Autocontrol



Autocontrol


Vale, historia no era mi asignatura favorita, pero cualquier asignatura en compañía de Kenai se me hacía más amena. Después de aquella tarde que había pasado en casa de mi chico, teníamos el examen con la profesora. Ésta, era una de las mejores de nuestro instituto porque era comprensiva y cariñosa, aunque tenía , a veces, unos cambios de humor muy repentinos. Estas dos últimas semanas habían sido mortales para mí, y este era el último examen que me quedaba, después sería libre cual pajarito  para salir por la tarde con mis amigas o quedar con Kenai, depende de como se me presentara la ocasión, aunque si Kenai me daba la oportunidad, de seguro que me iba con él.
Hilary salió dando saltos de alegría combinados con unos gritos de victoria. Para Hilary , eso era lo normal después de las dos tediosas semanas de exámenes, y yo ya estaba acostumbrada a ello. Cuando Hilary realizaba esa estrepitosa danza , Eva se tapaba la cara diciendo que no la conocía y  a mí me daba por reírme. Julia era la que solía pasar del tema, acicalándose el pelo o arreglándose las uñas. Últimamente, Julia estaba demasiado en su mundo y apenas nos dirigía la palabra. Solo nos hablaba si había algún chico guapo de por medio aunque ahora le costaba mucho hacerse de notar conmigo a su lado, según las palabras textuales de Hilary y Eva. Hacía tiempo que Eva me dijo que Julia estaba intentando acercarse de nuevo a Kenai, aunque eso lo veo prácticamente imposible porque Kenai y yo estábamos más unidos que nunca y nada ni nadie nos podría separar.
No les había contado mi secreto a ninguna de mis amigas todavía, aunque tenía claro que a Eva se lo tenía que decir, ella era  , por así decirlo, mi hermana mayor. Kenai me dijo que aún tenía que mantener el secreto y esperar a que supiese controlar todo lo que se me echaba encima, aunque bueno, no se me daba muy mal, la verdad. Las últimas horas de la tarde de ayer, me las pasé entrenando con Kenai ,en el jardín de su casa, todo lo relacionado con el autocontrol y todo eso. Por ahora había conseguido dominar las fuerzas del viento , en pequeña medida , ya que solo me salía una leve  y cálida brisa de verano que apenas se apreciaba, pero Kenai me dijo que no estaba mal después de todo. Sé que lo me decía para que me animase, pero bueno, que se le va a hacer. Sabía que me quedaba mucho por aprender y que aún era una novata en todo este tema pero ya empezaba a cogerle el gustillo a todo lo relacionado con este mundo. Sin duda, era mucho más entretenido que el mundo humano en el que todos creen vivir.  Kenai siempre me dice que hay que guardar las apariencias y  parecer una personal normal, aunque para mí eso era bastante difícil, ya que llamaba muchísimo la atención debido a  mi aspecto.

Cuando sonó el timbre , todos nos dirigimos a nuestras respectivas casas y me sorprendió ver que , por una vez después de tanto tiempo, mi hermano César había venido a recogerme y que el pobre de Kenai tenía un día libre para él , así que decidí que descansara un poco de mi agobiante compañía.

-Será mejor que esta tarde descanses un rato -Acaricié sus cabellos al mismo tiempo que clavaba mis ojos verdes esmeraldas en los suyos.

Kenai lo meditó durante unos minutos y estuvo insistiendo para venirse conmigo, pero me negué en rotundo y le dije que esa tarde tenía que relajarse y hacer algo que él quisiese. Y , después de diez minutos de insistencia, conseguí que aceptara y se tomara la tarde libre. Me despedí de él con un suave beso en los labios que él prolongó durante unos minutos.

-Lo siento, no te voy a ver hasta mañana y quiero despedirme bien... -Me susurró cuando terminó ese infinito beso efusivo. Sí, desde luego que era una buena despedida. Deposité un beso delicado en su mejilla antes de irme para el coche de mi hermano César e introducirme en él.

-Menos mal ,hermanita, ya pensaba que tenía que tocaros el claxon o algo así -Soltó una carcajada  sonora al mismo tiempo que yo le daba un golpe en el brazo a modo de reproche.

-Muy gracioso-Dije con un tono sarcástico acompañando sus risas con las mías- Ahora arranca o no llegaremos para comer.

-Tranquila, enana, no eres mi capitana , ¿lo sabías? -Volvió a reírse, y antes de que yo le atizara el segundo golpe ,arrancó el coche y nos dirigimos a nuestra acogedora  casita.


Ese día la abuela había preparado lasaña para comer y todos estábamos encantados con ello, porque la lasaña era uno de nuestros platos favoritos. Hoy le tocaba recoger la mesa a Jack y a Jorge , así que César se tiró en el sofá a ver la tele y yo le hice compañía. Observábamos un aburrido programa  de cocina cuando me llegó un mensaje al teléfono móvil.

"¡Hola Bibi! Hilary, Julia y yo vamos a ir al centro comercial esta tarde, ¿te apetece venir? Ya sabes que no puedo tragar a Julia y Hilary no para de hablar así que, te necesito más que nunca.


Kisses XXX "


Sonreí al terminar de leer el mensaje y le respondí al suyo dándole una afirmativa , la cual , Eva me estuvo eternamente agradecida.

Sobre las cinco y media subí a cambiarme de ropa y a ponerme un conjunto británico que me había regalado mi madre. Nunca me lo había puesto, porque anteriormente no me consideraba atractiva, pero ahora no tenía nada que perder así, me lo puse. (* El conjunto viene al final del capítulo* )

Eva pasó con el coche de su madre por mi casa y nos fuimos al centro comercial juntas. Ahí ya estaba Julia esperando con su cara de habitual de "Me da igual todo" mientras que se arreglaba la manicura  y , como era de esperar, Hilary todavía no había llegado. Apostaba a que llegaba tarde, como siempre. Cuando ésta por fin llegó, nos pusimos a mirar ropa por todas las tiendas como locas: yo miraba la ropa de mi estilo, con colores apagados y pitillos rotos ajustados; Hilary buscaba ropa de color lila por todas partes, porque ese era el color favorito de Justin Bieber, su cantante favorito , según ella , su Dios ; Eva solía buscar ropa  de su talla, con camisetas en las que ponía frases graciosas o ingeniosas o con dibujos de personajes animados muy conocidos como el monstruo de las galletas ; y Julia miraba vestidos y camisetas con escotazos y tacones de aguja de los que ella siempre solía llevar, para realzar más su figura.

Después de esas dos horas de agotadoras compras, nos fuimos a tomar unos crêpes con chocolate a una tienda que había en frente del centro comercial. Madre mia, esos crêpes estaban de muerte, los mejores que había probado en toda mi vida y me los tomé más feliz que unas castañuelas entre los graciosos comentarios de Hilary y las risas armoniosas de Eva. Todo transcurría en paz y alegría hasta que Julia abrió la boca.

-Bueno, Bibi, ¿qué tal con Kenai? -Se llevó un trocito de ese suculento manjar a la boca pronunciando mi nombre con retintín. Esta era mi oportunidad de restregárselo por toda la cara.

-Perfectamente, Julia, gracias por preguntar  -Decidí pasar de ella mientras me terminaba mi plato de crêpes. Ya se veía que Eva estaba molesta por su comentario así que decidió intervenir.

-¿Y tú qué, Julia? ¿Ya has encontrado novio? -Le preguntó con un tono algo molesto clavando sus ojazos en los ojos de Julia que ahora parecían un poco más cabreados.

-A decir verdad, sí, y es maravilloso. Y creo que a diferencia de Bibi , ya lo he hecho con él. -En cuánto Julia pronunció esas palabras, Hilary le escupió todo la taza de chocolate caliente que se estaba bebiendo en todo su escote dejándola todo empapada de ese líquido marrón  y dulce. Eva no se contuvo la risa y yo me tapé con la servilleta para disimular que mis mejillas se habían sonrojado y que, evidentemente, me estaba riendo con malicia. Julia se levantó y se puso delante de Hilary- ¡Mira lo que has hecho , idiota! ¡Era mi mejor vestido! -El rostro de Hilary reflejó la culpabilidad que sentía mientras que Julia seguía chillándole, hasta que se pasó y Eva intervino con unas palabras bastantes sinceras y cortantes.

-Sí, era tu mejor vestido porque era el que más ceñido se te quedaba, ¿no es así? -Eva también se levantó de la mesa plantándole cara a Julia cuando ambas se pusieron a discutir como dos leonas peleándose por un trozo de carne. Menos mal que no había nadie en el bar, que sino le hubiéramos proporcionado el espectáculo gratis.

-¡Cállate bonita, porque no eres la más indicada para hablar! ¡Ojalá tuvieras tú  mi cuerpo para poder lucirlo y no llevar esas asquerosas camisetas de cría pequeña! - Julia soltó las palabras con odio  y con el único fin de hacer daño. El rostro de Eva bajó instantáneamente al suelo derramando una única lágrima mientras que Julia sonrió de forma maliciosa. No me pensaba quedar de brazos cruzados viendo como mi mejor amiga, mi hermana y el único ser que me había comprendido en mis peores momentos estaba llorando por lo que una... furcia  le había dicho. Me levanté con decisión y me levanté mirando a Julia, clavando mis ojos verdes esmeraldas en los suyos como si fueran espadas de fuego. Si las miradas pudieran matar, seguramente , ahora mismo Julia solo sería cenizas y polvo.

-Escúchame bien , furcia, no se quien te crees que eres para ir hablando así de los demás cuando la peor de las personas eres tú. Por mucho que digas Eva viste muchísimo mejor que tú , porque no va enseñando a todo el personal ni va insinuándose a todos los chicos. -Julia me miraba atónita, sin poder tragar mis palabras porque sabía que eran verdad- Tampoco cambia de novio de día para otro ni se acuesta de la noche  a la mañana  con él, ¿me entiendes? -Esta vez me aproximé más a ella a la vez que ella retrocedía ante mis pasos- Así que, Julia lamento decirte que el único problema es la autoestima y que deberías tener respeto contigo misma antes de criticar a las demás y poner en entredicho sus palabras, ¿te queda claro? -Cuando pronuncié las  palabras no pude evitar que mi ceño se frunciera y que mis labios se levantaron dejando ver mi dentadura perfecta a modo de advertencia.

-S-Si... -Julia tartamudeó antes mis palabras sin mirarme a los ojos.

-He dicho , ¡¿Qué si está claro?! -Pegué grito cuando una fuerte ráfaga de viento recorrió todo el lugar tirando todas las sombrillas del bar al suelo, al mismo tiempo que los cabellos de Julia se revolvían con fuerza. El viento me dio en la cara dejando ver mi expresión amenazadora más de cerca .

-Lo siento , Eva, no debí haber dicho eso y Hilary , lo siento por haberte gritado -Julia se disculpó con rapidez pero se dio más prisa en despedirse y en salir corriendo a la parada del autobús para perdernos de vista.

Cuando ésta se marchó Hilary sonrió con satisfacción dando saltitos de alegría mientras que me abrazaba alabándome por todo lo que le había dicho a Julia, que no era más que la verdad. Eva me miró con su sonrisa que me mostraba su máxima gratitud y adoración por todo lo que había hecho y yo le asentí con la cabeza en señal de que lo había comprendido, le guiñé un ojo y ella me dedicó la mejor de sus sonrisas.

-¡Joder tía , ha sido increíble! ¡Cómo le has dejado las cuentas claras a Julia! ¡Y el huracán que se formó en ese instante te vino que ni pintado, ¿eh? ! -Hilary aún estaba emocionada cuando caí en ese detalle. La ventolera que se había formado cuando le había gritado a Julia con todo la rabia de mi corazón y de mi alma y enseguida me dí cuenta, ese diminuto huracán lo había formado yo, y no pude evitar sonreír para mis adentros porque las clases de Kenai estaban dando sus resultados.

-Sí, la verdad es que fue muy oportuna esa ráfaga de viento, me dio un aire más... poderoso   -Disimulé sobre lo ocurrido y  pronuncié la última palabra con un tono vacilón. Cuando Hilary y Eva lo escucharon se pusieron a reírse mientras que nos abrazábamos y caminábamos juntas, como las mejores amigas que eramos.


(*Conjunto británico de Bianca*)


Exámenes

Exámenes


Al subir a mi habitación con unos saltos sigilosos por las escaleras me lancé encima de Kenai cayendo acostada sobre su impresionante pecho. Lo besé apasionadamente durante unos minutos cuando mi hermano Jorge entró a la habitación.

-Bibi, la abuela no está y tengo hambre -Al terminar la frase se cruzó de brazos e hinchó las mejillas. Solté una sonrisa al ver ese gesto dibujado en su rostro y me quité los cabellos de la cara dejándolos detrás de mis orejas.

-Enseguida voy a haceros la cena, ¿Vale?

-¡Vale! -Dio un saltito de alegría y bajó al salón en compañía de Cesar y Jack.

Acaricié los abdominales de Kenai debajo de su camiseta y besé su cuello. Él entrelazó sus dedos entre  mis cabellos y me mordió el lóbulo del oído de forma dulce y tierna.

-Tengo que prepararle la cena a mis hermanos... -Susurré en su cuello de forma dulce-

-No... -Soltó un susurro en mi oído de forma provocadora- Quédate un poco más... -Continuó pasando sus dedos por mis cabellos  bajando por mi nuca hasta llegar  a mi espalda, que se arqueaba con facilidad ante su contacto placentero.

-Kenai, tengo que ir... -Susurré mientras que él besaba mi cuello y acariciaba la parte más baja de mi cintura llegando a mi vientre con ese tacto tan suave y delicado que solo él poseía. Mis palabras no surgieron ningún efecto en él, ya que seguía recorriendo mi cuello con sus afrodisíacos  labios y sus manos perdían el juicio en mis caderas.

Después de un rato de insistencia, conseguí que Kenai me dejara hacer la cena para mis hermanos pero con una condición, que él me ayudara. Habitualmente no dejaba que nadie me ayudara, pero con Kenai podía hacer una excepción. Y, obviamente , fue la mejor cena que había preparado. Kenai me ayudaba pero me desconcentraba a la vez entre besos y caricias por mi cuello y por mi cintura. Pero, finalmente, conseguí terminar la cena y servírsela a mis hermanos que se la tragaron con una rapidez insuperable. Sí, eran unos bestias. Kenai se tuvo que ir a su casa  y me despedí de él con un efusivo beso que parecía no tener fin, pero tuvimos que parar.

Me acosté sobre las doce porque tenía que esperar a que mi abuela llegase de la tienda en la que había ido  a  ayudar. Cuando ella llegó, ambas nos fuimos directas a la cama. Esa noche dormí razonablemente  bien, pero al día siguiente tenía que madrugar así que de bien, nada. Me desperté , me vestí en unos minutos y cogí camino al instituto. Al llegar a la puerta, Hilary estaba de los nervios por el examen de Biología y Eva más de lo mismo. Yo no estaba nerviosa , la verdad, había estudiado bastante para este examen, y , aunque este tema me asqueaba, me resultó muy fácil de estudiar. Julia seguía en su línea de tontear con todos los chicos y William seguía haciendo el idiota como de costumbre.

Cuando comenzó el examen, Hilary estaba moviendo el pie , de forma  histérica mientras que Eva se mordía las uñas. Julia se estaba mirando en el espejo que tenía escondido debajo del cajón, William estaba terminando de esconderse las chuletas que se había hecho para la ocasión y mi chico y yo estábamos de lo más relajados. A Kenai la encantaba estudiar conmigo y a mí me encantaba estudiar con él , pero al final siempre terminábamos entre besos y caricias. La profesora nos entrego el examen y comencé a rellenarlo con presteza. En unos treinta minutos ya había terminado y miré a Kenai. Él estaba apoyado en su mesa con el bolígrafo en un lado y el examen boca abajo en señal de que ya había terminado. Al percatarse de mi mirada, me dedicó su  sonrisa más irresistible y dulce. La profesora ya está acostumbrada a nuestras miraditas, por eso sabe perfectamente que no nos estábamos copiando el uno del otro. A las tres menos veinticinco, ésta recogió los examenes y abandonamos el centro. Me dirigía a la puerta del instituto entre los comentarios sobre el examen de Eva y Hilary mientras que Julia tonteaba con William. Puaj, que asco. No me podía creer que William fuera a caer tan bajo pero sí, seguro que lo hacía. Kenai se acercó a mí y me besó en la sien , susurrándome en el oído de forma provocadora.

-¿Qué te parece si vamos a mi casa y preparamos el examen de historia juntos? -Continuo susurrando al mismo tiempo que me besaba en la yugular. Asentí con la cabeza y Kenai me cogió de la mano comenzando el camino a su casa.


Caminar al lado de Kenai arropada por su impresionante brazo sobre mi hombro me encantaba. Nunca había visto el hogar de mi chico y esta  iba a ser la primera vez que tendría ese privilegio. Al llegar contemplé la impresionante casa que tenía de dos pisos, garaje y su porche. Me encantaba este tipo de casas, parecían sacadas de una película, tenían todo detalle. Entramos y Kenai me llevó hasta su habitación. Ésta tenía una cama un poco más grande que la mía, un gran ventanal dónde se podía apreciar la maravillosa puesta de Sol. Poseía un escritorio largo dotado con una silla que tenía pinta de ser muy cómoda, acompañado con unas estanterías llenas de libros y CDs de música. Su pared estaba pintada de un color naranja melocotón con unos tonos apagados , lo que daba la sensación de un amanecer. Tenía un ordenador sobre el escritorio y el reproductor de música sobre la mesilla. Me encantaba su habitación, era diferente a la de los otros chicos. Tenía un toque maduro que las demás no poseían. Kenai colocó sus manos en torno a  mi cintura y acaricié mi vientre con dulzura.

-¿Te gusta?

-¿Tus caricias o tu habitación? -Le susurré mientras que él apoyaba su cabeza sobre mi cuello con ternura.

-Ambas cosas... -Me susurró besándome el hombro.

-Me encantan, ambas cosas. -Eché la cabeza hacia atrás al sentir sus labios pasando por mi hombro con esa calidez que solo él era capaz de hacerme sentir.

Continuamos nuestros arrumacos durante un tiempo más, hasta que conseguimos despegarnos y ponernos a estudiar uno al lado de otro, entre besos cortos y caricias dulces.

Leyendas


Leyendas

No salimos muy tarde de urgencias, gracias a Dios. Según el médico, no  me había fracturado la muñeca, pero debía de llevar cuidado porque me la había dislocado y el médico ya me la había puesto en su sitio  con un fuerte golpe que la verdad me  había dolido a horrores. Volvíamos a casa en el coche de Kenai. Cuando por fin llegamos subimos  a mi habitación y él se dispuso a contarme toda la historia.

- Sé que es bastante probable que aún no te creas todo esto, suele pasar con los principiantes, suelen negar la verdad y lo evidente, pero ya te darás cuenta de que todo lo que te digo es cierto y que jamás te mentiría.- Sus palabras me parecieron sinceras, pero aún no terminaba de creer lo que me había contado en el coche de camino al hospital más cercano.- Verás, sé que suena extraño, pero eres una hija de la Luna, una ninfa que posee los dones de la naturaleza que confiere la Luna a este mundo, como la subida y la bajada de las mareas que eso provoca la  variación de las temperaturas, el régimen de vientos y todas las cosas que tienen que ver con ello.

>> Sí, es raro de comprender, pero eres la única ninfa de la Luna que queda, porque todas las demás fueron aniquiladas por los antepasados de Tennebris. Te preguntaras porque los antiguos miembros de la familia de Tennebris acabaron con la vida de todas las hijas de la Luna y fue más que por puro miedo y por puro interés, Bianca. Consideraban que eráis demasiado fuertes y por esa misma razón terminaron con todas, o al menos  eso creían. Tenían miedo de que en una batalla pudieran vencerlos y por seguridad se aseguraron que eso no pasara. Tú aún eres novata en esto, si eres una de ellas es porque alguien de tu familia pertenece a este mundo, así que debes estar tranquila porque no seras la única de por aquí. Como se espera en la naturaleza de vuestra especie, crecéis como humanas normales y pasáis todos los cambios normales en una adolescente como has podido comprobar. Pero llega un día que alguien que sabe todo lo relativo a este mundo, considera que estas lista para dar el cambio y te da su amuleto para que este cambio se produzca. El cambio solo se llevara a cabo si el alma del sujeto es pura, hay Luna Llena y , lo más importante, que exista un lazo entre el amuleto y su propietario , tiene que sentir su alma. La mayoría se amarraron a su amuleto echándoles unas gotas de su propia sangre a este, pero las almas más puras lo hicieron con lágrimas.  Tienen que transcurrir seis horas para que el cambio se realice al completo, sino, el sujeto puede verse afectado al igual que el amuleto, que se quedara sin poder. Al transcurrir ese determinado tiempo el sujeto habrá cambiado física y mentalmente. Será la misma persona pero con mucha más capacidad de razonar, con más sentido de la justicia y con más madurez y , bueno, el cambio físico ya lo has podido sentir, se borran todas las imperfecciones de la piel dejándola nivea como la Luna misma, los cabellos se hacen más largos y el cuerpo se vuelve más esbelto, al igual que la voz que también cambia.

>> Bueno, en este Universo paralelo  a la realidad existen muchos tipos de seres, que ya tendré tiempo para explicarte y que ya tendrás tiempo de conocer. Tennebris es lo opuesto a ti, un hijo de la Noche, alguien malévolo, y te puedo asegurar que cuánto más lo conozcas, más lo odiaras. Yo , en cambio, soy lo que muchos denominan el portador de la Luz, mis dones son parecidos a los tuyos, solo que los que tú posees son más fuertes , a diferencia de los míos, que tienen su punto más alto a las doce del mediodía. Tus dones tienen su mayor poder las noches de Luna Llena  a las doce exactamente.Seré tu instructor en toda la laboriosa tarea de ayudarte a dominar tus dones así como tus fuerzas internas y todo lo que eso conlleva. Si aceptas mi ayuda, claro está.

En ese momento, todo parecía más claro. Kenai me clavaba los ojos con precisión  a la vez que terminaba de explicarme todo lo que me enseñaría después de este accidental encuentro con Tennebris que al parecer en el Universo de los humanos tenía el nombre de Arturo. Según Kenai, era normal que estuviera enfadada con él y la  verdad es que me gustaría estarlo por no habérmelo dicho antes, pero entonces pensé que eso no era algo que se le podía ir diciendo a todo el mundo y que no se podía soltar a la ligera. Tuvo sospechas sobre mí desde un principio pero tenía que estar seguro. Vale, debería estar enfadada con él, pero me resultaba imposible estar alejada de él más de dos días seguidos, así que,  le dije que no estaba enfadada pero si que estaba algo molesta porque no me lo había dicho antes y él lo comprendió  a la perfección. Repasé toda la historia que me había contado mi chico  y enseguida me dí cuenta en el fregado en el que mi condición de ninfa me había metido. Genial, menos tiempo para estudiar, para salir y  ahora tenía una nueva asignatura, aquella que debía aprender con Kenai acerca de todo este mundo, aunque apuesto a que eso sería lo mejor. Kenai se disculpó como unas millones de veces por no habérmelo contado y tuve que perdonarle.


-¿Te sigue doliendo la muñeca? - Me preguntó recostado en la cama conmigo apoyada en su ceñida camiseta negra que tanto adoraba para poder sentir mi aroma favorito, el de su cuerpo.

-Ya casi no me duele, al parecer, ese horrible golpe tuvo su efecto positivo después de todo -No pude evitar que una sonrisa se dibujara en mi rostro cuando me percaté que los ojos de Kenai ya buscaban los míos, y supe lo que significaba esa acción.

 En una décima de segundo ya estaba besando sus adictivos labios dulcemente mientras que sus manos se aferraban a mi cintura con cariño y amor. Me encanta sentir aquel tacto que me trataba como si fuera una divinidad inigualable aunque estaba claro que no lo era. Acaricié su cuello suavemente rozando de vez en cuando su tatuaje, lo que esto provocaba que  una chispa recorriera todo su cuerpo, lo cual me encantaba más que a él. Nuestros besos y nuestras caricias ya estaban empezando a subir de tono cuando , sin darme cuenta esta rodeando la cintura de Kenai con mis piernas, sentada en la parte más baja de su abdomen a la vez que le besaba su cuello lenta y delicadamente, deteniéndome a sentir cada latido de su alocado corazón. Sus manos acariciaban mi cintura y mi vientre con deseo y con amor al mismo tiempo pero sentía sobre todo pasión en cada caricia. Fundí mis labios con los suyos demostrándole cuanto le amaba mientras mis dedos jugueteaban con su enmarañado cabello. Kenai soltó una sonrisa al notarme tan "activa" según él , esa noche. No pude evitar soltar una risa dulce y armoniosa en sus labios sintiendo como su ansiada respiración se habría paso por mi garganta hasta llegar a mis pulmones donde nuestras respiración se mezclaban con deseo. Kenai consiguió darse la vuelta colocándose encima mío cuando empezó a besarme el cuello con fervor. El muy tramposo sabía cuales eran mis puntos débiles y no dudaba en atacarlos si se le presentaba la ocasión. Mis manos tenían el privilegio de acariciar esa espaldaza que tenía, sintiendo cada uno de sus músculos desarrollados. Vale, admito que la cosa se estaba poniendo bastante subidita de tono cuando nos quisimos dar cuenta y Kenai ya estaba fuera de sus casillas sintiendo cada uno de mis pasionales besos rozando su tatuaje con el astro rey. Estaba a punto de quitarle esa condenada camiseta para poder palpar sus impresionantes que solo tuve la oportunidad de tocar el fin de semana que estuvimos en la playa y no pensaba dejar escapar esta nueva oportunidad del destino, cuando Eva entró a la habitación. En cuánto nos vió, cerró la puerta de  la habitación y se coloca detrás para reírse un poco.

-Bibi, vengo a que me dejes los apuntes de biología atrasados, aunque puedo venir mañana si estas muy ocupada -Volvió a reírse con ganas y Kenai soltó una sonrisa pícara en mis labios a la vez que mis mejillas iban adoptando ese color rojizo característico que me salía cuando sentía vergüenza.Kenai me susurró algo al oído.

-Anda, ve, ya seguiremos más tarde - Se quitó de encima mía quedándose acostado de forma bastante sexy en la cama, con sus poderosos brazos detrás de su cuello.

Me levanté de la cama dándole un beso suave en la mejilla, y me dirigí a la puerta. La abrí y contemplé como Eva se reía de forma silenciosa.

-Vaya, ya veo que estabas estudiando biología del cuerpo humano, ¿no? -Volvió a soltar una carcajada con las manos en la barriga.

-Muy graciosa, Eva, ya podías llamar antes de entrar -Le reproché mientras resoplaba. Ambas nos dirigimos al salón y le dejé la libreta de biología con todos los apuntes a Eva.- Toma, y la próxima vez, avisa antes de venir -Solté una sonrisa mirándola a los ojos.

-Mmm... -Se quedó pensativa mientras abría la puerta y se llevaba su dedo índice a sus labios- Puede que sí, puede que no, ¿quién sabe? -Me guiñó un ojo antes de empezar a alejarse gritándome- ¡Adiós Bibi!


Me despedí de ella con la mano y volví a entrar a la casa subiendo las escaleras a toda prisa para reanudar lo que tenía pendiente con Kenai.


La Verdad.


La Verdad


Después de ese fin de semana en la casa de mi tío, nos volvimos hacia mi adorada casita en medio del bosque. Menos mal, ya la echaba de menos. La verdad es que Kenai y yo no nos habíamos separado en todo el viaje pero ahora que no dormía con él a mi lado, ya no era lo mismo. Eva ya había vuelto a su casa en pleno centro de la ciudad con todos sus hermanos y hermanas, aunque se quejara mucho, adoraba el  griterio que había siempre en su casa. Se me hacía extraño levantarme y no ver a toda la gente que quería junta, pero que le vamos a hacer. Desgraciadamente, llegué justa para la mortal y condenada semana de exámenes. Sí, odiaba esa semana con todas mis fuerzas, la aborrecía tanto como mi profesor de matemáticas, aunque sigo pensando que el odio que siento hacia ese hombre es inigualable.
Habían readmitido a Eva en el instituto después de su largo tiempo de intercambio, creo que era debido a que era una alumna ejemplar y muy cualificada. Esa mañana fui andando al instituto y cuando estuve en la puerta, Eva se lanzo a abrazarme y a hablarme de su amado Julio. Aunque hubiéramos pasado todo el fin de semana  juntas, Eva no se cansaba de hablar de su Julio: lo guapo que era, la perfección de su cuerpo, su inteligencia, lo divertido que resultaba... En fin, todo Julio, pero es normal, no dejar de hablar de la persona a la que amas, cuando estas enamorado, lo digo porque  a mí me pasa lo mismo con Kenai, aunque yo a ella no le puse la cabeza como un bombo de tanto hablar de él, más bien, era ella la que me pedía que le contará que pasaba con Kenai.

Hilary se acerco a echarme la bronca por no haber contestado sus llamadas en todo el fin de semana, gritándome con ese vozarrón que tenía, pero al final terminó diciéndome que me había echado mucho de menos. En ese instante llegó Julia, la verdad es que no me apetecía mucho verla pero bueno, era una más del grupo y había que aceptarlo. Hilary empezó a contarle todas las nuevas noticias sobre Justin Bieber a Julia mientras que ella hacía como si la escuchara, pero eso no era cierto, ahora mismo el minúsculo cerebro de Julia se centraba en buscar a Kenai por todo el instituto. Preferí callarme  para darle una sorpresa cuando Kenai llegara con su deslumbrante Porsche Panamera Turbo S, y así lo hizo. En un abrir y cerrar de ojos mi perfecto novio ya estaba dando la vuelta a la esquina que quedaba justo al lado del colegio realizando una maniobra profesional para aparcar su coche. Bajo de este con la mochila colgada de uno de sus impresionantes hombros que tanto me gustaba besar. Hoy se había puesto el conjunto que más me gustaba: la camiseta de manga corta de color negro que marcaba toda su musculatura con precisión, sus vaqueros largos de color azul marino y sus convers negras. Llevaba el pelo desaliñado que el confería un aire muy sexy y atractivo y que , por supuesto, a mí me volvía loca. Se acercaba con sus pasos decididos hacia mí mientras me dedica su más provocadora sonrisita de por las mañanas.

-Hola preciosa -Me tomo de la cintura y me besó con deseo a la vez que yo ya empezaba a sentir ese cosquilleo por todo mi cuerpo. Si, esto me gustaba cada vez más y cada  día que pasaba lo necesitaba más a  mi lado. Entrelacé mis dedos entre sus enmarañados cabellos que tanto me encantaban a la vez que él me dedica su sonrisita provocadora en mis labios.

Julia se fue con la mochila colgada en uno de sus hombros con unos pasos ligeros mientras que se escuchaba el sonido de sus tacones de aguja pisar el suelo con rabia y prisa. A Hilary le dió por reírse con malicia al igual que Eva, que no pudo controlarse ya que Julia no le agradaba del todo. Kenai tomó mi mano y entrelazo sus cálidos dedos con los míos a la vez que tiraba ligeramente de mí para que me aproximara más  a él y a su portentoso cuerpo. Entonces escuché su susurro en mi oído con dulzura y curiosidad.

-¿Qué mosca le ha picado a Doña tacones hoy? -Kenai le decía a Julia "Doña Tacones" porque no había día en el que Julia no se encasquetaba sus altos tacones de aguja. A mí me parecía algo incómodo llevar eso todos los días pero según ella, reforzaba el equilibrio, cosa que veo claramente imposible.

-La verdad es que no lo sé... - Me hice la loca con una sonrisa posada sobre los labios de Kenai ya sintiendo como su respiración se adentraba por mi garganta y esta acción erizó  todo el vello de mi cuerpo en menos que canta un gallo. No puede evitarlo y besé a Kenai de nuevo dulcemente deslizando mis labios sobre los suyos con fervor. Él respondió mi beso de muy buena gana pero Hilary y Eva ya estaban haciendo lo posible para que interrumpiéramos ese eterno beso, y así ocurrió, Kenai terminó riéndose y yo acabé sonrojada mirando al suelo con una sonrisa vergonzosa.


Todo transcurrió muy deprisa, ya había terminado el examen de tecnología que tenía a última hora y me  dirigía hacia el parking del instituto cogida de la mano de mi chico. Al subirnos al coche, Kenai hizo rugir el motor de éste y empezamos a alejarnos tomando la carretera que profundizaba por el bosque. Íbamos charlando de camino a  mi casa, mientras que teníamos la radio puesta a muy poco volumen, más o menos de música de ambiente como se suele decir. Cuando menos nos lo esperábamos, la rueda izquierda trasera del coche se pinchó. Kenai aparcó en el arcén con cuidado.

-Quédate en el coche, voy a salir a ver que ha pasado por ahí atrás.

-Vale... -Asentí viendo como Kenai ya se disponía a salir del coche para comprobar el estado de la rueda y del vehículo.

Ya llevaba cinco minutos ahí fuera sin emitir ningún sonido y empecé a preocuparme así que miré por la ventanilla pero algo me sobresaltó. Algún tipo de animal o cosa había saltado sobre el techo del coche produciendo un ruido bestial  y una abolladura. Por líneas me libré de que aquella cosa me diera en la cabeza, me quité el cinturón y salí del coche a toda prisa. Kenai estaba desmayado junto a la rueda de recambio y yo me acerqué a él con rapidez. Me puse  de rodillas sosteniendo su cabeza en mis rodillas acariciándole las mejillas.

-Kenai... dime algo por favor... -Las lágrimas ya comenzaban a recorrer mi rostro fugazmente. Acariciaba el rostro de Kenai con ansiedad por saber si estaba bien, cuando escuché una risa malévola proveniente de los gigantes árboles que estaban situados  a ambos lados de la carretera. Giré la cabeza y acomodé a Kenai  en el suelo.- ¡¿Quién eres y qué quieres?!

De repente, un hombre de piel morena, ojos azules y rostro perfecto se dejó ver por fin. Llevaba una melena que le caía un poco más baja de la nuca, recogida con un coletero. Esos ojos se clavaron en los míos como si fueran espadas de fuego, atravesándome  con la mirada. Algo en mí empezó a cambiar, noté como mis músculos se tensaron y las pupilas de mis ojos comenzaron  a dilatarse, teniendo como resultado una óptima vista de lo ocurrido.

-Creo que es obvio dulce Bianca, te quiero a ti y no voy a permitir que ese estúpido principito me quité lo que es mío -Soltó una sonrisa posesiva mirándome y un calambre recorrió todo mi cuerpo con fuerza, este si me provocó daño.

-¡¿Pero de qué estas hablando chiflado?! -Le grité con todas mis fuerzas sintiendo como mi tatuaje ardía en mi cintura. Mis ojos se clavaron en los suyos con ganas dándole una clara advertencia de que se marchara de una maldita vez y que me dejara en paz.

-Soy Tennebris, el hijo de la noche como puedes observar -Hizo que su mano señalara  su cuerpo con soltura a la vez que me sonreía de una manera asquerosa.- Y por supuesto, cómo debes saber, no hay noche sin una Luna que la ilumine.

No sabía de que demonios me estaba hablando este tipo, lo único que sabía es que me estaba poniendo negra con esa forma de mirarme y de hablar de mí como si le perteneciera. Empecé a notar como una energía empezaba a electrificar el collar que me había dado mi abuela, y entonces me dí cuenta que esa energía provenía del calambre que me había provocado antes ese despreciable ser, que se consideraba digno de estar vivo. El collar con forma de Luna en cuarto creciente comenzó a vibrar sobre mi pecho. Aquel chico se quedó atónito al ver esto último y se acercó con más curiosidad para observarme más de cerca.

-Vaya, si que es cierto que perteneces a la raza de las hijas de la Luna, eres tan bella como la Luna misma. -Me volvió a sonreír y esta vez no me aguanté las ganas de propinarle un puñetazo en toda la cara,  y así lo hice. El sonido retumbó en todo el bosque y una pequeña sonrisita triunfal se dibujó en mi rostro, cuando los ojos de Tennebris empezaron a tornar a un negro profundo. Retrocedí unos pasos alejándome de él cuando ya aparecía algo en sus manos, era como una especie de niebla negra que empezaba a invadir la zona. En unos instante, me ví envuelta por toda aquella niebla cuando un rayo de luz pura y blanco se abrió paso. Era mi collar, esa luz la había producido mi collar, pero... ¿Cómo? Tennebris retrocedió e hizo rechinar sus dientes.

-Al parecer se habían equivocado al decirme que no sabías utilizar tus dones, pero en fin, eso no me supone ningún problema querida. -Cuando estuvo a punto de abalanzarse ante mí una voz celestial  sonó con fuerza por todo el bosque haciendo que se levantara un viento huracanado  llevándose a ese idiota unos cuantos metros lejos de mí. Lo increíble no era esa ráfaga de viento, lo increíble era que esa ráfaga de viento la había provocado yo y que esa voz celestial y armoniosa procedía de mis cuerdas vocales, pero...
¡¿Desde cuándo demonios poseía esa voz?!

Cuando dí un saltito de alegría al ver lo que podía hacer, ese indeseable se abalanzó sobre mí. Me cogió de las muñecas y las estampó contra el suelo haciendo sonar un crack. Cuando ví como sacaba una cuerda para amarrarme las manos, Kenai tomó a Tennebris por la camisa y lo lanzó haciendo que se estampara contra uno de esos gigantescos árboles que abundaban en Asturias. Tennebris le dedicó una mirada cargada de odio a Kenai a medida que se levantaba y sus ojos volvían a ese color azul zafiro.

-Volveré asqueroso principito... -Tennebris salió corriendo por el espeso bosque a la vez que dejaba un rastro de esa niebla oscura a su paso.

Kenai me tomó de la cintura y me ayudo a levantarme con dulzura. Sus ojos preocupados ya recorrían mi cuerpo comprobando que Tennebris no me hubiera tocado ni un pelo, cuando se dió cuenta de la fractura de mi muñeca. La tomó con delicadeza entre sus manos y la examinó más de cerca.

-Vamos a un hospital a que te vean esto... -Intentó rehuir de mi mirada pero yo no le dejé hacerlo.

-Kenai... ¿De qué hablaba ese tipo?, ¿cómo he hecho eso?, ¿Por qué mi collar ha vibrado? y lo más importante... ¿Por qué te ha llamado principito? -Clavé mis ojos verdes esmeraldas en los  suyos sin compasión decidida a que me contara toda la historia de principio a fin , y como era de esperar me salí con la mía.

-Me llamo principito, porque soy un príncipe, más claramente el principe de la luz por así decirlo, nací bajo los de la raza solar , es decir, soy un siervo de la luz, del Sol y de todo lo relacionado con el tema. -Empezó a aclararme mientras nos subíamos en el coche, nos colocábamos el cinturón y cogíamos camino al hospital.

-¿Por eso llevas un tatuaje del Sol en el cuello? -Le sonreí mirando a sus adorados ojos grises.

-Así es, lo que no sabía es que tú dominabas tus dones al ser hija de la Luna, Bianca. -Me dedicó una sonrisa irresistible que me dió ganas de lanzarme a besarlo pero me controlé.

-La verdad es que no sé como hice eso... Pero fue una pasada, no me lo niegues -Solté una risa celestial parecida a la que había hecho sonar mis cuerdas vocales anteriormente en el bosque y me tapé la boca con un rápido movimiento- Pero qué demonios....

-Tranquila, es normal. Tennebris te quiere porque eres la única hija de la Luna existente hoy en día. Las hijas de la Luna tenías el don de la naturaleza, muchas veces habrás oído decir que la Luna influencia mucho las mareas, las tormentas, los tornados...  Pues a eso se refiere, también poseéis una preciosa voz, una belleza incalculable y una  capacidad  enorme para realizar movimientos artísticos  ya sea danza, expresión corporal, u otros muchos casos... -Me miró con una sonrisa pícara y todas las intenciones dibujadas en su rostro- Según tengo entendido, algunas de ellas también poseían otros dones, pero eso ya eran casos apartes y excepcionales.

Me quedé atónita al escuchar todo lo que era. Jamás me hubiera imaginado que esto me estuviera pasando a mí, jamás. Había pasado de ser el patito feo de la clase a ser una hija de la Luna con unos poderes inimaginables, una belleza excepcional y una voz de infarto así como mis movimientos. Aún no me lo podía creer.

-¿Eso soy yo...? -Le pregunté aún atontada en mis pensamientos.

-Sí, así es y no sabes el trabajo que me ha costado encontrarte... -Me miró a los ojos sonriendo.

-¿ Es que me buscabas? -Sonreí al escuchar sus palabras.

-No exactamente, no te buscaba, solo quería pasar el resto de la eternidad con el alma que complementa  a la mía y esa es la tuya. Desde el primer día que te ví, supe que esto pasaría aunque jamás te busqué porque pensé... que esas leyendas eran falsas... -Kenai continuó conduciendo con precaución mientras que miraba la carretera.

-¿Qué leyendas? -Conforme más me contaba, más quería saber. Quería aprender a utilizar mis dones, a saber todo sobre este nuevo mundo, quería conocer todas esas leyendas y , sobre todo, quería hacerlo  junto a Kenai.

-Te contaré todo lo que quieras cuando salgamos del hospital, ¿de acuerdo? -Aparcó el coche en el parking del hospital.

-De acuerdo- Sonreí lo más dulcemente posible cuando Kenai respondió  a mi sonrisa.

Nos bajamos del coche, y nos dirigimos a la sala de urgencias mientras que Kenai estaba cogido de mi mano sana.