Playa y encuentro


Playa y Encuentro

Aquella noche dormimos bien en el hotel, dormir al lado de Kenai era todo un lujo y ya empezaba a acostumbrarme a esto. Eva cada vez que nos veía soltaba un sonrisa dulce y César se carcajeaba de mí, como era normal en él. Cogimos el vuelo a primera hora de la mañana, y el trayecto hacia Alicante se me pasó muy rápido ya que Jack y Jorge no pararon de hacer monerías en todo el vuelo y las azafatas ya les llamaron demasiado la atención.
Aterrizamos sobre las doce  del mediodía y fuimos a comer a casa de mi tío. Como era de esperar, teníamos de comer, pescado rebozado, no era mi plato preferido pero no estaba mal. En cuanto dejamos todo el equipaje en nuestras respectivas habitaciones, nos dirigimos a la playa con una rapidez bestial. Si, teníamos muchas ganas de volver a bañarnos en el agua salada que bañaba estas costas, pero esto era una exageración. Eva y yo dejamos las esterillas en la arena , acomodando las toallas encima para estar cómodas mientras que Kenai y César clavaban la sombrilla justo encima nuestra para que no nos diera mucho el Sol. César echó a propósito arena en la toalla de Eva, cosa que a  esta no le hizo mucha gracia y termino regañándole, como era de esperar. Jorge y Jack salieron disparados hacia  aquella agua salada con todo su oleaje. Los ví meterse en el agua y comprobé que estaban bien, y que no se habían caído durante el  rápido trayecto hacia el mar, aunque conociendo a Jorge era bastante probable  que se tropezara y se cayera pero ese no fue el caso.

Al poco tiempo César y Kenai se metieron en el agua con una pelota de volleyball  con Jorge y Jack y comenzaron a jugar. Eva y yo preferimos quedarnos en la arena, yo bajo la sombrilla para no quemarme debido  a mi pálida piel, y Eva se acostó dónde le daba todo el Sol, había que admitirlo,  a Eva le encantaba coger su bronceado habitual. Dimos comienzo a una de nuestras respectivas charlas, y me pidió, como era de esperar, que le contara todo lo que  había ocurrido con Kenai, y a mí no me quedó más remedio que contárselo, era mi mejor amiga y nosotras nos lo contábamos todo. Tras terminar de contarle todo con pelos y señales, ví como Eva se quedaba atontada mirando algo. Esto no era muy común en ella, porque solía disimular, y ,como me esperaba, era un chico guapísimo que atravesaba la orilla de la playa con una tabla de surf profesional en la mano. Apostaba todo lo que tenía a que Eva ya le había echado el ojo. La verdad es que era un chico muy guapo de metro ochenta y pico, muy musculoso con unos buenos abdominales, con un bronceado natural y unos ojos verdes pardos cautivadores y salvajes. Lucía una melena no muy corta ni tampoco muy larga de color marrón mezclada con tonos dorados. Aquel color de piel y ese color de pelo, era porque vivía cerca de la costa y seguramente salía mucho por la playa.

Chasqueé los dedos delante de sus narices para llamar su atención, porque estaba totalmente embobada mirándolo.

-Tierra llamando a Eva, ¿me recibes? -Solté una risita mirando la expresión que se dibujaba en su rostro. Después de unos diez segundos, consiguió elaborar una respuesta.

-Houston... Tenemos un problema... -Eva me dedicó una sonrisa mientras que seguía mirando a él chico y pronunciando esas palabras.

- Y tanto que tenemos un problema, estas en las nubes. -Me reí incorporándome de la toalla.

- Estoy en el cielo solo con mirar a ese  Hércules que se me ha plantado en frente -Eva acompañó mis risas mientras que seguía repasando al chico de la tabla cuando la pelota de Kenai y César  venía directa a estamparse contra nosotras cuando el "Hércules" de Eva la interceptó en el vuelo.

-¡Eh tío! ¡Pásamela! - Le gritó César desde el agua haciendo señas con la mano. El chico la lanzó con un golpe preciso y fuerte que cayó justo en los brazos de César. Este, al ver este majestuoso pase, le invitó a jugar.- ¿Te apuntas a un partido con nosotros?- El chico lo meditó unos segundos y le respondió gritando desde la arena.

-Me encantaría pero, ¿Dónde dejo la tabla?

-Déjasela a las chicas de las toallas de atrás, están con nosotros, ellas te la guardaran. -César nos señaló mientras voceaba desde el agua.

Y en ese instante, los ojos de Eva centellearon como nunca antes al ver venir a aquel muchacho con su fabuloso porte hasta nosotras. Se agachó y clavo esos salvajes ojos verdes pardos en los de Eva con precisión.

-¿Te importaría guardármela hasta que volviera? No será mucho tiempo, te lo prometo.- Eva seguía atontada cuando por fin logró responder.

-Claro, tranquilo tómate el tiempo que necesites, voy a estar aquí todo el día. -Eva soltó una sonrisa dejando ver esos perfectos dientes blancos que poseía.

-Por cierto, me llamo Julio, ¿y tú cómo te llamas? -Volvió a mirarla a los ojos  y Eva volvió a embobarse.

-Me llamo Eva -Le sonrió con dulzura y Julio le dió dos besos cariñosos en la mejilla.- Encantada. Y esta es mi amiga Bianca.

-Un placer soy Julio -Me dedicó una sonrisa dejando ver sus dientes blancos como la misma nieve.

-El placer es todo mío, Julio, soy Bianca -Él me tendió la mano y yo se la estrecha con suavidad. Según mi abuela eso era de buena educación.

-Bueno, gracias por cuidarme la tabla hasta que vuelva, Eva, no tardaré. -Julio le sonrió a Eva de forma traviesa antes de correr hasta el agua, mientras que ya se le marcaban los músculos de sus gemelos bien desarrollados.

-No tengas prisa...  -Balbuceó Eva justo después de que Julio se marchara.

Me quedé mirando a Eva con una sonrisita pícara en el rostro mientras que clavaba mis vistosos ojazos verdes esmeraldas en los suyos. Seguramente Eva ya sabía lo que iba a decir, pero bueno, tenía que decirlo antes de que explotara.

-Solo te ha hecho falta babear, Eva -Solté una carcajada dulce y armoniosa que se escucho por toda la playa mientras que me defendía del rápido ataque de Eva.

 Menos mal que era bastante veloz, que sino, su mano hubiera terminado en mi cara sino me llego a apartar. Estuve comentando la jugada con Eva todo el tiempo que estuvimos tumbadas en las toallas. Como me esperaba, a Eva "casualmente" le dió calor y se tuvo que meter en el agua. En el momento en el que entro, César la obligó a jugar con ellos. Kenai quería salirse para estar conmigo, así que Eva lo sustituyó jugando en el equipo contrario con Julio.

Comenzaba a escuchar las risas de César, Jorge, Jack, Julio y Eva mientras que jugaban y , en ese instante, sentí las manos de Kenai que estaban totalmente mojadas sobre mi cintura.


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