Batalla Reconciliadora.


Batalla  Reconciliadora.



Mordí su labio inferior atrayéndolo hacia mi cuerpo. Paul acariciaba mi cintura con suma delicadeza y suavidad mientras intentaba grabar el sabor de mis labios en su mente. La luz de la Luna Llena bañaba nuestros cuerpos, haciéndolos más blancos que antes y aumentaba el color azabache de nuestros ojos. Noté como ponía su alma en cada beso que me regalaba y con cada caricia que me dedicaba. Después de bastante tiempo, una pequeña parte de mi mente pudo llegar a "pensar", bueno, por lo menos a razonar lo que estaba pasando.

Hacía más de dos meses que conocía a Paul y hacía más de dos meses que Kenai me había destrozado.Mis heridas sangrantes empezaban a cicatrizar de forma sana y  no con esa droga. Con esto a me refiero a que estas heridas no se habían cicatrizado con odio, rabia, ira y sobre, con el deseo de venganza. Pero ahora Paul se estaba encargando de limpiar y purificar mis heridas mal curadas. Cada beso suyo, era como una ola de agua pura sobre mis heridas infectadas, cada caricia era como una venda colocada perfectamente sobre mis hemorragias, cada gota  de su amor, era sangre para mi corazón. Así, mi contador sanguíneo se había rellenado en apenas dos meses con pequeñas muestras de cariño y amor por parte de Paul, que no llegaban a ser completamente puro amor sanador como el de ahora. Su fuego se introdujo en mi cuerpo como una explosión espacial que destroza todo a su paso para dar lugar a una nueva galaxia. Su amor me había desarmado completamente. Me había matado, para después devolverme a la vida. Había desnudado mi alma para limpiarla y , acto seguido, volverla a vestir. Sentí como unas gotas de agua salada humedecían mi rostro marfileño de porcelana. Ay pobre... Paul estaba llorando. Mis dedos acariciaron sus mejillas delicada y suavemente mientras clavaba mis orbes azabaches en los suyos.

-¿Por qué lloras Paul? ¿Te hice daño? -Dije secando sus lágrimas con mi dedo pulgar mientras le dedicaba una linda sonrisa.

-P-Porque yo...-Mencionó tartamudeando entre lágrimas. Por Dios, ¡Que cosita más tierna!-Pensaba que jamás me amarías y que jamás pasaría este momento -Dijo mientras que las lágrimas brotaban de sus ojos- Llegué a pensar que en cuanto Kenai regresara, te marcharías con él para siempre y que no volverías a mi lado nunca más...-Se quedó callado para tomar aire- Ni en mis mejores sueños llegué a pensar que este momento llegaría a tener lugar...-Respiró entrecortadamente y retomó la palabra- No sabes lo feliz que me haces, Bibi, no te haces la idea de cuan feliz soy ahora -Me estrechó entre sus brazos, con mimo, como si fuera una niña pequeña. Yo no dudé en rodear su cintura con mis piernas como si fuera un monito mientras me reía musicalmente.

-Ay, que tonto eres - Sonreí de medio lado mientras lo miraba fijamente a los ojos. Esos ojos negros como el carbón que se me clavaban como espadas incandescentes. Paul me tomó por la espalda con sus potentes brazos, atrayéndome hacia él entre risas.

Apartó los cabellos que tapaban mi rostro perfecto, dejando ver , así, mi blanca y aterciopelada piel, donde destacaban mis enormes orbes negros con mis pestañas larguísimas y rizadas, mi naricita de elfo y mis labios finos y rojizos. Delimité cada pequeña porción de su rostro de porcelana con mi mirada, fijándome en cada uno de sus detalles. Sinceramente, nunca me había parado a pensar lo perfecto que era Paul.

-Pareces un ángel...-Susurré sin darme cuenta alguna de que había pronunciado esas palabras delante suya y en voz alta. Mi cuerpo no tardó mucho en provocar colores en mis mejillas.

-Si lo fuera, o al menos eso consideras tú, sería tu ángel y , probablemente, no procediera del cielo , sino del infierno- Dijo dedicándome esa sonrisa magnífica que solamente él poseía.

-Oh vamos, tú no eres malo - Dejé claro mientras me reía dulcemente. Acaricié sus mejillas, apartando los mechones negros con las puntas rojas de sus ojos, dándome así, un mayor campo de visión de esas dos cuentas negras que me arrebataban el aliento.

-Soy malo en otras situaciones...-Susurró en mi oído antes de morder el lóbulo de mi oreja sensualmente. No hicieron falta ni dos segundos para que se me erizara la piel  entera y mi cerebro desconectara totalmente de mi alma. Lo atraje más a mi, sonriendo de medio lado, mientras sus ojos recorrían todo mi cuerpo.

-¿Así? Demuéstrame cuan malo puedes llegar a ser, Paul - Reí melodiosamente provocándole un poquito más. Vamos a ver hasta donde puede aguantar el guerrero de la madre Luna.

-Te vas a enterar - Adosó todo su cuerpo a mi, besándome con una violencia y una pasión desmedidas. Acaricié su cuello y jugueteé con sus cabellos con ternura. Me sentía completa... Sí, me sentía completa y feliz.

¿Para qué mentir sino me servía para nada? Paul conocía todas mis debilidades. Había llegado a conocerme en apenas dos meses. Consiguió comprenderme y sobretodo , sé que siempre estará allí para mi. Se puso encima mía, tirados en la cama, con la Luna Llena bañando nuestros cuerpos con su luz blanca y pura. Reí acercándome a él mientras Paul se dedicaba a lamerme el cuello entre risas sensuales y provocadoras. Jugueteé con sus cabellos invirtiendo la postura, abriendo las piernas entorno a su cintura mientras retiraba los cabellos de su rostro.

-¿Y ahora que harás?- Dije acariciando su potente cuerpo con una sonrisa provocadora de medio lado , por cortesía de mis labios finos y rojizos.

-Te sorprendería - Me dijo de igual manera con una mirada perversa. Vale, me encantaba cuando se ponía así, estaba tan irresistible.

-Sorpréndeme- Las palabras salieron acompañadas de una sonrisa desafiante. En ese preciso instante, Paul elevó su cintura hacia arriba para intentar bajarme de ella , entre risas.

-¡Paul! - Le pegué un manotazo en los abdominales mientras que él se reía a carcajadas. Apuesto a que se podían escuchar desde el piso de abajo.

-No me haces daño -Dijo riéndose mientras cerraba los ojos y colocando sus manos en su nuca, con la cabeza apoyada en la almohada. Íbamos vestidos, con la ropa justita, pero vamos a tentar a la suerte un poquito más.

Levanté una ceja de forma provocadora. Acto seguido, dejé caer mi peso sobre la cintura de Paul mirando su próxima reacción ante ello. Su rostro cambió la expresión, por una placentera y dolorosa. Se le erizó la piel y se estremeció entre mis piernas. Jadeó cerrando los ojos mientras agarraba mi cintura con ambas manos.

-Ya veo que no te hago daño -Volví a reírme mirando como Paul estaba encogido debajo mía.

Se elevó para devolverme el ataque cuando algo captó nuestra atención. Unos gritos estridentes y escandalosos surgían de las calles de  esa ciudad subterránea. Solo hizo falta una mirada por nuestra parte para saber que deberíamos ir al encuentro de los seres que provocaban esos gritos. Salté de la cintura de Paul, vistiéndome con agilidad mientras él hacía lo mismo. Cuando estuvimos preparados para el combate, nos miramos a los ojos. Estos seguían negros como el carbón en ambos casos. Paul me cogió en peso para que enroscara las piernas en su cintura y poder compartir un beso violento y apasionado. Tras unos segundos de amor desmedido y pasional, salimos del pequeño apartamento que nos había proporcionado Derek.

-Yo iré directamente abajo, tú avisa a Derek y a César que seguramente estarán muy ocupados - Se rió entre dientes de forma perversa antes de bajar las escaleras para equiparse bien.

Toqué la puerta de forma seguida y ruidosa, para que me abrieran la puerta lo antes posible.

-¿Bibi? ¿Qué pasa? - Me preguntó César solo con unos calzoncillos  puestos.

Derek se asomó por el pasillo casi desnudo. Ambos se miraron con un interrogante en sus pupilas. Yo me dí prisa en comentarles lo ocurrida afuera con algo de nerviosismo.

-Paul y yo hemos escuchado unos gritos procedentes del exterior. Él ya ha ido a equiparse abajo y yo he venido para pediros ayuda.

Derek y César compartieron una mirada fugaz y sonrieron de medio lado.

-Cuenta con nosotros, pequeña - Dijo Derek guiñándome un ojo.

-Al fin algo de diversión - Comentó César riéndose entre dientes mientras miraba a Derek de reojo.

-César, cierra la puerta que me vista y enseguida bajamos, princesa - Derek me dedicó una mirada provocadora antes de desaparecer en el pasillo para prepararse.

Bajé corriendo por las escaleras y llegué al lado de Paul.

-¿Preparada, diosa del Olimpo que me hace desfallecer?

-Preparada- Sonreí todo lo mejor que pude. Dejó un beso en mi nariz y rozó mi gargantilla con su tacto de terciopelo.

-Vamos a cortar algunas cabezas - Dijo riéndose entre dientes.

Sonreí de medio lado un tanto malévola y sádica. Puede que estos sean mis último minutos de vida, pero realmente, me daba igual. Si de todas formas iba  a morir, preferiría morir luchando. Mis pasos atravesaron la puerta que tal vez separe a la vida de la muerte, pero realmente, poco me importaba ahora- Mi único fin en esos momentos era acabar con cuantas sombras pudiera y salvar cuantas vidas se me permitiera. En cuanto Paul salió, mis ojos se centraron en todos esos hombres encapuchados que intentaban acabar con la vida de toda esa ciudad subterránea.

Mi alma se encendió instantáneamente al escuchar los gritos de todos los ciudadanos. Gritos desgarradores que se grababan a fuego en mi mente. La ira empezaba a recorrer mis venas y ese nuevo poder comenzó a florecer en mi interior. Mi compañero quitó dos cabezas de golpe, con unas patadas. Agarré a uno de los encapuchados por los brazos mientras me subía a su espalda con éstos echados hacia atrás, provocándole así un gran dolor. Entonces fue cuando ví un rostro conocido venir para arrancarle la cabeza a ese indeseable.

Si, Eva. Mi queridísima Eva. Cogió su cabeza y se la arrancó de cuajo, dejándola caer al suelo como una pelota de fútbol. Acto seguido, me bajé de la espalda del encapuchado inerte y miré  a mi mejor amiga a los ojos. Me sonrió. Le sonreí. Y nos fundimos en un abrazo que no parecía tener final.

-Detrás tuya , Bibi -Dijo al abrazarme. Me dí la vuelta , le dí una patada frontal al encapuchado gritón, quitándole la cabeza , cayendo ésta más tarde al suelo. Solté una risa y le dí un beso en la mejilla a Eva.

-¿Cómo has estado? - Pregunté acabando con el encapuchado que le iba a atacar por la espalda.

-Buff...-Resopló antes de contestarme- Ahí vamos, tía -Comentó pegándole un puñetazo a otra de las sombras que no cesaban de lanzar repetidos ataques contra nosotras- ¿Y tú?

-Creo que tengo que opinar lo mismo que tú - Respondí a su pregunta colocándonos espalda contra espalda mirando a la marea negra que se nos venía encima- Me alegro de verte - Me reí al verla tan feliz.

-Creo que tengo que opinar lo mismo que tú - Repitió mis palabras entre risas mirándome de reojo.




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