Alaska
Estábamos todos en la casa de Kenai, preparando el próximo plan de ataque contra el ejército de Tennebris. Todos estábamos de acuerdo en que deberíamos dividir las dos patrullas en cuatro grupos de tres personas cada uno, aproximadamente. John no estaría el día del ataque, ya que tenía una reunión con Árazor para pedirle ayuda por parte de todos los territorios. Según él, si todas las patrullas se reunían para acabar con el ejército negro, lo conseguiríamos sin ningún esfuerzo. El inconveniente estaba en reunirlos a todos, ya que estábamos del todo seguro de que no todos las patrullas querrían participar en el evento. El hermano mayor de Kenai ya había partido hacia Alaska, lugar donde se instalaba el viejo líder todo nuestro mundo. A pesar de la edad, Eva me había dicho que se conservaba muy bien y que la experiencia había cultivado su prodigiosa mente sobre las tácticas y técnicas militares.
Cuando terminamos de repartir los territorios, los grupos se quedaron así:
Eva, Julio, Elizabeth - América del Sur y Central
Bandit, Jared, Daniel- Asia
Hilary, Kenai, Bianca- América del Norte
Ángela, César- África
De Oceanía se encargaría una de las patrullas de Árazor, ya que por ahí no había tantos problemas como en el resto de continentes.John se encargaría solo de Europa, ya que no le costaría demasiado movilizar a su propio ejército. Por suerte, teníamos contactos del otro mundo, por todo el planeta para nuestros viajes y alojamientos, cosa que nos facilitaban nuestras misiones. Organizamos nuestras cosas para partir de inmediato hacia nuestros próximos destinos.
-Cuidate, ten mucho cuidado, no hables con desconocidos -Empezaba a mencionar César mientras me miraba- No permitas que le pase nada malo, Kenai- Yo solo pude suspirar ante sus palabras incesantes y cansinas.
-Sí, César, estaré bien... -Refunfuñé con un resoplo.
-No te preocupes, César, la trataré como una reina- Dijo Kenai con una sonrisa mientras miraba a mi preocupado hermano.
Tras una charla muy pesada por parte de mi hermano mayor, recogimos todas las maletas y nos pusimos en marcha hacia Washington , nuestro próximo destino. Kenai quiso hacer este viaje más bonito y por eso, no se teletransportó, sino que cogió un vuelo en primera clase para los dos y alquiló una cabaña en el bosque de Alaska para cuando llegáramos después de nuestra breve parada en Washington. Dimos comienzo horas a nuestro viaje minutos después.
El vuelo se me hizo larguísimo, prácticamente eterno, a decir verdad. Pasamos una bonita velada en la preciosa ciudad de Washington. Había muchísima gente por allí, pero lo que más me impactó era lo simpática que esta gente era. Tras tomar unos perritos calientes deliciosos y con pintas de engordar una barbaridad, Kenai tomó su Porsche Panamera Turbo S de color negro, que su hermano John le había dejado en esta ciudad días antes. Ahora tenía otro largo y pesado viaje por delante, antes de llegar a Alaska.
Me quedé durmiendo durante todo el trayecto , mientras que el pobre de Kenai conducía hacia la pequeña cabaña que había alquilado en Alaska. Solo sentía el frío que se respiraba en el exterior junto con el sonido de las gotas de agua provocadas por la lluvia, con una suave repiqueteo en el cristal. No sé cuanto tiempo pasó, lo único que sé es que , cuando me levanté, ya habíamos llegado a nuestro destino: Alaska.
Kenai bajó primero del coche y , acto seguido, abrió mi puerta para que yo saliera de éste. Yo empecé a caminar sobre la nieve hacia a esa acogedora cabaña que parecía pintada a propósito sobre la blanca y perfecta nieve. Mi novio tomó las maletas y abrió la puerta de la casa para que yo entrara primero. La casita era perfecta, rústica, con su chimenea, su pequeña cocina , su baño con su su jacuzzi y la ducha y , por último, la habitación con su cama de matrimonio donde arriba se hallaba una ventana gigante. Sentí un ruido detrás mía y no me dio tiempo a reaccionar.
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