Jugando al escondite con el malo.



Jugando al escondite con el malo


Me fui a la cocina. Eran las seis de la mañana, pero no me importaba mucho la verdad. Había salido de mi pesadilla para vivir otra peor, la realidad. Sí, eso sí que era una maldita pesadilla. Me hice unas tostadas de mantequilla como me solía hacer mi abuela y me preparé un café con leche. Sí, amaba el café. Me senté en la silla que se ubicaba en la cocina y me quedé mirando por la ventana que se presentaba delante mía. Este día prometía ser un nuevo comienzo para mí. Sí, una nueva vida sin dolor ni tristeza, solo venganza e ira. Lavé los platos y al rato escuché la puerta al abrirse. Me asusté un poco , pero enseguida cogí una sartén de  la cocina y me escondí tras el hueco de la puerta y el frigorífico. Era un figura vestida entera de negro, como una sombra. Pude reconocer que era un varón, por su altura  y la anchura de sus músculos.  No tarde mucho en reaccionar, en cuanto lo tuve a punto de tiro, le solté un buen golpe en la cabeza con la sartén. Algo me sorprendió bastante, no sangraba. Salí corriendo de ahí buscando a Paul. Entré en la habitación y lo encontré vistiéndose. Iba sin camiseta y estaba con sus vaqueros negros ajustados desabrochados. Se me quedó mirando alelado y , acto seguido, sus mejillas pálidas se sonrojaron antes de alzarme la voz.

-¡Bianca! ¡Hazme el favor que me estoy vistiendo! - Me gritó al verme. Apuesto a que mis mejillas también estaban rojas, pero no tenía tiempo.

-Paul, alguien ha entrado en la casa, creo que es un enviado de Tennebris - Dije alterada mientras que él se abrochaba el pantalón.

-Bien, sin tiempo de reacción- Dijo resoplando- Voy a bajar que pasa, tú quédate aquí.

-No pienso quedarme aquí sin hacer nada, Paul, yo bajo contigo.

-Está bien, pero déjame atacar a mí, ¿vale? - Me clavó sus ojos verdes con ligeros toques amarillentos por unas milésimas de segundos antes de que empezáramos a caminar hacia la cocina.

Cuando llegamos a la cocina, el hombre vestido de negro ya no estaba y ya no había ningún rastro de él. Me quedé en silencio, haciendo que esa fuerza que solía aparecer en mí en los momentos de cólera llegara a mi corazón de forma rápida y eficaz. Sí, desde que dominé la ira y lo único que quería era venganza, podía activar esos poderes extremos cuando me diera la gana. Enseguida, mis músculos se tensaron y mi gargantilla soltó una especie de descarga que solo pude sentir yo. Esa era la señal de que el enviado de Tennebris andaba cerca y no pensaba quedarme de brazos cruzados mientras que estuviera suelto por aquí. Si daba con Bandit y Jared, ya nos podíamos despedir. Pero yo no iba a dejar que eso ocurriera así que seguí mi instinto asesino, tal y como lo nombró Paul, y fui hasta la habitación de Jared y Bandit. Ahí estaba ese condenado, a punto de clavarle una puñalada por la espalda a mis amigos para terminar con su vida, pero yo ya estaba ahí y tenía tiempo de reacción. En media milésima de segundo me subí a su espalda y le quité ese navaja. La lancé contra la pared, incrustándola en ésta y haciendo que Bandit y Jared se levantaran del tirón. Me quité el cinturón y lo enrosqué alrededor de su cuello. Apreté con todas mis fuerzas mientras que mi cuerpo ya empezaba a soltar descargas eléctricas. Los gritos de ese indeseable rebotaron en la pared, pero cesaron rápido , ya que le quité la cabeza de un rápido y astuto movimiento.  La sangre salía como si de una manguera se tratase, mientras se derramaba en el suelo. Bandit se quedó helada mirándome al igual que Jared. Lo único que hice yo fue soltar una sonrisita maliciosa y fría. Cogí el cuchillo de la pared e investigué el cadáver de ese espía. Llevaba un papel guardado en uno de sus bolsillos. Sé que eso es violar la intimidad de alguien, pero creeme, realmente me daba igual. Cogí el papel y lo abrí. Era un mapa, sí, una especie de mapa de unas catacumbas o vías subterráneas. Dejé el cuerpo tirado en el suelo y me dirigí hacia la cocina.

-¡Bibi! ¡¿Dónde estabas?! ¡Se puede saber que...! - Se quedó con la frase colgando al ver como iba manchada de sangre y con el papel entre manos. Sus ojos no paraban de examinarme de arriba a abajo en busca de alguna herida, pero por desgracia no tenía ninguna. Le tiré el papel ,manchado de sangre también, encima de la mesa.

-No sé lo que es, pero apuesto a que algo tiene que ver con el actual escondite de Tennebris y apuesto a que hay una vía de acceso bastante sencilla -Descansé mi cuerpo en una silla mientras miraba a Paul. Él cogió el papel y lo miró detenidamente. A los pocos segundos, sonrió dejando ver sus colmillos, haciendo de su sonrisa algo oscuro y tenebroso. Algo que yo adoraba y que no me daba ningún miedo.

-Sí, es el nuevo asentamiento de  Tennebris y  hay una muy sencilla vía de acceso - Me dedicó esa sonrisa oscura y yo se la devolví con una de las mías.

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