El momento esperado


El momento esperado


Eva y yo comenzamos a correr por el bosque, admirando las vistas mientras hacíamos deporte. La verdad es que era un paisaje maravilloso, sobrenatural, algo que no se ve todos los días. Todo aquella vegetación cubría toda la superifice adoptando un color verde intenso que yo adoraba.
Eva y yo solíamos hacer deporte, cuando era más pequeña no tanto pero ahora que nos habíamos habituado a salir a correr todos los fines de semana por la mañana temprano, no me costaba tanto ponerme.
No es que fuera  la mejor chica del mundo corriendo pero se me daba bastante bien al igual que Eva, que siempre me seguía el ritmo. Avanzabamos por el bosque a paso rápido entre los árboles de vertiginosa altura, cuando llegamos de vuelta a la casa.

-Oye Bibi, he adelgazado cuatro kilos desde que salimos a correr, tenemos que hacer esto más a menudo y más seguido a la semana -Eva me dedicó una sonrisa mientras que entrábamos a mi adorada casita entre risas y comentarios estúpidos.

Subimos a mi habitación por las escaleras, no había nadie en mi casa, que raro. Seguramente ya estarían haciendo las maletas para coger mañana a primera hora de la mañana el vuelo hacia Alicante.

-Eva, voy a ducharme , ¿vale? , si viene mi abuela o alguien me llamas y empezamos a hacer la comida.

-Tranquila, me las puedo apañar yo sola, soy bastante buena cocinando además no creo que nadie suba a tu habitación  a ducharse.

-Tienes razón, bueno me voy a ducharme que tarde mucho tiempo en lavarme este pelo tan largo - Le sonreí a Eva y me dispuse  a meterme en la ducha.

Dejé la ropa  encima de mi cama, yo que no me quedaba muy lejos del cuarto de baño y abrí el grifo de agua caliente. Me solté mi larga melena rizada y me quité la ropa metiéndome en la ducha. No pude evitar sonreír al mirarme al espejo, ese nuevo yo no estaba tan mal después de todo, la verdad es que me gustaba bastante y ese tatuaje molaba mucho.  Noté caer ese agua ardiendo por mi espalda haciendo que cerrara los ojos, me encantaba sentir el agua tan caliente por todo mi cuerpo  me parecía algo gratificante, es como si me purificase o algo así, en pocas palabras, me gustaba y punto.
Comencé a  enjabonarme el cuerpo, y me lavé el pelo lo más rápido que pude para ayudar a Eva en la cocina, porque ella ya habrá terminado de ducharse seguro.
Cuando terminé de secarme el pelo me coloqué el albornoz y salí a mi habitación para coger la ropa. Iba  con los cabellos cayéndome hasta la cintura con el albornoz blanco puesto que resaltaba más mi piel pálida. Observaba la ropa insegura de lo que había escogido, pero bueno, es lo que hay. Cuando estuve a punto de quitarme el albornoz escuché unos pasos subiendo por la escalera, y me lo abroché a mi cuerpo con más fuerza. Entonces ví el rostro de Kenai que se quedaba congelado mirándome. Vale, mis mejillas ya estaban rojas como el fuego y no podía sentir más vergüenza. Me repasaba con la mirada, fijándose en cada detalle de mi cuerpo y de mi piel. Él ya empezaba a balbucear y yo me iba a poner a gritar de un momento a otro como no se fuera.

-¡Kenai! ¡Vete, no ves que acabo de salir de la ducha! -Clavé mis ojos verdes esmeraldas en los suyos a medida que mis mejillas iban adoptando un tono rojizo más intenso.
-S-Si... Ya... Ya me voy... -Balbuceaba a medida que retrocedía. Casi se cae al retroceder hacia la escalera.

Cuando se fue me vestí rápidamente y preparé la mochila para Eva y para mí. Por suerte, conocía a Eva muy bien y sabía que se iba  poner para nuestro fin de semana en la playa con mi tío.  Bajé las mochilas a duras penas por las escaleras cuando Kenai apareció detrás mío y tomo una de ellas.

-Eres muy debilucha para llevar esto, Bibi -Me dedicó una sonrisa irresistible, mientras que llevaba la mochila a su hombre y me clavaba esos ojazos grises.

-Disculpa, pero podía llevarlo yo solita perfectamente, Kenai.

-Eso lo dudo... -Se acercó más a mí, cuando ya empecé a notar ese aroma que me volvía loca. Me quedé parada en el sitio, mirándolo  a los ojos.

-¿Qué perfume llevas...?

-Yo no llevo ningún perfume, y esa pregunta te la debería hacer yo a ti, todos los días y todas las noches hueles así de bien, y se te terminará acabando  el perfume como sigas así -Sonrió mirándome a los ojos. Yo no llevaba ningún perfume y él tampoco. Entonces... ¿Por qué me gustaba tanto ese condenado aroma?.- A decir verdad, no sé que perfume será pero me encanta... -Dejó la mochila en el suelo y acarició mi mejilla mientras me arrinconaba contra la pared.- Por ejemplo ahora me está volviendo loco...

Sentía su suave tacto en mi  mejilla sonrosada, a medida que más se acercaba más ganas tenía de probar esos labio carnosos que me llamaban tanto la atención. Me pedían que me entregara a ellos, y yo  como humana que soy, no me podía resistir a ellos por mucho tiempo más. Cada vez estaban más cerca, ya se estaban produciendo ese ardor en mi cintura y ya estaba percatándome como su respiración se mezclaba con la mía, dando lugar a la mejor de las combinaciones. Kenai llevó sus manos a mi cintura haciendo que se pegara a la suya mientras me miraba con ese deseo, que solo había visto en sus ojos una vez. Sus labios rozaron los míos con un jadeo leve, y esta vez fui yo la que no se controló. Lo besé lentamente acercándome más a su cuerpo sin poder resistir ese aroma que tanto deseaba y esos labios que tanto ansiaba. Kenai, me correspondió con un beso aún más efusivo. La mínima parte de mi subconsciente que no estaba centrada en él, sus caricias y sus besos, pensó: "¿Sería esto lo correcto para ambos?". Es decir, él era mi mejor amigo, y era obvio que lo amaba y mucho, pero y si esto no salía bien ... ¿Qué pasaría ?. Las palabras flotaban en mi cabeza mientras que lleve las manos  a el cuello de Kenai e inconscientemente, rocé su tatuaje. Noté como Kenai se estremeció al contacto de la palma de mi mano con su tatuaje y decidí apartarla. ¿Le pasaría  a él  lo mismo que  a mí? En cuanto Kenai sintió que apartaba la mano, llevó el suave tacto de sus dedos al tatuaje de mi cintura por debajo de mi camiseta cuando algo recorrió mi cuerpo. Era una ola de calor y electricidad, me estaba recorriendo entera, sin dejar una parte de mí pero no me hacía daño. Era la sensación más placentera que jamás había sentido, fue entonces cuando mi mente reaccionó...
Él había sentido aquello cuando yo había rozado su cuello, por eso se había estremecido... Me separé de él dejando de besar sus suaves y deseados labios clavando mis ojos verdes esmeraldas en los suyos mientras que le sonreí de forma dulce.

-Has sentido lo mismo que yo... -Susurré con asombro en sus labios sintiendo su respiración a pocos milímetros de  los míos mientras que él me sonreía.

-Si, no sé el por qué, pero tu aroma, tu pelo, tu cuerpo, todo tu conjunto, me vuelve loco... -Acarició mis labios volviendo a pegar su cintura a la suya de un movimiento majestuoso.

-Por si no lo sabías, tu olor me encanta... -Volví a pasar mis dedos suavemente por su tatuaje con la forma del astro Rey mientras que él pegaba su frente a la mía con un jadeo combinado con una sonrisa.

Antes de que pudiéramos retomar lo que habíamos dejado mi hermano César apareció soltando una sonrisa traviesa y pícara al vernos juntos.

-Chicos, no es por molestar, pero vuestros besos se escuchan por todo el salón, y vamos a perder el avión que nos va a llevar al hotel para poder coger el avión mañana a primera hora así que, si no os importa, dejad los cariñitos para el hotel. -César volvió a reírse.

Yo me puse colorada como era de esperar y entonces Kenai llevó sus deseados labios a los míos por última vez antes de coger mis dos maletas y cargarlas en peso.

-¿Vamos, Bibi? -Me dedico esa sonrisa suya tan irresistible y me dió un beso dulce en el cuello.

-Sí, vamos...






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