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El tiempo pasaba de forma rápida y ,cuando ya me dí cuenta, estábamos a mediados del trimestre. Julia había vuelto a su rutina de coquetear con todos los chicos que se le plantaban a la cara cuando Kenai le dijo que no quería salir con ella, Hilary estaba más pesada que nunca con uno de sus cantantes favoritos, Justin Bieber, Angy ahora estaba saliendo con un chico que vivía cerca del pueblo, y yo , bueno, me había hecho la mejor amiga de Kenai. No sabía el por qué de que Kenai y yo nos lleváramos tan bien cuando al principio esto parecía que iba a ser un caos, pero parece tener un cauce bastante próspero.
Hoy estaba más contenta de lo habitual, hoy por fin volvía mi amiga Eva de un intercambio en Noruega. Ya era hora. Eva era ,lo que se podía decir, mi mejor amiga. Nos conocíamos ya dos años y eramos como uña y carne, eramos como hermanas. La quería mucho y llevaba dos meses sin verla y ya era hora de que la volviera a ver y que volviéramos a estar juntas, como en los viejos tiempos, aunque de viejos no tenían nada.
Esa mañana llegué muy contenta a clase, aunque el día no tenía nada de divertido porque tenía matemáticas a primera hora. Entré dando saltitos hasta mi sitio y me senté jugando con uno de mis bolígrafos cuando Kenai no pudo evitar reírse.
-¿A qué viene tanta felicidad si tenemos a primera hora matemáticas? Con lo mucho que te gustan las matemáticas...- Pronunció las últimas palabras con ironía mientras yo le contaba toda la historia de que Eva por fin iba a volver. Kenai me pidió que se la presentara en cuanto llegara y yo acepté encantada, cada minuto que pasaba estaba más feliz hasta que tuve que ver el pelo engominado de mi profesor de matemáticas. Si, cuanto odiaba tener matemáticas a primera hora pero hoy nada ni nadie podría hacer que me viniera abajo, ni si quiera José, mi aburrido profesor de matemáticas. Empezó a plantear sistemas de ecuaciones en la pizarra con intención de sacar a alguien a la pizarra y ya empezaba a sospechar que yo era ese alguien. No sé porque extraña razón, José tenía la desesperante manía de sacarme a la pizarra , ya sea para corregir ejercicios, para ponerme de ejemplo o simplemente para que resolviera lo que él pusiera en ella. Y si, a los dos minutos ya estaba en la pizarra resolviendo esos sistemas de ecuaciones que me resultaban tan sencillos.
El profesor miraba con atención para ver si cometía algún error al resolver, pero me temo que no le iba a dar esa satisfacción así que, hice los tres sistemas de ecuaciones perfectos. Me dió la enhorabuena y me pidió que me sentará a la vez que observaba como Hilary temblaba porque sabía que ella era la siguiente, pero tuvo bastante suerte y no la sacó y se concentró en seguir dando el temario. Por fin la horrible clase de matemáticas terminó y dió comienzo la clase de Educación Física.
Nos bajamos al pabellón y comenzamos a calentar. Tras terminar de correr las cuatro vueltas al patio entero, sacamos los balones de voleibol, pusimos la red y comenzamos a jugar. Era bastante entretenido jugar chicas contra chicos, ya que el voleibol no era su especialidad y , por fin, en un deporte estábamos igualados tanto chicas como chicos. Comenzamos el partido y le tocó sacar a Hilary, con todos mis respetos, lo de sacar no era lo suyo, ya que siempre que sacaba , el balón no llegaba al campo contrario, se quedaba en la red o se salía fuera de la zona. Pero, por primera vez en la historia de nuestro instituto, Hilary consiguió sacar bien, ¡Aleluya!. Dos semanas jugando al voleibol y ésta era la primera vez que sacaba bien y el balón llegaba al campo del adversario.
Seguimos jugando cuando en uno de los toques de dedos tuve que saltar para rematar. Al saltar estiré los brazos para darle a la pelota tan fuerta como pudiera cuando , al levantar los brazos, se subió levemente mi camiseta y dejo ver mi cintura. No le dí importancia, ya que casi no se me había visto nada, pero Kenai se quedó congelado mirándome, ¿Qué me habría visto? En fin, se lo preguntaré al final de clase, no quería interrumpir este importante partido en el que íbamos ganando 10-7. Cuando terminó la clase, ganando el partido 18-15, Kenai se me acercó a mi practicamente corriendo.
-¿Desde cuándo llevas un tatuaje en la cintura? - Me miraba de forma curiosa e intrigada y yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando, no tenía ningun tatuaje en la cintura ni nada por el estilo, ¿de dónde habría sacado semejante idea?
-¿De qué tatuaje me estás hablando, Kenai? -Me encogí levemente de hombros cuando Kenai llevo la mano a mi camiseta y la subió levemente dejando un pequeño trozo de mi cintura al descubierto.
Me quedé helada cuando contemplé aquello....
¡Tenía un tatuaje con una Luna Creciente en la parte izquierda de mi cintura!
¡No podía ser! ¡Yo no me había puesto ningún tatuaje!
-Kenai, tengo que... marcharme... -Empecé a adentrarme en los pasillos del colegio con Kenai detrás mía.
-Aún no me has respondido, ¿Desde cuándo llevas ese tatuaje, Bianca? -Me paró los pies mirándome a los ojos de forma seria y muy, pero que muy, protectora.
-¡Ya te dije que no tenía ni idea de desde cuando llevó este ... -me quedé en silencio un momento para volver a pronunciar la palabra- tatuaje!
-Creo que deberías saberlo , ¿no crees?
-Pues no, no tengo ni la más mínima idea de cómo, cuándo y por qué llevo este condenado tatuaje.-Kenai volvió a mirarme fijamente mientras ya nos adentrábamos por los pasillos del colegio. Corríamos todo lo rápido que podíamos para alcanzar al profesor.
Cuando terminó el instituto, mi hermano César no vino a recogerme porque , desde que se había echado novia ya no venía a por mí, y Kenai me llevaba a casa. Durante todo el trayecto Kenai estuvo discutiendo conmigo acerca del maldito tatuaje. ¡¿Cómo es que llevaba un tatuaje y no tenía ni idea?! Ayer por la noche este tatuaje no estaba cuando me duché. Al llegar, me bajé del coche dando un portazo. Kenai me miró y yo me metí en mi acogedora casa enrabietada, menos mal que no había nadie que sino hubiera sido capaz de discutir hasta con mi abuela que tanto quería. Pasaron unos diez minutos y llamaron a la puerta, era mi tía Odette que había llegado de París, Francia. Mi madre, Lara, me contó que cuando se mudó a Francia se cambió el suyo porque no le gustaba y desde entonces llevaba ese. Mi tía tenía el pelo muy largo, hasta la cintura, de color negro como el más puro carbón. Sus ojos eran bastante extraños ya que era mezcla de un tono de color miel con tonos marrones y verdes muy claritos y a mí me encantaban sus ojos. Era delgadita y menuda. A decir verdad, mi madre y mi tía se parecen mucho, solo que mi madre es muy pálida como yo, totalmente rubia con el pelo liso que le llegaba por el hombro ,más o menos, y sus ojos eran color azul zafiro, eran preciosos. Desde que era pequeña, quería parecerme a mí madre porque me encanta como es ella. En una palabra mi madre es perfecta y es la mejor madre que se podría desear. Ahora no estaba en casa, porque había tenido que ir a Brasil a recoger unas telas para sus nuevos vestidos. Ella tiene una boutique a la que va mucha gente y tiene unos dedos de oro, todo lo que cose o arregla se queda perfecto, y mi padre había ido con ella. Mi padre se llama Thomas, es muy alto con el tono de piel algo más morenito que el mío, musculoso, con los ojos marrones oscuros. Para dar una breve explicación de mi padre, es un armario de cuatro por cuatro y es teniente-coronel en el ejército.
Al verme me tía sonrió, ya que había dejado España cuando yo tenía 10 años y por aquel entonces yo seguía siendo un patito feo. Parecía que mi cambio de imagen le gustaba, y eso también me agradaba a mí.
-¡Cariño! ¡Estas preciosa!- Se lanzó a abrazarme cortándome la respiración. Aunque mi tía fuera pequeñita, tenía mucha fuerza, eso había que admitirlo.
-Tía, yo también te he echado mucho de menos y te quiero mucho pero me estas ahogando -Comencé a reírme mientras ella ya me soltaba con delicadeza y acompañaba mis risas.
- A ver, déjame que te mire bien - Hizo que diera una vuelta sobre sí misma a la vez que me observaba de arriba a abajo- C´est magnifique!
Mi tía y yo estuvimos hablando sobre sus vacaciones en Nueva Orleans cuando ví un rostro muy conocido detrás de ella. No lo pude remediar, me dejé llevar por mis impulsos más infantiles y estúpidos.
-¡Eva! ¡Has vuelto! -Me lancé a abrazarla cuando las dos nos caímos al suelo riéndonos como tontas mientras que yo no me despegaba de su cuerpo.
-Yo también te quiero pero me estas ahogando - Eva seguía riéndose mientras estábamos tiradas en el suelo aun abrazadas. Cuando por fin conseguimos levantarnos del suelo, nos dimos un abrazo en condiciones cuando a mí se me escaparon unas tontas lágrimas que bañaron mis pálidas mejillas.- Oh, no llores, solo han sido dos meses.
-Sí, los dos meses más eternos de toda mi vida. -Ambas nos reímos al unisono- Oh , se me había olvidado, Eva mi tía, mi tía Eva. -las presenté mientras ellas ya se estaban dando dos besos cariñosos. Después de todas las presentaciones, nos metimos en la casa y preparamos algo para comer entre las tres.
Ese día tuvimos bufet libre y a mi hermano César pareció encantarle esto de que pudiera comer todo lo que él quisiera. Cuando los estómagos de mis hermanos estuvieron a punto de reventar, dejaron de comer y entre Eva y yo quitamos la mesa y pusimos el lavavajillas. Al terminar, nos subimos a mi habitación e iniciamos unas de nuestras adoradas charlas que tanto había extrañado estos días.
Después de tocar todo el tema de mi cambio, de William, del profesor de matemáticas y todo lo relacionado con el instituto, entonces llego el tema de Julia.
-Bueno, ¿Y Julia qué tal? Hace mucho tiempo que no la veo -Dijo Eva clavándome sus ojos azules y grises en los míos.
-A decir verdad, Julia no ha salido de su línea, sigue saliendo con cinco chicos por semana, coquetea con cualquier vivo varón que se le ponga delante y sigue creyéndose el centro del mundo -Resoplé al terminar de hablar cuando Julia empezó a reírse.
-En pocas palabras, os habéis peleado. Ya se veía venir, porque ella te trataba como un perrito faldero y tu eres mucho más que eso y lo sabes. Además, ella no te merece como amiga. En mi opinión, creo que deberías hablar seriamente con ella y dejarlo todo aclarado.- Eva era una perfecta consejera y siempre sabía como subirle la moral y el estado de ánimo a alguien , esa era la mayor de sus virtudes y el menor de sus defectos.
-Sí, sería lo mejor. En cuánto pueda hablo con ella y lo aclaramos todo -Sonreí al pronunciar la última palabra mientras que Eva se dirigía a la ventana para observar el paisaje. Aquella persona que se pudiera resistir a mirar esas vistas, es que, primero no era humano o dos, tenía este paisaje más que visto.
-En fin... -Eva hizo una pausa mientras que miraba por la ventana- ¿Y qué me cuentas, hay alguna novedad que contarme?
-En realidad si tengo algo que contarte y a alguien que presentarte -Sonreí mirándole a los ojos mientras que ella me correspondía la sonrisa.
-¿Así?, ¿ a quién me tienes que presentar? - Me miro toda interesada con total atención mientras una sonrisita pícara se dibujaba en su rostro.
-Si bueno él se llama...- No me dió tiempo a terminar la oración cuando escuché el motor de un coche bastante conocido aparcar en la puerta de casa. Eva se levanto de un salto y se asomó a la ventana mientras ya empezaba a sonreír. Su brillante mirada me indicaba que ya había visto a Kenai bajarse del coche y , era obvio lo que estaba pensando.
-¡¿Quién ese chico tan guapo?! -Me miró a los ojos con una mirada acusadora en el rostro- ¡¿Qué no me has contado , Bibi?!
-Verás... -Me rasqué la nuca al mismo tiempo que me mordía el labio inferior- Él es Kenai, es mi mejor amigo... en la categoría masculina. -Cuando dije esas palabras, Eva se quedó helada durante unos segundos y , cuándo reaccionó, se puso a gritarme.
-¡¿Qué ese chico cañón es tu mejor amigo y no me habías dicho nada?! -Me cogió por los hombros y comenzó a zarandearme. -Te voy a matar Bianca Luz, mas vale que corras. -Eva empezó la cuenta atrás mientras que yo ya bajaba corriendo por la escalera.
Cuando me quise dar cuenta, Eva ya estaba pisándome los talones mientras las dos nos reíamos y corríamos por todo el salón de mi casa, pero en ese instante, Kenai entró por la puerta observando nuestro "pequeño" espectáculo. No puedo evitar reírse al vernos y Eva se quito de encima mía para que se lo pudiera presentar.
-Eva, este es Kenai, Kenai, esta es Eva -Ambos se dieron dos besos y comenzaron a hablar mientras yo me tiraba en el sofá viendo la tele. No me dí cuenta que al tirarme al sofá se me vió ese tatuaje que me había aparecido en la cintura. Eva se quedó helada al ver mi tatuaje y acto seguido gritó y se colocó a mi lado, si os digo la verdad, esta actitud de Eva me empezaba a asustar.
-¡Tía! ¿Dónde te has hecho el tatuaje? -Pasaba los dedos por mi tatuaje mientras que yo ya empecé a morderme el labio inferior pensando en que excusa le iba a poner.
-Pues....
-Se lo hice yo -Kenai salió en mi ayuda cuando me quedé mirándola atónita por lo que había hecho.
-Pues se te ha quedado muy bien -Eva le sonrió de esa forma tan tierna con la que ella solo podía hacerlo- Y el tuyo también me gusta mucho - Señalo el tatuaje que tenía Kenai en el cuello con un Sol.- Ahora que caigo... ¿Por qué os habéis tatuado cada uno el elemento contrario? Es decir, Kenai tu tienes tatuado el Sol y Bianca tiene tatuada la Luna, son dos elementos totalmente diferentes, aún así se necesitan el uno al otro para que todo esté en perfecta armonía.-Eva se nos quedó mirando con una sonrisa a la vez que yo y Kenai nos miramos de forma fugaz. Pero noté algo raro, él me rehuyó la mirada, como si supiera todo lo que Eva decía.
-La verdad es que no había caído, Eva. -Le sonreí de forma amable mientras ella ya se acomodaba a mi lado en el sofá.
Cambiamos de tema y Eva comenzó a contarnos su intercambio en Noruega y Kenai también se tiró en el sofá a mi lado. Todos nos reíamos conforma Eva nos contaba su loco intercambio cuando llegó mi abuela con una bandeja llena de dulces acompañada de mi tía Odette con otra bandeja con chocolate caliente. Ninguno pusimos ninguna pega a todo ese festín y comenzamos a comer acompañados por mis tres hermanos. Al terminar nos pusimos a jugar a la videoconsola todos juntos. Pusimos un juego para cantar en la Wii y empezamos a hacer el tonto, literalmente, porque escuchar a mis hermanos cantar era un numerito.
Nuestra casa era muy grande y había sitio para que Eva y Kenai se quedaran a dormir. Eva aceptó encantada y mi hermano César convenció a Kenai para que se quedara a dormir porque mañana íbamos a la playa. Pocas veces íbamos a la playa, y por una vez, quería que mi mejor amiga y mi mejor amigo se vinieran conmigo. Mis hermanos pequeños querían ir a la playa porque les gusta mucho nadar en el mar y César y yo íbamos para hacer surf. Cuando eramos pequeños y vivíamos en Murcia, salíamos con mi tío Mike con el barco y nos llevaba a una cala para que hiciéramos surf, pero como nos mudamos a Asturias, pues no pudimos seguir haciendo surf.
Sabía que esa noche iba a ser ajetreada y acababa de empezar...