis orbes esmeralda sin remedio alguno. Mi pecho empezó a vibrar como si estuviera padeciendo taquicardia. El  dolor y la impotencia se transformaron en sentimientos diferentes: Venganza, Rabia e Ira. Algo que transformó por completo todo mi ser. De pronto, mis células renacieron con un nuevo propósito y con nuevas energías renovadas, mis neuronas salieron de su estado de trance y se centraron en su nuevo objetivo., la sangre se teñía ahora en colores más vivos debido a mi alteración y mi cerebro se formó a la velocidad en la que el viento recorre los acantilados. Me puse en pie con una sonrisa fría y maliciosa en mi rostro. ¿Para qué ser buena cuando podía y debía ser la mala de la película? ¿Para qué guardarme todos mis condenados sentimientos si lo único que quiero es hacerlos explotar como una condenada bomba de relojería? ¿Para qué iba a utilizar mi compasión si podía utilizar mi dolor en su contra? Sí, todo lo que ella me había hecho sufrir se lo iba a hacer pagar ahora. Reí con una leve carcajada maligna, por lo bajo, para hacer temblar a mi enemigo. Julia retrocedió unos pasos ante mis risas. El pelo cubría toda mi cara y apenas dejaba ver mis ojos llenos de cólera y con un único deseo: la venganza más pura e incompasiva grabada en ellos.  Me acerqué más a ella, cosa que ella contrarrestó retrocediendo. Volví a reírme por su miedo e hice temblar el suelo con una fuerza indescriptible. Ante tal terremoto por mi parte, Julia cayó al suelo y yo tuve la  oportunidad de mirarla a los ojos mientras la sostenía con mis mano , levantándola en peso por el cuello. Le cortaba la respiración, sí, pero me daba exactamente igual. El rojo invadió su rostro a los pocos minutos y yo solté una risa melodiosa y rencorosa.

En ese momento me desperté levatándome de la cama de un brinco. Paul se levantó al mismo tiempo y yo lo miré a los ojos. Se acercó a mí y me clavó sus ojos de serpiente. Yo asentí, sabía perfectamente lo que pensaba y no hacía falta ninguna explicación. Él me abrazó y me acunó en su pecho desnudo. Al instante, oí su melodiosa voz en mi oído susurrándome una sola palabra que lo significó todo para mí: "HAZLO". Sabía  a la perfección a lo que se refería con esa palabra. Se refería a que debía llevar a cabo mi venganza sin ninguna piedad ni compasión. Tal vez Julia y yo nos hubieramos llevado bien hace mucho tiempo pero ella había cambiado, se había convertido en un monstruo que me había amargado la jodida vida. ¿Iba a tener yo piedad de ella? Al principio consideraba que no iba a ser capaz pero ahora lo veía claro: Lo haría sin pensármelo dos veces. Me agarré al cuello de Paul al abrazarlo y el me cogió de la cintura pegándome a su cuerpo.

-No lo pienses, es lo peor, solo actúa, déjate llevar por tu instinto...- ¿Mi instinto? Me pregunté a mi misma sin obtener respuesta de mi interior- Tu instinto asesino... -Concluyó Paul la oración en mi oído. Acto seguido, me quitó los cabellos del rostro y acarició mi mejilla. Dejó un beso en mi frente  y se fue de la habitación.

Estaba dolida, sí, pero como bien he dicho estaba.  Ahora ese dolor no existía en mi interior, ahora solo la rabia recorría mis venas. Todos mis sentimientos eran inhumanos, algo más intensos que los sentimientos de un humano normal y corriente. Sí,esos sentimientos multiplicados por mil y ya tendréis como me siento yo ahora. Me levanté de la cama, cogí mi ropa negra y me bajé al baño. Me lavé la cara, me vestí entera de negro con los ojos delineados en negro y salí de ese baño siendo una persona nueva. Una persona que no temía ni a la mismisima muerte... Una persona oscura y sin piedad... Una persona de la cara oscura de la moneda que le había dado la vuelta a mi mundo.

Regreso a España


Regreso a España


No tenía ni idea de cual era nuestro nuevo destino, pero si tenemos que ir en barco, seguramente estará un poco lejos. Cogimos el dichoso barco a las tres de la mañana y salimos zumbados del puerto. No tenía  ni idea, ni de donde nos íbamos ni a donde nos dirigíamos, pero me daba igual con tal de alejarme de Kenai y el dolor que solo él me producía. No pude contar las horas que nos pasamos en ese barco, ya que estaba bastante mareada por el vaivén de las olas, pero Paul estuvo ocupándose de mí durante todo el trayecto. Oí la voz del capitán del barco que nos informaba de que ya habíamos llegado a tierra. ¡Sí, tierra, por fin! ¡En cuanto bajara del condenado barco besaría el suelo como nunca antes lo había hecho!

Por suerte ese momento no tardó mucho en llegar. Desembarcamos y lo primero que hice fue besar el suelo, lo que produjo las risas musicales de Paul. Este clima me agradaba mucho, es más, me resultaba bastante familiar. Hacía calor, y el Sol brillaba en lo alto del cielo. Las ráfagas de viento veraniegas jugaban con mis cabellos mientras que mis esmeraldas brillaban con los rayos ultravioletas del astro rey. Sí, este clima era tan familiar...

-Bienvenida a casa, Bianca -Me susurró Paul al oído- Estamos en España, pensé que querrías regresar después de todo lo ocurrido con Kenai y... -No le dio tiempo a terminar la oración, ya que había saltado a sus brazos y ahora lo estaba abrazando con fuerza mientras me reía con la cabeza hundida en su cuello.

-Gracias Paul, gracias por traerme de verdad... -Decía en su cuello sin que mis pies rozaran el suelo, ya que él me había tomado en peso como si fuera una ligera pluma. Tras estar unos minutos abrazados, Paul me bajó al suelo y me sonrió sin que pudiera ver sus ojos de serpiente por culpa de su flequillo negro azabache con las puntas rojas como el  fuego.

-Bueno, ¿qué te parece si cogemos las maletas y nos vamos a mi casa?-Me preguntó Paul con una sonrisa dibujada en su rostro, la cual dejaba ver sus marcados colmillos. Cualquier persona supersticiosa, que creyera en los seres fantásticos, pensaría que él es un vampiro y , para que negarlo, tenía la apariencia de uno. Yo asentí a su pregunta y él cogió todas las maletas, pero antes de que pudiera dar un paso, escuché unos gritos que me llamaban desde la otra zona del puerto.

-¡Bibi! ¡No seas puta y ven a darme un abrazo! - Ese pelo rojo inconfundible que se iluminaba como una cereza y esa voz musical no los olvidaría jamás. Era Bandit, que me chillaba como una loca en el otro lado de la zona de desembarque. Corrí hacia ella y la abracé con todas mis fuerzas. Ella también me abrazó con ganas. Acto seguido, me miró a los ojos y acarició mis mejillas- ¿Cómo has estado? ¿Estás bien? Voy a matar ese capullo de Kenai- Dijo con el odio tiñendo sus palabras.

-Tranquila, Bandit, no te preocupes por mí. Estoy bien ahora, pero antes no lo había estado y no te preocupes por lo de Kenai, tendré mi venganza -Dije mientras la miraba a los ojos. Ella me dedicó una maliciosa sonrisa y dejó un tierno beso en mi mejilla. Enseguida, noté como Jared estaba ayudando a Paul con las maletas.

-Tengo el coche aparcado en el parking del puerto, si nos damos prisa, podremos salir sin pillar ningún atasco - Escuché la voz de Jared detrás mía y le asentí con la cabeza.

El viaje en coche fue relativamente corto, comparado con el viaje en barco no fue nada. Al aparcar, los chicos bajaron las maletas  mientras que Bandit y yo nos tirábamos en el sofá para charlar un rato. Ella me contó que los demás chicos de la patrulla estaban preparando la batalla final contra Tennebris en Alemania, donde ahora estaban todos los guerreros de todo el mundo reunidos. También me contó que todos estaban deseando verme y que me echaban mucho de menos. Yo también los echaba de menos a todos, sobre todo a mi hermano César, a quien necesitaba más que a nadie. Bandit me comentó que dentro de una semana partiríamos hacia Alemania para reunirnos con todos ellos y organizar la batalla. Yo estaba deseando verlos a todos. Después de hablar sobre el viaje y eso, le conté detalladamente todo lo ocurrido con Kenai. Ella me dijo que sería mejor que investigáramos más a fondo cuando llegáramos a Alemania y yo le hice caso.

-Bueno Bianca, si no te importa, dormirás esta noche con mi hermano, ya que en nuestra casa no hay mucho espacio disponible... -Dijo Jared un poco culpable mientras se mordía el labio inferior. Bandit se puso de puntillas y beso sus labios. Fue solo un roce, pero se notó que Jared se alegró al instante.

-No te preocupes, Jared, no tengo problema con ello.

-Gracias por entenderlo, Bianca - Me dedicó su mejor sonrisa al terminar de pronunciar las palabras- Por cierto, tus hermanos pequeños, tus padres y toda tu familia está concentrada en Alemania. Al parecer tienes una de las mejores familias de  toda la cara oscura de la moneda, te felicito - Dijo Jared mientras rodeaba el hombro de Bandit con su brazo.

Vaya, no sabía que toda mi familia estuviera metida en este lío. Mi madre, mi tía Odette, incluso mi inocente abuelita estaba metida en esto... Aún me costaba asimilarlo pero sería lo mejor para mí, ya que los tengo y los tendré apoyándome en todo momento respecto a los temas de la cara oscura de la moneda, según lo había mencionado Jared. Sí, esto iba a ser mejor de como me lo imaginaba. Libraremos una batalla épica contra un ejército negro, terminaré con el mismísimo diablo que recibe el nombre de Tennebris y tendré mi venganza contra Julia, pero un momento... Kenai.... Me dolía hacerle daño a él... En el momento de la verdad iba a ser totalmente incapaz de provocarle algún tipo de dolor. La verdad es que sus conductas habían sido totalmente contradictorias. El día el cual me engañó, al principio  no estaba arrepentido y pasó del tema, pero después corrió escaleras abajo como una furia mientras que lloraba para que no me fuera. Ese día en el bosque, parecía que quería matarme aunque al final no pudo hacerlo...

Ahora que lo pensaba detenidamente no tenía sentido nada de lo que estaba ocurriendo con él. Si lo meditaba más detenidamente, él no había cambiado para nada durante todos estos días, espera, un momento... Había algo que si había cambiado en él en esos dos momentos en los cuales lo había visto... Mejor dicho, habían dos cosas que habían cambiado de una vez para otra...

Sus ojos y su tatuaje.



Mutaciones Sentimentales

Mutaciones Sentimentales




Se me congeló el tiempo y todos mis músculos se tensaron al instante. Cada célula de mi cuerpo deseaba morir en ese momento ante la visión de tal imagen. Era Julia, agarrada de la mano de Kenai como si la vida se le fuese en ello mientras que este no oponía ninguna resistencia, sino que entrelazaba sus dedos con los de ella como solía hacerlo conmigo. No sabía muy bien que sentimiento recorría todos mis capilares sanguíneos en ese instante...

Al principio pensaba que era dolor, tristeza, pérdida, impotencia... pero NO.

Ese sentimiento fue mutando por cada segundo que contemplaba la imagen. Sí... Pensaba que todo lo que me había dicho Paul esa noche jamás se iba cumplir, pero para mi sorpresa, ocurrió. La  tristeza se sustituyó por la rabia, la pérdida por la ira y la impotencia por la dulce y fría venganza. Sí, pensaba vengarme por todo lo que me había hecho. No iba a ser la estúpida niñata de las novelas románticas que se queda llorando porque su novio la dejó por su mejor amiga.No, yo no era así, Paul ya me lo dijo, yo era una persona fuerte e invulnerable ante estas acciones.  Esos sentimientos crecieron y crecieron dentro de mí hasta tomar el control de mi cerebro y de mi sistema nervioso. Solo me queda esperar un paso en falso de Julia y tendría lo que quería.

-Vaya Julia, hace mucho tiempo que no te veo. Tienes mal aspecto- Dijo Paul mirando a la susodicha de pies a cabeza. Sí, Paul también estaba muy dolido y yo lo sabía. Él y Julia estuvieron juntos durante mucho tiempo. Paul se enamoró perdidamente de ella, pero Julia solo  lo utilizo para lo que quería.

"<< Paul me contó como ella le dijo que le amaba y estuvieron juntos por varios meses. Él creyó ciegamente en ella y se dejó llevar , pero Julia lo engañó. Paul me dijo que sospecha que ella está a las órdenes de Tennebris  y  yo , la verdad, es que también empiezo a crear sospechas. Un día, cuando todo estaba tranquilo, Julia intentó matar a Paul y todo el mundo lo dio por muerto, hasta el mismísimo Jared. Pero él salió adelante, con mucho esfuerzo y la venganza recorriendo todas sus venas. >> "

Sí, la cara de Julia en ese instante fue épica. Me reí en mi fuero interno al ver aquel tal acción. La verdad es que tiene que ser bastante impactante ver como alguien a quien dabas por muerto se te presenta delante de tus narices como si nada y empieza a decirte que te has echado a perder. Já, esto es bastante gratificante.

-Te maté... -Contestó ella con un susurro sordo y con la incredulidad grabada en su rostro- No puede ser, tú no puedes ser Paul, él no era...

-¿Qué no era cómo? -Dijo Paul con una sonrisa de autosuficiencia mientras que contemplaba la expresión de Julia- ¡Así! Ya sé a lo que te refieres. No era así de sexy, ¿verdad? -Comentó con una carcajada triunfal- Se siente Julia, he cambiado  pero veo que tú no, sigues siendo la misma zorra de siempre.

Los ojos de Julia se clavaron en los de Paul como si fueran cuchillos afilados de una carnicería. Soltó la mano de Kenai y yo no pude evitar reír en mi interior. Al ver como esa sonrisilla se escapaba de mis labios, Paul me miró atentamente y me guiñó un ojo. Acto seguido, se puso en posición de combate, agazapándose un poco. Estaba claro que Paul era un guerrero nato y el único de su especie. Bueno, también estaba yo, pero yo no era exactamente una guerrera. No  hicieron falta ni cinco segundos para que Julia se tirara encima de Paul dando comienzo así a esa pelea que mi nuevo amigo tanto ansiaba. Veía los ágiles movimientos de Paul esquivando todos los ataques de Julia cuando noté que Kenai me estaba mirando.

Un momento... Los ojos de Kenai... No eran esos ojazos grises que me elevaban a la locura... Ahora estaban negros, como el más puro carbón y el tatuaje de su cuello, se extendía por todo su cuerpo.  Sentí como me miraba, como atravesaba mi alma con esa mirada. No, no iba a caer. Cuando él estuvo a punto de atacarme , Julia salió corriendo con él detrás suya. Antes de que las dos sombras que producían desapareciesen escuché un "Volveré". Paul se me acercó, riéndose entre dientes. Noté como su frío cuerpo se estacionaba cerca del mío.

-Ha sido divertido, ¿has visto la cara que ha puesto?- Volvió a reírse, pero esta vez fue una carcajada en toda regla- Ha sido épica, ojalá hubiese tenido una cámara para grabarla.

-¿Por qué no te reconocía? - Le pregunté a Paul mirándole a los ojos fijamente. Me percaté de como esos ojos de serpiente, se deslizaban por mis pensamientos con un sentimiento fluido y  prácticamente natural mientras que buscaban mis esmeraldas.  Al notar mi mirada, Paul sonrió satisfactoriamente.

-Bueno, se podría decir, que Julia empezó a salir conmigo poco antes de que me transformara, ¿sabes? -Dijo con una risa musical.

-¿Transformarte? - Pregunté mientras que fruncía el ceño dejando ver la intriga en mis ojos. Ante tal acción por mi parte, Paul se rió un poco más.

-Apuesto a que tú también te transformaste, es decir, cambiaste radicalmente de la noche a la mañana - Cuando finalizó sus palabras, un vago recuerdo vino a mi mente. Hace casi un año, cuando esa noche pasé de ser el patito feo al cisne sin previo aviso. Sí, ese era el cambio del cual me estaba hablando Paul.

-Ahora que caigo, sí. No lo recuerdo muy bien, pero sí me transformé. ¿Y cómo es que Julia salía contigo antes de que fueras... así? -Hice un silencio entre palabra y palabra ya que me quedé un poco embobada mirándolo. Sí, era un ser misterioso que llamaría la atención de cualquier persona rara como yo. Paul empezó a caminar, y yo a su lado.

-Bueno, supongo que salió conmigo por interés. Tengo una teoría, pero no estoy del todo seguro -Dijo mientras se mordía su labio inferior. El color de sus labios era como el de la sangre: un rojo puro que contrastaba con  la palidez de su piel. Sonreí, dándole a entender de que quería saber esa teoría de la cual él no se fiaba mucho- Está bien, te la contaré...

"<< Julia me encontró cuando estaba tomándome un café en el centro de la ciudad. Se sentó en mi mesa como si nada, y entablamos conversación. Ella y yo quedamos un par de veces para dar una vuelta. Por aquel entonces, yo no era una persona particularmente bella, ya que mi aspecto físico era horrible. Por eso, llegué a pensar que era prácticamente imposible que una chica tan guapa como Julia se enamorara de mí , pero pasó lo inexplicable. Ella y yo empezamos a salir como pareja. Durante unos meses, le abrí mi corazón y las puertas de mi casa, cosa de la que ella se aprovechó. Cuando ella me dejó, el dolor se apoderó de mí y esa noche, fue la peor de mi vida. Lloré en mi cama desconsoladamente durante cada hora que formaba la oscura y fría noche sin poder percatarme de nada mientras que un fuego ardiente recorría todo mi cuerpo. Conseguí dormirme  a altas horas de la madrugada y a las siete, ya estaba despierto. Cuando contemplé mi reflejo en el espejo que tenía en mi habitación, casi me desmayó del susto. Pensé que era un sueño, pero no. Esa nueva persona era yo. Entonces fue cuando lo pensé fríamente, ya que he cambiado físicamente, es hora de darle un giro de trescientos sesenta grados a todos los pilares de mi vida. Esa mañana, mis padres me miraban con incredulidad y Jared me sonreía de forma cómplice, ya que el sabía perfectamente por donde iban los tiros. Al finalizar mi desayuno, fui a ver a uno de mis amigos para que me arreglara el pelo. Fue entonces, cuando me puse las puntas rojas. A lo largo de varios meses, Jared me entrenó   e hizo de mí un guerrero de la Luna hecho y derecho. Cuando mi hermano se puso su primer tatuaje, yo ya tenía por lo menos seis por todo mi cuerpo-Al decir esto, Paul soltó una carcajada- , pero esa tranquilidad no duró mucho tiempo. Una noche, un montón de sombras negras intentaron matarme en un callejón del centro de la ciudad, casi obteniendo éxito. Fue entonces, cuando desaparecí del mapa durante muchísimo tiempo y me dieron por muerto, pero lo que yo hacía era investigar sobre el ejército negro y sobre nuestro nuevo mundo. Mis investigaciones me llevaron a la conclusión de que Julia salió conmigo antes de que me transformara para que me uniera al ejército de Tennebris, y al ver que no lo hacía, intentó matarme por haber desperdiciado su preciado tiempo conmigo. Por lo cual, me lleva a la conclusión de que Julia trabaja para Tennebris  y  que sin querer produjo tu transformación porque no tenía ni la más mínima idea  de que tú eras la última ninfa de la Luna. >> "

Todas las palabras de Paul parecían encajar como un condenado rompecabezas. Sí, todo tenía su explicación. Por eso ella me odiaba tanto... Mi cerebro empezó a unir todos los cables sueltos de mis dudas. Todo encajaba, ahora todo estaba más claro. En ese preciso instante, la mirada de Paul se cruzó con la mía.

-Será mejor que cojamos un barco hacia nuestro nuevo destino - En cuanto pronunció esas palabras, sonrió y me tomó de la mano. Al principio no estaba segura de lo que estaba haciendo, pero en cuanto sentí ese tacto frío acariciando mis dedos, no opuse ninguna resistencia- Tranquila,  yo no te voy  a hacer daño como él , es más, solo somos amigos, así que no estés así de tensa.

Él había percatado enseguida todos mis sentimientos con tan solo una caricia. Sí, la verdad es que cada vez Paul me sorprendía más.

Encuentros Indeseados


Encuentros Indeseados



El camino se me hizo eterno, interminable, incesante y cansado. Mi cuerpo no quería sentir nada, mi alma no quería continuar con esta asquerosa vida y yo en general, deseaba morir. Paul consiguió llevarme hasta un hotel donde cogió una habitación para los dos e hizo que me durmiera para reponer fuerzas. Pero , aunque durmiera, solo había alguien que me seguía atormentando... Kenai.  Revivía cada uno de sus besos, sentía cada una de sus caricias y escuchaba cada "Te Amo" que me susurraba al oído. Mi debilitado corazón no podía estar más vacío y  mi alma no podía estar más marchita....

Tras unas cuantas pesadillas , me desperté jadeando y sudando de la cama. Paul estaba durmiendo en una butaca al lado de mi cama. En cuanto me escuchó, se levantó y me rodeó con sus brazos. Por un momento, me sentí consolada, porque el cariño de Paul  llenaba el vacío que ahora se apoderaba de todo mi ser, convirtiéndole en solo un cuerpo que existía en este condenado planeta. Me abracé a él, acariciando sus cabellos negros con las puntas rojas que tanto me había llamado la atención. Él era una de las pocas cosas a las que podía hacerle aprecio ahora...

-Tranquila, todo pasara -Susurró tranquilizadoramente en mi oído mientras acariciaba mi espalda con una delicadeza y suavidad extremas- He llamado a Jared, dijo que vendrían mañana por la mañana, así que, dentro de nada, volverás a estar con ellos y se encargaran de todo lo que necesites -Después de esas palabras, me miró  a los ojos. Esas pupilas hechizantes que parecían las de una serpiente se dilataron, haciendo así un efecto hipnótico, y me miraron como de forma protectora. Entonces sentí algo dentro de mí, Paul se había adentrado en mi ser y ahora estaba leyendo mi mente como si fuera un libro de texto abierto. Yo no oponía resistencia, ya que tarde o temprano, él y yo íbamos a tener que enfrentarnos a muchos peligros, lo presentía. Para muchas personas , mi intuición es una tontería, pero yo pienso que lo que verdaderamente es una tontería, es no hacerle caso a esa intuición. Tardó solamente unos dos minutos en leer toda mi historia y todo mi pasado mientras que nuestras miradas se quedaron fijas durante esos dos minutos. Al terminar, Paul me abrazó con fuerza- No sabía lo que te había hecho ese hijo de puta... -Mencionó él en mi oído mientras que el odio y la rabia teñían todas sus palabras hasta el más mínimo detalle. No me hizo falta mucho tiempo para comprender que se refería a Kenai. Preferí callarme e intentar no llorar de nuevo, pero no tuve un resultado exitoso, que digamos.

Nos pasamos toda la noche hablando sobre lo de Kenai, y Paul me dio muchos consejos al respecto. Era bastante bueno, la verdad, debería ser consejero o algo así. Él me dio su palabra de que jamás me abandonaría  y yo le dí la mía, diciendo así, que siempre confiaría en él. Las horas se pasaban rápidas hasta el amanecer mientras que Paul me contaba todos los secretos que sabía sobre este mundo en el que vivíamos. Kenai jamás me había mencionado que fuese tan peligroso y cruel y , ante los ojos de mi nuevo amigo y aliado, era lo peor que se había podido crear. Me resultó gracioso cuando me contó la historia de su transformación, ya que había surgido por lo mismo que la mía. Por el dolor , la tristeza y la impotencia ante alguien.  Cuando los rayos del Sol se colaron en la habitación y apuntaron directamente a mis orbes esmeralda, Paul decidió que deberíamos marcharnos antes de que nos encuentren los soldados de Tennebris. Yo me vestí en el baño en menos de cinco minutos, y él tardó solamente dos. Bajamos a recepción y dimos las gracias por la habitación que nos habían dejado. La chica se mostró amable  y nos atendió mientras que le devolvíamos las llaves de la habitación en la que habíamos pasado la noche. Paul y yo salimos de ahí y nos miramos por unos instantes. Todo estaba recubierto de nieve, y por suerte ésta había tapado nuestras huellas. En ese instante, el móvil de Paul sonó. Tuvo una rápida conversación con alguien quedando en un lugar dentro de media hora y colgó.

-Era Jared, dijo que nos reunamos con ellos en el Ayuntamiento de la ciudad dentro de media hora - Dijo Paul, en tono solemne y serio. Yo me limité a asentir , antes de que saliéramos a buscar un condenado mapa para llegar al ayuntamiento.


Caminamos durante veinte minutos, hasta que un edificio lujoso se presentó delante nuestra. Era obvio que tenía que ser el dichoso Ayuntamiento que llevábamos buscando un rato. Nos sentamos en los escalones que daban a la puerta principal mientras que esperábamos la llegada de Jared, Bandit y Eva. Las echaba de menos, y tenía que hablar con ellas en cuanto antes, tenían que saber lo ocurrido con Kenai. Paul paseaba la mirada por todo el lugar con algo de desconfianza. Sinceramente, esta ciudad era algo... lúgubre. No había ni un alma en la calle y ningún comercio estaba abierto. Extraño, muy extraño, ya que estos siempre están abiertos para los turistas. Repasé cada uno de los detalles que me envolvían. Detrás nuestra estaba el Ayuntamiento, donde se posicionaba una plaza redonda con todos los comercios a su alrededor y una fuente en medio. El agua de ésta estaba congelada. Alrededor de la fuente habían muchísimos bancos, pero todos estaban vacíos y hechos trizas. Sin previo aviso, una especie de niebla envolvente empezó a caer por todo el Ayuntamiento y por toda la plaza, impidiendo así una vista perfecta de todos los hechos, aunque hubiera poco que observar. Mi instinto localizó a alguien acercándose a nosotros y , sin perder el tiempo, nos levantamos como resortes  y totalmente alerta por quien pudiera ser.  Dos rostros conocidos salieron de entre la niebla, pero para mi parecer, no eran del todo deseados.

-Un gusto volverte a ver, Bianca -Dijo Julia con una sonrisa de autosuficiencia mientras que estaba agarrada a la mano de Kenai.

Sentimientos Revividos




Sentimientos Revividos


Las palabras de Paul me dieron mala espina. Algo en mí me decía que esas "sorpresas" que él tenía que contarle a Jared no iban  a ser buenas. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo con una descarga eléctrica y noté una presencia fuera del bar. Su aura relucía oscura ante mis ojos y apuesto que era uno de los guerreros del ejército de Tennebris. Paul se levantó de un tirón y mis amigas le miraron extrañadas. Él había sentido lo mismo que yo...
Sus ojos se clavaron en los míos y yo correspondí su mirada. Hizo un leve movimiento con la cabeza indicándome que saliera fuera y yo le respondí asintiendo con la mía. Ambos cogimos camino hacia la puerta del bar mientras que Jared, Eva y Bandit  nos miraban extrañados, como si no supieran que hacíamos, ¿es que ellos no habían notado nada?

Tardamos segundos en correr por el bosque uno al lado del otro en persecución del hombre encapuchado. No me perdía, era bastante extraño. Paul iba justo por donde yo corría y me sentía como si supiera perfectamente por donde correr sin tener que tomar ninguna indicación. Esa magia empezó a recorrer todos mis capilares sanguíneos con una velocidad vertiginosa mientras que mis pies seguían corriendo por esa espesa nieve blanca.  Eché un vistazo a Paul que corría vigilando mis espaldas por si me atacaban. Notaba su respiración y sus fuertes pasos en la nieve, que hacían retumbar el suelo que yo pisaba. Lo miré a los ojos y el corazón se me quedó helado cuando los ví. Sus ojos se iluminaban, un brillo portentoso empezaba a dotarlos de una magia esplendorosa. Ahora estaban del color de la Luna Llena que nos alumbraba con toda su fuerza. A veces pensaba que la Luna estaba conmigo y que me daba ánimos  y fuerzas para seguir adelante. La resistencia, la fuerza y la velocidad de Paul aumentaron considerablemente al comenzar su transformación. Entendí que él era como yo...

Su magia empezó a reforzarse con la Luna y esa fue la última pista que me faltaba. No todos los guardianes de la Luna estaban  extintos, por lo menos, estaba Paul. Sí, por eso lo sabía todo sobre nuestro mundo. Mi corazón se encogió cuando él se posicionó a mi lado y me tomo de uno de mis brazos haciendo que me estampase contra su pecho con una fuerza increíble, pero a él no pareció dolerle.

-Quieta... Se ha detenido -Me susurró en el cuello. Era más alto que yo, por lo menos me sacaba una cabeza. Lo miré a los ojos desde arriba y ambos se nos ocurrió la misma idea. Él me asintió y ambos nos dimos la vuelta. Nos quedamos espalda contra espalda vigilando todos los movimientos de ese hombre cuyo cuerpo iba cubierto por una túnica negra. El color de ésta nos facilitaba su localización entre todo aquel paisaje nevado que nos envolvía con su manto blanco. Mi collar empezó a brillar y noté como Paul se rió ante tal acción por mi parte. Yo también me reí al escucharle.


Sus músculos se tensaron y los míos también al notar el aura del guerrero más próxima a nuestra posición. De la nada, apareció  como una exhalación y comenzó nuestra batalla. Los movimientos de Paul eran perfectos y precisos, apenas necesitaba mi ayuda. Podía sentir como la experiencia del combate había hecho de él un excelente soldado y un perfecto luchador. Apenas tuve que intervenir en la batalla, solo me necesitó para rematarle con una fuerte descarga eléctrica proporcionada en el corazón de nuestro enemigo. Éste se retorció del dolor en el suelo y , a los pocos segundos, su corazón dejó de latir. Yo me alejé un poco de él ya que me sentía culpable y el remordimiento se apoderaba de mi ser en estos momentos, pero a Paul no pareció pasarle lo mismo que a mí. Le quitó la capa a aquel guerrero busco algo en ella.

-¿Qué es eso? -Pregunté cuando ví que sacaba unas dagas negras con la punta afilada rematada con un color plata deslumbrante. De ésta, goteaba un líquido negro como el carbón.

-Dagas envenenadas - Me contestó Paul con un cuidado extremo para no tocar ese líquido que goteaba de ella- Tennebris las utiliza para poner a sus órdenes a humanos normales y corrientes, aunque busca soldados como nosotros para tener la batalla más fácil y gente con más experiencia - Guardó ese utensilio con máxima precaución enrollándola en una tela negra de cuero  y la metió en su bolsillo.

-¿Por qué las guardas?

-Desde hace mucho tiempo las investigo para averiguar como las hace. Tienen un poder absoluto y hace que cualquier persona por muy en contra que esté, esté a las órdenes de su propietario. Si yo me hago el propietario de ellas, podré tener a quien quiera -Me miró con una sonrisa macabra dejando ver sus colmillos. Algo que me había impactado de él, es que sus colmillos eran afilados y destacaban entre sus dientes blancos como la nieve que teníamos bajo nuestros pies. Al principio me dio miedo, pero luego se me pasó, él era incapaz de hacerme daño- Bueno, ¿qué te parece si volvemos al bar y dejamos que tus amigos nos lleven a un lugar más cómodo? -Soltó con una risa musical y aires bacilones.

-Bien, será mejor, estoy un poco cansada después de todo lo que me ha pasado hoy... - Al acordarme de Kenai mi corazón se encogió y no pude evitar que las lágrimas comenzaran a brotar de mis ojos, bañando mis mejillas y deshaciéndose en la nieve helada cuando caían.

-Eh , Eh... -Me abrazó con fuerza, pegándome a su pecho con aires cariñosos y consoladores- Pase lo que te pase, voy a  estar ayudándote, pero ahora será mejor que descanses... -Limpió las lágrimas de mis ojos y los suyos se clavaron en los míos mientras acariciaba mi rostro con suavidad- No quiero volver a verte llorar, ¿vale? -Solo asentí ante su orden y caminó junto a mí por ese bosque nevado cogido de mi mano para darme fuerzas.




Fraternidad Desconocida



Fraternidad Desconocida



Me quedé algo confusa mirando esos ojos verdes amarillentos. No transmitían desconfianza, ni maldad, todo lo contrario, eran unos ojos que transmitían dulzura, amor y seguridad.  Él se acercó a mí mientras también me miraba. Notaba como sus ojos se introducían en los míos con curiosidad, parecía que cada vez que me miraba, podía ver mi alma. Cuando reaccionó, tomó de nuevo la palabra.

-No eres de por aquí, ¿verdad?

-No, no lo soy

-Estaba seguro de eso - Se mordió sus finos labios rojizos como la sangre mientras miraba al suelo- Siéntate, me apetece charlar contigo.

Hice lo que me pidió y me senté en ese sofá mientras que él tomaba asiento en frente mía. Pude apreciar que llevaba puesto unos vaqueros rotos con unas zapatillas viejas , desgastadas y negras y una camiseta  ajustada de color negro. De abrigo, solo llevaba una chupa de cuero. Al sentarse, se la quitó, y pude apreciar sus brazos tatuados. No lleva muchos tatuajes , pero si adornaban los músculos marcados de sus brazos. Su piel extremadamente pálida hacía que estos se notaran aún más. Cuando dejé de investigar todos sus tatuajes, pasé a fijarme en su rostro. Éste poseía unas facciones duras, pero infantiles. Se notaba que era mayor de edad, pero tenía un toque juguetón y pícaro grabado en ese rostro de marfil.  Uno de sus ojos estaba tapado pero cuando echó su flequillo para un lado con rapidez pude tener ambos ojos clavados en mí. De veras que este muchacho resultaba interesante, porque a simple vista pensarías que te  haría daño o te secuestraría por la calle , pero resultaba muy amable, cariñoso y extremadamente divertido. Conversamos durante un par de horas en aquel local, conociéndonos mejor cuando, al agacharme para coger su chaqueta que se había caído al suelo, él vio mi tatuaje.

-Vaya, quien lo diría, tú que pareces una chica tan buena e inocente con un tatuaje. No dejas de sorprenderme, Bianca -Dijo con una carcajada musical. Su voz poseía una escala de tonos musicales que , cada vez que se reía, parecía que estaba cantando una canción de rock, pero eso me gustaba - Déjame hacerte una pregunta, ¿vale?


-Adelante, dispara - Sonreí al mirarlo mientras el también sonreía. Tenía unos colmillos un tanto destacados en su perfecta sonrisa y sus dientes blancos, pero no me asustaba en absoluto.

-¿Qué sabes sobre la otra cara de la moneda? -Dijo sonriéndome con malicia. Me quedé helada. No tenía ni idea de que él supiera de la existencia de éste y me había dejado de piedra. Tuve que respirar profundamente varias veces antes de tomar la palabra cuando la puerta del bar se abrió como una exhalación. Al momento, vi aparecer a Bandit cogida de la mano de Jared y a Eva corriendo hacia mí. Cuando llegaron a mi lado, ambas me abrazaron con fuerza mientras que Paul las miraba con la confusión grabada en su rostro marfileño. Noté como Jared clavaba sus ojos azules en los de Paul cuando empezó a hablar detenidamente.

-¿De qué os conocéis , Bibi? -Preguntó Jared con una sonrisita. Esto me mostraba que Paul también pertenecía a nuestro mundo.

-Bueno, él ha salvado a ese idiota de que lo matara - Dije mientras señalaba a ese hombre corpulento que me había tocado la moral con anterioridad.

-Se podría decir que sí -Se carcajeó Paul- Si no llego a intervenir, apuesto a que todo esto estaría lleno de policías ahora.

-Y dime tú, Jared, ¿de qué os conocéis él y tú? - Dijo Bandit mirando al individuo algo maravillada.

-¿Qué de qué lo conozco? -Soltó Jared con una risa- Él es mi hermano pequeño -Señaló a Paul con el dedo índice antes de clavar sus ojos en los suyos- Mi hermano pequeño del que todos pensaban que estaba muerto.

-A veces la vida te puede dar muchas sorpresas, hermano - Dijo Paul encogiéndose de hombros- Y créeme, tengo muchas  sorpresas  para ti.

Salvado por la serpiente




Salvado por la serpiente


Cada diminuta célula de mi cuerpo deseaba caer en  un profundo abismo oscuro y perderse en él, pero no ocurrió así para mi desgracia. Me alejaba de la cabaña a pasos agigantados por aquel bosque que parecía que miraba todas mis acciones, juzgándolas de cerca y dándome su criterio. Escuchaba los llantos de Kenai desde mi posición mientras gritaba mi nombre, pero de nada le iba a servir, yo no pensaba volver, no volvería para vivir un infierno. Cerré los ojos y me concentré solo en desaparecer mientras que corría por este bosque que ahora me infundía miedo, tristeza, temor y frío, sobre todo, frío.

Como podía haber sido tan tonta al pensar que por fin había encontrado a alguien que me amaba de verdad, como había sido tan ingenua. Nunca debí depositar toda mi confianza en nadie, nunca. Ahora me daba cuenta de mi error mientras las lágrimas brotaban de mis ojos como auténticas cataratas. Mi llanto no cesaba para nada, es más, cada minuto que pasaba, éste iba aumentado la intensidad.  Me sentía como una niñata estúpida al recordar todas las veces que Kenai me dijo que me quería más que a nadie, y que solo me amaría a mí para el resto de la eternidad. ¡Soy una idiota! Mis piernas empezaban a cansarse en la oscuridad de la noche, y yo iba a caer desvanecida al suelo de un momento a otro por el cansancio de mi cuerpo. Llevaba más de dos horas corriendo sin parar con el propósito de alejarme de Kenai y de Julia para siempre, pero ya no podía más.  A lo lejos contemplé lo que parecía un bar de carretera. No era muy acogedor, pero podría descansar ahí hasta que recuperara mis fuerzas de nuevo.
Caminé hasta el bar  que había visto con anterioridad con un poco de desconfianza, pero era lo único que tenía ahora, así que, que más remedio. Abrí la puerta a mi paso y contemplé el local con sumo cuidado. Había muchos camioneros tomándose una cerveza o una copa de vino. Supongo que este era el lugar donde solían parar en sus largos viajes para transportar sus mercancías. Hablaban muy basto  y gritaban entre risas como posesos. Resoplé ante tal imagen y me senté en uno de los sofás que había al final del local, el cual tenía en frente una mesa para cuando se sirviera la comida. Crucé las piernas al sentarme y observé lo que había encima de la mesa con detenimiento. Había un  pequeño frasco que contenía sal, un aparato con muchas servilletas y algo que parecía ser un mapa del lugar. Tomé el mapa y observé que me había alejado bastante de Alaska y ahora estaba como una especie de bosque que se encontraba cercano a una autovía, de ahí que hubiera tantos camioneros en este bar. Leí los lugares detenidamente buscando un lugar donde poder ir. Mientras que decidía a donde ir un hombre alto, corpulento y lleno de tatuajes se sentó a mi lado.

-¿Qué hace una chica tan preciosa como tú por aquí? -Me susurró al oído. Me asqueaban sus palabras y su forma de mirarme. Sí,  lo odiaba profundamente. Como no se marchara en tres segundos de mi asiento, lo iba  a mandar disparado hasta la otra punta del local.

-Nada que le importe, ahora, por favor, dejé de contaminar mi asiento con sus repugnantes bacterias y lárguese - Dije con un tono frío y amenazador sin mirarle a la cara.

-¿Cómo has dicho, puta? - Vale , ya se lo había buscado. Me levanté de mi asiento plantándole cara mientras que ya notaba fluir la energía por todo mi cuerpo. Sería cuestión de segundos que ese repugnante camionero terminara inconsciente en el suelo debido a una descarga eléctrica.

-He dicho que más le vale marcharse de mi asiento o sino, sufrirá las terribles consecuencias - Mis ojos se clavaron en los suyos como dagas heladas y envenenadas. Había elegido un mal momento para tocarme las narices ese indeseable.

-¿Terribles consecuencias? Jajaja -Soltó una carcajada amenazadora- ¿Crees que una niñata como tú me puede hacer algo a mí?

Sus palabras retumbaron en mi mente con una especie de eco infernal. Por un instante, parecía la propia Julia quien las repetía en mi cerebro con su odiosa  voz que me sacaba de quicio. Eso me hizo enfurecer aún más. Cuando estuve a punto de demostrarle lo que valía un peine alguien se interpuso entre los dos.

-Hey, ¿nunca te han enseñado modales? Así no se le trata a una señorita - Pronunció ese sujeto mirándole a los ojos- Ahora haznos el favor, Harry, y vete a tomarte otra cerveza- El odioso hombre resopló por sus fosas nasales y se fue enfadado como un mono. Aquel muchacho que había salvado a ese tal "Harry" de una muerte segura, también iba tatuado pero era un poquito más bajo. Su rostro parecía mucho más comprensivo y más tierno que el del  otro hombre. Llevaba los cabellos largos hasta el hombro y poseían con un color negro como el carbón con un flequillo que le tapaba un ojo. Las puntas de sus cabellos estaban tintadas de color rojo sangre y sus ojos eran de un color muy extraño. Al principio parecían verdes, pero, conforme  el iris se acercaba a la pupila, éste iba tomando un color amarillo. Me recordaron bastante a los ojos de una serpiente y eso llamó bastante mi atención- Discúlpale, es un maleducado, y no está acostumbrado a que pasen chicas por aquí -Dijo disculpándose por su amigo Harry. Este sujeto también tenía la piel extremadamente pálida. Aparentaba tener unos  veintiún años, aproximadamente. Sus ojos estaban delineados con un perfilador negro que resaltaba aún más el color de estos- Me llamo Paul, un placer -Extendió su mano hacia mí. Ésta iba recubierta con un guante de cuero cortado que dejaba ver sus dedos.

-Yo soy Bianca - Estreché su mano con algo de desconfianza. Él me clavó sus ojos con rapidez y fugacidad sin que yo pudiera evitarlo. En ellos, ví algo nuevo. No era nada malo, todo lo contrario, parecía que él me comprendía. Entonces, lo supe. Él era uno de los guardianes extintos de la Luna


Engaño




Engaño


Ya llevábamos una semana en Alaska y entre los tres habíamos conseguido reunir a todas las patrullas existentes en la zona. Todas habían querido colaborar, increíblemente,  y Kenai ya los había reunido en uno de los grandes bosques de Alaska con una facilidad bastante impresionante, esta misma tarde a las seis. Hilary y mi novio aún seguían de malas, así que , decidí salir de la casa a darme una vuelta para que solucionaran las cosas de una buena vez y que se dejaran de líos y de malos rollos.  La nieve estaba espesa y se levantaba como unos tres palmos del suelo. Me gustaba mucho el frío y todas esas cosas, pero en este grado tan máximo a  veces me molestaba un poco, aunque ahora me daba igual ya que el paisaje era precioso y digno de ver. Una idea alocada cruzó mi mente como un relámpago y se me escapó una fugaz sonrisa al evocar la imagen. Seguramente no habría nadie por aquí...No pasaría nada si me pusiera  a correr y a dar saltos como una loca, ¿no?,  además, divertirse de vez en cuando nunca viene mal. Decidido, lo voy a hacer.

Mis piernas empezaron a correr por aquel bosque nevado del cual ya me había encariñado muchísimo y mis cabellos se dejaron llevar por el viento helado que ahora los zarandeaba. No eran unas ráfagas violentas, sino unas ráfagas suaves que me daban la sensación de ser libre y estar volando por el cielo como un pájaro. Sí, un pájaro que no se preocupa de nada , solo de comer y dormir... A veces, desearía ser uno para poder evadirme de mis propios problemas personales...
Desde que había empezado a ser una ninfa, mi vida se había suavizado y había cambiado bastante, pero ahora empezaba a echar de menos a mi abuela, a mis hermanos pequeños,  a mis padres... Aquel entorno normal que me envolvía en España meses antes de mi transformación. Decidido, en cuanto termine esta condenada guerra, me vuelvo a casa de mi abuela  a pasar allí lo que me queda de verano.

Se estaba haciendo un poco tarde, así que, decidí volver a nuestra acogedora cabaña. Que raro, no escuchaba los gritos de Kenai ni los reproches de Hilary mientras que se peleaban.... Huy... Esto empezaba a darme miedo.  Justo en frente del porche, unos metros más alejado de la cabaña, se encontraba un coche aparcado. No era el Porsche de Kenai, ni el Citröen de César... ¿Quién habría podido venir a casa? Toqué a la puerta varias veces, pero no obtuve ninguna respuesta, así que decidí coger las llaves que se escondían debajo del felpudo y abrirla por mi propia cuenta. Ni rastro de Hilary y ni rastro de Kenai y lo peor es que  esto estaba muy silencioso, demasiado para mi gusto... Subí las escaleras de  tres en tres con un estado de alerta frenético mientras miraba a todas partes y me cuidaba las espaldas por si acaso. Escuché unos sonidos dentro de la habitación de Hilary. Había una chica, pero no era mi amiga, y una silueta muy familiar estaba debajo suya.  En cuanto pude reconocer todo, el alma se me cayó a los pies y mi corazón dio su último latido...

Esos ojos azules no los olvidaría jamás.
Esos condenados ojos azules me habían hecho vivir un infierno.
Esos ojos azules me habían hecho pensar que no merecía la pena.
Esos ojos azules que  ahora estaban mirando a mi Kenai con deseo y lujuria...

Julia estaba besando a Kenai mientras que su cuerpo descansaba encima del de mi chico y él no hacía nada para evitarlo... Ahora si que no podía respirar. Las lágrimas brotaron de mis ojos y solté un sollozo estúpido que debía haber controlado, pero no pude, mi cuerpo no me lo permitió... En ese instante, Julia me miró y Kenai también... Acababan de darse cuenta de mi presencia... Cada una de las células de mi cuerpo deseaban la muerte inmediata en este preciso instante, pero no ocurrió lo que yo deseaba... Julia me sonrió maliciosamente y Kenai se levantó como un resorte. Mis piernas se quedaron heladas, pero no me iba   a quedar ahí como una estúpida y en abrir y cerrar de ojos, ya  corría escaleras abajo. Las lágrimas bañaban mi rostro, la tristeza invadía mi ser, el dolor recorría mis capilares sanguíneos, cada una de mis células solo sentía rechazo y ganas de morir...

En cuanto llegué a la puerta, la abrí y salí corriendo por el bosque perdiéndome entre todos esos árboles que eran más altos que un rascacielos. ¿La última imagen que se quedó grabada en mi mente? Kenai tirado en el suelo de rodillas mientras yo huía, en el porche  de nuestra cabaña...





Chocolate Caliente


Chocolate Caliente



Kenai se tiró en el sofá mientras que resoplaba audiblemente. Se revolvió los cabellos mirando al techo. Seguramente estaba bastante molesto por el comportamiento de Hilary, y yo lo veía bastante normal porque siempre se tenía que hacer lo que quería mi amiga.  Me propuse como nuevo reto  subirle un poco el ánimo  y apuesto a que no me costaría mucho. Tomé camino hacia el sofá y me tumbé a su lado, jugueteando con sus cabellos. Mis dedos se enredaban entre ellos con mimo mientras que mis ojos se clavaban en los suyos. Él tomó mi cintura y me acercó más a él. Las yemas suaves de sus ardientes dedos recorrían mi rostro de arriba a abajo mientras que sus ojos se dejaban hechizar por los míos.

-No estés enfadado, ya sabes que Hilary es así...

-Ya sé que ella es así, pero me ha molestado bastante su actitud...

-Vamos, tenemos que estar atentos a nuestra misión y no a ella. Solo concéntrate en lo que más importa, cariño - Acaricié su rostro con toda la suavidad posible.

-Está bien... -Suspiró tomándome más fuerte de la cintura- ¿Qué te parece si nos hacemos un chocolate caliente? -Preguntó con una sonrisa hermosa dibujada en su rostro.

-Me parece perfecto - Le dediqué mi mejor sonrisa mientras que mi cuerpo ya se levantaba del sofá-cama.

Mis pasos tomaban como próxima dirección la cocina, donde me esperaba mi codiciado chocolate caliente. En Alaska hacía un frío terrible y claro, caldearse un poco con una bebida como esa, era todo un capricho.  Kenai me indicó donde estaba el chocolate y donde estaba el azúcar mientras que él fue a por la leche que estaba en el frigorífico. Me puse de puntillas para llegar al armario superior donde se encontraba el chocolate en polvo y el tarro con el azúcar.  El chocolate el polvo se quedó en su sitio cuando abrí el armario, pero el azúcar no  y lo más interesante... Es que el tarro no llevaba tapadera.

Sin que pudiera reaccionar, todo el azúcar se cayó por todo mi pecho, llenando todo mi cuerpo de ella. Por suerte , mi pelo se quedó intacto y mi rostro también. Solo pude quedarme boca abierta cuando Kenai entró por la cocina.

-¿Qué has hecho? -Estalló en risas al ver todo mi cuerpo lleno de azúcar y mi rostro aún con el susto encima.

-Creo que me he bañado en azúcar -Dije yo, mientras que mis manos posaban lo que quedaba del tarro de azúcar sobre la encimera de la cocina. Kenai se acercó a mí y me lamió el azúcar del cuello.

-Mmm... No está mal -Soltó una risa mientras apoyaba la cabeza en mi cuello y rodeaba mi cintura con sus portentosos brazos.

-¡Kenai! -Le reproché con una sonrisa dulce.

Sobre las cuatro de la tarde terminamos nuestro chocolate caliente y dejamos que se enfriara un poco, ya que prácticamente, estaba en ascuas. Mientras tanto, para pasar el rato, charlamos un rato sobre como íbamos a reunir a las patrullas que merodeaban por aquí. A Kenai se le ocurrió que podríamos ir por los lugares que John nos había señalado en el mapa y buscarlas en su punto de encuentro, cosa que seguramente nos haría la tarea más fácil que estar buscando a todos sus miembros por todas las casas. Cuando el chocolate se enfrió un poco, pudimos tomárnoslo con calma y tranquilidad entre risas. Escuché los pasos de Hilary dirigirse hacia la cocina.

-¿Habéis hecho chocolate y no me habéis dicho nada? -Dijo ella toda indignada de nuestra acción a lo que no pude evitar reírme.

-Te lo tienes merecido por bruja , Hilary - Intervino Kenai con una sonrisa maliciosa- ¿Brindas con nosotros? -Alzó la copa mirándola .

Hilary refunfuñó y volvió  a su habitación enrabietada. Kenai se volvió a reír y me miró. Sus ojos relucían  con ganas mientras que me miraba e inclinó la copa hacia mí.

-Por nuestro futuro y nuestra eternidad juntos - Dijo con unas palabras firmes y seguras.

-Brindo por ello - Brindé con él mientras le sonreía dulcemente. Kenai tomó mi cintura con su mano libre y nos tomamos aquel chocolate caliente juntos, en aquella tarde fría en Alaska.