Regreso a España


Regreso a España


No tenía ni idea de cual era nuestro nuevo destino, pero si tenemos que ir en barco, seguramente estará un poco lejos. Cogimos el dichoso barco a las tres de la mañana y salimos zumbados del puerto. No tenía  ni idea, ni de donde nos íbamos ni a donde nos dirigíamos, pero me daba igual con tal de alejarme de Kenai y el dolor que solo él me producía. No pude contar las horas que nos pasamos en ese barco, ya que estaba bastante mareada por el vaivén de las olas, pero Paul estuvo ocupándose de mí durante todo el trayecto. Oí la voz del capitán del barco que nos informaba de que ya habíamos llegado a tierra. ¡Sí, tierra, por fin! ¡En cuanto bajara del condenado barco besaría el suelo como nunca antes lo había hecho!

Por suerte ese momento no tardó mucho en llegar. Desembarcamos y lo primero que hice fue besar el suelo, lo que produjo las risas musicales de Paul. Este clima me agradaba mucho, es más, me resultaba bastante familiar. Hacía calor, y el Sol brillaba en lo alto del cielo. Las ráfagas de viento veraniegas jugaban con mis cabellos mientras que mis esmeraldas brillaban con los rayos ultravioletas del astro rey. Sí, este clima era tan familiar...

-Bienvenida a casa, Bianca -Me susurró Paul al oído- Estamos en España, pensé que querrías regresar después de todo lo ocurrido con Kenai y... -No le dio tiempo a terminar la oración, ya que había saltado a sus brazos y ahora lo estaba abrazando con fuerza mientras me reía con la cabeza hundida en su cuello.

-Gracias Paul, gracias por traerme de verdad... -Decía en su cuello sin que mis pies rozaran el suelo, ya que él me había tomado en peso como si fuera una ligera pluma. Tras estar unos minutos abrazados, Paul me bajó al suelo y me sonrió sin que pudiera ver sus ojos de serpiente por culpa de su flequillo negro azabache con las puntas rojas como el  fuego.

-Bueno, ¿qué te parece si cogemos las maletas y nos vamos a mi casa?-Me preguntó Paul con una sonrisa dibujada en su rostro, la cual dejaba ver sus marcados colmillos. Cualquier persona supersticiosa, que creyera en los seres fantásticos, pensaría que él es un vampiro y , para que negarlo, tenía la apariencia de uno. Yo asentí a su pregunta y él cogió todas las maletas, pero antes de que pudiera dar un paso, escuché unos gritos que me llamaban desde la otra zona del puerto.

-¡Bibi! ¡No seas puta y ven a darme un abrazo! - Ese pelo rojo inconfundible que se iluminaba como una cereza y esa voz musical no los olvidaría jamás. Era Bandit, que me chillaba como una loca en el otro lado de la zona de desembarque. Corrí hacia ella y la abracé con todas mis fuerzas. Ella también me abrazó con ganas. Acto seguido, me miró a los ojos y acarició mis mejillas- ¿Cómo has estado? ¿Estás bien? Voy a matar ese capullo de Kenai- Dijo con el odio tiñendo sus palabras.

-Tranquila, Bandit, no te preocupes por mí. Estoy bien ahora, pero antes no lo había estado y no te preocupes por lo de Kenai, tendré mi venganza -Dije mientras la miraba a los ojos. Ella me dedicó una maliciosa sonrisa y dejó un tierno beso en mi mejilla. Enseguida, noté como Jared estaba ayudando a Paul con las maletas.

-Tengo el coche aparcado en el parking del puerto, si nos damos prisa, podremos salir sin pillar ningún atasco - Escuché la voz de Jared detrás mía y le asentí con la cabeza.

El viaje en coche fue relativamente corto, comparado con el viaje en barco no fue nada. Al aparcar, los chicos bajaron las maletas  mientras que Bandit y yo nos tirábamos en el sofá para charlar un rato. Ella me contó que los demás chicos de la patrulla estaban preparando la batalla final contra Tennebris en Alemania, donde ahora estaban todos los guerreros de todo el mundo reunidos. También me contó que todos estaban deseando verme y que me echaban mucho de menos. Yo también los echaba de menos a todos, sobre todo a mi hermano César, a quien necesitaba más que a nadie. Bandit me comentó que dentro de una semana partiríamos hacia Alemania para reunirnos con todos ellos y organizar la batalla. Yo estaba deseando verlos a todos. Después de hablar sobre el viaje y eso, le conté detalladamente todo lo ocurrido con Kenai. Ella me dijo que sería mejor que investigáramos más a fondo cuando llegáramos a Alemania y yo le hice caso.

-Bueno Bianca, si no te importa, dormirás esta noche con mi hermano, ya que en nuestra casa no hay mucho espacio disponible... -Dijo Jared un poco culpable mientras se mordía el labio inferior. Bandit se puso de puntillas y beso sus labios. Fue solo un roce, pero se notó que Jared se alegró al instante.

-No te preocupes, Jared, no tengo problema con ello.

-Gracias por entenderlo, Bianca - Me dedicó su mejor sonrisa al terminar de pronunciar las palabras- Por cierto, tus hermanos pequeños, tus padres y toda tu familia está concentrada en Alemania. Al parecer tienes una de las mejores familias de  toda la cara oscura de la moneda, te felicito - Dijo Jared mientras rodeaba el hombro de Bandit con su brazo.

Vaya, no sabía que toda mi familia estuviera metida en este lío. Mi madre, mi tía Odette, incluso mi inocente abuelita estaba metida en esto... Aún me costaba asimilarlo pero sería lo mejor para mí, ya que los tengo y los tendré apoyándome en todo momento respecto a los temas de la cara oscura de la moneda, según lo había mencionado Jared. Sí, esto iba a ser mejor de como me lo imaginaba. Libraremos una batalla épica contra un ejército negro, terminaré con el mismísimo diablo que recibe el nombre de Tennebris y tendré mi venganza contra Julia, pero un momento... Kenai.... Me dolía hacerle daño a él... En el momento de la verdad iba a ser totalmente incapaz de provocarle algún tipo de dolor. La verdad es que sus conductas habían sido totalmente contradictorias. El día el cual me engañó, al principio  no estaba arrepentido y pasó del tema, pero después corrió escaleras abajo como una furia mientras que lloraba para que no me fuera. Ese día en el bosque, parecía que quería matarme aunque al final no pudo hacerlo...

Ahora que lo pensaba detenidamente no tenía sentido nada de lo que estaba ocurriendo con él. Si lo meditaba más detenidamente, él no había cambiado para nada durante todos estos días, espera, un momento... Había algo que si había cambiado en él en esos dos momentos en los cuales lo había visto... Mejor dicho, habían dos cosas que habían cambiado de una vez para otra...

Sus ojos y su tatuaje.



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