Control



Control



Amanecí cuando unos tenues rayos de Sol me dieron en la cara. Kenai dormía  a piernas suelta y yo no quería despertarle, por lo cual, me levanté y salí de la habitación. Me duché y me vestí rápidamente y bajé las escaleras para llegar a la cocina. Tenía hambre y cuanto antes dejara mi estómago de hacer ruidos raros, mejor. Estaba a puntito de entrar, pero tuve que retroceder al instante. Me puse de espaldas al marco de la puerta y procuraba que mis risas no se escucharan mucho. El motivo de éstas, es que acaba de presenciar a dos individuos muy cariñosos en la cocina. Bandit estaba subida en la encimera, besando a Jared mientras que éste la tomaba de la cintura y la acercaba a su cuerpo.

Con pasos sigilosos, salí de ahí y decidí irme al salón. Me tiré al sofá y encendí televisión. Pasaron unos minutos viendo un programa de la MTV cuando capté movimiento fuera de la cabaña. Me quedé parada durante unos segundos cuando al final mi cuerpo reaccionó. Salí por piernas de la cabaña, persiguiendo la sombra que ahora intentaba escapar. No permitiría que se me escapara, ahora no. Dejé que la magia fluyera por mis venas hasta mi posicionarse en la palma de mi mano. Concentré mi punto fijo en aquella sombra que se movía a una velocidad despampanante e hice un campo de fuerza que la envolvió.  Me acerqué a ella con toda la rapidez que mis piernas me permitieron y en un abrir y cerrar los ojos, ya estaba a su lado, preparada para pelear.

Se levantó del suelo y empezó a envolverla una especie de neblina negra y oscura. Pude percibir sus dientes blancos como la nieve relucir bajo esa capa negra que la envolvía y que no permitía que su rostro quedase expuesto a la luz. Supongo que era para no saber su identidad, pero yo lograría saber quien es. Así fue como dio comienzo un duelo entre una ninfa inexperta como yo y un enviado del ejército negro de Tennebris. Lanzó miles de bolas  negras, cargadas de una especie de humo negro que levitaban sobre el suelo y que tenían fijado como objetivo  mi persona. Las esquivé con toda la rapidez que pude y contraataqué con unas potentes ráfagas de viento. Ahora mismo no recordaba nada de como hice crecer aquella raíz en la pelea que tuve contra Julia y , creerme, ahora me vendría de perlas algo así. Mientras que esquivaba todos sus golpes, mi mente pensaba y maquinaba mi próximo ataque a la velocidad de la luz. Necesitaba algo que le hiciera daño de verdad, algo que lo dejara inconsciente por un tiempo, el tiempo suficiente como para pedir ayuda a cualquier miembro de la patrulla. Necesitaba cabrearme más, porque tenía la teoría de que si estaba enfadada , mis poderes aumentaban considerablemente y no me vendría nada mejor en estos momentos. Empecé a evocar todas las palabras de Julia con todo el odio que las pronunció la noche pasada. Una a una se repitieron en mi  mente como un CD estropeado.

La electricidad empezó a recorrer mis venas, pero esta vez no se concentró en mi gargantilla con esa preciosa Luna en cuarto creciente. Ahora fluía por todo mi ser como lava hirviente. No sabía como iba a terminar todo esto, pero yo me estaba debilitando considerablemente, pero tenía que aguantar en mi puesto. Continué acumulando energía, hasta que hubo un punto en el cual pensé que iba  a explotar. Dejé que toda la electricidad que se hallaba en mi cuerpo saliera disparada por todo mi campo de energía creado con anterioridad. Ésta alcanzó rápidamente a ese individuo del ejército negro y lo dejó K.O .
Todo empezó a dar vueltas a mi alrededor, mis piernas empezaron a flaquear y mi vista se fue nublando paulatinamente.  Lo último que pude notar antes de que todos mis sentidos se apagasen fueron las firmes palabras de John indicando que me llevaran a casa.


No sé cuanto tiempo pasó.
Meses...
Semanas...
Días...
Horas...
Minutos...

Al abrir los ojos , vislumbré la habitación de Kenai que poseía en su casa instalada en Italia. Era de noche y pude deducir que había estado inconsciente durante unas horas, ya que la Luna aún continuaba en Cuarto Menguante. En pocos segundos, mis pupilas se adaptaron a la oscuridad de la noche y acaricié mi frente con ánimo de que se me pasara el dolor que aún poseía. Mis sentidos aún seguían atontados y yo continuaba algo confusa. Miré por la gran ventana que había en la habitación de Kenai cuando sentí unos brazos, agarrándome con ternura y cariño.

-¿Estas mejor, mi cielo? - Me susurró Kenai al oído. Pegué un brinco al sentirle y esto le provocó gracia, al parecer. Noté sus respiraciones en mi cuello mientras me estrechaba entre sus portentosos brazos de Adonis.

-Sí, me duele un poco la cabeza, pero ya estoy mejor... - Sonreí al recordar sus risas ante mi reacción.

-No sabes cuanto me alegro de escuchar eso. Llevas desde las dos de la tarde durmiendo, habrás descansado bien, ¿no? - Besó mi cuello entre palabras provocativas.

-Sí, he dormido bastante bien -Contesté riéndome.

-Por cierto, no sabía que eras tan fuerte, mi vida... -Acarició mi vientre con sus dos manos mientras me hablaba.

-¿Por qué lo dices, Nai?

-Porque hay que tener bastante valor y fuerza para conseguir derrotar al segundo al mando en el ejército negro de Tennebris - Dejó una serie de besos por todos mis labios mientras me sonreía- Estoy muy orgulloso de ti.


No me lo podía creer.
Yo , una ninfa inexperta que solo ha recibido menor de cuatro clases, he conseguido vencer a la persona que ocupa el segundo puesto de control en el ejército negro de Tennebris. Sí, si os digo la verdad, yo también me sentía orgullosa conmigo misma.

-Vaya, yo también siento eso -Dije para picar un poco a Kenai.

-Que modesta - Correspondió con una sonrisa- Si no fuera por mí, tú aún seguirías tirada en el suelo del bosque.

-¿Y por qué es gracias a ti ? -Continué su juego de forma tierna.

-Porque fui yo quien te sintió y quien supo perfectamente donde estabas - Dijo con aires victoriosos y chulescos-  Me merezco un premio, ¿no crees?

-Sí, sí, ya te daré tu premio después -Dije riéndome mientras le apartaba el rostro con las manos.

-¡No! ¡Quiero mi premio ahora y si no me lo das, lo cogeré yo! -Mencionó provocándome con una sonrisa pícara.

-Pues no te lo voy  a dar, por chulo -Sonreí mirándolo.

-Entonces, te comeré -Empecé a morderme el cuello entre risas.



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