Subida de temperatura
Tomé mi teléfono móvil entre mis dos manos y leí el mensaje con detenimiento:
"Hola Bibi, mi tío se ha ido de casa , tiene turno de noche en el restaurante y estoy solo. Siento que no hayas podido venir a verme antes por su causa.
Te Quiere, Kenai."
Mi agitado corazón dió un brinco cuando ví su mensaje. Enseguida tomé la mochila con algunas cosas del instituto que necesitaba que él me explicara, mi teléfono y un botellín de agua fría por si me daba sed, y salí disparada cogiendo camino a su casa. Mis pasitos eran alegres y sigilosos por aquellas calles que llevaban a la casa de Kenai. Miré mi reloj, eran los 21:45, era un poco tarde, pero no creo que mi abuela me castigué sin salir, porque era sábado, y ella también salía los sábados. Me preocupé cuando caí en un misero detalle, si César no estaba en casa y los enanos tampoco... ¡¿Cómo diablos íbamos a pasar?!
Saqué mi teléfono móvil velozmente y marqué el número de César ágilmente en apenas cinco segundos. Primer pitido, segundo pitido, tercer pitido... ¡Como no me lo coja lo mato!
Enseguida se escuchó la voz grave de mi hermano y un poco de jaleo por atrás.
-¡Dime Bibi! -Gritó mi hermano. Lo hizo con tanta intensidad que tuve que despegar el teléfono de mi oído.
-Escucha, César, he salido de casa para pasar el rato en casa de Eva, y entonces he caído en cómo vamos a entrar si ninguna tenemos llaves - Mentí con el tono de voz un tanto alarmado.
-Bah, tranquila, no te preocupes por eso. He dejado una copia de las llaves debajo de la maceta preferida de la abuela, y como solo nosotros sabemos cuál es, a nadie más se le ocurrirá dónde están - Dijo mi hermano con un tono sosegado y tranquilo. En ese instante, escuché el ruido de una guitarra eléctrica, un bajo y una batería tocar a la vez.
-Emmm, César, ¿Se puede saber dónde estas? ¿De dónde viene todo ese ruido? - Mencioné con una ligera sonrisa dibujada en mi marfileño rostro que , evidentemente, él no pudo ver, pero se la imaginó seguro por mi tono de voz.
-¡Ah! ¿No te lo he dicho?
-Decirme el qué -Dije soltando una risa melodiosa.
-Mis amigos y yo hemos formado una banda y estamos practicando.
-Espera un momento, ¿desde cuando tocas? -Reí al oír su comentario.
-No toco, yo soy el cantante principal de la banda, ya sabes, el tío macizo que se dedica a hacer el idiota por el escenario -Me dijo con un tono burlón y orgulloso. Era obvio que eso de ser tan popular le encantaba.
-Vaya, pues cuando hagáis vuestro primer concierto me llamáis , ¿eh? -Solté con una sonora carcajada afirmando que seguramente no hicieran ningún concierto.
-Muy graciosa, enana -Se escucharon voces por la otra línea de teléfono- Bueno, te dejo hermanita, nos vemos en casa -Colgó el teléfono y yo continué mi camino hacia la casa de Kenai.
Apenas me quedaban unos segundos para llegar, cuando aligeré el paso para que esos eternos segundos se pasaran volando. Toqué el timbre de su casa y enseguida me abrió el , en un abrir y cerrar ojos ya estaba en sus brazos, achuchándolo contra mí como si no nos hubiéramos visto desde hace meses. Kenai me pegó a su cuerpo todo lo que pudo más , mientras que sus manos ya empezaban a desenredar mis largos cabellos rizados. Me despegué solo unas milésimas de él y dejé un beso suave en su cuello.
-Te he echado mucho de menos, cielo...-Me susurró él mientras jugaba con mis cabellos.
No lo había notado, pero él iba sin camiseta. Lo pude apreciar cuando bajé de mi nube y noté que su temperatura estaba mucho más elevada de lo habitual. Mis ojos no pudieron evitar recorrer todo aquel torso tan perfecto que tenía. Si, mi novio era todo un Dios, un Adonis creado a mi medida, como si el cielo quisiera haberme regalado a mi alma gemela , así, por la cara. Me acerqué más a él, cuando sin poder reaccionar, él me tomó entre sus brazos y comenzó a besarme. En menos de veinte segundos, estaba sentada sobre su cintura con él recostado a mi merced mientras lo besaba incontroladamente en el sofá de su cuarto de estar. Había algo en él que no me encajaba, algo que me era extraño....
Cuando pasé a besar su cuello apasionadamente fue cuando me dí cuenta. Su tatuaje ardía como una pura y ardiente llama de fuego. El aroma que emanaba su cuerpo era aún más irresistible de lo que habitualmente era. No pude evitarlo, y dejé de besarlo soltando un jadeo sordo en su cuello respirando entrecortadamente.
-¿Te pasa algo, mi muñequita...? -Preguntó Kenai preocupado por mí cuando vió tal reacción por mi parte.
-Kenai, tu olor es... diferente... es mucho más fuerte que las otras veces... -Dije mientras repasaba todas las formas de sus escandalosos abdominales con suaves caricias delicadas.
-Hablo la que parece que se ha metido en una piscina de vainilla - Me contestó él con una risa celestial después de mencionar su juego de palabras.
-¿Por qué dices eso? -Sonreí cuando dejé mi rostro a escasos milímetros del suyo acariciando su cuello suavemente.
-Porque tu aroma es más fuerte que antes, es como si me llamara más fuerte que otras veces, mejor dicho que es más fuerte de lo que normalmente es -Sonrió en mis labios antes de empezar a masajearme la espalda por debajo de mi camiseta de tirantes negra con sus ardientes manos. Aquel contacto por su parte me hizo estremecer y soltar una dulce risa en sus labios antes de morderle el labio inferior juguetonamente.
Él siguió mi juego encantado y continuó llevando sus besos por todo mi cuello haciendo que la electricidad que había en mi ser se fuera empezando a activar con cada roce de sus labios, de sus manos , de su piel...
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