Revolución Improvista
-¿César?-Dije con cierto desconcierto mientras que mis pupilas repasaban la figura escultural de mi hermano mayor.
Sí, mi hermano, el semental de las chicas, con el cuerpo que cualquier mujer codiciaría, era homosexual. La verdad es que... ¡Me alegraba por ello! ¡No tendría que soportar novias insolentes! Perfecto, menos estrés para mí.
-Ya pensaba que te habías olvidado de mí -Soltó una risotada dejando a Derek de pie en el suelo. Entonces , mi hermano mayor me cogió en volandas y me abrazó con muchísima fuerza. Noté como mis hombros se humedecían. Estaba llorando.
Sí, César, la persona que yo consideraba que era la más fuerte del mundo, estaba llorando como un niño abrazado a su hermanita pequeña que había pasado un infierno gracias a un tremendo idiota. Acaricié su espalda , fundiéndonos en un profundo abrazo. Por unos instantes, pude sentir el alma de mi hermano, dolorida, triste y pidiendo ayuda a gritos. Eso me hizo recordar todo mi pasado. El dolor se volvió a apoderar de mi alma y yo también rompí en llanto. Derek y Paul miraban la imagen atónitos, como si no nos comprendieran y la verdad es que esta imagen era bastante idiota. Dos hermanos que llevaban semanas sin verse, llorando sin razón. Y no llorando de felicidad, sino de tristeza. Después de unos segundos abrazados, nos separamos y sonreímos como símbolo de complicidad. Ya estábamos mejor y de seguro que este dolor se iba a acabar.
-Bueno...-Dijo Paul mirándome a los ojos. Se acercó a mí y me susurró al oído- ¿Estás mejor...?
-Sí, Paul, tranquilo...-Susurré viendo como Derek y César discutían.
-¡¿Cómo te atreves a dejarme solo?! ¡Eres un monstruo sin sentimientos! ¡Me has hecho pasar un infierno! ¡Ya te vale Cé...!-Se quedó callado, ya que mi hermano lo había cogido por la nuca y se había puesto a comerse sus labios.
Reí internamente y noté como Paul estaba sudando. Unas gotas cayeron por su frente y humedecieron su flequillo. Me puse en frente suya y le miré a los ojos. Aparté su flequillo y le tomé la temperatura. Tenía fiebre, era obvio.
-Paul, tienes fiebre... Será mejor que descanses, estás agotado. Yo te preparé algo para comer y tú descansas, ¿vale? -Acaricié sus mejillas mientras lo miraba a los ojos.
-No,no. Yo estoy bien, puedo aguantar...-Se tambaleó un poco y lo sujeté. Menos mal que Derek se dio cuenta que Paul estaba mal y me dijo algo entre beso y beso que le proporcionaba mi hermano.
-Sube las escaleras hasta el segundo piso, la última habitación a la izquierda- Me dijo con la respiración entrecortada mientras que César lo tomaba por la cintura y lo aproximaba a él.
Ayudé al pobre y débil Paul a subir las escaleras. Cuando llegamos al segundo piso, busqué las llaves por todos lados y pensé donde las podría haber metido Derek. Sí, una mente tan infantil seguro que las había escondido debajo del felpudo. ¡Ajá! Yo nunca me equivoco respecto a los temas de los niños pequeños. Cogí las llaves, abrí la puerta y encaminé a Paul hacia la cama de la habitación. Le eché una mano para que se acostara y le apagué la luz para que descansara. Me senté en uno de los sofás de la pequeña sala y me acaricié los cabellos. Puaj.. Que asco... Creo que me voy a dar una buena ducha. Busqué el cuarto de baño y lo encontré con facilidad cuando mi mente retrasada cayó en algo... No tengo ropa limpia... Bien... Buena, Bianca, te has lucido. Tarde, ya estaba desnuda. Maldita sea...
Salí del baño intentando hacer el menor ruido posible, con una toalla alrededor de mi cuerpo. Aclaración respecto a esta: me tapaba lo justo. MUY JUSTO. Llamaron a la puerta y resoplé. Tranquilidad, Paul está durmiendo, abre la puerta de la maldita habitación y echa un vistazo antes de hacer nada. Izquierda... Derecha... Aparentemente no está despierto. No me fiaba de quien podría ser , así que , tú estate quietecita...
-Bianca, soy Derek, ábreme. Traigo algo de parte de tu hermano-Dijo aporreando la puerta. Será bruto. Abrí la puerta y lo miré con cara de malas pulgas. Me repaso bien con la mirada y se rió de forma sonora.
-Tienes suerte de que sea homosexual. No se puede ir provocando así por aquí, pequeña- Mencionó con una sonrisa pícara- Toma, tu hermano ha pensado en ti, ya sabes que es muy atento- Derek me entregó una maleta- Bueno, me voy, tengo un asunto pendiente...
-¡Derek, el agua va a empezar a salir fría, tú verás! -Escuché la voz de mi hermano a gritos desde la habitación de enfrente. Éste salió disparado y cerró la puerta.
César, te quiero, me has salvado el pellejo. En el interior de la maleta, estaba toda mi ropa. Sonreí para mis adentros y cogí algo cómodo. Unas mallas negras y una camiseta de tirantes de igual color. Bueno, y la ropa interior , claro está. Me metí en la ducha, me lavé el pelo todo lo rápido que pude y salí a recoger la pequeña "casita" que nos había dejado Derek para que pasáramos una temporada. Estaba de espaldas cuando escuché la voz de Paul.
-Bianca, me puedes dar un vaso de agua por favor... Estoy deshidratado...-Paul estaba apoyado en el marco de la puerta de la habitación sin camiseta y con los pantalones desabrochados, sudando la gota gorda.
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