Distribución


Distribución


Kenai me tenía abrazada por la cintura mientras me  besaba el cuello. Sé que no se podía resistir y yo no tardaría mucho en caer así que se me ocurrió preguntarle acerca de su apodo.

-Por cierto, ¿desde cuándo te apodas Nai? -Solté una risa al pronunciar el apodo de mi chico.

-¡Ah! Eso... -Acompañó mi risa con la suya mientras echaba la cabeza hacia atrás, intentando respirar profundamente- Es un tontería que tenemos John, y yo.

-Si no es mucho pedir, me gustaría saberla - Continuaba sentada encima suya en el sofá mientras que él estaba acostado en éste. Le revolví el pelo riéndome de nuevo y Kenai procedió a contarme esa supuesta tontería.

-Resulta que cuando John y yo éramos pequeños, nos fuimos de viaje con unos de nuestros compañeros. Al llegar al hotel, distribuimos  las habitaciones y cuando entramos en la habitación había un colchón tirado en el suelo, para colocarlo  en la cama supletoria. Bueno , en vez colocarlo en la cama, lo pusimos de pie  a un lado de la nuestra, por si nos caímos de la cama, caer en blando. Entonces, el listo de John, se dedico a apoyarse en el colchón.  Mientras que él estaba apoyado en éste, pensé "¿Será efectivo el colchón para cuando nos caigamos?  Así que, empujé a John mientras que estaba apoyado en el colchón. Cuando estuvo a punto de caerse , en vez de gritar Kenai, gritó Nai  y desde entonces, me llama así -Estalló en carcajadas al terminar de contármelo y yo no pude evitar reírme levemente.

-Vaya, se tuvo que hacer daño el pobre - Dije mientras me reía.

-¡Que sepas que aún tengo la marca de cuándo me caí, listillo! - Se escuchó gritar a John desde su habitación y Kenai se rió aún con más fuerza.

-¡Suerte que tuviste de caer sobre el colchón y no sobre el suelo! -Le respondió Kenai riéndose con más fuerza. Esta vez, su hermano también soltó una carcajada que pude escuchar desde el salón.


Cuando terminamos de reírnos los tres, me recosté sobre el pecho de Kenai. Escuchaba los latidos de su rítmico y frenético corazón y hasta pensaba que iban acompañados con los míos.Dos corazones en perfecta sincronización.

Al parecer , no se le olvidó por dónde nos habíamos quedado, y acarició toda mi espalda por debajo de mi camiseta. Sentí sus ardientes dedos recorrer toda mi columna vertebral, de arriba a abajo... de abajo a arriba... una, otra y otra vez....

Sí, en un segundo, la temperatura de mi cuerpo también empezó a subir y ,entonces, el aroma de Kenai se maximizó para mí. El olor de su piel empezaba a tener nuevos matices, como si este aroma fuera una cenefa y le hubieran añadido cosas nuevas sin que yo lo supiera.  Y , por supuesto, empezaba a sentir el deseo de aprender esa nueva serie de matices desde el primero de ellos hasta el último. Recorrí su cuello con mis labios, deleitándome de su sabor y su suave textura, nada sabía mejor que la piel de Kenai, se podría decir, que era mi primer plato y , por supuesto, mi favorito. Cuando estaba a punto de empezar a acariciar sus portentosos abdominales, una voz nos interrumpió.

-Ya veo como te quieres controlar, hermanito -Se rió John mientras nos gritaba desde la cocina. Noté como Kenai murmuró algo para sus adentros y acto seguido resopló.

-Tiene razón, lo siento... -Se disculpó bajando la mirada. Me sentía mal por él porque no era culpa suya, era culpa mía. Cuando estuve a punto de hablar , John nos interrumpió con un rodillo de cocina en la mano.

-Bueno, si los señores querrían dejar sus excitantes jueguecitos y acompañarme en la mesa, se lo agradecería -Dijo John con un tono sarcástico resaltando las palabras  excitantes jueguecitos, algo que provocó que mis mejillas se tornaron al más puro tono rojizo.

Kenai soltó una risa y se levantó del sofá, tomándome de la mano y levantándome con él. Cuando nos incorporamos, quedé pegada a él mientras me miraba con esos ojos que solo él poseía....

Si, sus ojos hechizantes que ahora me llamaban más que nunca...

Bajé de mi nube cuando John tosió para interrumpir nuestro momento y los tres nos fuimos a la cocina para empezar a cenar. Sinceramente, no sabía que el hermano de Kenai cocinará tan bien, y me dejó alucinada. Al terminarnos las fajitas , estuvimos charlando un poco acerca de las anécdotas que John y Kenai habían tenido en su niñez, entre risas y comentarios curiosos por mi parte.

John me contó que vivía en Los Ángeles, en una de las patrullas más famosas a cargo del Rey  de , según ellos, la zona o territorio  a la que pertenecían.  John me contó que nuestro mundo se dividía en territorio o fronteras divisorias. Me informaron de que había siete fronteras, una por cada de tipo de guardián o ninfa a la que correspondieran. John había viajado por todas ellas para aprenderse cada uno de sus lugares e informarse de sus habitantes. Él y su patrulla ahora estaban destinados en Los Ángeles. Las patrullas estaban formadas por un componente de cada territorio, porque según Árazor, el jefe de todos los territorios , si las patrullas poseían un chico o una chica de cada territorio, ésta sería mucho más fuerte y compacta.

-Árazor es un tío respetable, dirige bien todos los territorios pero últimamente está teniendo problemas por el norte -Nos comentó John mientras se bebía una cerveza sin alcohol- Al parecer, están apareciendo súbules -Dijo John dejando la cerveza en la mesa.

-¿Súbules...? -Pregunté extrañada. Era la primera vez que oía esa palabra en toda mi vida.

-Son grupos de habitantes de todos los territorios que se juntan para atentar contra Árazor y matarlo - Respondió Kenai- Aunque nunca lo consiguen, las patrullas los pillan a tiempo, pero esta vez está yendo demasiado lejos por lo que veo.

-No son simples súbules, Nai, ya parecen ejércitos de tantos que son.

-¿Y en qué se diferencias las súbules a una revelación o un atentado de los que ocurren normalmente por aquí? -La verdad es que no le encontraba ninguna diferencia a eso, pero que se le iba a hacer.

-No creo que los "rebeldes" de por aquí sepan controlar varias fuerzas de la naturaleza y utilizarlas contra el bienestar público, Bianca. En nuestro mundo todo es diferente, o comes, o te comen. Y estos súbules están yendo demasiado lejos hermanito -Kenia asintió y cuando nos levantamos , escuchamos ruidos raros por la casa.

John nos hizo una señal para que nos calláramos y se agazapó mirando por la puerta. El color de sus ojos empezó a tornarse brillante , hasta que llegó un punto en el que pareció que éstos eran capaces de brillar por sí mismos. Esperó el momento oportuno y se abalanzó sobre el individuo que había entrado en casa de Kenai a hurtadillas...

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