Plan : Italia
Hilary empezó a hablar mientras nos acomodábamos todas en el sofá de la casa de Kenai. Miraba atenta a todas mis amigas , excepto a esa chica un tanto más joven que las demás. Ahora después preguntaría quién era, antes tenía que escuchar toda la historia.
-Verás Bibi, todas nosotras nos fuimos transformando en guardianas antes de conocerte y John reclutó a una patrulla femenina que , según él, le vendría de perlas para luchar contra las súbules. Poco después te conocimos en el instituto y nos hicimos grandes amigas pero por desgracia las normas no nos dejaban contarte lo que éramos. Cuando vimos tu cambio radical, empezamos a sospechar que pudieras ser una de las nuestras, pero no nos quedó claro hasta que Kenai nos lo confirmó. A partir de ahí, hemos intentado buscar el momento y el lugar adecuado para decírtelo, pero no se nos presentaba la oportunidad, así que, te has tenido que interar deprisa y corriendo de malas maneras, de verdad que lo sentimos -Dijo Hilary mientras me pedía disculpas.
-No pasa nada, Hilary, la verdad es que os comprendo -Dije suspirando al ver de la manera tan idiota en la que le había gritado a Eva- Bueno, patrulla femenina, presentaos entonces -Esta vez , lo dije de broma para que se animaran un poco y pareció dar resultado.
-Bueno, yo soy la guardiana del agua y fui la que me convertí primero -Mencionó Eva con una sonrisa en su rostro- John me reclutó poco después de encontrarme perdida con todo esto de mis poderes.
-Yo soy la guardiana de la tierra , y fui la siguiente en transformarme después de Eva -Continuó Hilary con una sonrisa mientras que me miraba a los ojos - Yo por suerte no tuve problemas con mis dones, ya que mi tío me enseñó a dominarlos en cuánto me transformé.
- La siguiente fui yo, soy la guardiana del aire y causé grandes desastres antes de aprender a utilizar mis poderes, a diferencia de Hilary y Eva -Dijo Ángela riéndose tiernamente.
-Si tu causaste desastres, lo mío fue sobrenatural, Angy -Acompañó Bandit con sus risas melódicas- A lo que íbamos, yo soy la guardiana del fuego y fui la cuarta en transformarme.
-Y-Yo... -Tartamudeó aquella chica desconocida y un tanto más joven que las demás- Yo soy Elizabeth y he sido la última integrante de la patrulla femenina, teniendo el cargo de guardiana de la luz -Dijo la pequeña chica con voz tímida y temblorosa.
-Encantada, Elizabeth, yo soy Bianca Luz, ninfa de la Luna, transformada no hace mucho -Mencioné entre risas para animarla , cosa que a ella no le resultó muy difícil.
Estuvimos charlando un buen rato sobre todo lo que nos pasaba cuando nos transformábamos mientras que notaba como Bandit echaba miradas fugaces hacia la cocina, así que , decidí preguntar.
-Amor , ya me estas contando quien hay en la cocina que te llama tanto la atención -Dije sonriéndole. Solía decirle a Bandit amor de forma cariñosa.
-Es que bueno, conozco a Jared desde que me uní a la patrulla y somos muy buenos amigos y tal...
-Así que es eso, ¿Por qué no se lo dices?
-¿Decirle el qué? -Preguntó Bandit haciéndose la loca.
-¿Qué va a ser? Que te gusta, Bandit - Le respondí entre risas dulces.
-Bueno, no quiero estropear mi amistad, de todos modos, no es el momento adecuado- Suspiró antes de acomodarse más en el sofá.
Acto seguido, los chicos salieron de la cocina llevando con ellos una especie de itinerario. Al parecer eran todos los hoteles en los que se tenían que alojar, ya que lo del transporte es bastante fácil cuando eres un ser del mundo de la otra cara de la moneda como le decimos nosotros, ya que podemos ir de un lugar a otro solo con evocar la imagen del al que queremos ir y pronunciando una especie de la palabras raras, que Kenai aún no me ha enseñado. Al parecer, las palabras cambian según sea el destino del viaje y el transporte no es instantáneo, ya que dura alrededor de unos diez minutos. Se organizaron los hoteles menos Kenai y yo, que nos quedaríamos en la antigua casa de mi novio, que estaba en la capital italiana, es decir, Roma, su ciudad natal. Me despedí de todas mis amigas y todos los componentes de la patrulla masculina de John. Éstos desaparecieron en menos de cincuenta segundos y Kenai se dispuso a hacer los mismo conmigo. Él me pidió que pusiera la mano encima de su tatuaje y él presionó el mío con fuerza, pero sin hacerme daño. Empecé a notar como la energía fluía dentro de mi ser y se moría por salir. Entonces, fue cuando lo sentí.
El alma de Kenai se mezclaba con la mía, llenando cada hueco vacío de mi ser y me preparé para el rápido transporte que estaba a punto de suceder.
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