Influencia Lunar



Influencia Lunar


Después de estar un rato sentados en el sofá charlando sobre lo que ocurría, todo pareció encajar perfectamente. Resulta que , según Kenai, en los períodos de Luna Llena, el aroma de mi cuerpo se agudizaba bastante. Habitualmente, eso no le afectaba a los guardianes del Sol ,como él, pero en este caso era diferente. Ya me mencionó en varios ocasiones  que nuestras vidas estaban entrelazadas y todo eso, que eramos el mismo ser , solo que en dos cuerpos distintos. Todo lo que le afectase a Kenai, me afectaría a mí en un corto período de tiempo y viceversa. Por eso , Kenai, tenía ese pequeño matiz diferente para mí. La Luna Llena me afectaba a mí, y al potenciar mi ser, el suyo también se veía afectado, solo que, en su caso, era de distinta manera, ya que yo no me sentía muy mal y él estaba con una temperatura altísima. Continuó explicándome todo, me dijo que sí me encontraba mal, mareada o lo que fuese se lo comunicara de inmediato ya que habría que ir a ver a alguien especializado en el tema y claro, no podíamos acudir a un hospital normal.

Según él, la Luna tenía bastante influencia sobre mí, yo no me daba cuenta, pero a él le costaba controlarse un triunfo. Si, puede parecer salvaje, pero mi pobre Kenai se contuvo todo lo que pudo y más  para no abalanzarse sobre mí como una bestia.  Intenté ayudarlo pero no me dejó,  ya que temía perder el control y que la cosa "subiese demasiado de tono" . Ahora entendía porque estaba tan sofocado.

Le obligué a que se tumbara en el sofá y que se pusiera la tele un rato mientras que yo fui a buscarle una bolsa térmica con cubitos de hielo, para bajarle un poco la temperatura. Vale, me daba mucho corte pensar que estaba así por mí, porque se estaba conteniendo bastante conmigo y yo se lo agradecía muchísimo, porque aún no me encontraba preparada para mantener ese tipo de relación. Cuando llegué al salón, ahí estaba él, abanicándose mientras veía un partido de Rugby en la tele. Me senté a su lado y le pasé varias veces con delicadeza la bolsa de cubitos de hielo por la espalda y por la nuca.

-No sabes cuánto te agradezco esto... -Susurré mientras intentaba bajar su temperatura. Sus músculos estaban muy tensos, parecían estar todo el tiempo en tensión- Pero, ¿por qué me pediste que viniera si te ibas a poner peor...? -Al terminar de mencionar aquellas palabras , clavé mis ojos verdes esmeralda en los suyos.

- No podía estar más tiempo sin ti, me volvería loco encerrado en esta casa. Alguien me dijo que si pasaba tiempo contigo me "recuperaría" de esta necesidad antes. Es como si eres drogadicto, cuánto antes te den tu dosis, antes terminará tu necesidad por ella -Soltó una risa mientras que yo seguía bajando su temperatura, con aquella bolsa de cubitos de hielos, que prácticamente, ya era todo líquido.

-Entiendo... -Sonreí mirando como su cuerpo no paraba de sudar y derretir los cubitos- ¿Y quién te dijo eso?

-Bueno fue consejo de...

No le dio tiempo a terminar la frase cuando la puerta se abrió de golpe y apareció alguien detrás de ella. Era un muchacho un poco más alto que Kenai, con unos 22 años de edad. Sus cabellos le llegaban por la barbilla y éstos eran de un negro intenso como el carbón. Estaba tan musculoso como César o incluso más en mi opinión. Me dio miedo aquella imagen borrosa y me abracé a Kenai con fuerza. De repente escuché una carcajada procedente de ese nuevo individuo.

-¡Vaya! ¡Cuánto tiempo! -Se aproximó a Kenai y entonces ví el gran parecido entre ellos - ¿Quién es esta muñequita de porcelana hermanito? - Volvió a soltar otra carcajada sonora aproximándose a nosotros cerrando la puerta tras su paso.

- John, siempre te digo lo mismo, llama antes de entrar -Dijo mi novio refiriéndose a ese nuevo visitante.

- Lo siento, Nai, sabes que soy de los que prefieren dar sorpresas.

-Bueno Bibi, no te asustes, es el cafre de mi hermano John -Dijo Kenai suspirando mientras me señalaba a John.

El hermano de Kenai vestía unos vaqueros rotos y una camiseta negra ceñida como las que solía ponerse César. Desde mi punto de vista, eran los dos exactamente iguales, me refiero a Kenai y a John, claro está, pero había algo que los diferenciaba de manera notable, aparte de la edad. John poseía unos hipnotizadores ojos azules, como el cielo en un  día despejado. Éste me tendió la mano esbozando una sonrisa dejando ver sus blancos dientes.

-John, un placer Bianca -Sonrió mientras que yo estreché su mano suavemente con la mía, que evidentemente estaba congelada por los cubitos de hielo.

-El placer es mío, John -Esbocé mi mejor sonrisa.


-Así que, ella es la última ninfa de la Luna, ¿cierto? -Mencionó John mientras se tiraba a lo bestia en el sofá.

-Si, es ella- Contestó Kenai mirando a su hermano de arriba a abajo - ¿Cómo lo sabes?

-Porque Bianca es la última exclusiva de nuestro mundo, lo que yo no sé es como todavía no ha venido nadie a arrebatártela -Dijo John clavando esos ojos azules en los míos- Seguramente porque saben que esta bien protegida -Soltó otra carcajada mirando a su hermano.

-Por eso mismo es -Afirmó Kenai con una sonrisa orgullosa de oreja a oreja.

Vi como el hermano de Kenai me analizaba con la mirada y acto seguido , pasaba a escanear a su hermano pequeño. Entonces una sonrisa pícara se dibujo en su rostro mientras cogía el mando de la tele y se acomodaba en el sofá.

-Luna Llena, ¿eh?  - Dijo John mirando de reojo a Kenai.

- Por lo que ves sí, hermanito.

-Lo tienes que estar pasando fatal - John soltó una risa leve mientras me repasaba con la mirada - Sinceramente, no me dijeron que era tan guapa.

-Pues ahora lo puedes afirmar con tus propios ojos y sí, lo estoy pasando bastante mal, pero esperaré por ella el tiempo que sea necesario- Abracé a Kenai cuando escuché como pronunciaba esas palabras. Era un encanto, no lo podía negar.

- ¡Jaja! Mejor para ella entonces, sino, pobrecilla - John me miró de forma burlona antes de dirigir su vista hacia la tele- Por cierto, Nai, tengo que decirte algo.

-¿De qué se trata ahora?

-Me voy a quedar unos días contigo y con el tío Lucas, las cosas se están poniendo tensas por la otra cara de la moneda.

No me estaba enterando de nada, pero más o menos sabía a que se refería al otro mundo. Pero si me había enterado de algo... Nai era el apodo de Kenai, más tarde le preguntaré por ello. Me reí para mis adentros mientras que John llevaba sus maletas al final del pasillo, dónde estaba, lo que iba a ser su habitación por un tiempo.

Kenai empezó a juguetear con mis cabellos de forma dulce y yo me tumbé encima suya en el sillón, y , como John advirtió y yo lo tenía más que claro, las cosas estaban empezando a "subirse de tono"...




No hay comentarios:

Publicar un comentario