Reunión



Reunión


Noté durante alrededor de unos cinco minutos como mi cuerpo se trasladaba a la velocidad de la luz a la vez que el de Kenai, para llegar  a nuestro próximo destino, Italia. El viaje no duró mucho, más o menos siete u ocho minutos. Cuando abrí los ojos de nuevo, me encontraba en frente de una casa de dos pisos de color blanco. Parecía una casa moderna, poseía un montón de ventanas y daba directamente a la playa. Quité mi mano del tatuaje de Kenai y lo miré a los ojos.

-Bueno, esta es mi otra casa, espero que te encuentres cómoda aquí -Me sonrió acariciando mi pelo.

-No te preocupes, Nai, sabes que me adapto bien a todo esto, pero tengo un pequeño problema... -Me mordí el labio antes de terminar la oración.

-¿Qué ocurre, preciosa? -Acarició mi rostro entre palabras dulces.

-No tengo nada de mi ropa aquí... -Susurré acercándome a sus labios.

-No te preocupes, la patrulla de tu padre trajo la ropa que tu madre te hizo en Brasil, ayer por la noche cuando se enteraron de lo ocurrido -Cuando Kenai concluyó la frase, me besó dulcemente mientras me cogía de la cintura y me pegaba a su cuerpo.

Eran alrededor de las seis y media de la mañana y no había dormido nada. Por suerte, habíamos terminado el curso al concluir los exámenes finales y las notas ya estaban puestas, así que, no tenía que preocuparme por eso, ya que había sacado el curso con matrícula, como de costumbre. Kenai sacó las llaves de su bolsillo trasero y me dejó paso para que viera la casa. Ésta era preciosa, estaba decorada de forma moderna pero a la vez tenía un toque rústico y veraniego  que le confería un aire acogedor y familiar. Estaba dotada con cuatro habitaciones , dos cuartos de baño, un gran salón y una cocina bastante espaciosa. Subí a la que iba a ser nuestra habitación y toda la ropa ya estaba ordenada en aquel armario empotrado. Kenai y yo íbamos a vivir juntos aquí lo que iba a ser una gran temporada, así que, no tuve más remedio que llamar a mi abuela y ponerle de excusa que me había ido con Eva y las chicas a la casa de la playa de Hilary  para todo el verano. Ella me creyó, ya que nunca desconfiaba de mí y me dejó quedarme.

Kenai se aseguró de que todo estaba en su debido lugar y nos tiramos en el sofá para descansar un rato. Yo me acosté sobre él, porque a Kenai le encantaba que durmiera encima de su pecho. Decía que así podía sentir los latidos de nuestros dos corazones, fundiéndose para dar uno solo.

Pudimos echar una cabezadita en el sillón hasta las doce y , a partir de ahí, nos fuimos a la cocina para empezar a prepara la comida, ya que ambas patrullas iban a venir para quedarse a comer con nosotros. Kenai y yo preparamos pasta para comer, ya que, al ser un plato italiano, a Nai se le daba de miedo. A las dos del mediodía, llamaron a la puerta las dos patrullas para dar comienzo a nuestra comida y a nuestra planificación.

Como era de esperar, los chicos comieron como auténticas bestias entre comentarios de fútbol, tennis, rugby, en fin, de todos los deportes existentes en el planeta. Las chicas decidimos quedarnos todas juntas a un lado de la gran mesa hablando sobre anécdotas que les habían ocurrido cuando se transformaron. La verdad, es que eran muy divertidas, ya que nunca me imaginé que a mis amigas les pudiera pasar cosas como esas. Mientras tanto, analizaba a aquella chica llamada Elizabeth. Era rubia con la piel curtida y con los ojos negros. Era pequeñita y menuda. Hoy llevaba recogidos sus cabellos en una coleta para evitar que  su flequillo se le metiera en los ojos.

Saqué el postre que había preparado mientras que Kenai y todos los chicos lavaban los platos. Servimos el café y yo traje mi pastel de galletas y chocolate que a todo el mundo le gusto, en especial, a los chicos , que repitieron dos o tres veces los muy osos. Cuando terminamos de comer, las chicas recogimos la mesa para charlar un rato entre nosotras y los chicos se fueron a jugar con la Play Station 3 , que había traído mi hermano César. Hombres, por muy mayores que sean, siempre les gustará jugar a los videojuegos.

Al finalizar nuestra tarea, Eva preguntó algo que nos pilló desprevenidas a todas.

-¿Qué le diremos a Julia de todo esto?

Nos quedamos en silencio, supongo que todas estábamos analizando la pregunta de Eva con detenimiento, intentando buscar la respuesta correcto y una buena excusa que ponerle a la estúpida de Julia.

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