Chocolate Caliente
Kenai se tiró en el sofá mientras que resoplaba audiblemente. Se revolvió los cabellos mirando al techo. Seguramente estaba bastante molesto por el comportamiento de Hilary, y yo lo veía bastante normal porque siempre se tenía que hacer lo que quería mi amiga. Me propuse como nuevo reto subirle un poco el ánimo y apuesto a que no me costaría mucho. Tomé camino hacia el sofá y me tumbé a su lado, jugueteando con sus cabellos. Mis dedos se enredaban entre ellos con mimo mientras que mis ojos se clavaban en los suyos. Él tomó mi cintura y me acercó más a él. Las yemas suaves de sus ardientes dedos recorrían mi rostro de arriba a abajo mientras que sus ojos se dejaban hechizar por los míos.
-No estés enfadado, ya sabes que Hilary es así...
-Ya sé que ella es así, pero me ha molestado bastante su actitud...
-Vamos, tenemos que estar atentos a nuestra misión y no a ella. Solo concéntrate en lo que más importa, cariño - Acaricié su rostro con toda la suavidad posible.
-Está bien... -Suspiró tomándome más fuerte de la cintura- ¿Qué te parece si nos hacemos un chocolate caliente? -Preguntó con una sonrisa hermosa dibujada en su rostro.
-Me parece perfecto - Le dediqué mi mejor sonrisa mientras que mi cuerpo ya se levantaba del sofá-cama.
Mis pasos tomaban como próxima dirección la cocina, donde me esperaba mi codiciado chocolate caliente. En Alaska hacía un frío terrible y claro, caldearse un poco con una bebida como esa, era todo un capricho. Kenai me indicó donde estaba el chocolate y donde estaba el azúcar mientras que él fue a por la leche que estaba en el frigorífico. Me puse de puntillas para llegar al armario superior donde se encontraba el chocolate en polvo y el tarro con el azúcar. El chocolate el polvo se quedó en su sitio cuando abrí el armario, pero el azúcar no y lo más interesante... Es que el tarro no llevaba tapadera.
Sin que pudiera reaccionar, todo el azúcar se cayó por todo mi pecho, llenando todo mi cuerpo de ella. Por suerte , mi pelo se quedó intacto y mi rostro también. Solo pude quedarme boca abierta cuando Kenai entró por la cocina.
-¿Qué has hecho? -Estalló en risas al ver todo mi cuerpo lleno de azúcar y mi rostro aún con el susto encima.
-Creo que me he bañado en azúcar -Dije yo, mientras que mis manos posaban lo que quedaba del tarro de azúcar sobre la encimera de la cocina. Kenai se acercó a mí y me lamió el azúcar del cuello.
-Mmm... No está mal -Soltó una risa mientras apoyaba la cabeza en mi cuello y rodeaba mi cintura con sus portentosos brazos.
-¡Kenai! -Le reproché con una sonrisa dulce.
Sobre las cuatro de la tarde terminamos nuestro chocolate caliente y dejamos que se enfriara un poco, ya que prácticamente, estaba en ascuas. Mientras tanto, para pasar el rato, charlamos un rato sobre como íbamos a reunir a las patrullas que merodeaban por aquí. A Kenai se le ocurrió que podríamos ir por los lugares que John nos había señalado en el mapa y buscarlas en su punto de encuentro, cosa que seguramente nos haría la tarea más fácil que estar buscando a todos sus miembros por todas las casas. Cuando el chocolate se enfrió un poco, pudimos tomárnoslo con calma y tranquilidad entre risas. Escuché los pasos de Hilary dirigirse hacia la cocina.
-¿Habéis hecho chocolate y no me habéis dicho nada? -Dijo ella toda indignada de nuestra acción a lo que no pude evitar reírme.
-Te lo tienes merecido por bruja , Hilary - Intervino Kenai con una sonrisa maliciosa- ¿Brindas con nosotros? -Alzó la copa mirándola .
Hilary refunfuñó y volvió a su habitación enrabietada. Kenai se volvió a reír y me miró. Sus ojos relucían con ganas mientras que me miraba e inclinó la copa hacia mí.
-Por nuestro futuro y nuestra eternidad juntos - Dijo con unas palabras firmes y seguras.
-Brindo por ello - Brindé con él mientras le sonreía dulcemente. Kenai tomó mi cintura con su mano libre y nos tomamos aquel chocolate caliente juntos, en aquella tarde fría en Alaska.
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