Playa y encuentro


Playa y Encuentro

Aquella noche dormimos bien en el hotel, dormir al lado de Kenai era todo un lujo y ya empezaba a acostumbrarme a esto. Eva cada vez que nos veía soltaba un sonrisa dulce y César se carcajeaba de mí, como era normal en él. Cogimos el vuelo a primera hora de la mañana, y el trayecto hacia Alicante se me pasó muy rápido ya que Jack y Jorge no pararon de hacer monerías en todo el vuelo y las azafatas ya les llamaron demasiado la atención.
Aterrizamos sobre las doce  del mediodía y fuimos a comer a casa de mi tío. Como era de esperar, teníamos de comer, pescado rebozado, no era mi plato preferido pero no estaba mal. En cuanto dejamos todo el equipaje en nuestras respectivas habitaciones, nos dirigimos a la playa con una rapidez bestial. Si, teníamos muchas ganas de volver a bañarnos en el agua salada que bañaba estas costas, pero esto era una exageración. Eva y yo dejamos las esterillas en la arena , acomodando las toallas encima para estar cómodas mientras que Kenai y César clavaban la sombrilla justo encima nuestra para que no nos diera mucho el Sol. César echó a propósito arena en la toalla de Eva, cosa que a  esta no le hizo mucha gracia y termino regañándole, como era de esperar. Jorge y Jack salieron disparados hacia  aquella agua salada con todo su oleaje. Los ví meterse en el agua y comprobé que estaban bien, y que no se habían caído durante el  rápido trayecto hacia el mar, aunque conociendo a Jorge era bastante probable  que se tropezara y se cayera pero ese no fue el caso.

Al poco tiempo César y Kenai se metieron en el agua con una pelota de volleyball  con Jorge y Jack y comenzaron a jugar. Eva y yo preferimos quedarnos en la arena, yo bajo la sombrilla para no quemarme debido  a mi pálida piel, y Eva se acostó dónde le daba todo el Sol, había que admitirlo,  a Eva le encantaba coger su bronceado habitual. Dimos comienzo a una de nuestras respectivas charlas, y me pidió, como era de esperar, que le contara todo lo que  había ocurrido con Kenai, y a mí no me quedó más remedio que contárselo, era mi mejor amiga y nosotras nos lo contábamos todo. Tras terminar de contarle todo con pelos y señales, ví como Eva se quedaba atontada mirando algo. Esto no era muy común en ella, porque solía disimular, y ,como me esperaba, era un chico guapísimo que atravesaba la orilla de la playa con una tabla de surf profesional en la mano. Apostaba todo lo que tenía a que Eva ya le había echado el ojo. La verdad es que era un chico muy guapo de metro ochenta y pico, muy musculoso con unos buenos abdominales, con un bronceado natural y unos ojos verdes pardos cautivadores y salvajes. Lucía una melena no muy corta ni tampoco muy larga de color marrón mezclada con tonos dorados. Aquel color de piel y ese color de pelo, era porque vivía cerca de la costa y seguramente salía mucho por la playa.

Chasqueé los dedos delante de sus narices para llamar su atención, porque estaba totalmente embobada mirándolo.

-Tierra llamando a Eva, ¿me recibes? -Solté una risita mirando la expresión que se dibujaba en su rostro. Después de unos diez segundos, consiguió elaborar una respuesta.

-Houston... Tenemos un problema... -Eva me dedicó una sonrisa mientras que seguía mirando a él chico y pronunciando esas palabras.

- Y tanto que tenemos un problema, estas en las nubes. -Me reí incorporándome de la toalla.

- Estoy en el cielo solo con mirar a ese  Hércules que se me ha plantado en frente -Eva acompañó mis risas mientras que seguía repasando al chico de la tabla cuando la pelota de Kenai y César  venía directa a estamparse contra nosotras cuando el "Hércules" de Eva la interceptó en el vuelo.

-¡Eh tío! ¡Pásamela! - Le gritó César desde el agua haciendo señas con la mano. El chico la lanzó con un golpe preciso y fuerte que cayó justo en los brazos de César. Este, al ver este majestuoso pase, le invitó a jugar.- ¿Te apuntas a un partido con nosotros?- El chico lo meditó unos segundos y le respondió gritando desde la arena.

-Me encantaría pero, ¿Dónde dejo la tabla?

-Déjasela a las chicas de las toallas de atrás, están con nosotros, ellas te la guardaran. -César nos señaló mientras voceaba desde el agua.

Y en ese instante, los ojos de Eva centellearon como nunca antes al ver venir a aquel muchacho con su fabuloso porte hasta nosotras. Se agachó y clavo esos salvajes ojos verdes pardos en los de Eva con precisión.

-¿Te importaría guardármela hasta que volviera? No será mucho tiempo, te lo prometo.- Eva seguía atontada cuando por fin logró responder.

-Claro, tranquilo tómate el tiempo que necesites, voy a estar aquí todo el día. -Eva soltó una sonrisa dejando ver esos perfectos dientes blancos que poseía.

-Por cierto, me llamo Julio, ¿y tú cómo te llamas? -Volvió a mirarla a los ojos  y Eva volvió a embobarse.

-Me llamo Eva -Le sonrió con dulzura y Julio le dió dos besos cariñosos en la mejilla.- Encantada. Y esta es mi amiga Bianca.

-Un placer soy Julio -Me dedicó una sonrisa dejando ver sus dientes blancos como la misma nieve.

-El placer es todo mío, Julio, soy Bianca -Él me tendió la mano y yo se la estrecha con suavidad. Según mi abuela eso era de buena educación.

-Bueno, gracias por cuidarme la tabla hasta que vuelva, Eva, no tardaré. -Julio le sonrió a Eva de forma traviesa antes de correr hasta el agua, mientras que ya se le marcaban los músculos de sus gemelos bien desarrollados.

-No tengas prisa...  -Balbuceó Eva justo después de que Julio se marchara.

Me quedé mirando a Eva con una sonrisita pícara en el rostro mientras que clavaba mis vistosos ojazos verdes esmeraldas en los suyos. Seguramente Eva ya sabía lo que iba a decir, pero bueno, tenía que decirlo antes de que explotara.

-Solo te ha hecho falta babear, Eva -Solté una carcajada dulce y armoniosa que se escucho por toda la playa mientras que me defendía del rápido ataque de Eva.

 Menos mal que era bastante veloz, que sino, su mano hubiera terminado en mi cara sino me llego a apartar. Estuve comentando la jugada con Eva todo el tiempo que estuvimos tumbadas en las toallas. Como me esperaba, a Eva "casualmente" le dió calor y se tuvo que meter en el agua. En el momento en el que entro, César la obligó a jugar con ellos. Kenai quería salirse para estar conmigo, así que Eva lo sustituyó jugando en el equipo contrario con Julio.

Comenzaba a escuchar las risas de César, Jorge, Jack, Julio y Eva mientras que jugaban y , en ese instante, sentí las manos de Kenai que estaban totalmente mojadas sobre mi cintura.


El momento esperado


El momento esperado


Eva y yo comenzamos a correr por el bosque, admirando las vistas mientras hacíamos deporte. La verdad es que era un paisaje maravilloso, sobrenatural, algo que no se ve todos los días. Todo aquella vegetación cubría toda la superifice adoptando un color verde intenso que yo adoraba.
Eva y yo solíamos hacer deporte, cuando era más pequeña no tanto pero ahora que nos habíamos habituado a salir a correr todos los fines de semana por la mañana temprano, no me costaba tanto ponerme.
No es que fuera  la mejor chica del mundo corriendo pero se me daba bastante bien al igual que Eva, que siempre me seguía el ritmo. Avanzabamos por el bosque a paso rápido entre los árboles de vertiginosa altura, cuando llegamos de vuelta a la casa.

-Oye Bibi, he adelgazado cuatro kilos desde que salimos a correr, tenemos que hacer esto más a menudo y más seguido a la semana -Eva me dedicó una sonrisa mientras que entrábamos a mi adorada casita entre risas y comentarios estúpidos.

Subimos a mi habitación por las escaleras, no había nadie en mi casa, que raro. Seguramente ya estarían haciendo las maletas para coger mañana a primera hora de la mañana el vuelo hacia Alicante.

-Eva, voy a ducharme , ¿vale? , si viene mi abuela o alguien me llamas y empezamos a hacer la comida.

-Tranquila, me las puedo apañar yo sola, soy bastante buena cocinando además no creo que nadie suba a tu habitación  a ducharse.

-Tienes razón, bueno me voy a ducharme que tarde mucho tiempo en lavarme este pelo tan largo - Le sonreí a Eva y me dispuse  a meterme en la ducha.

Dejé la ropa  encima de mi cama, yo que no me quedaba muy lejos del cuarto de baño y abrí el grifo de agua caliente. Me solté mi larga melena rizada y me quité la ropa metiéndome en la ducha. No pude evitar sonreír al mirarme al espejo, ese nuevo yo no estaba tan mal después de todo, la verdad es que me gustaba bastante y ese tatuaje molaba mucho.  Noté caer ese agua ardiendo por mi espalda haciendo que cerrara los ojos, me encantaba sentir el agua tan caliente por todo mi cuerpo  me parecía algo gratificante, es como si me purificase o algo así, en pocas palabras, me gustaba y punto.
Comencé a  enjabonarme el cuerpo, y me lavé el pelo lo más rápido que pude para ayudar a Eva en la cocina, porque ella ya habrá terminado de ducharse seguro.
Cuando terminé de secarme el pelo me coloqué el albornoz y salí a mi habitación para coger la ropa. Iba  con los cabellos cayéndome hasta la cintura con el albornoz blanco puesto que resaltaba más mi piel pálida. Observaba la ropa insegura de lo que había escogido, pero bueno, es lo que hay. Cuando estuve a punto de quitarme el albornoz escuché unos pasos subiendo por la escalera, y me lo abroché a mi cuerpo con más fuerza. Entonces ví el rostro de Kenai que se quedaba congelado mirándome. Vale, mis mejillas ya estaban rojas como el fuego y no podía sentir más vergüenza. Me repasaba con la mirada, fijándose en cada detalle de mi cuerpo y de mi piel. Él ya empezaba a balbucear y yo me iba a poner a gritar de un momento a otro como no se fuera.

-¡Kenai! ¡Vete, no ves que acabo de salir de la ducha! -Clavé mis ojos verdes esmeraldas en los suyos a medida que mis mejillas iban adoptando un tono rojizo más intenso.
-S-Si... Ya... Ya me voy... -Balbuceaba a medida que retrocedía. Casi se cae al retroceder hacia la escalera.

Cuando se fue me vestí rápidamente y preparé la mochila para Eva y para mí. Por suerte, conocía a Eva muy bien y sabía que se iba  poner para nuestro fin de semana en la playa con mi tío.  Bajé las mochilas a duras penas por las escaleras cuando Kenai apareció detrás mío y tomo una de ellas.

-Eres muy debilucha para llevar esto, Bibi -Me dedicó una sonrisa irresistible, mientras que llevaba la mochila a su hombre y me clavaba esos ojazos grises.

-Disculpa, pero podía llevarlo yo solita perfectamente, Kenai.

-Eso lo dudo... -Se acercó más a mí, cuando ya empecé a notar ese aroma que me volvía loca. Me quedé parada en el sitio, mirándolo  a los ojos.

-¿Qué perfume llevas...?

-Yo no llevo ningún perfume, y esa pregunta te la debería hacer yo a ti, todos los días y todas las noches hueles así de bien, y se te terminará acabando  el perfume como sigas así -Sonrió mirándome a los ojos. Yo no llevaba ningún perfume y él tampoco. Entonces... ¿Por qué me gustaba tanto ese condenado aroma?.- A decir verdad, no sé que perfume será pero me encanta... -Dejó la mochila en el suelo y acarició mi mejilla mientras me arrinconaba contra la pared.- Por ejemplo ahora me está volviendo loco...

Sentía su suave tacto en mi  mejilla sonrosada, a medida que más se acercaba más ganas tenía de probar esos labio carnosos que me llamaban tanto la atención. Me pedían que me entregara a ellos, y yo  como humana que soy, no me podía resistir a ellos por mucho tiempo más. Cada vez estaban más cerca, ya se estaban produciendo ese ardor en mi cintura y ya estaba percatándome como su respiración se mezclaba con la mía, dando lugar a la mejor de las combinaciones. Kenai llevó sus manos a mi cintura haciendo que se pegara a la suya mientras me miraba con ese deseo, que solo había visto en sus ojos una vez. Sus labios rozaron los míos con un jadeo leve, y esta vez fui yo la que no se controló. Lo besé lentamente acercándome más a su cuerpo sin poder resistir ese aroma que tanto deseaba y esos labios que tanto ansiaba. Kenai, me correspondió con un beso aún más efusivo. La mínima parte de mi subconsciente que no estaba centrada en él, sus caricias y sus besos, pensó: "¿Sería esto lo correcto para ambos?". Es decir, él era mi mejor amigo, y era obvio que lo amaba y mucho, pero y si esto no salía bien ... ¿Qué pasaría ?. Las palabras flotaban en mi cabeza mientras que lleve las manos  a el cuello de Kenai e inconscientemente, rocé su tatuaje. Noté como Kenai se estremeció al contacto de la palma de mi mano con su tatuaje y decidí apartarla. ¿Le pasaría  a él  lo mismo que  a mí? En cuanto Kenai sintió que apartaba la mano, llevó el suave tacto de sus dedos al tatuaje de mi cintura por debajo de mi camiseta cuando algo recorrió mi cuerpo. Era una ola de calor y electricidad, me estaba recorriendo entera, sin dejar una parte de mí pero no me hacía daño. Era la sensación más placentera que jamás había sentido, fue entonces cuando mi mente reaccionó...
Él había sentido aquello cuando yo había rozado su cuello, por eso se había estremecido... Me separé de él dejando de besar sus suaves y deseados labios clavando mis ojos verdes esmeraldas en los suyos mientras que le sonreí de forma dulce.

-Has sentido lo mismo que yo... -Susurré con asombro en sus labios sintiendo su respiración a pocos milímetros de  los míos mientras que él me sonreía.

-Si, no sé el por qué, pero tu aroma, tu pelo, tu cuerpo, todo tu conjunto, me vuelve loco... -Acarició mis labios volviendo a pegar su cintura a la suya de un movimiento majestuoso.

-Por si no lo sabías, tu olor me encanta... -Volví a pasar mis dedos suavemente por su tatuaje con la forma del astro Rey mientras que él pegaba su frente a la mía con un jadeo combinado con una sonrisa.

Antes de que pudiéramos retomar lo que habíamos dejado mi hermano César apareció soltando una sonrisa traviesa y pícara al vernos juntos.

-Chicos, no es por molestar, pero vuestros besos se escuchan por todo el salón, y vamos a perder el avión que nos va a llevar al hotel para poder coger el avión mañana a primera hora así que, si no os importa, dejad los cariñitos para el hotel. -César volvió a reírse.

Yo me puse colorada como era de esperar y entonces Kenai llevó sus deseados labios a los míos por última vez antes de coger mis dos maletas y cargarlas en peso.

-¿Vamos, Bibi? -Me dedico esa sonrisa suya tan irresistible y me dió un beso dulce en el cuello.

-Sí, vamos...






Noche

Noche

Aquella noche opté por ponerme un pijama cómodo ya que sabía más que de sobra que esa noche iba a ser bastante movidita. Eva y yo nos subimos a nuestra habitación y nos pusimos la tele y todos los chicos se quedaron en el salón tirados en el sofá y con sacos de dormir, esto más que una casa, parecía un campamento.

Comenzamos a ver la película entre comentarios de  mi tatuaje y de diversos temas más, como del instituto, Julia, Kenai, en fin, que hablamos todo el tiempo y que no veíamos la película. A la media hora, a Eva le entró hambre y tuvimos que bajar para pillar algo de comida de la cocina, cuando bajamos escuchamos unas risitas sordas que venían del salón. Eran los chicos, que yo estaban haciendo tonterías. Me encontré a mi hermano César tirado en el sofá durmiendo y en la mano llevaba nata, Kenai lo observaba desde el otro sofá con una sonrisita que me estaba volviendo loca, por no hablar de ese pijama de mi hermano César que le quedaba tan bien, y a mis dos hermanos pequeños haciéndole cosquillas a César con el plumero de la abuela. Vaya, esta  broma no la había visto antes, así que mientras que Eva cogía su  helado preferido del congelador, yo me senté al lado de Kenai observando a mis hermanos entre risitas leves.

-¿Qué están haciendo? -Le pregunté a Kenai sonriendo.

-Ya lo veras, no te puedo decir nada, lo único que te aconsejo es que grabes este momento para la posterioridad -Me dedicó una sonrisa que no pude evitar corresponder.

-En ese caso , yo lo grabaré -Se ofreció Eva mientras que ya sacaba su móvil y activaba la función de vídeo.

Jorge y Jack ya empezaban a hacerle cosquillas con el plumero a César en la cara. Jorge era mi hermano pequeño y tenía diez  años, mientras que Jack tenía doce. Jorge era morenito con el pelo rubio y los ojos color miel y Jack era pálido con los ojos azules y moreno. Eva continuó grabando cuando César se manchó toda la cara de nata a causa de las cosquillas ya que  se había rascado y había dejado toda la nata a su paso. No pude evitar reírme mientras que Jorge y Jack ya salían disparados para  que cuando César se despertará y viese todo ese desastre, ya llevaran algo de ventaja. Entonces, pasó lo predecible.
César se relamió y noto el sabor a nata, en ese instante se pasó los dedos por la cara quitándosela cuando...

-¡Jorge! ¡Te voy a matar! -César ya empezaba a correr con toda la cara llena de nata tras los dos canijos.

-¡Jack también ha sido! -Respondía Jorge en su defensa cuando mi hermano Jack le soltó una colleja mientras que corrían.

-¡Eres un chivato!- Le reprochó este cuando se escondían detrás del sofá dónde estábamos sentados Kenai, Eva y yo.

César los cogió a los dos en peso y les echó nata por todas las partes mientras que se reían los unos de los otros. Se les veía que se querían mucho y Kenai no pudo evitar unirse a ellos llenándose de nata también. Vale, esta imagen era muy bonito y enternecedora pero muy, pero que muy ridícula. Daba gusto ver lo bien que se llevaban mis hermanos con Kenai y eso me agradaba mucho porque él era mi mejor amigo.

-Estáis todos ridículos , ¿sabéis? - Solté una sonrisa mirando a César con toda la cara y el pijama llenos de nata.

-Vas a saber lo que es estar ridícula, querida hermanita -Empezó a avanzar hacia mi con esa sonrisa provocadora y chulesca que él tiene mientras que yo ya saltaba por los sofás evitando sus movimientos. Al final, como era de esperar, termino cogiéndome entre sus grandes brazos musculosos y llenándome el pelo y cuerpo de nata. Escuché la risa de Eva  y me dirigí a por ella cubriéndola de nata mientras me reía maliciosamente. Cuando terminamos todos perdidos de nata nos tiramos en el suelo. Eva me quito un poco de nata de la cara con el dedo y se lo metió en la boca.

-Mmm... ¡Qué buena!- Soltó una carcajada mirando mi reacción.-Bueno, será mejor que recojamos este desastre y que nos quitemos un poco la nata del cuerpo, ¿no creéis?- Todos asientieron con un si general mientras que ya empezaba a quitarle  a Jorge la nata del cuerpo entre risas.

Eva le quitaba a César la nata de la espalda y Jack se la quitaba a Eva. Jorge seguía corriendo de forma hiperactiva por toda la casa, parecía que había tomado café o  Coca-Cola, porque no se estaba quieto. Ví a Kenai liado para quitarse la nata del pelo  así que le eché una mano.

-Dejé que te ayude un poco, desastre. -Le sonreí mientras quitaba la nata de los mechones de su pelo con suavidad. Kenai soltó una sonrisa mientras seguía con su tarea.

-Para desastre ya estas tú, ¿Has visto como llevas todo el pelo? - Se río mientras me miraba a los ojos y yo continuaba quitándole la nata del pelo.

-Es uno de los inconvenientes de tener el pelo tan largo, ¿no crees? -Volví a sonreír  cuando terminé de quitarle la nata del pelo- Ya esta, todo más o menos en condiciones.

Le volví a sonreír mientras que él colocaba un mechón de mi largo cabello por detrás de mi oreja clavándome la mirada. Ya empezaba a ponerme nerviosa, sin saber el por qué. Una placentera descarga eléctrica ya recorría mi cuerpo. Kenai se empezaba a acercar a mí lentamente, ya podía sentir su respiración cerca de mí, mezclándose cómo si fueran la mejor de las combinaciones y comencé a sentir una cálida vibración en mi cintura, era el tatuaje que empezaba a proporcionarme calor sin saber el por qué, cuando Eva llegó de forma muy oportuna, como siempre. Se echó un poco hacia atrás al vernos tan juntos y no pudo evitar reírse.

-Bibi... ¿Vamos a dormir ya? -Me miró y comprobé como se seguía riendo. Noté como Kenai miraba hacia otro lado mientras se alejaba un poco de mí.

-Si, será mejor que nos vayamos ya a dormir... -Noté la expresión de tristeza en el rostro de Kenai y le dí un beso en la mejilla- Buenas noches, desastre. -Le dediqué una sonrisa antes de empezar a subir las escaleras acompañada de Eva.

-Buenas noches, Bianca -Me sonrío llevándose una mano a su tatuaje del cuello.

Eva y yo subimos las escaleras rápidamente. Cuando ya estuvimos a arriba Eva empezó a atosigarme para que se lo contará todo con pelos y señales, pero yo estaba cansada y quería dormir un poco. Ella lo comprendió y ambos nos dormimos en cuanto nos tumbamos en la cama.

A la mañana siguiente, Eva y yo fuimos las primeras en levantarnos, así que tuvimos tiempo de sobra para ducharnos y ponernos ropa de deporte para salir a correr esa mañana. Bajamos a la cocina y preparamos el desayuno. Unas tostadas con mantequilla, otras con chocolate, unas tortitas con sirope y una gran jarra repleta de leche con Cola-Cao. Sí, habíamos hecho comida para todo un ejército, pero teniendo a cuatro hombres en casa, apostaba a que no tardaban ni veinte minutos en comérsela toda. En ese instante, César y Kenai aparecieron en bóxers, Eva disfrutó de las vistas pero bien, en cambio yo opté por taparme las ojos sintiendo a Kenai muy pero que muy cerca mío.

-No sabía que hoy traíamos a desayunar a "Bigfoot"- Soltó una sonora carcajada en mi oído. Necesitaba que se alejara, mi tatuaje ya empezaba a calentarse y no podía permitir que pasara lo que venía continuación así que puse una mano en su pecho alejándolo un poco de mí mientras continué con los ojos tapados.

-Por favor Kenai, ponte unos pantalones y una camiseta... - Sin previo aviso mi mano se fue hacia sus abdominales sintiendo el suave y cálido tacto de estos escuchando como Kenai se volvía a reír cuando quité la mano rápidamente.

-Eso, César y Kenai poneos algo de ropa encima que no queremos dos modelos de "Calvin Klein" en la cocina desayunando -Eva empezó a reírse cuando ella y yo ya salíamos a correr por el bosque para hacer algo de deporte.

Creo que no podría quitarme el suave tacto de esos abdominales de mis dedos en mucho tiempo....

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El tiempo pasaba de forma rápida y ,cuando ya me dí cuenta, estábamos a mediados del trimestre. Julia había vuelto a su rutina de coquetear con todos los chicos que se le plantaban a la cara cuando Kenai le dijo que no quería salir con ella, Hilary estaba más pesada que nunca con uno de sus cantantes favoritos, Justin Bieber, Angy ahora estaba saliendo con un chico que vivía cerca del pueblo, y yo , bueno, me había hecho la mejor amiga de Kenai. No sabía el por qué de que Kenai y yo nos lleváramos tan bien cuando al principio esto parecía que iba a ser un caos, pero parece tener un cauce bastante próspero.
Hoy estaba más contenta de lo habitual, hoy por fin volvía mi amiga Eva de un intercambio en Noruega. Ya era hora. Eva era ,lo que se podía decir, mi mejor amiga. Nos conocíamos ya dos años y eramos como uña y carne, eramos como hermanas. La quería mucho y llevaba dos meses sin verla y ya era hora de que la volviera a ver y que volviéramos a estar juntas, como en los viejos tiempos, aunque de viejos no tenían nada.
Esa mañana llegué muy contenta a clase, aunque el día no tenía nada de divertido porque tenía matemáticas a primera hora. Entré dando saltitos hasta mi sitio y me senté jugando con uno de mis bolígrafos cuando Kenai no pudo evitar reírse.

-¿A qué viene tanta felicidad si tenemos a primera hora matemáticas? Con lo mucho que te gustan las matemáticas...- Pronunció las últimas palabras con ironía mientras yo le contaba toda la historia de que Eva por fin iba a volver. Kenai me pidió que se la presentara en cuanto llegara y yo acepté encantada, cada minuto que pasaba estaba más feliz hasta que tuve que ver el pelo engominado de  mi profesor de matemáticas. Si, cuanto odiaba tener matemáticas a primera hora pero hoy nada ni nadie podría hacer que me viniera abajo, ni si quiera José, mi aburrido profesor de matemáticas. Empezó a plantear sistemas de ecuaciones en la pizarra con intención de sacar a alguien a la pizarra y ya empezaba a sospechar que yo era ese alguien. No sé porque extraña razón, José tenía la desesperante manía de sacarme a la pizarra , ya sea para corregir ejercicios, para ponerme de ejemplo o simplemente para que resolviera lo que él pusiera en ella. Y si, a los dos minutos ya estaba en la pizarra resolviendo esos sistemas de ecuaciones que me resultaban tan sencillos.
El profesor miraba con atención para ver si cometía algún error al resolver, pero me temo que no le iba a dar esa satisfacción así que, hice los tres sistemas de ecuaciones perfectos. Me dió la enhorabuena y me pidió que me sentará a la vez que observaba como Hilary temblaba porque sabía que ella era la siguiente, pero tuvo bastante suerte y no la sacó y se concentró en seguir dando el temario. Por fin la horrible clase de matemáticas terminó y dió comienzo la clase de Educación Física.

Nos bajamos al pabellón y comenzamos a calentar. Tras terminar de correr las cuatro vueltas al patio entero, sacamos los balones de voleibol, pusimos la red y comenzamos a jugar. Era bastante entretenido  jugar chicas contra chicos, ya que el voleibol no era su especialidad y , por fin, en un deporte estábamos igualados tanto chicas como chicos. Comenzamos el partido y le tocó sacar a Hilary, con todos mis respetos, lo de sacar no era lo suyo, ya que siempre que sacaba , el balón no llegaba al campo contrario, se quedaba en la red o se salía fuera de la zona. Pero, por primera vez en la historia de nuestro instituto, Hilary consiguió sacar bien, ¡Aleluya!. Dos semanas jugando al voleibol y ésta era la primera vez que sacaba bien y el balón llegaba al campo del adversario.
Seguimos jugando cuando en uno de los toques de dedos tuve que saltar para rematar. Al saltar estiré los brazos para darle a la pelota tan fuerta como pudiera cuando , al levantar los brazos, se subió levemente mi camiseta y dejo ver mi cintura. No le dí importancia, ya que casi no se me había visto nada, pero Kenai se quedó congelado mirándome, ¿Qué me habría  visto? En fin, se lo preguntaré al final de clase, no quería interrumpir este importante partido en el que íbamos ganando 10-7. Cuando terminó la clase, ganando el partido 18-15, Kenai se me acercó a mi practicamente corriendo.

-¿Desde cuándo llevas un tatuaje en la cintura? - Me miraba de forma curiosa  e intrigada y yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando, no tenía ningun tatuaje en la cintura ni nada por el estilo, ¿de dónde habría sacado semejante idea?

-¿De qué tatuaje me estás hablando, Kenai? -Me encogí levemente de hombros cuando Kenai llevo la mano a mi camiseta y la subió levemente dejando un pequeño trozo de mi cintura al descubierto.

Me quedé helada cuando contemplé aquello....
¡Tenía un tatuaje con una Luna Creciente en la parte izquierda de mi cintura!
¡No podía ser! ¡Yo no me había puesto ningún tatuaje!

-Kenai, tengo que... marcharme... -Empecé a adentrarme en los pasillos del colegio con Kenai detrás mía.

-Aún no me has respondido, ¿Desde cuándo llevas ese tatuaje, Bianca? -Me paró los pies mirándome a los ojos de forma seria y muy, pero que muy, protectora.

-¡Ya te dije que no tenía ni idea de desde cuando llevó este ... -me quedé en silencio un momento para volver a pronunciar la palabra- tatuaje!

-Creo que deberías saberlo , ¿no crees?

-Pues no, no tengo ni la más mínima idea de cómo, cuándo y por qué llevo este condenado tatuaje.-Kenai volvió a mirarme fijamente mientras ya nos adentrábamos por los pasillos del colegio. Corríamos todo lo rápido que podíamos para alcanzar al profesor.

Cuando terminó el instituto, mi hermano César no vino a recogerme porque , desde que se había echado  novia ya no venía a por mí, y Kenai me llevaba a casa. Durante todo el trayecto Kenai estuvo discutiendo conmigo acerca del maldito tatuaje. ¡¿Cómo es que llevaba un tatuaje y no tenía ni idea?! Ayer por la noche este tatuaje no estaba cuando me duché. Al llegar, me bajé del coche dando un portazo. Kenai me miró y yo me metí en mi acogedora casa enrabietada, menos mal que  no había nadie que sino hubiera sido capaz de discutir hasta con mi abuela que tanto quería. Pasaron unos diez minutos y llamaron a la puerta, era mi tía  Odette que había llegado  de París, Francia. Mi madre, Lara, me contó que cuando se mudó a Francia se cambió el suyo porque no le gustaba y desde entonces llevaba ese. Mi tía tenía el pelo muy largo, hasta la cintura, de color negro como el más puro carbón. Sus ojos eran bastante extraños ya que era mezcla de un tono de color miel con tonos marrones y verdes muy claritos y a mí me encantaban sus ojos. Era delgadita y menuda. A decir verdad, mi madre y mi tía se parecen mucho, solo que mi madre es muy pálida como yo, totalmente rubia con el pelo liso que le llegaba por el hombro ,más o menos,  y sus ojos eran color azul  zafiro, eran preciosos. Desde que era pequeña, quería parecerme a mí madre porque me encanta como es ella. En una palabra mi madre es perfecta y es la mejor madre que se podría desear. Ahora no estaba en casa, porque había tenido que ir a Brasil  a recoger unas telas para sus nuevos vestidos. Ella tiene una boutique a la que va mucha gente y tiene unos dedos de oro, todo lo que cose o arregla se queda perfecto, y mi padre había ido con ella. Mi padre se llama Thomas, es muy alto con el tono de piel algo más morenito que el mío, musculoso, con los ojos marrones oscuros. Para dar una breve explicación de mi padre, es un armario de cuatro por cuatro y es  teniente-coronel en el ejército.

Al verme me tía sonrió, ya que había dejado España cuando yo tenía 10 años y por aquel entonces yo seguía siendo un patito feo. Parecía que mi cambio de imagen le gustaba, y eso también me agradaba a mí.

-¡Cariño! ¡Estas preciosa!- Se lanzó a abrazarme cortándome la respiración. Aunque mi tía fuera pequeñita, tenía mucha fuerza, eso había que admitirlo.

-Tía, yo también te he echado mucho de menos y te quiero mucho pero me estas ahogando -Comencé a reírme mientras ella ya me soltaba con delicadeza  y acompañaba mis risas.

- A ver, déjame que te mire bien - Hizo que diera una vuelta sobre sí misma a la vez que me observaba de arriba a abajo- C´est magnifique!

Mi tía y yo estuvimos hablando sobre sus vacaciones en Nueva Orleans cuando ví un rostro muy conocido detrás de ella. No lo pude remediar, me dejé llevar por mis impulsos más infantiles y estúpidos.

-¡Eva! ¡Has vuelto! -Me lancé a abrazarla cuando las dos nos caímos  al suelo riéndonos como tontas mientras que yo no me despegaba de su cuerpo.

-Yo también te quiero pero me estas ahogando - Eva seguía riéndose mientras estábamos tiradas en el suelo aun abrazadas. Cuando por fin conseguimos levantarnos del suelo, nos dimos un abrazo en condiciones cuando a mí se me escaparon unas tontas lágrimas que bañaron mis pálidas mejillas.- Oh, no llores, solo han sido dos meses.

-Sí, los dos meses más eternos de toda mi vida. -Ambas nos reímos al unisono- Oh , se me había olvidado, Eva mi tía, mi tía Eva. -las presenté mientras ellas ya se estaban  dando dos besos cariñosos. Después de todas las presentaciones, nos metimos en la casa y preparamos algo para comer entre las tres.

Ese día tuvimos bufet libre y a mi hermano César pareció encantarle esto de que pudiera comer todo lo que él quisiera. Cuando los estómagos de mis hermanos estuvieron a punto de reventar, dejaron de comer y entre Eva y yo quitamos la mesa y pusimos el lavavajillas. Al terminar, nos subimos  a mi habitación e iniciamos unas de nuestras adoradas charlas que tanto había extrañado estos días.
Después de tocar todo el tema de mi cambio, de William, del profesor de matemáticas y todo lo relacionado con el instituto, entonces llego el tema de Julia.

-Bueno, ¿Y Julia qué tal? Hace mucho tiempo que no la veo -Dijo Eva clavándome sus ojos azules y grises en los míos.
-A decir verdad, Julia no ha salido de su línea, sigue saliendo con cinco chicos por semana, coquetea con cualquier vivo varón que se le ponga delante y sigue creyéndose el centro del mundo -Resoplé al terminar de hablar cuando Julia empezó a reírse.

-En pocas palabras, os habéis peleado. Ya se veía venir, porque ella te trataba como un perrito faldero y tu eres mucho más que eso y lo sabes. Además, ella no te merece como amiga. En mi opinión, creo que deberías hablar seriamente con ella  y dejarlo todo aclarado.- Eva era una perfecta consejera y siempre sabía como subirle la moral y el estado de ánimo  a alguien , esa era la mayor de sus virtudes y el menor de sus defectos.

-Sí, sería lo mejor. En cuánto pueda hablo con ella y lo aclaramos todo -Sonreí al pronunciar la última palabra mientras que Eva se dirigía a la ventana para observar el paisaje. Aquella persona que se pudiera resistir a mirar esas vistas, es que, primero no era humano o dos,  tenía este paisaje más que visto.

-En fin... -Eva hizo una pausa mientras que miraba por la ventana- ¿Y qué me cuentas, hay alguna novedad que contarme?

-En realidad si tengo algo que contarte y a alguien que presentarte -Sonreí mirándole a los ojos mientras que ella me correspondía la sonrisa.

-¿Así?, ¿ a quién me tienes que presentar? - Me miro toda interesada  con total atención mientras una sonrisita pícara se dibujaba en su rostro.

-Si bueno él se llama...- No me dió tiempo a terminar la oración cuando escuché el motor de un coche bastante conocido aparcar en la puerta de casa. Eva se levanto de un salto y se asomó a la ventana mientras ya empezaba a sonreír. Su brillante mirada me indicaba que ya había visto a Kenai bajarse del coche y , era obvio lo que estaba pensando.

-¡¿Quién ese chico tan guapo?! -Me miró a los ojos con una mirada acusadora en el rostro- ¡¿Qué no me has contado , Bibi?!

-Verás... -Me rasqué la nuca al mismo tiempo que me mordía el labio inferior- Él es Kenai, es mi mejor amigo... en la categoría masculina. -Cuando dije esas palabras, Eva se quedó helada durante unos segundos y , cuándo reaccionó, se puso a gritarme.

-¡¿Qué ese chico cañón es tu mejor amigo y no me habías dicho nada?! -Me cogió por los hombros y comenzó a zarandearme. -Te voy a matar Bianca Luz, mas vale que corras. -Eva empezó la cuenta atrás mientras que yo ya bajaba corriendo por  la escalera.

Cuando me quise dar cuenta, Eva ya estaba pisándome los talones mientras las dos nos reíamos y corríamos por todo el salón de mi casa, pero en ese instante, Kenai entró por la puerta observando nuestro  "pequeño" espectáculo. No puedo evitar reírse al vernos y Eva se quito de encima mía para que se lo pudiera presentar.

-Eva, este es Kenai, Kenai, esta es Eva -Ambos se dieron dos besos y comenzaron a hablar mientras yo me tiraba en el sofá viendo la tele. No me dí cuenta que al tirarme al sofá se me vió ese tatuaje que me había aparecido en la cintura.  Eva se quedó helada al ver mi tatuaje y acto seguido gritó y se colocó a mi lado, si os digo la verdad, esta actitud de Eva me empezaba  a asustar.

-¡Tía! ¿Dónde te has hecho el tatuaje? -Pasaba los dedos por mi tatuaje mientras que yo ya empecé a morderme el labio inferior pensando en que excusa le iba a poner.

-Pues....

-Se lo hice yo -Kenai salió en mi ayuda cuando me quedé mirándola atónita por lo que había hecho.

-Pues se te ha quedado muy bien -Eva le sonrió de esa forma tan tierna con la que ella solo podía hacerlo- Y el tuyo también me gusta mucho - Señalo el tatuaje que tenía Kenai en el cuello con un Sol.- Ahora que caigo... ¿Por qué os habéis tatuado cada uno el elemento contrario? Es decir, Kenai tu tienes tatuado el Sol y Bianca tiene tatuada la Luna, son dos elementos totalmente diferentes, aún así se necesitan el uno al otro para que todo esté en perfecta armonía.-Eva se nos quedó mirando con una sonrisa a la vez que yo y Kenai nos miramos de forma fugaz. Pero  noté algo raro, él me rehuyó la mirada, como si supiera todo lo que Eva decía.

-La verdad es que no había caído, Eva. -Le sonreí de forma amable mientras ella ya se acomodaba a mi lado en el sofá.

Cambiamos de tema y Eva comenzó a contarnos su intercambio en Noruega y Kenai también se tiró en el sofá a mi lado. Todos nos reíamos conforma Eva nos contaba su loco intercambio cuando llegó mi abuela con una bandeja llena de dulces acompañada de mi tía Odette con otra bandeja con chocolate caliente. Ninguno pusimos ninguna pega a todo ese festín y comenzamos a comer acompañados por mis tres hermanos. Al terminar nos pusimos a jugar a la videoconsola todos juntos. Pusimos un juego para cantar en la Wii y empezamos a hacer el tonto, literalmente, porque escuchar a mis hermanos cantar era un numerito.

Nuestra casa era muy grande y había sitio para que Eva y Kenai se quedaran a dormir. Eva aceptó encantada y mi hermano César convenció a Kenai para que se quedara a dormir porque mañana íbamos a la playa. Pocas veces íbamos a la playa, y por una vez, quería que mi mejor amiga y mi mejor amigo se vinieran conmigo. Mis hermanos pequeños querían ir a la playa porque les gusta mucho nadar en el mar y César y yo íbamos para hacer surf. Cuando eramos pequeños y vivíamos en Murcia, salíamos con mi tío Mike con el barco y nos llevaba a una cala para que hiciéramos surf, pero como nos mudamos a Asturias, pues no pudimos seguir haciendo surf.

Sabía que esa noche iba a ser ajetreada y acababa de empezar...






Cena



Cena



-¿Te ocurre algo? -Kenai me miró intrigado ante mi reacción.

-No es nada, solo me he mareado.

-Oye, solo quería decirte que siento haberme presentado en tu casa de esa manera y... -Le hice callar en un momento interrumpiéndole.

-La que lo siente soy yo, no debí de haber sido tan borde contigo, de verdad que lo siento.

-Está bien, acepto tus disculpas, pero déjame compensártelo de alguna manera -Clavó sus ojos grises en los míos mientras ya sentía una descarga recorriéndome todo el cuerpo.

-No tienes nada que compensarme, así que deja el tema ¿vale? -Le correspondí la mirada  y noté como el también se estremecía. ¿Por qué él también se estremecía? No tenía ningún sentido.

-Insisto, déjame llevarte a cenar el viernes por la noche, ¿qué te parece? -Me miró sonriendo mientras ya empezaba a quedarme atontada con esa sonrisa cuando Julia entró en la conversación.

-¿A dónde vais a cenar? -dijo ella toda interesada. Entrometida, no tenía cosa mejor que hacer que intentar que Kenai la invitara a cenar. Que cosa más pesada de chica, es peor que una lapa.

-Han inaugurado un nuevo restaurante, se llama Barbarella, lo lleva mi tío italiano y pensé que tal vez a Bianca le gustara probar la comida italiana por primera vez -Volvió a sonreír mientras que Julia ya me mataba con la mirada.

-Yo y William también nos apuntamos- Soltó de repente como si no viniera a cuento, además ¿Qué tenía que ver William en esto? Yo no pensaba ir  a cenar a ninguna parte con él. Estaba a punto de negarme a ir cuando Kenai tomó la palabra.

-De acuerdo, en ese caso os esperamos el viernes por la noche para pasar una agradable velada juntos- Madre mía, me estaba volviendo loca mientras le escuchaba hablar. Era tan cortés y educado. Parecía mentira que un chico de este siglo hablara de esa manera.

Iba a reprochar sobre la cena del viernes pero la profesora de biología ya estaba dentro de la clase mandándonos sentarnos en nuestros respectivos sitios mientras daba comienzo la clase. Era horrible, este tema era horrible, odiaba estar escuchando lecciones del  aparato circulatorio , es decir, cosas relaciones con la sangre. A medida que la profesora hablaba de coágulos de sangre, válvulas aurículo-ventriculares, hemorragias internas y demás, a mí me estaba dando un mareo horrible. No me gustaba hablar de sangre, era algo que me producía dolor de cabeza y nauseas. La profesora ya vió la palidez extrema dibujada en mi rostro.

-Bianca, ¿quieres salir fuera a que te dé el aire?, te veo bastante pálida- La profesora me miraba preocupada.

-Sí... -Me levanté de mi asiento y me dirigí  fuera de la clase para salir a tomar un poco el aire.

Era bastante agobiante estar escuchando hablar de sangre de continuo, no sabía porque repudiaba tanto la sangre, pero no podía ni mencionarla. Además de estar escuchando el nombre de todas las cavidades del corazón, las venas y las arterias principales, también me estaba volviendo loca con el aroma de Kenai tan cerca mía. No lo podía aguantar, era horrible estar aguantando esos deseos de tirarme encima de su cuello e inspirar ese deseado aroma con todas mis fuerzas. El aire de fresco de la mañana pareció despejarme un poco y volví a entrar a la clase. Me senté en mi silla y comencé a prestar atención cuando noté un suave y cálido tacto en mi piel.

-¿Te encuentras bien?- Kenai tenía su mano posada sobre la mía mientras me clavaba la mirada. Me perdí en sus ojos como si estuviera nadando en un océano sin tierra a la vista. Bajé de mi nube cuando volví a inspirar su atrayente aroma.

-Si, ya estoy mejor. Gracias por preocuparte-Le rehuí la mirada. No podía seguir intentando esto, Julia me mataría si Kenai y yo termináramos juntos.

Cuando salimos al recreo, Hilary empezó a meter gritos cerca de mi mesa. Si, Hilary era muy , pero que muy habladora, no se callaba ni debajo del agua, literalmente. Y , para colmo, parecía que se había tragado un megáfono de lo alto que hablaba. Buff... A veces me sacaba de quicio con sus comentarios idiotas pero este fue el que se llevo la palma.

- Sin ánimo de joder de Julia, pero entre Kenai y Bianca hay cierta tensión sexual - Vale, la iba a matar. Y si, Hilary  era así de fina, podría sustituir joder por fastidiar, pero Hilary era así de malhablada. En ese instante Julia casi se le tira encima y yo preferí mirar al suelo antes de que se viera que mis mejillas estaban rojas como la sangre que aparecía en las lecciones de la clase de biología.

La jornada escolar pasó rápida y sin darme cuenta ya  estábamos a viernes por la tarde. Estaba tirada en el sofá de mi casa cuando me acordé de la cena así que subí prácticamente volando a mi habitación para cambiarme. Me puse un vestido azul marino, unos tacones no muy altos de color azul combinado con plateado debido a que llevaba un cinturón plateado que hacía juego con ellos. Me maquillé con una base de maquillaje que dejó mi rostro impoluto, perfecto. Me coloqué una sombra de ojos azul marino y me eché máscara de pestañas. Vale, mis pestañas parecían mariposas de lo extremadamente largas que resultaban. Podía dejar helado a cualquiera con una mirada si me lo proponía. Me pusé el abrigo mientras bajaba las escaleras y me colocaba los pendientes a la vez. Cuando me miré al espejo, estaba perfecta. Mi vestido de pliegues azul marino me quedaba como un guante y mi gargantilla iba perfecta con el atuendo, era cierto que no me la quitaba desde que mi abuela me la regaló, pero ahora ,más que nunca, me gustaba como adornaba mi frágil y delicado cuello.
A los cinco minutos Kenai ya estaba ahí. Mi hermano César abrió la puerta y ambos se saludaron dándose un golpe en la espalda, chicos, eran tan bestias, nunca lograría a comprender porque les gustaba hacer esas tonterías, pero en fin, mejor lo dejo.

Cuando entró al salón y me vió, se quedo petrificado. Su mirada parecía perderse en mi cuerpo de modelo mientras me repasaba bien con la mirada. Entonces me dí cuenta de lo guapo que iba él, iba con una chaqueta de cuero negra, unos vaqueros de marca y una camiseta azul marino que se ajustaba a sus increíbles abdominales y  que pegaba con mi vestido.
Cuando bajamos ambos de nuestra nube, debido a que mi hermano le había dado "casualmente" un ataque de tos, nos dirigimos a su fascinante coche mientras ya volábamos hacia el restaurante de su tío. En la puerta ya esperaban Julia y William, y ya estaban discutiendo, como no, no había momento en el que Julia y William no discutieran. Kenai se bajo del coche conmigo mientras que noté a William mirándome atontado y a Julia con una expresión claramente llena de celos y rabia. Ella también iba con un precioso, ceñido y corto vestido negro con unas botas de tacón de aguja hasta las rodillas que le quedaba muy bien, pero pareció que, en ese instante, quisiera tirarse encima de mí y arrancarme el mío. William, iba luciendo su sudadera del equipo de fútbol y unos vaqueros con unas deportivas de marca, por supuesto, William siempre vestía ropa de marca. Pero a Julia se le empezó a caer la baba cuando vió a Kenai, en fin, era algo que iba  a tener que soportar toda la noche así que respiré para tranquilizarme y entré en el restaurante con mis  tres amigos.
Un camarero estaba a punto de darnos mesa cuando apareció el tío de Kenai dando voces desde la cocina. Debía de tener unos cuarenta años pero el hombre estaba muy bien y era muy atractivo para su edad.

-¡Kenai! ¡Sobrino! ¡Que bien te veo muchacho! - se quedo callado cuando me vió y no pudo evitar sonreír mientras me reconoció en una milésima de segundo- Tú debes de ser Bianca, es un placer en conocerte en persona, querida-Me tomo la mano y me dió un beso en la contrapalma mientras yo le dedicaba una sonrisa- Soy Lucas, el tío de Kenai, encantado.

-Bueno, no hace falta que presente pero yo soy Bianca y el placer es todo mío -le dediqué la mejor de mis sonrisas a ese hombre tan risueño y cariñoso.

-Vamos, pasad, os tengo la mejor mesa reservada. Espero que la comida sea de vuestro agrado -Volvió a mirarme mientras que sonreía cuando, sin pensarlo, le respondí en italiano. No se cómo  ni por qué lo hicé, pero pareció agradarle mucho.

-Grazie Mille-Volví sonreirle mientras ya nos dirigíamos hacia nuestra mesa, al fondo del restaurante.

Aquel restaurante estaba ambientado en la ciudad italiana de Venecia, y me encantaba todos los cuadros con las góndolas, las máscaras que adornaban la pared, una copia de la Fontana di Trevi en miniatura en mitad de aquella estancia, los atuendos de los camareros, todo de aquella estancia me encantaba. Todo era perfecto y la comida estaba exquisita, era un placer para el paladar. Sentía como todos los sabores danzaban en el interior de mi boca mientras Julia coqueteaba con Kenai y William no paraba de hacer estupideces para llamar mi atención, como no era de extrañar.
Cuando terminamos de cenar Kenai me llevó a mi casa en su coche. Llegamos enseguida y me abrió la puerta del coche para que bajara yo también.

-Me lo he pasado muy bien Kenai, gracias por todo -Le sonreí mirándolo a los ojos.

-Me alegra saber que mi compañía es de tu agrado, además, mi tío ya se estaba poniendo pesado porque quería conocerte -Soltó una risotada musical. Acompañé sus risas de muy buena gana mientras él se acercaba más a mí. En ese instante mi abuela salió de la casa y me abrazó mientras invitaba a Kenai  a pasar, pero él tenía que volver a su casa.

Me quité el maquillaje, me pusé mi camisón negro y me metí en la cama con una sonrisa en la cara.
¿Por qué la compañía de Kenai me gustaba tanto? ¿Por qué  cada día Kenai me gustaba mas? Esas palabras sonaban en mi cabeza como un solo de piano cuando una pregunta saltó como una nota que no tenía nada que ver con esa preciosa melodía  ¿Qué iba  a hacer con Julia? Ella era mi amiga después de todo, y no podía quitarle al chico por lo que tanto estaba luchando. Desde que Kenai llego al instituto no había salido con ningún chico más. ¿Debería dejar a Kenai para Julia y dejar de luchar? ¿Sería la más conveniente para los dos? Me pasé toda la noche dando vueltas en la cama sin saber el porque, pero si supe que no dormí nada esa noche del viernes y la madrugada del sábado...


Tiempo


Tiempo


-No sabía que a Blancanieves le gustaban las manzanas de caramelo - su voz sonó muy cerca de mi oído cuando me giré para verle mejor el rostro.

Era Kenai que me dedicaba una de sus mejores sonrisas mientras clavaba esos penetrantes ojos grises en los míos.  No sabía que hacía en la feria, pero  apuesto a que Julia tenía algo que ver con esto, estaba más que segura. No pude evitar sonreirle yo también al ver tal  expresión en ese rostro que tanto me había atraído.

- A decir verdad, Blancanieves prefiere las manzanas de caramelos a las normales. Las de caramelos tienen un toque dulce que las normales no tienen - Sonreí clavando mis ojos verdes pardos en los suyos grises.

-Esa información no la ponía en los cuentos- me respondió siguiéndome el juego.
-Los cuentos siempre tienen algún misterio que resolver ¿no?
-Molto Vero -Me sonrió de nuevo acercándose más a mí. 

Casi me derrito al escuchar ese perfecto acento italiano  además su tono de voz no lo hacía menos irresistible. ¿Por qué me atraía como un imán a su cuerpo? Apenas lo conocía un día y no podía resistirme a sus electrizantes miradas, no podía ser tan enamoradiza, ¿y si él no sentía nada por mí?

En ese instante William y si grupo aparecieron  justo detrás de Kenai entre carcajadas sonoras y comentarios estúpidos, como siempre. 

-Hola Bibi, no sabrás por casualidad donde está tu amiguita Julia, ¿verdad?- William se planto a unos centímetros de mi rostro con una sonrisa chulesca con aires superiores cuando me percaté de que Kenai lo estaba asesinando con la mirada.

-Me temo que mi "amiga" Julia está subiéndose a esa cosa que tiene pinta de que se va a caer de un momento a otro-le señalé una atracción que parecía inestable y que , además, era muy peligrosa. Lo alejé de mi colocándole la mano en el pecho y echándolo hacia atrás de una forma bastante brusca.-Y no te acerques tanto si no quieres salir malparado, William.

Noté las risas de Julia y todo su séquito de eso que se hacían llamar sus "amigas", para mí eran más como unos perros falderos que solo iban con ella por el simple hecho de que era guapa y tenía todo lo que quería, en pocas palabras, más que puro interés.
William y Julia comenzaron a hablar mientras todos los chicos de la pandilla de William me estudiaban con la mirada, eso era algo que yo no soportaba para nada así que, decidí dejarlos mal.

-¿Queréis una foto mejor? Así podréis estar mirándome toda la noche.

William comenzó a reírse del corte que les había metido mientras todos los demás ironizaban sus risas reprochándome el tajo que les acababa de meter. En fin, Julia empezó a seguir coqueteando con Kenai mientras que yo decidí irme a casa.

-Será mejor que me vaya ya, mi abuela mi espera para cenar en casa.
-Oh vamos, quédate -Insistió Julia jugueteando con los cabellos de Kenai.
-No de verdad, tengo que irme- Tenía que marcharme antes de que me tirará encima de Julia para arrancarle los pelos.

Me adentré en el bosque para atajar, lo sé, a una chica de mi edad tal vez le daría miedo ir por el bosque por la noche, pero el bosque era prácticamente como mi otra casa y no le tenía ningún miedo , además, estaba precioso bajo la luz de la luna llena. Caminé durante unos diez minutos cuando por fin llegué a casa cuando ví un coche bastante familiar aparcado en la puerta de mi hogar. Era ese condenado Porsche Panamera Turbo S de color negro, y su dueño seguramente ya estaba en el interior de mi acogedora casa con mi cariñosa abuela así que me di prisa en entrar a esta. Cerré la puerta a mi paso cuando vi a Kenai sentando en el sofá de mi salón riéndose con mis tres hermanos y charlando de forma amistosa con mi abuela. Cerré la puerta a mi paso y me quedé mirándolos desde el recibidor cuando mi abuela se percato de mi presencia.

-Hola tesoro, tu amigo Kenai ha venido a comprobar que llegabas bien de la feria, quería ofrecerse a llevarte él pero estaba ocupado- Si... estaba ocupado dejándose seducir por Julia, una gran ocupación sin duda.
-No era necesario, yo me puedo cuidar solita - Le dediqué una mirada cargada de desdén y de malas intenciones  a Kenai mientras subía las escaleras hacia mi habitación con una velocidad vertiginosa.

Cuando llegué arriba entrelacé las manos entre mis cabellos con nerviosismo , ¡¿Pero qué hacía este idiota aquí?! Y lo más importante... ¡¿ Cómo demonios sabía dónde vivía?! Esto era horrible, hace menos de  una hora se estaba dando el lote con mi ex-mejor amiga y ahora estaba en mi casa charlando con mi abuela y riéndose con mis hermanos para saber si yo estaba bien, la gente es como una veleta, va hacía donde le diga el viento, en cambio la gente se deja llevar por el más puro y sencillo interés. En fin, no me era de extrañar, todos los hombres son iguales y este tipo de cosas ya no me importaban lo más mínimo.
Escuché el coche de Kenai arrancar y , acto seguido,  salió disparado hacia la carretera mientras que mi abuela ya subía para darme la charla. Si, esa charla iba a ser interminable, lo presentía.

Me levanté después de haber dormido toda la noche del tirón, al fin y al cabo la charla de mi abuela no fue tan mortal como me esperaba, solo me pidió que no fuera tan borde con Kenai, ya que él solo intentaba conocerme mejor. En fin, habrá que darle una oportunidad al muy condenado y deseado.
Cuando llegué al instituto en el coche de mi hermano César, después de un largo viaje escuchando los pesados comentarios sobre lo buen "tío" que era Kenai, me bajé y me dirigi a la puerta dónde estaba Hilary hablando con Angy y Lorena. Ellas también son mis amigas y nos llevamos muy bien la verdad. Angy es parecida a Hilary solo con el pelo más largo y ondulado y Lorena es morenita con el pelo cortito negro y liso con los ojos negros como el carbón.
Me uní a la conversación mientras que William ya venía directo a acoplarse cuando Hilary lo echo a bofetada limpia. Jajaja, era bastante chistoso ver a Hilary pegar de esa manera, era claro que eran bofetones cariñosos, aún así William se merecía que se los diesen más fuerte.

Empezamos la jornada con nada más y nada menos que uno de los famosos ... ¡Exámenes de inglés de nuestro querido Peter, alias Our Teacher! Jajaja, era uno de los profesores más enrollados y a toda la clase nos caía bien. Comencé a hacer el examen pero hubo algo que me distrajo sumamente. Era una especie de olor, un aroma que me estaba volviendo loca, venía de uno de los asientos cercanos a mí. ¿Cómo era posible que me percatará de esos olores con total minucia? Era como sí captara todos los matices, era como un irresistible olor a chocolate fundido con un pequeño toque fresco a bosque, dos de los olores que más me atraían. Pasé por alto la capacidad que tenía para percatarme de ese tipo de olores con tanta precisión, tenía un nuevo objetivo, encontrar a la persona que olía así, pero antes tenía que terminar el examen.
Justo cuando escribí la última letra, Peter ya estaba recogiendo los exámenes y todos nos levantábamos para charlar un rato antes de la siguiente clase. Yo hice como si fuera a tirar un papel mientras que me paseaba por todas las mesas hasta conseguir me objetivo, encontrar ese olor que me  estaba volviendo loca por segundos. Seguía buscando sin éxito, cuando lo sentí tan cerca de mí que casi no me dió tiempo a reaccionar. Me dí la vuelta y vi que era Kenai clavándome la mirada de forma seria mientras que lo encontré, él era quien olía de esa manera y estaba a punto de pegarme un tiro. Tuvo que controlarme bastante para no tirarme a su cuello para poder inhalar ese olor más cerca pero entonces me percaté de algo, Kenai tenía tatuado un pequeño Sol en el lado derecho del cuello. ¿Desde cuándo llevaba un tatuaje? Estaba claro que me acababa de dar cuenta, cerré los ojos con fuerza y respiré profundamente para tranquilizarme.

Cambio


Cambio


-¡Ah!- grité cuando vi mi reflejo en el gran espejo de mi cuarto de baño personal.

Palpaba con minuciosidad y delicadeza todo mi rostro sin creer lo que estaba sintiendo. Era perfecto, más pálido que lo habitual pero era perfecto, sin ninguna imperfección, dándome un aire casi divino. Era imposible que ese fuera mi rostro, imposible. ¿Cómo era posible que de una noche para otra habían desaparecido todos los lunares, todas las pecas y todos los granos? Aún seguía sin creérmelo cuando me percaté de mis ojos. Veía con total nitidez, no me hacían falta ningunas gafas, hasta llegué a pensar que podía ver todo con total detalle. Más tarde , después de comprobar  la precisión de mi nueva vista, fue cuando me di cuenta del color de mis ojos, ya no era ese verde apagado tan feo que tenía, ahora era un verde pardo lleno de alegría y vida con un brillo especial. Me encantaba, no lo podía negar, era un color de ojos más bonito que el de Julia, cuando me fijé en otro detalle. ¡Mis pestañas eran larguísimas! No podía ser, como era posible que mis pestañas hubieran crecido de esa manera a menos que... ¡Madre del amor hermoso! ¡Mi pelo! ¡Que demonios le había pasado a mi pelo! Me quedé atontada cuando ví que poseía una larga melena que me llegaba hasta la cintura con unos rizos perfectos que se combinaban con tirabuzones y ondulaciones con una luminosidad muy característica. Empecé a dar vueltas como una tonta viendo la preciosa onda que hacía mi pelo al girar, había que admitirlo, era una pasada. Fue entonces cuando me percaté de mi cuerpo. ¡Parecía el cuerpo de una top model! ¡Ni Julia tenía el cuerpo así!. No puede soltar una sonrisa maliciosa al acordarme de ese detalle... ¿Cómo reaccionará Julia al verme? 

Aún no lo sabía, lo único que sabía es que este cambio me encantaba y después de mirar mi escultural cuerpo pasé a observar mi nueva dentadura perfecta de un color blanco, como la nieve, y reluciente. Me quité el aparato que me tenía que poner  cuando me iba a costar. Si, era perfecta, no tenía nada que envidiarle a los dientes de Julia. Si, ese día prometía ser genial.

Después de sonreírme al espejo me dispuse a vestirme, y no me iba a vestir de una forma habitual, claro que no, este día se merecía un conjunto especial así que saqué de mi armario mi conjunto traído desde París que me había comprado mi madre. Estaba formado por unas medias grises, una falda con pliegues escocesa en tonos verdes, grises y blancos, con un jersey con un tono gris un  poquito más oscuro que tenía un pelín de escote, y entonces fue cuando ví mi adorada boina, una boina en un tono verde apagado con cristales de Swarovski adornándola. Me encantaba esa boina, era mi boina preferida. Me calcé mis botas color gris y bajé las escaleras volada mientras me sobraba mucho tiempo antes de ir al instituto.

Cuando llegué al recibidor, donde a la derecha estaba la cocina, no pude evitar mirarme al espejo. Parecía un ángel, una diosa, una princesa. No me gustaba ser así de creída pero por una vez en toda mi vida, me sentía bien conmigo misma. Pasé dando saltitos a la cocina mientras me preparaba unas tostados con chocolate, hacía años que no tomaba chocolate debido a mi acné de adolescente y , madre mía, que bueno estaba.
En ese instante, César entró en boxers a la cocina cuando se quedó atónito al mirarme.

-¡Guau! ¿Qué te ha pasado querida hermanita? Te noto un "poco" cambiada.

-Cosas de la vida, hermanito. Ya lo comprenderás, eres aún muy pequeño, sobre todo tu edad mental- solté una risita que sonó como una dulce y tierna melodía cantada por una especialista en ello.

-Ja, Ja, Ja , muy graciosa -Me dedicó una mirada de rabia mientras articulaba las palabras con ironía.

Cuando terminé de desayunar , mi abuela y mis hermanos pequeños aún no se habían levantado pero César y yo teníamos que irnos ya, así que les dejamos una nota colocada en el frigorífico con un imán con forma de gatito.

"Abuela, nos hemos ido ya al instituto, nos vemos a la hora de comer. Besos y abrazos - Bianca y César ♥ "

Cuando ya estábamos a punto de llegar al instituto, César y yo nos reímos un rato en el coche y comentamos lo de mi nuevo cambio por encima. A él le parecía extraño pero , debido a mi cambio de edad y a lo de la adolescencia, a mí me parecía normal. Al bajar del coche todo el mundo se me quedó mirando mientras avanzaba hacia la puerta del instituto, cuando una voz conocida  retumbo en mis oídos como si me estuvieran gritando por un megáfono.

-¡Tía! ¡¿Qué leches te ha pasado?! ¡Pareces una modelo de pasarela profesional!

Era Hilary, no podía gritarlo más alto a ver si quedaba a alguien más por enterarse.

-Hilary, por favor , no grites. Me haces daño en los oídos, parece que te has tragado un micrófono o peor, parece que te has tragado un megáfono.

Hilary empezó a reírse mientras empezábamos la marcha hacia la clase mientras le contaba la discusión con Julia de ayer por la tarde mientras estábamos de compras y , según su criterio, dijo que Julia era demasiado irascible. En medio del pasillo noté una presencia que se interponía en mi camino a propósito, era William, un chico que llevaba detrás de mí desde que teníamos 12 años. Al principio me gustaba, pero se fue volviendo mucho más guapo y , por lo tanto, mucho más creído y estúpido , como la gran mayoría de los chicos. Después vino mi paso de la niñez a la adolescencia, en el cual me puse horrible y dejé de gustarle, pero, al parecer,  mi nuevo aspecto le llamaba la atención.

-Vaya, vaya ¿A quién tenemos aquí? -Clavó sus ojos azules en los míos con un aire chulesco.
-A nadie que te importe, William.

Yo también clavé mis ojos en los suyos con una mirada fría y distante, y me alejé de él con mis nuevos y perfectos andares mientras que toda su pandilla de chicos no paraban de decir "Tío, que corte te ha metido". La verdad es que me sentía orgullosa de ello.
Al fin Hilary y yo conseguimos llegar a la clase  y tomamos nuestros respectivos asientos esperando la llegada de Julia, cuando  la directora del instituto, la señorita García, entró por la puerta de la clase.

- A ver chicos, os traigo un compañero nuevo, se llama...- se quedo un momento en silencio mientras se escuchaba que Julia entraba ,babeando y atontada, a la clase y se sentaba en su sitio fugazmente con una mirada que brillaba más que las estrellas. Vale, ya tenía que haber un chico muy guapo detrás de esa puerta para que ella estuviese así. La directora carraspeó unos segundos y reanudó la conversación- Como os iba diciendo, os voy a presentar a vuestro nuevo compañero de clase, viene de Italia , se llama Kenai , llego hace unas semanas al pueblo. Quiero que os portéis bien con él y que lo tratéis como un igual.

Todos asintieron con un "Sí, señorita García" mientras el chico nuevo empezó a entrar por esa puerta. Yo me puse a decorar mi agenda mientras escuché como a  todas mis compañeras de clase se les paraba el corazón  y noté como todos los chicos guapos de la clase, en los cuales incluyo a William, se mordían la lengua al ver tal competencia, era evidente. Aún no había visto al chico pero tampoco debía de ser para tanto, así que decidí levantar la mirada y echarle un vistazo rápido.

Vale, si que era para tanto. Ante mis ojos había un chico de metro ochenta y cinco, con la piel morenita, los ojos grises penetrantes y el pelo negro. Llevaba un peinado desaliñado que no le quedaba nada mal. Vestía unos pantalones vaqueros y una camiseta negra de manga corta ajustada, lo que me permitió ver esos maravillosos bíceps, y me fijé con más detenimiento como las figuras de sus abdominales se dibujaban en su camiseta. Calzaba unas botas de militar negras por debajo de los vaqueros. No había visto un chico tan guapo en toda mi vida, pero bajé de mi nube y volví a la decoración de mi agenda cuando escuché la desagradable voz de mi profesor de matemáticas.

-Vaya, tú debes de ser el compañero nuevo. Voy a ver dónde te siento... -Empezó a mirar a toda la clase mientras que notaba  que todas los ojos de mis compañeras relucían al notar la posibilidad de sentarle a ese chico cañón al lado. A mí no me hacía tanta ilusión , ya que estaba claro como era ese chico: un chulo que se lo tenía creído porque sabía que estaba para comérselo enterito.- Ponte al lado de Bianca, es muy buena en matemáticas, creo que te vendría bien estar acompañado de alguna buena influencia para variar- resoplé al escuchar la decisión del profesor mientras que escuchaba los murmullos de rabia de Julia desde el último asiento de la clase.

Kenai empezó a dirigirse a su nuevo asiento mientras que yo seguía a lo mío, decorando mi agenda. Se sentó y empezó a sacar sus cosas mientras  que yo sacaba las mías. El profesor empezó a dar su aburrida y desesperante clase mientras que yo jugueteo dibujando en mi cuaderno. Al parecer a Kenai le hacía gracia mis dibujos hechos de puro aburrimiento y soltó una risotada sorda pero musical que se marcó en mi oído como si estuviera escuchando un concierto de Mozart. No pude evitar medio sonreír al escucharle.

Después de la  pesada clase de matemáticas, decidimos despejarnos todos levantándonos de nuestros respectivos asientos. Yo me fui a hablar un ratito con Hilary y Lorena, mientras que noté como Julia ya estaba empezando a coquetear con Kenai nada más llegar el cambio de clase. Pasé olímpicamente de ella mientras me reía con Hilary de la manera de coquetear más vulgar que tenía Julia, eso era algo cierto, parecía un poquito... suelta cuando intentaba ligarse a algún chico aunque algo me sorprendió, Kenai pasaba totalmente de sus coqueteos de barrio-bajera.
Vale, era la primera vez que un chico rechazaba a Julia, y no pude evitar  reírme con malicia para mis adentros.
Entonces Julia me clavó la mirada con incredulidad, al fin se había dado cuenta de mi cambio.
Jajaja, Vaya careto se le quedó al verme, fue bastante gratificante verle el geto que se le quedo.

En un segundo después de que Kenai y yo intercambiábamos una mirada fugaz, mi profesor de inglés entró por la puerta iniciando la clase.
La jornada escolar se pasó rápido y en un abrir y cerrar de ojos, ya estábamos a punto de irnos a nuestras respectivas casas cuando vino la directora por ultima vez y me pidió que si podía hablar con ella. Me pidió que si podía guiar a Kenai esta semana por el instituto y mostrarle más o menos las instalaciones. No me hacía mucha gracia, pero bueno que se le iba a hacer, así que accedí.

Salimos de clase y yo me dirigí hacia el coche de mi hermano César cuando Julia me cortó el paso instantáneamente.

-Que sepas, que no me arrepiento de nada de lo que pasó ayer- me dijo con un tono cortante mirándome con odio.
-Vale, como tú quieras- intenté apartarme de su camino pero me corto el paso.
-Y que sepas que el chico nuevo es mío -soltó con aires posesivos.
-Tiene nombre ¿sabes?, se llama Kenai, a ver si sabes deletrearlo K-E-N-A-I, vamos dilo todo seguido a ver si te sale ¡Ah no ! Lo siento, tu única neurona no da para más -Le metí un corte clavándole la mirada con rabia.
Julia estaba a punto de tirarse a mi cuello para arrancarme los pelos cuando mi hermano César se puso en medio de Julia y de mí, dejándola como una enanita.
-Cuidado con lo que haces Julia, yo de ti no atacaría a mi querida hermana - le advirtió mi hermano con una expresión amenazadora.

Julia se fue por su cuenta mientras que yo y mi hermano ya nos metíamos en el coche cuando ví el cochazo de Kenai. Era un Porsche Panamera Turbo S  de color negro. Era imposible que un simple estudiante de instituto tuviera un coche como ese, y menos teniendo 16 años. En fin, prefería no darle importancia, ya que pasaba del tema , la verdad. Enseguida observé como Julia seguía tirándole los tejos  poniéndole ojitos apoyada en el capo de su coche. Bah, me daba igual, podía quedárselo si así lo prefería, a mí él no me importaba para nada, era solo el chico nuevo, nada más.

César no había parado de hablar del coche de Kenai durante todo el viaje de vuelta a casa, era incansable y horriblemente pesado con el tema. Llegamos y César aparcó el coche mientras que yo ya corría hacia la cocina porque tenía un hambre terrible y mis tripas no paraban de rugir, parecían una manada de leones. Mi abuela me sirvió su exquisito plato de pasta a la carbonara mientras que no paraba de mirarme con incredulidad, no sé que me veía tan raro hasta que caí en la cuenta, ella no me había visto desde ayer y acababa de percatarse de mi cambio. Normal que estuviera tan alelada.
Cuando terminé de comer, lavé mi plato y me dirigí a mi habitación con unos gráciles y sofisticados saltitos por las escaleras.

Me puse a hacer los deberes y terminé bastante rápido, la verdad. En ese instante me llegó un mensaje de Julia, aquí había gato encerrado...

"Hola Bianca, me preguntaba si te apetecía ir a dar una vuelta con nosotras esta tarde. ¿Qué te parece? Am, por cierto, lo siento mucho. XXX "


No sabía a quien se refiera con ese "nosotras"  pero bueno, habrá que darle una segunda oportunidad,  ¿No?. Le respondí el mensaje diciéndole que sí iba a ir, y ella me respondió que fuera a uno de los parques de atracciones que se habían puesto cerca del pueblo.


Cogí  el autobús para no molestar a mi hermano César otra vez y llegué al parque de atracciones en media hora. Ahí estaban ya unas cuantas chicas de la clase que no me caían precisamente bien, y entonces vi aparecer a Julia con una sonrisa dibujada en la cara. SI os digo la verdad, no tenía ninguna gana de pasar la tarde con Julia y todo su grupo , pero bueno ya me había comprometido a hacerlo.
Ellas se subieron en unas cuantas atracciones, yo no me fiaba mucho de esas atracciones de feria así que decidí ir a comprarme un manzana de caramelo.


Al terminar de pagarla le dí el  primer mordisquito con cuidado aunque con mucha, muchísima fuerza, entonces escuché una risa musical  detrás mía...

Rutina


Rutina


-¡Abuela! ¿Dónde esta mi camiseta azul?- le gritaba a mi abuela desde mi  habitación mientras desordenaba el armario en busca de la dichosa camiseta.
Soy Bianca, tengo dieciseis años y vivo en una casita en mitad del bosque de Asturias, España, con mi abuela y mis tres hermanos. Soy pálida con el rostro lleno de  numerosas imperfecciones, tengo el pelo color marrón apagado que sobrepasa mi hombro con unos rizos irregulares. Mis ojos son verdes, pero no un verde vistoso sino un verde apagado y sin vida, pero apenas se aprecian, ya que llevo unas gafas horribles de culo de vaso. Yo me había empeñado en llevar lentillas pero mi querida abuelita no me daba permiso para ello. También tenía que llevar aparato, genial, lo único más o menos decente era mi cuerpo pero no era nada fuera de lo habitual.

¡Por fin! ¡La dichosa camiseta! En cuanto me la puse bajé corriendo las escaleras dirigiéndome a la cocina. Al entrar, engullí las tostadas  de mantequilla que me había preparado mi abuela de un solo mordisco mientras me atragantaba.

-¡Ala! ¡Después dicen que el bestia soy yo! -dijo César mientras se carcajeaba de mi manera de engullir.

César es mi hermano mayor, tiene dieciocho años. Es muy pálido con el rostro perfecto, con el pelo de color negro azabache que siempre llevaba engominado. Era muy fuerte y musculoso. Llevara, la camiseta que llevara siempre se le marcaban los bíceps y los abdominales. Es muy inteligente, aunque eso de utilizar la inteligencia que poseía y eso de los neuronas creo que lo desconocía. Él es quien me suele llevar al instituto en su coche, sino ocurría nada , claro está.

-Si has terminado de comer como un animal, coge la mochila y vamos para el coche, anda -me sonreía de manera burlona mientras clavaba esos ojos marrones café en los míos.

Salía de mi casa mientras que mi hermano ya estaba sacando el Citroën tres de color negro de nuestra cochera particular. Lo había tuneado con unos trivales plateados a los lados y llevaba un atrapasueños en el espejo central que se situaba entre el asiento del piloto y el copiloto. Me acomodé en el asiento del copiloto a la vez que mi hermano ya iba a toda pastilla por la carretera que llevaba a mi instituto.

Al llegar al instituto me bajé del coche y me despedí de mi hermano antes de entrar a clase. Ahí ya se encontraba mi amiga Hilary, que era morena muy parlanchina y simpática con la piel de un tono carne normal. Me recibió con una sonrisa mientras ya empezaba la aburrida y horrible clase de matemáticas a primera hora.

La jornada escolar transcurrió con normalidad y ya estábamos saliendo de la clase  hacia la puerta del instituto. Mi hermano ya tenía el Citroën aparcado en la puerta con la canción de "Sexy and I know it" de LMFAO a toda pastilla mientras todas las chicas lo miraban y sonreían de forma, sinceramente, tontísima.
Me subí en el asiento trasero y comenzamos la marcha hacia nuestra casa.

Cuando por fin me bajé del coche  y entré  a  mi adorada casita en el bosque, rodeada de naturaleza y árboles por doquier, lo primero que ví fue  a mis dos hermanos pequeños enganchados a la maldita videoconsola.

-Hola viciados- Les saludé con una sonrisa burlona mientras ya subía las escaleras hacia mi habitación.

Me puse a hacer mis deberes mientras escuchaba música de todo tipo cuando mi abuela entró a mi habitación.

-¿Se puede, cielo? -Me miró con una sonrisa de oreja a oreja.

Mi abuela, era la clase de abuela marchosa que le cae bien a todo el mundo. Era rubia, muy simpática y comprensiva. Tenía 59 años pero aparentaba 50 además que su alma era un espíritu lleno de felicidad y alegría que contagiaba a todo el mundo.

-Sí, por supuesto abu, pasa.
-Quería regalarte esto por tu cumpleaños pero es que, sinceramente, no puedo esperar a vertelo puesto -Se río.
-Claro, abuela , ¿De qué se trata?

Mi abuela extendió la mano con una cajita de terciopelo negro con un lazo dorado que la rodeaba.
Abrí la caja muy entusiasmada, pero muy minuciosamente porque no quería estropearla. En su interior había una gargantilla con una luna en cuarto creciente de Cristal en un tono más o menos plateado, y en uno de sus lados se hallaba una pequeña estrella dorado de ocho puntas en la que en el centro tenía incrustido en diamante precioso y reluciente.

-Abuela... -empecé a tartamudear como una idiota- Es precioso abuela , muchísimas gracias -Me lancé a abrazarla mientras que mi abuela se reía de esa forma que ella sola sabía hacer.

-Lo siento pero es que no podía esperar.
-De verdad, abuela es precioso.
-No tienes nada que agradecerme así que póntelo y disfrútalo , cariño -Me acarició la mejilla con una sonrisa cálida y cariñosa.

Mi abuela bajó las escaleras y se fue a la cocina mientras que yo ya me colocaba mi deslumbrante gargantilla nueva con una sonrisa. En ese preciso instante mi amiga Julia me llamó para quedar un rato e ir a dar una vuelta por el centro comercial. A mí no me gustaba mucho ir de compras, ya que no podía arreglar nada con este horrible rostro, pero por hacer compañía a una de mis amigas, no me importaba.

Cogí el chaquetón y me dispuse a disfrutar una tarde con mi amiga. 

Julia tiene dieciocho años, tiene los ojos azules y la piel con un tono normal. Su pelo es negro y lo lleva liso por el hombro y había repetido dos veces , por lo tanto iba a mi clase. Si os digo la verdad, Julia era la clase de chica que le gustaba coquetear con todos los chicos porque sabía de sobra que podría tener a quien quisiera cuando quisiera y en donde quisiera si se lo proponía  y ,si os digo la verdad, eso me daba bastante rabia porque yo era la tonta que siempre iba detrás de ella espantándole a los moscardones pesados.

Cuando terminamos de comprar , decidí decirle lo que opinaba respecto al tema.

-Julia... em... Considero que no deberías de coquetear con tantos chicos, no sé.-Aguardé su respuesta en silencio mientras le miraba a los ojos.
Pareció que mi comentario le ofendió muchísimo y se puso de mala leche conmigo.
-¡¿Cómo?! Lo que pasa es que estas celosa de mí porque yo soy un bellezón y tú no. Lo que te ocurre es que estas celosa de mí y no sabes decírmelo de otra manera . ¡Te odio Bianca Luz, eres la peor amiga del mundo! -Cogió el autobús y se fue por su cuenta.
Decidí no hacerle ni caso y llamé a César para que viniera a por mí  en la entrada del centro comercial y le conté toda la historia durante el trayecto.

Había que admitirlo, estaba muy enfadada con Julia  y no pensaba disculparme por nada del mundo, algo que tenía que reconocer acerca de mi misma es que era muy orgullosa y que nunca pedía perdón a menos que fuera necesario y preciso. Así que decidí subirme a mi habitación y ordenar el nuevo conjunto que me había comprado esa misma tarde. Cuando terminé de recoger mi habitación bajé a ver la tele con mis dos hermanos pequeños mientras echábamos unas risas en el comedor.
 Jorge , era mi hermano más pequeño, tiene doce años, es morenito de piel con los ojos marrones muy claritos y el pelo rubio. Es un tormento pero lo quiero mucho. Es la cosa  más pesada y cariñosa del mundo al mismo tiempo.
Jack, era el hermanito mediano. Tiene catorce años, con el tono de piel normalito, los ojos negros al igual que su cabello. Le encantaban los videojuegos y estaba hecho un experto en la informática. A veces era insoportable pero siempre estaba dispuesto a echar un cable cuando se le necesitaba.

Ya eran las diez y mi abuela siempre nos mandaba a dormir a esa hora porque sino decía que iríamos cansados al instituto y eso bajaría nuestro rendimiento laboral y estudiantil, en fin, sus paranoias mentales.
Besé a todos mis hermanos en la mejilla antes de subir escaleras arriba hacia mi cuarto. La verdad es que esto de tanto subir y bajar escaleras había conseguido que tuviera un cuerpo decente, de eso no me podía quejar.
Me quedé mirando la luna llena desde mi ventana mientras observaba el maravilloso paisaje arbóreo que se disponía a mi alrededor, eso de vivir en medio del bosque me encantaba. Cuando ví que ya llevaba más de media hora mirando la Luna, decidí acostarme y pensar que mañana ya sería  un nuevo día repleto de nuevas experiencias y nuevas emociones.

Aquella noche fue horrible, no pude dormir nada. Todo estaba  lleno de pesadillas horribles mientras las malditas palabras de Julia retumbaban en mi casa como si estuvieran en los altavoces del coche de mi hermano "Lo que pasa es que soy un bellezón y tú no. Estas celosa... celosa... celosa...". No paraba de dar vueltas y vueltas en la cama  pensando en toda la conversación. Julia tenía razón, ella era un bellezón y yo no, no me podía poner a su altura e intentar ser lo que no soy. ¿Para que engañarme? Era un ser horrible y lo seguiría siendo para siempre. No podría coquetear con ningún chico en toda mi vida, siempre estaría detrás de Julia como su sombra, espantándole a los chicos que no le gustaban o que no eran de su agrado.
Las lágrimas se dibujaban en mis ojos verdes apagados y comenzaban a caer por mi imperfecto rostro como si de una catarata se tratase mientras que la luz de la Luna llena me iluminaba desde la ventana. Contenía los estúpidos sollozos que emitía mientras lloraba para que nadie que estuviera durmiendo me escuchara. Era inútil, siempre seguiría a la sombra de Julia como un perrito faldero que no sabe hacer nada más. 

Al final terminé durmiéndome a las  tres de la mañana  y a las seis y media ya sonaba el maldito despertador de mi móvil con la canción de Neutro Star Collision "Love is Forever" de Muse. Apagué la alarma mientras mis cansados pies avanzaban hacia el cuarto de baño que tenía en mi habitación sin ánimo ninguno por empezar un nuevo día. Me lavé la cara a un medio dormida, era patético ver como no atinaba a coger la toalla y secarme el rostro. Cuando al fin conseguí secarme la cara pasé mis dedos por mi rostro y me quedé bastante extrañada. Espera un momento... Todo mi rostro está liso, es imposible... debo de tener los dedos dormidos o algo. ¡Au! vale, mis dedos nos estaban dormidos, lo comprobé mientras me mordía uno levemente. Mi vista se fue agudizando de una manera bestial,  veía con nitidez todo lo que me rodeaba. Pasé la lengua por mis dientes sintiendo como todos estaban alineados de manera perfecta. No podía ser, estaba soñando. Me dí la vuelta corriendo para mirarme en el espejo cuando de repente contemplé  mi reflejo en el gran espejo   del cuarto de baño...