Por Siempre y Para siempre




Por Siempre y Para Siempre


Toda la habitación se vio envuelta por un profundo silencio. Nadie sabía que decir, todos se quedaron callados. Después de unos segundos, ambas patrullas clavaron los ojos en mí. Sus rostros reflejaban preocupación, miedo, tristeza, rabia... En fin, una mescolanza de sentimientos. Pero yo... ¿Qué sentía yo?
La verdad es que ni yo misma lo sabía. Mi corazón se había quedado congelado y mi respiración se había visto interrumpida. Lo único que ahora era capaz de procesar mi mente era la frase de John, y nada más. Entonces, varias imágenes pasaron por mi cabeza como si fueran flashes de luz. Muchos soldados con un pañuelo blanco sobre la cabeza, en el cuello, en la cintura, en el tobillo. Todos esos soldados contra su respectivo adversario, los encapuchados vestidos de negro. La siguiente imagen, mi Nai, la persona más fuerte del mundo, llorando. No, él no podía venirse abajo. Otro flash pasó por mi mente, todas mis amigas diciendo algo a coro: "No nos dejes..." Todos esos flashes, todas esas imágenes se quedaron grabadas en mi memoria.

Cuando pude pensar y sentir de nuevo, Kenai me tenía pegada contra su cuerpo como si fuera lo último que hiciera en su vida. Me había quedado en tal lapsus, que no me había dado cuenta de que ya no había nadie en la casa, todos se habían ido...

-¿Qué-Qué ha pasado...? -Tartamudeé mientras pestañeaba varias veces.

-Te has quedado en estado de shock y ambas patrullas han decidido que lo mejor sería dejarte descansar y que ya,  mañana,  lo hablaríamos con más  detenimiento para  planificar todo lo que vamos a hacer- Me respondió mi Kenai mientras desenredaba mis cabellos con sus ardientes dedos.


Miré a mi alrededor, comprobando en donde estaba. Kenai estaba tumbado en la cama de matrimonio conmigo mientras me transmitía todo su cariño a través de sus achuchones, de sus palabras, de sus caricias... Ahora estábamos en nuestra nueva habitación, donde seguramente pasaríamos muchas noches juntos.

No dije nada más, me limité a pegarme contra el cuerpo de Kenai con fuerza para no perderlo nunca. No quería que nada ni nadie nos separase por nada del mundo. Si algo malo le pasara a Nai, lo más probable es que yo no pudiera seguir adelante.Esto era debido , aparte de nuestro infinito amor, a  los increíbles lazos que nos unían y que hacían de ambos, un único ser.

-No te voy a dejar caer, nunca -Me susurró dulcemente al oído mientras acariciaba mis cabellos- Y si caes, yo caigo contigo...

-No, Kenai, no soportaría que tú te quitaras la vida por mí -Susurré mirándolo a los ojos. Esta era la última noche de Luna Llena, y esta se reflejaba en los ojos de mi novio como si lo desease de verdad.

-¿De qué te sirve respirar si no quieres vivir? ¿De qué te sirve que tu corazón funcioné si no tienes a nadie a quién dárselo? ¿ Para  qué sirve  el Sol, si no hay a nadie a quién alumbrar? -Dijo como si fuera un poeta acercando su rostro al mío- Bibi, como tú dices siempre, yo soy tu Sol, ¿no? -Asentí a su pregunta mirándolo a los ojos embobada- Pues tú eres mi Luna, mi guía, en una noche oscura y fría -Sus últimas palabras me emocionaron, no solo porque rimasen o porque fuera lo más bonito que jamás me habían dicho. Me emocionaron, porque quien las había dicho, había sido la razón de mi existencia.

Dejé que nuestros labios se fundieran durante segundos, durante minutos... A mí ya no me importaba el tiempo, si lo podía pasar a su lado, no me importaba que el Sol explotase, porque ya tenía al mío, ya no me importaba todo lo que pasase con el mundo, porque ya lo tenía a él. Solo él y yo, recorriendo un camino eterno hacia la felicidad. Despegó sus labios de los míos para hablarme con esa dulzura que lo caracterizaba.

-Debes de descansar, te he dejado el pijama en el baño para que solo tengas que ponértelo y meterte en la cama, ¿vale? Yo te estaré esperando ya aquí dentro -Acaricio mi rostro con las yemas de sus dedos, poniendo amor y cariño en cada caricia. Me limité a asentir mientras le dedicaba mi mejor sonrisa para que se animara un poco.

Me metí en el cuarto de baño, me lavé la cara, los dientes y me puse el pijama. Al salir de este, solo tuve que meterme dentro de la cama con Kenai. El cuarto de baño estaba dentro de la habitación. Su puerta daba al costado derecho de la cama de matrimonio , es decir, mi lado de la cama. Él me abrazó por la cintura pegándome a su cuerpo. Ya me adosé bien a él, como si fuera un acto reflejo y como si no necesitase que  nadie me lo explicara. Me quedé dormida en muy poco tiempo, ya que entre sus brazos era imposible no caer rendida de esa manera. Con él me sentía protegida de todo y más querida que nunca.

No sé que hora era, pero ya estaba tan a gusto en los brazos de mi Nai, que no quería salir de ahí, nunca pero me obligó a levantarme, para ir a encontrarnos con las dos patrullas esta mañana.

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