La Verdad.


La Verdad


Después de ese fin de semana en la casa de mi tío, nos volvimos hacia mi adorada casita en medio del bosque. Menos mal, ya la echaba de menos. La verdad es que Kenai y yo no nos habíamos separado en todo el viaje pero ahora que no dormía con él a mi lado, ya no era lo mismo. Eva ya había vuelto a su casa en pleno centro de la ciudad con todos sus hermanos y hermanas, aunque se quejara mucho, adoraba el  griterio que había siempre en su casa. Se me hacía extraño levantarme y no ver a toda la gente que quería junta, pero que le vamos a hacer. Desgraciadamente, llegué justa para la mortal y condenada semana de exámenes. Sí, odiaba esa semana con todas mis fuerzas, la aborrecía tanto como mi profesor de matemáticas, aunque sigo pensando que el odio que siento hacia ese hombre es inigualable.
Habían readmitido a Eva en el instituto después de su largo tiempo de intercambio, creo que era debido a que era una alumna ejemplar y muy cualificada. Esa mañana fui andando al instituto y cuando estuve en la puerta, Eva se lanzo a abrazarme y a hablarme de su amado Julio. Aunque hubiéramos pasado todo el fin de semana  juntas, Eva no se cansaba de hablar de su Julio: lo guapo que era, la perfección de su cuerpo, su inteligencia, lo divertido que resultaba... En fin, todo Julio, pero es normal, no dejar de hablar de la persona a la que amas, cuando estas enamorado, lo digo porque  a mí me pasa lo mismo con Kenai, aunque yo a ella no le puse la cabeza como un bombo de tanto hablar de él, más bien, era ella la que me pedía que le contará que pasaba con Kenai.

Hilary se acerco a echarme la bronca por no haber contestado sus llamadas en todo el fin de semana, gritándome con ese vozarrón que tenía, pero al final terminó diciéndome que me había echado mucho de menos. En ese instante llegó Julia, la verdad es que no me apetecía mucho verla pero bueno, era una más del grupo y había que aceptarlo. Hilary empezó a contarle todas las nuevas noticias sobre Justin Bieber a Julia mientras que ella hacía como si la escuchara, pero eso no era cierto, ahora mismo el minúsculo cerebro de Julia se centraba en buscar a Kenai por todo el instituto. Preferí callarme  para darle una sorpresa cuando Kenai llegara con su deslumbrante Porsche Panamera Turbo S, y así lo hizo. En un abrir y cerrar de ojos mi perfecto novio ya estaba dando la vuelta a la esquina que quedaba justo al lado del colegio realizando una maniobra profesional para aparcar su coche. Bajo de este con la mochila colgada de uno de sus impresionantes hombros que tanto me gustaba besar. Hoy se había puesto el conjunto que más me gustaba: la camiseta de manga corta de color negro que marcaba toda su musculatura con precisión, sus vaqueros largos de color azul marino y sus convers negras. Llevaba el pelo desaliñado que el confería un aire muy sexy y atractivo y que , por supuesto, a mí me volvía loca. Se acercaba con sus pasos decididos hacia mí mientras me dedica su más provocadora sonrisita de por las mañanas.

-Hola preciosa -Me tomo de la cintura y me besó con deseo a la vez que yo ya empezaba a sentir ese cosquilleo por todo mi cuerpo. Si, esto me gustaba cada vez más y cada  día que pasaba lo necesitaba más a  mi lado. Entrelacé mis dedos entre sus enmarañados cabellos que tanto me encantaban a la vez que él me dedica su sonrisita provocadora en mis labios.

Julia se fue con la mochila colgada en uno de sus hombros con unos pasos ligeros mientras que se escuchaba el sonido de sus tacones de aguja pisar el suelo con rabia y prisa. A Hilary le dió por reírse con malicia al igual que Eva, que no pudo controlarse ya que Julia no le agradaba del todo. Kenai tomó mi mano y entrelazo sus cálidos dedos con los míos a la vez que tiraba ligeramente de mí para que me aproximara más  a él y a su portentoso cuerpo. Entonces escuché su susurro en mi oído con dulzura y curiosidad.

-¿Qué mosca le ha picado a Doña tacones hoy? -Kenai le decía a Julia "Doña Tacones" porque no había día en el que Julia no se encasquetaba sus altos tacones de aguja. A mí me parecía algo incómodo llevar eso todos los días pero según ella, reforzaba el equilibrio, cosa que veo claramente imposible.

-La verdad es que no lo sé... - Me hice la loca con una sonrisa posada sobre los labios de Kenai ya sintiendo como su respiración se adentraba por mi garganta y esta acción erizó  todo el vello de mi cuerpo en menos que canta un gallo. No puede evitarlo y besé a Kenai de nuevo dulcemente deslizando mis labios sobre los suyos con fervor. Él respondió mi beso de muy buena gana pero Hilary y Eva ya estaban haciendo lo posible para que interrumpiéramos ese eterno beso, y así ocurrió, Kenai terminó riéndose y yo acabé sonrojada mirando al suelo con una sonrisa vergonzosa.


Todo transcurrió muy deprisa, ya había terminado el examen de tecnología que tenía a última hora y me  dirigía hacia el parking del instituto cogida de la mano de mi chico. Al subirnos al coche, Kenai hizo rugir el motor de éste y empezamos a alejarnos tomando la carretera que profundizaba por el bosque. Íbamos charlando de camino a  mi casa, mientras que teníamos la radio puesta a muy poco volumen, más o menos de música de ambiente como se suele decir. Cuando menos nos lo esperábamos, la rueda izquierda trasera del coche se pinchó. Kenai aparcó en el arcén con cuidado.

-Quédate en el coche, voy a salir a ver que ha pasado por ahí atrás.

-Vale... -Asentí viendo como Kenai ya se disponía a salir del coche para comprobar el estado de la rueda y del vehículo.

Ya llevaba cinco minutos ahí fuera sin emitir ningún sonido y empecé a preocuparme así que miré por la ventanilla pero algo me sobresaltó. Algún tipo de animal o cosa había saltado sobre el techo del coche produciendo un ruido bestial  y una abolladura. Por líneas me libré de que aquella cosa me diera en la cabeza, me quité el cinturón y salí del coche a toda prisa. Kenai estaba desmayado junto a la rueda de recambio y yo me acerqué a él con rapidez. Me puse  de rodillas sosteniendo su cabeza en mis rodillas acariciándole las mejillas.

-Kenai... dime algo por favor... -Las lágrimas ya comenzaban a recorrer mi rostro fugazmente. Acariciaba el rostro de Kenai con ansiedad por saber si estaba bien, cuando escuché una risa malévola proveniente de los gigantes árboles que estaban situados  a ambos lados de la carretera. Giré la cabeza y acomodé a Kenai  en el suelo.- ¡¿Quién eres y qué quieres?!

De repente, un hombre de piel morena, ojos azules y rostro perfecto se dejó ver por fin. Llevaba una melena que le caía un poco más baja de la nuca, recogida con un coletero. Esos ojos se clavaron en los míos como si fueran espadas de fuego, atravesándome  con la mirada. Algo en mí empezó a cambiar, noté como mis músculos se tensaron y las pupilas de mis ojos comenzaron  a dilatarse, teniendo como resultado una óptima vista de lo ocurrido.

-Creo que es obvio dulce Bianca, te quiero a ti y no voy a permitir que ese estúpido principito me quité lo que es mío -Soltó una sonrisa posesiva mirándome y un calambre recorrió todo mi cuerpo con fuerza, este si me provocó daño.

-¡¿Pero de qué estas hablando chiflado?! -Le grité con todas mis fuerzas sintiendo como mi tatuaje ardía en mi cintura. Mis ojos se clavaron en los suyos con ganas dándole una clara advertencia de que se marchara de una maldita vez y que me dejara en paz.

-Soy Tennebris, el hijo de la noche como puedes observar -Hizo que su mano señalara  su cuerpo con soltura a la vez que me sonreía de una manera asquerosa.- Y por supuesto, cómo debes saber, no hay noche sin una Luna que la ilumine.

No sabía de que demonios me estaba hablando este tipo, lo único que sabía es que me estaba poniendo negra con esa forma de mirarme y de hablar de mí como si le perteneciera. Empecé a notar como una energía empezaba a electrificar el collar que me había dado mi abuela, y entonces me dí cuenta que esa energía provenía del calambre que me había provocado antes ese despreciable ser, que se consideraba digno de estar vivo. El collar con forma de Luna en cuarto creciente comenzó a vibrar sobre mi pecho. Aquel chico se quedó atónito al ver esto último y se acercó con más curiosidad para observarme más de cerca.

-Vaya, si que es cierto que perteneces a la raza de las hijas de la Luna, eres tan bella como la Luna misma. -Me volvió a sonreír y esta vez no me aguanté las ganas de propinarle un puñetazo en toda la cara,  y así lo hice. El sonido retumbó en todo el bosque y una pequeña sonrisita triunfal se dibujó en mi rostro, cuando los ojos de Tennebris empezaron a tornar a un negro profundo. Retrocedí unos pasos alejándome de él cuando ya aparecía algo en sus manos, era como una especie de niebla negra que empezaba a invadir la zona. En unos instante, me ví envuelta por toda aquella niebla cuando un rayo de luz pura y blanco se abrió paso. Era mi collar, esa luz la había producido mi collar, pero... ¿Cómo? Tennebris retrocedió e hizo rechinar sus dientes.

-Al parecer se habían equivocado al decirme que no sabías utilizar tus dones, pero en fin, eso no me supone ningún problema querida. -Cuando estuvo a punto de abalanzarse ante mí una voz celestial  sonó con fuerza por todo el bosque haciendo que se levantara un viento huracanado  llevándose a ese idiota unos cuantos metros lejos de mí. Lo increíble no era esa ráfaga de viento, lo increíble era que esa ráfaga de viento la había provocado yo y que esa voz celestial y armoniosa procedía de mis cuerdas vocales, pero...
¡¿Desde cuándo demonios poseía esa voz?!

Cuando dí un saltito de alegría al ver lo que podía hacer, ese indeseable se abalanzó sobre mí. Me cogió de las muñecas y las estampó contra el suelo haciendo sonar un crack. Cuando ví como sacaba una cuerda para amarrarme las manos, Kenai tomó a Tennebris por la camisa y lo lanzó haciendo que se estampara contra uno de esos gigantescos árboles que abundaban en Asturias. Tennebris le dedicó una mirada cargada de odio a Kenai a medida que se levantaba y sus ojos volvían a ese color azul zafiro.

-Volveré asqueroso principito... -Tennebris salió corriendo por el espeso bosque a la vez que dejaba un rastro de esa niebla oscura a su paso.

Kenai me tomó de la cintura y me ayudo a levantarme con dulzura. Sus ojos preocupados ya recorrían mi cuerpo comprobando que Tennebris no me hubiera tocado ni un pelo, cuando se dió cuenta de la fractura de mi muñeca. La tomó con delicadeza entre sus manos y la examinó más de cerca.

-Vamos a un hospital a que te vean esto... -Intentó rehuir de mi mirada pero yo no le dejé hacerlo.

-Kenai... ¿De qué hablaba ese tipo?, ¿cómo he hecho eso?, ¿Por qué mi collar ha vibrado? y lo más importante... ¿Por qué te ha llamado principito? -Clavé mis ojos verdes esmeraldas en los  suyos sin compasión decidida a que me contara toda la historia de principio a fin , y como era de esperar me salí con la mía.

-Me llamo principito, porque soy un príncipe, más claramente el principe de la luz por así decirlo, nací bajo los de la raza solar , es decir, soy un siervo de la luz, del Sol y de todo lo relacionado con el tema. -Empezó a aclararme mientras nos subíamos en el coche, nos colocábamos el cinturón y cogíamos camino al hospital.

-¿Por eso llevas un tatuaje del Sol en el cuello? -Le sonreí mirando a sus adorados ojos grises.

-Así es, lo que no sabía es que tú dominabas tus dones al ser hija de la Luna, Bianca. -Me dedicó una sonrisa irresistible que me dió ganas de lanzarme a besarlo pero me controlé.

-La verdad es que no sé como hice eso... Pero fue una pasada, no me lo niegues -Solté una risa celestial parecida a la que había hecho sonar mis cuerdas vocales anteriormente en el bosque y me tapé la boca con un rápido movimiento- Pero qué demonios....

-Tranquila, es normal. Tennebris te quiere porque eres la única hija de la Luna existente hoy en día. Las hijas de la Luna tenías el don de la naturaleza, muchas veces habrás oído decir que la Luna influencia mucho las mareas, las tormentas, los tornados...  Pues a eso se refiere, también poseéis una preciosa voz, una belleza incalculable y una  capacidad  enorme para realizar movimientos artísticos  ya sea danza, expresión corporal, u otros muchos casos... -Me miró con una sonrisa pícara y todas las intenciones dibujadas en su rostro- Según tengo entendido, algunas de ellas también poseían otros dones, pero eso ya eran casos apartes y excepcionales.

Me quedé atónita al escuchar todo lo que era. Jamás me hubiera imaginado que esto me estuviera pasando a mí, jamás. Había pasado de ser el patito feo de la clase a ser una hija de la Luna con unos poderes inimaginables, una belleza excepcional y una voz de infarto así como mis movimientos. Aún no me lo podía creer.

-¿Eso soy yo...? -Le pregunté aún atontada en mis pensamientos.

-Sí, así es y no sabes el trabajo que me ha costado encontrarte... -Me miró a los ojos sonriendo.

-¿ Es que me buscabas? -Sonreí al escuchar sus palabras.

-No exactamente, no te buscaba, solo quería pasar el resto de la eternidad con el alma que complementa  a la mía y esa es la tuya. Desde el primer día que te ví, supe que esto pasaría aunque jamás te busqué porque pensé... que esas leyendas eran falsas... -Kenai continuó conduciendo con precaución mientras que miraba la carretera.

-¿Qué leyendas? -Conforme más me contaba, más quería saber. Quería aprender a utilizar mis dones, a saber todo sobre este nuevo mundo, quería conocer todas esas leyendas y , sobre todo, quería hacerlo  junto a Kenai.

-Te contaré todo lo que quieras cuando salgamos del hospital, ¿de acuerdo? -Aparcó el coche en el parking del hospital.

-De acuerdo- Sonreí lo más dulcemente posible cuando Kenai respondió  a mi sonrisa.

Nos bajamos del coche, y nos dirigimos a la sala de urgencias mientras que Kenai estaba cogido de mi mano sana.



1 comentario:

  1. Espero ansiosa el prox capitulo, te felicito por la historia me encanto. Te dejo saludos cuidate ;)

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